viernes, 29 de julio de 2016

Por una guerrilla del amor y la literatura.



Tiene una jeta que debería ser partida de un beso, o de un pijazo. Es hermosa, es pendeja, escribe, no sé qué, todavía no la gugleé. Solo vi su foto en el facebook del festival literario: suficiente para desear hacerle todo tipo de tropelías. En la foto está sentada de espaldas, gira la cabeza y sonríe con esos labios de medio kilo que tiene la muy guarra. Ese pelo rojizo con bucles donde se quedaría pegada la leche que le tires. Llegué hoy a la ciudad de Tucumán en un colectivo lleno de olor a múltiples pedos, apenas entré al Museo Universitario la reconocí, sí, ella es una de las organizadoras del festival. Va de vestido negro de aquí para allá, atiende gente, habla con gente, pero no es ella la que me recibe sino otro de los organizadores, un pendejo pinta de hipsterversión pobre que debe ser un amanuense porque los demás, los otros organizadores que vi en el face,están mejor vestidos yse nota que tienen más presupuesto en casa. Ella ni me saluda, tampoco me conoce. La miro con insistencia, con fuerza, con mirada de Sith, ella capta algo yse da vuelta, me mira, se detiene dos segundos en mí, creo que sabe a qué me refiero con mi mirada:a dar la muerte. Entro en la sala de lecturas, me siento al fondo y la observo a ella platicar con un escritor famoso de Buenos Aires, un tal RenzoMangueira. Cuando termina el plomazo de la mesa me acerco para caerle encima y justo se va corriendo a saludar a otro porteño, un viejardosemibarbadotambién famoso,de esos que dieron miles de talleres y se cogieron a cientos de aspirantes a poetas. ¡Mierda, cómo hago para caerle a esta zorra de fuego! Converso con otroinvitado que tengo al lado, es un indio bajado de los cerros que escribe en una lengua desconocida que él mismo traduce, y me dice que la nena es la jefa de todo esto, que tiene toda la pasta y muchos contactos en la universidad. Ella es la chica de los ingenios azucareros, le huele a zafra, a caña quemada, pues su padre es dueño de grandes plantaciones de caña de azúcar. El futuro para ella es prometedor, azúcar y guita, todo dulce. Su novio, prosigue el indio, es el coordinador, otro nene bien de la sociedad tucumana, su padrees capitostede un banco. El festival está lleno de profesores de humanidades y sus fieles estudiantes, algún que otro drogota local e invitados de los pueblos originarios, todo regio. Todavía yo no sé porqué me invitaron, creo que cumplo con el cupo de escritores de los estados vecinos pobres. Es decir,yo completo el cupo regional, del "noroeste argentino", junto con los hermanosde Jujuy yCatamarca, aunque siempre menos agraciados que los porteños, los de gran ciudad de Buenos Aires, que se llevan todas las palmas, las atenciones, las pijas,mamadas y conchas. La zorrita roja solo tiene ojos para éstos y nadie más, incluso anda del brazo con una mina del underporteño venida a menos, bastante hecha mierda ya, que no dudo querrá comerse a nuestra nena cañera, tanto o más que yo. Pero yo no soy del under porteño, ni venido a menos, ni joven ni lo suficientemente hipster, simplemente soy un escritor regional, como los alfajores regionales o las comidas regionales, soy un tamal, una empanada literaria, garantizo la diversidad étnico-social del festival. Quizá un poco alcohólico, un poco esquivo como el hermano indio, acaso un poco rústico como para codearme con los especialistas en Valter Ben-iamin, ya lo sé. Sin embargo, escucho funk en los auriculares, no soy muy folklórico en mis gustos, aunque si pinta la onda soy capaz de bailar alguna pieza folk con tal caerle a alguna rubita bien dada. En fin, escucho música para levantarme del sopor de otra mesa más de lectura: una chica gesticula con una especie de bufanda atada en la cabeza mientras escucho "NeverGonnaGiveYou Up" en el teléfono. Cuando termina la mesa salimos al patio del Museo para tomar café, café de una marca que puso su mesa de café, todo re-bien, perfecto, eso me gusta, más nivel por favor. Le agrego al vasito