miércoles, 27 de diciembre de 2017

Helen me envió un mensaje por Facebook


Mira, Helen me envió un mensaje por Facebook, pero… eso fue la semana pasada, y yo… estaba… en mi… ¿cómo llamarlo? En mi etapa de paranoia total respecto a todo lo que me rodea. No sé si te ha pasado, pero… de repente siento que nada de lo que me rodea es real. Ni las personas ni las cosas, ni yo mismo, ni mis pensamientos, no sé. Quizá sea un síntoma por haber usado drogas los últimos quince años.

      E. era mi esposa; es mi esposa… quiero decir… esa semana pasada E. aún era mi esposa. Aún lo es, Dios, ya no puedo ni construir oraciones sensatas. ¿No te pasa?

      Intenté salir con Helen hace casi diez años, cuando ella era una jovencita tetona y yo un jovencito caliente que seducía a las chicas y se creía mucho de hacerlo, de lograr conquistar a la más necia. Pero con Helen fue distinto. Nunca me acosté con ella. Jugamos al gato y al ratón un tiempo. Primero ella como ratón; ¡luego yo! y ambos fuimos muy buenos jugando de ratón. ¡No nos dejamos atrapar nunca! 

      Luego me olvidé de Helen por ocho años. No pensé en ella. Hice dinero, me casé, puse un negocio… y no dejé de drogarme todo ese tiempo sólo para demostrar que se puede llevar una vida de excesos en equilibrio con una vida marital normal, o lo que sea. Solía decir a E.: hay que trabajar duro para que nunca nos falte droga. Y ella, solicita y adicta, se unió a mi idea de un matrimonio funcional a pesar de las drogas, las desveladas, las peleas por conceptos abstractos y cosas que no están pasando de verdad.

      Y no, no todo salió mal, ni escribo esto como arrepentimiento de algo, no. A la fecha tomo mi dosis y E. la suya y dormimos como viajeros del tiempo y de universos paralelos o vidas alternas y simulaciones virtuales. Nadie sabe adónde se adentra después de una dosis de LSD y un porro de marihuana y como postre tres whiskies en las rocas. Es mejor eso que una dosis de trabajo en oficina y televisor.

      Hace mucho tiempo no revisaba mi cuenta de Facebook. Esa vez lo hice y estaba el mensaje de Helen que decía: Hola, Petrozza, ¿Cómo has estado? Espero que te encuentres bien. A ver qué día salimos por un trago ;) y recordamos viejos tiempo. Si no era eso, era algo muy parecido. El guiño estaba, eso seguro. De hecho, fue el guiño por lo que comenzó la pelea con E. Me dijo: ¿y esa puta, quién es?, cuando vio el mensaje. Mi mujer lee todos mis mensajes porque ella es la única de nosotros que recuerda mi contraseña de Facebook. Nada de esto tiene sentido, eh. Sería un momento estupendo para dejar de leer si no te he enganchado el culo a mi texto.

      Tuvimos discusiones debido al mensaje de Helen. Bebimos y peleamos intensamente. Caso dos meses después, en un viaje de ácido, le contesté a Helen que podíamos vernos en el 12:51 el viernes a las diez. E. casi se vuela la cabeza por eso. Sin embargo, le expliqué: estoy seguro que Helen no existe, no es real, no es la Helen que conocí hace todos esos años, no. ¡Es una Helen de otra dimensión, es decir, no es Helen, es una idea de Helen que se coló de una dimensión alternativa que abrí el mes pasado, cuando me comí tres cuadros en una noche! E. no me creyó. Para demostrarlo le pedí que me acompañara al 12:51, a la cita con Helen. Aceptó.

      Antes de ir al 12:51 fumamos algunos cigarros de marihuana y bebimos algunas cervezas. Creo que E. jugó Catan en línea y ganó dos veces seguidas. Eso la puso muy de buenas y pudimos ir amándonos en vez de pelear por un fantasma, un ente irreal que tomó la forma de una chica que antaño deseé. ¡No sé por qué cuento esto! Nadie lo creerá de todos modos.

      Tala nos recibió amablemente. Bebimos algunas caguamas antes de que apareciera Helen. Cuando lo hizo, era una Helen mucho más vieja y guanga de lo que la recordaba, cosa que me alegró. Y supongo que a E. también, porque ella era más joven que yo ocho años y eso la dejaba en un buen lugar siempre que se comparaba con mujeres de mi edad, con mis ex mujeres o mis ex… como se le llame a lo que fue Helen en mi vida. Le dije a E.: ¿ves cómo es sólo un fantasmal remedo de lo que fue, de la Helen que yo conocí y con la que me quería acostar ANTES de conocerte a TI?

      Es increíble como las palabras adquieren sentido cuando estás drogado. Hasta cierto punto, tuve razón: la Helen que me escribió no era la misma Helen que conocí. Esta nueva Helen era mucho más acabada y vacía de juventud. Y muy poco interesante, por cierto. Aunque nadie es realmente interesante. Y todos somos interesantes, ¿no? Bueno… Ahí estaba Helen, con su descomunal escote y sus flácidos senos, tratando de averiguar por qué mierda no le dije que estaba casado y que iría a nuestra cita con mi mujer.

      Al final no lo pasamos tan mal. Helen se rió con E. de cosas de mujeres y yo pude proponerles hacer un trío esa misma noche en nuestra casa. E. casi acepta, pero me dijo en secreto que no lo haría porque Helen tenía un cuerpo dudoso. Eso dijo: un cuerpo dudoso. No le pregunté a qué se refería. En vez de eso, me hice una idea yo mismo de lo que era un cuerpo dudoso y le respondí a E.: eso es cierto. Y ambos reímos por mucho tiempo, porque en el fondo sabíamos que no sabíamos de qué carajo hablábamos, pero era divertido hacernos creer el uno al otro que sí sabíamos, aunque sabíamos que no teníamos ni puta idea. Sin embargo, la simple frase “cuerpo dudoso” nos hacía tanta gracia que Helen se asustó de vernos reír y dijo que ella tampoco estaba segura de si funcionaría un trío entre nosotros. Se sentía fuera de lugar, supongo.

      En algún momento Helen fue al sanitario. Estando solos, le dije a E.: oye, amor, vámonos de aquí, no quiero convivir demasiado con entes de otros universos. Sí, así de volado te puedes poner luego de drogarte mucho por mucho tiempo.

      En casa, recordamos que dejar a las personas así como dejamos a Helen era grosero. Así que le escribí un mensaje por Facebook: Hola, Helen, ¿cómo estás? ¿Sigues en el 12:51? Por favor, dile a Tala que tuvimos que partir por cuestiones de fuerza mayor, pero que volveremos uno de estos días. ¡Gracias!

      Helen contestó: no mames, ¿qué pedo?, ¿por qué me dejaron?, ¿dónde están?, no mames, ¿qué pedo?, neta. E. se asustó. Dijo: mejor ya no le contestes, es capaz de seguirnos hasta nuestra vida íntima, entrometerse hasta acabar con nuestra relación. Le di la razón y me comí un cuadro y le di uno a E. Le dije: ya sé, vamos a joder a Helen hasta acabarla. Hagámoslo desde aquí, pensando mal de ella. Concéntrate en pensar mal de ella y ella lo sabrá y se sentirá insegura consigo misma y no sabrá de dónde le viene el ataque psicodélico. Sí, sí, sí, contestó E. Acto seguido, se concentró en joder a Helen mentalmente. Yo me concentré también. Pensé de ella que antes le saltaban las tetas por el escote y parecía que iban a estrellarse con tu cara… y ahora… saltaban del escote más bien como queriendo suicidarse, como echándose al fondo de un despeñadero. Parecía que te caerían en los zapatos. Y tendrías que quitarte esa cosa gelatinosa con un trapo húmedo.

      Bueno, así de loco te pone la droga.

      Esa noche no supimos más de ella. Pero tres meses después E. vio a través de mi Facebook que Helen subió una foto con un escotazo. Ahora tenía unas tetas duras y voluminosas, mejores aún que las que Dios le dio a los veinte años, cuando yo la conocí. Ja, se operó las tetas, le dije cuando miré la foto. No reímos, aunque también nos dio un poco de miedo. Nos sentimos culpables.

      Es el poder de la droga.


     


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