térmico de café un chorro de una botellita deBeefeater que traje del hotel. Aparece de nuevo la niña rica, trae a otro escritor porteño conocido, Miguel Kojan, el que siempre viste equipos de gimnasia y no entiendo porque no es villero sino todo lo contrario. Ella lo presenta con gente, charlan, su novio se le acerca y le dice algo al oído, hablan de mí por supuesto, de la mala educación de no presentarmea mí por supuesto, pero ella se hace la tonta y sigue con su círculo de famosos. Deliberadamente cruzo a su lado y ella me mira, la saludo pero no me devuelve el saludo, me quedo detrás suyo, ella no lo registra, cuando gire me encontrará, se dará de bruces contra mi pecho y ahí le meteré la lengua hasta el esófago. Pero el porteño Mangueira la agarra de la correa y la saca por un costado del círculo de celebrities. Se la lleva, le habla muy de cerca, creo que este flaco se la va a coger. A su novio no creo que le importe, no creo que se dé cuenta, aparte todo sea por la extensión de los vínculos con la gente grosa de Buenos Aires. Ahora suena en mis oídos "LosingMyReligion"que se me mezcla con el solo de chelo que toca una mina gótica en la glorieta. Bebo el último sobro de mi botellita, me siento solo ysiento frío, voy a fumar, voy a clavarme una pastilla, voy al baño, voy a llamar al amigo tucumano Fony a quien le importan una mierda los festivales literarios pero siempre tiene una buena provisión de discos y bebidas. Lástima no haber venido con alguien más, la próxima voy a contratar una escort local para que lea mis poesías en lugar mío, ya sé lo que quiero: no quiero leer, yo quiero estar entre el público y que me lea una putaY sacarle fotos para subir en Facebook. Vuelve la nena, seguramente acaba de chupársela al escritor invitado en alguna sala a oscuras del Museo. La verdad que está lindo el porteño, supongo que todas las pendejas locales estarían dispuestas a entregarle su dignidad, y los pendejos sensibles también. A propósito, me parece que el novio de la nena cañera se la come en secreto, en un tiempo se sabrá, cuando ya tengan un par de hijos y cargos en la universidad, él se escapará a los hoteles baratos para comerse jóvenes y fibrosos efebos de las barriadas del Tucumán. Pero creo que ella lo sabe y le hace de pantalla social. Cuando termine esta paja de los festivales -como dirá su papá- y se acerque la hora de la verdad, la nena rica se juntará con alguien para que le administre los campos mientras ella se dedica a disfrutar de la obra completa de Lispector, Mallarmé o Juana Verija, o tal vez a estudiar ruso para leer a las rusas en su lengua. Ahora me suena "Californication" en la cabeza. ¡Me la quiero coger, como sea, ya! ¿Ella es demasiado para mí? Probablemente, vengo de la oscuridad de una provincia vecina, no tengo más para ofrecer que un enculada inolvidable, un furioso empalamiento hasta el hígado de su cuerpo de carne blanca, dulce y ricachona. Ella pasa otra vez a mi lado y siento que deja en el aire esa fragancia a caña de azúcar expedida por su pelo, mezclada con olor a semen de porteño drogadicto. Sorpresivamente me mira de arriba a abajo desde la puerta de la sala, con una mirada de intriga, quizá de asco, soy un ejemplar del zoológico regional,tengo la intensa sensación de no haberme bañado en años. Siento no estar bien vestido para la ocasión a pesar de haber venido con mi campera nueva. Se me acerca un chico muy delgado y ojeroso que me dice que tengo que leer en la próxima mesa. Tiro el cigarrillo. Mientras voy hacia la sala pienso en el desamparo, en el frío de esta noche, en la puta soledad, en que ciertamente no tengo ninguna organización que me respalde, una bandada a caballo con lanzas y flechas para ejecutar el secuestro de esta china y hacerla mi cautiva. Piensoen lo perentorio de armar una guerrilla del amor y la literatura que los degüelle a todos menos una.Pero no, los nacidos en mi pueblo somos mansos, caballerosos, acomplejados y resentidos, no solemos adjetivarfuerte, en fin: unos reales y perfectos boludos.


I know I know for sure/That life is beautiful around the world/ I know I know it's you/ You say hello and then I say I do





domingo, 17 de julio de 2016

¿Conoces algún modo de matar a una señora sin que te encuentre la policía?


Hay una señora, una tal Irma, que se la pasaba jodiendo por llamadas y mensajes y hasta citas en persona. Ya no la aguanto… pero… es mi trabajo, ¿no? El colmo fue el viernes. Me citó en su local a las cinco de la tarde. Vamos, Dios, yo trato de escaparme del trabajo puntualmente a las cuatro, a más  tardar a las cinco. ¡Y en viernes!

Fui y soporté toda esa mierda. Y lo único que quería en realidad era un vaso con cerveza. Pero eso ya lo sabes, te lo he contado muchas veces. No es culpa tuya, eh. ¡Ni mía! Todas las vidas son monótonas. Hasta la vida del rey. ¿Y de qué quieres que escriba? Guárdate tus clases de literatura. Recítatelas a ti mismo cuando escribas. Y no es mala onda, hermanito. Oye, no quiero saber nada más sobre escritores; ha sido suficiente de escritores. Anoche fuimos a una fiesta de escritores y lo supe: esos pobres chicos están chupándose el dedo. A sus veintiocho años. Y hay quienes lo continúan haciendo a los cuarenta. No hay mejor modo de acabar con un escritor que darle una beca, un premio, un aliento. Con nada, se creen todo. Les quitan lo más valioso para un escritor: la vida; el sufrimiento. ¿Cómo van a sufrir si los mantiene el Estado? Y los mantiene en la pobreza, solamente. ¿Sabes qué son los premios? Son tenazas de capar. Hemos olvidado que un escritor no le debe nada a alguien. Ni a sus lectores. A la sociedad menos, caracho. Si no me quieren escuchar, que se vayan.  Dale un premio a un escritor y verás.

      Mira, nena, no es cosa tuya, pero tengo los nervios deshechos, así que, POR FAVOR, bájale a tu humor o me largo al bar solo. No, eso no. No puedo hablarle a sí a mi mujer. ¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que para esa tal Irma tengo puras sonrisas, pura tolerancia y amabilidad. ¿Y qué queda para mi mujer? Ajá. Bueno, bueno, voy a calmarme. Antes de llegar a casa fumaré un cigarrillo. Cogeré el camino largo. Lo haré a pie. Respiraré profundo…

      Antes de comprar el anillo supuse que mirarlo me haría reflexionar. Pero no. Lo miro y no pasa nada. Ahí está, en mi dedo, el anillo de bodas. A veces lo hago girar y eso sí me calma. Hasta que recuerdo cuánto me costó. Soy un viejo feo, caray. Cuánta razón tiene Carlitos. No meteré a Carlitos en esto. Sería demasiado ingrato de mi parte, pues. Al menos ahora las personas saben que estoy casado. Me hace sentir como un señor. A mí me gusta, eh. No soy como esos que no quieren crecer y se avergüenzan de acercarse a los treinta años. Por mí mejor. No quiero ser toda mi vida un escuincle caguengue. Hay que hacerse un hombre, pues. Hay que pagar las cuentas, mantener a una mujer, hacer algún dinero y luego… no sé… No importa qué edad se tenga, siempre se está medio perdido en esta vida. Pero al menos hay que avanzar por ella con dignidad. No como esos que quieren ser adolescentes toda su vida. ¡Si la adolescencia es la peor parte! Más vale, en todo caso, quedarse a los cuarenta años. Con dinero y libertad suficientes, pero sin ser un anciano. ¿Sabes que según mis encuestas, a casi todas las chicas les atraen los de cuarenta? Hay seguridad, experiencia y virilidad. ¿Quién quiere a un majadero de treinta con gorrita, Convers y audífonos de iphone? Ni ellos mismos se quieren ni se aceptan. Bueno, da igual…

      Ya casi no puedo ni mirar el culo de las chicas en la calle. Ni cuando voy solo, caracho. Estoy condicionado. No pensé que llegaría el momento en que cedería. Esta mujercita sí que me ha cambiado. Mira, allá hay una buena. Y veme. Agacho la mirada. No vaya a ser que la pobre chica note en mí intensiones. Más bien, pobre de mí. Y no es que no ame a mi mujer, no. Verás… ¡Qué va! ¡Tú lo sabes perfectamente! ¡Amo a mi mujer! ¡Más que a cualquier otra! ¡Hasta me casé con ella! ¿Es que no basta? Aún me pregunta si la quiero. Muñeca, ¡pero sí me casé contigo!, ¡sobra la respuesta! Para mí es fácil porque soy Acuario. Somos así, pues; si no te quisiera ya te hubiera largado. Tampoco es culpa suya. Es su género. Las mujeres necesitan palabras. Es su gasolina. Les importa más la palabra que la acción. ¿Absurdo? Ja, dímelo tú. ¿Con qué sedujeron a Eva?

      Ya sé que cada uno tiene sus problemas, pero, ¿sabes?, si el pinche cerdo de atrás de mí me vuelve a pegar con su mochila, le voy a partir la madre.

Es curios; cada que pienso en algo así, cada que doy un ultimátum a alguien mentalmente, la cosa para. Quizá irradio mala vibra. Qué sé yo. ¡Lo único que quiero es sentarme a una mesa en Tres Gallos, con mi mujer, algún amigo, y beber y beber!

Me doy lástima. En qué me he convertido. En uno de eso hombres con una vida hecha. Antes tenía mucho tiempo para beber, pero no tenía dinero. Ahora tengo dinero pero no tengo… La vida es una estafa. No te la creas, hermanito. No hay nada bueno. Es mejor seguir con la nalguitas de fuera, siendo un querubín en el Cielo, que venir a trabajar y beber acá abajo. Bueno… hay cosas buenas, no digo que no. Hay culitos de mujer, hay cerveza, hay cocaína, hay humillación. Supongo que en el Cielo no puedes azotar a una mujer en un hotel del centro y gritarle mamarrachadas. Supongo que no puedes sentir la gloria al venirte en la cara de una niña de quince años. Supongo que uno debe perderse de una buena farra en el Azteca´s. Aunque, haciendo cuentas, todo eso se paga muy caro. Quizá sea mejor ni conocer esos placeres. Una vez que los conoces, ya no eres el mismo.

Con este coraje ya ni los cigarros me saben bien. Nada más llegar a la calle de mi casa veo al pendejo de la panadería. El que saluda a mi mujer con esa sonrisita. Ya lo encaré. Y dejó de hacerlo, sí. Eso no lo libra de mi odio. Un día voy a enloquecer y voy a asesinarlo. A él y a muchos otros. A veces me pregunto si de verdad tendría los huevos para matar a alguien. A veces pienso que sí. A veces pienso que no. Y también están las francesitas. Ya ni me saben, tampoco. Ya no las miro como a mujeres. Ya no sé qué soy. Matar y violar, es la única salida. Goetz tenía razón: no se puede ser bueno en esta Tierra. Hay que ser malo. Se puede amar siendo un hijo de puta. El amor y el odio no están peleados. Amo a mi mujer. A cambio, odio a todos los que se le acercan. Amar a mi mujer exige mucho odio. Hay que conocerse bien. Conocer tus límites. Oye, hermanito, tú no lo sabes, pero si continúas hablando así a mi mujer, tú y yo vamos a conocer mis límites, eh, ¿seré capaz de matar a palos a un hombre? Ya, cálmate, piche viejo feo, métete tu cerveza y tu coca y olvídate de todo.

Amor, ni me preguntes cómo me fue. ¿Conoces algún modo de matar a una señora sin que te encuentre la policía? Ja, es broma. Pero así me fue. Vístete, vamos a Tres Gallos.




      Martin Petrozza

      

jueves, 14 de julio de 2016

Tal vez.

Texto por: Adrián Silva 


Buscaba mirarlo, tan sólo por un breve momento, pero me lo impedía el compromiso. Sí, ahí estaba tu lugar, vacío, solitario, mas no triste, pues a pesar de que no estabas ahí, permanecía completamente tu esencia, como si estuvieses realmente ahí postrada mirándome agazapada en esa penumbra que te suele envolver. No la entiendo. A veces creo que lo haces realmente porque gritas en silencio y entonces es como si tratases de activar una especie de alarma que reside en mí y que incluso yo mismo desconocía, pero sé que existe, ahí está, la percibo cuando la intentas activar. No lo sé. Es probable que no exista nada de lo que digo, ni tú. Sin embargo, me complacen enormemente las subjetivaciones que provocas y que emanan de mi interior. Sé que lo más probable es que se trata tan sólo de una idealización absurda de mi psique, aun así, la degusto cuando aparece, ya que, por si no lo sabías a veces se va o hago que se vaya porque temo en demasía que se haga realidad (y sí, a la vez desearía que así fuera).

   Cuando abrí la puerta, ahí estabas y sucedió lo imposible, puesto que ni siquiera se habían activado mis sentidos y sin mirarte te miré, sin olerte percibí tu cálido aroma. Cuando levanté esa mirada embriagada y orgánicamente ausente, ahí estabas, fue un instante brevísimo, de esa magia que pareciera fuese indisoluble, pero que a la vez se disuelve en la eterna y finita inmediatez. Nunca supe qué hacer, es más, ni sé que hice, únicamente actué con la mecanicidad cotidiana que cualquiera ejercería en cualquier situación trivial. Pero tenerte frente a mí jamás podría ser calificado de trivial, no, tú no eres trivial, más bien eres tríadica, puesto que emanas calidez, misterio y un sinfín de sensaciones laberínticas que, supongo, ni siquiera tú misma, observándote desde otro universo, paralelo, mítico y arcano podrías explicar. Ahora imagínate yo, que desde este universo más o menos conocido por mí, por ti, por ambos no puedo acercarme ni medianamente a lo que, como bien has notado, no tiene explicación racional. Se trata, pues, de una extraña conjugación entre mi universo simbólico y tu silencio real, pero potencialmente escandalizante. Sí, heme aquí divagando en monodiálogo y soñando, esperando, que quizás tú también te hayas abstraído antes de que tu percepción misma haya sido partícipe de los hechos, sí, de los hechos mismos que te he comentado sin comentarte, pues hablo conmigo y sin ti. Tal vez, en cierto universo paralelo también me miraste sin mirarme, tal vez, en cierto universo paralelo también me sigues conjugando en cierto monodiálogo nocturno, taciturno y potencialmente corpóreo…



Texto por: Adrián Silva 


martes, 5 de julio de 2016

Pico de pato.


Germán pone una imagen de una mujer de tres tetas en el ordenador y dice que es genial que una mujer pueda tener tres tetas. Yo lo detesto. Si nos gustan las tetas, ¿por qué sólo queremos dos? Germán es un degenerado.

         Luego pone a un hombre que nació con dos penes. Es una enfermedad muy rara, pero existe.

         La siguiente imagen es de una mujer haciendo el amor con otro hombre de dos penes.

         Luego, un enano hace el amor a una mujer normal.

         Luego, una enana es atravesada por por dos individuos normales. Uno se la mete por la vagina y otro por el ano. Es la clásica doble penetración, pero a una enana. La expresión facial de la hembrita es de disgusto.

         La siguiente imagen muestra a una mujer que se deja coger por un San Bernardo. ¡He visto esto antes!, exclamo. Germán asiente, como si ya lo supiera. Es una fotografía muy famosa. Yo la vi a los once años. La recuerdo cada que miro a un San Bernardo o a cualquier perro de raza grande. El nombre de la mujer es Marlene Growhigh. El perro se llama Bony, dice Germán. No sé si creerle.
        
         Siguiente: un hombre introduce su puño en el ano de una muchachita de diecinueve años que aparenta quince. Esto tiene un nombre. Meter puños en anos, tiene un nombre. Se ha llegado a meter todo un brazo en el ano de una mujer. ¡No quisiera estar ahí para olerlo!, exclama Germán. Fisting, sí, el "pico de pato".  

         Un hombre es penetrado por una mujer gracias a un arnés. Nada nuevo. El hombre tiene pinta de homosexual, de todos modos. La mujer viste un uniforme militar.

         Un hombre transgénero. Un shemale, en inglés. Tiene el cuerpo de un luchador. Pero con tetas. Unas tetas enormes. Y un pene enorme. Es penetrado por un hombre aún más grande y grueso. El hombre, sentado sobre una silla, se la mete al trangénero. Al parecer, lo sacude fuerte. Ambos aprietan los dientes.

         Una jovencita recostada sobre el suelo recibe en la boca la mierda de un anciano. El anciano está en cuclillas, sobre ella. De espaldas a la cámara. Su ano es repugnante. Se nota que que practicó la sodomia en su juventud. Y su mierda es espesa y amarillenta. La jovencita sonríe. No, Germán, opino, esto no es publicable. Hay un nicho..., comienza él. No, insistó, no.

         Un muchachito de dieciocho años se la chupa a otro. Ambos son caucásicos. Muy delgados. Se les marcan las costillas y la espina dorsal. Demasiado blancos. Lucen como lagartijas blancas, como extraterrestres. Tienen el cabello corto, a lo Brad Pitt. Se les nota lo maricas.


         Una mujer blanca, embarazada, es penetrada por un negro de dos metros. Su verga es descomunal. Los gestos de la mujer sugieren que la embestida le practica un aborto. Esto también es demasiado, digo. Germán bosteza. Dice: ¿en qué mundo vives, hermano? Esto es más viejo que el sexo con animales.


FIN





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