sábado, 3 de diciembre de 2016

Dulces sueños de borracho.



Una noche, en bar de Sanborns, me emborraché hasta cagarme en lo calzones. Ni yo lo creo.

Estaba entre un grupo de amigos del trabajo y de repente lo sentí: un pedo. No muy sonoro, pero si muy... ¡jugoso! Y para colmo, en medio de un ligue. Y la mujer me dijo: oye, ¿no te parece que algo huele mal? Y yo, olfateando (y oliendo mi pestilencia), naaaa, nada, ¿de qué hablas? Acto seguido, me disculpé para ir por otra copa y me fui directo a casa. Nota: mi casa queda a cuadra y media del Sanborns.

      Bueno, entré lo más rápido que pude, hasta mi habitación, donde yacía dormida mi esposa. Ah, mi esposa. Mi ex esposa, mejor dicho. Me saqué los pantalanes con todo y calzonesy corrí al lavabo a echarme agua al culo y a frefgarme con la mano. Iba muy borracho, sí, ya lo dije. Tanto… ¡que me cagué! Regresé a la habitación, me puse otros pantalones cualesquiera; corrí al bar de Sanborns. Desesperado. Con la ilusión de que mi ligue (una señora de casi cincuenta años cuya silueta, bajo la sombra, aparentaba juventud) siguiera ahí.

      Y para los que hacen deducciones: no, no pagué mi cuenta para irme a cambiar. Era un cliente asiduo y podía darme libertades. No sé, salir a fumar, ir al baño, obtener dos por uno fuera de la hora feliz. Daba buenas propinas a los meseros y ellos lo sabían. Y a pesar de haber podido, como esa vez, jamás me había ido sin regresar a pagar.

      Sí, sí, sí, mi ligue seguía ahí. Me abrí paso entre la multitud de borrachos que eran mis amigos del trabajo y me acerqué a ella. Estaba en la barra, justo donde nos quedamos. Le dije: bueno, ¿y qué más? Contestó: ¿Te has cambiado los pantalones? y yo: Oh, sí, ¡lo notaste, eh! y ella: ¿por qué lo hiciste? y yo, titubeando y temblando… ah, porque no me sentaban bien los anteriores, ¿ya? Hubo un par de segundos de silencio durante los cuales, estoy seguro, tanto ella como yo vinculamos el olor de hace rato, mis pantalones, mi desaparición… De la nada, un compadre me abrazó y me dijo: oye, Petro, ¿esmmm miii imaginaciónnn… hip… ooooo… hip… traíassss… oootrosss… ¡pannntalonesss!?

      Todos notaron que me cambié los pantalones. Hasta los meseros. Y todos hablaban de algún olor raro y de mis pantalones. Yo estaba muy borracho para defenderme con razonamientos.

A la hora de pagar la cuenta no encontré mi cartera. Le dije a Federico: la olvidé en mis otros pantalones. No se lo tomó a broma. Me dejó ir a casa a coger mi cartera. Cuando regresé con el dinero, ya no había nadie. Ni mis amigos ni mi ligue. Fue una noche vergonzosa. Pero hay que vivir y hay que seguir adelante, ¿no? ¿Ya leyeron lo que dicen los estoicos sobre la vergüenza?

Desilusionado, pagué la cuenta. Le pedí a Federico que me disculpara por haber olvidado mi cartera. No importa, me dijo. Sonrió de un modo muy raro. Hay muchas cosas que los meseros del bar saben de mí que yo no sé. Es probable que ellos me conozcan mejor que yo mismo. Que conozcan mis secretos más oscuros. Ellos me han visto borracho; yo nunca me he visto borracho. Lo olvido todo al día siguiente.

Bueno, regresé a casa. Mi mujer ya no estaba dormida. Me esperaba, recostada, con ganas de matarme ahí mismo. Me dijo: ¡¿qué hiciste?! No sabía de qué hablaba. Pero señaló una cubeta con agua y jabón y mis pantalones dentro. Ah, eso, le dije. Pues creo que me cagué. Fue por los cacahuates del Sanborns. Me engrasan los intestinos. Ja, ¡qué cosas pasan a veces en esta vida!, ¿verdad, mi amor? Esa noche dormí en la sala.

Al día siguiente me levanté y ya no recordaba nada.

Pero mi mujer sí lo recordaba. Había hecho las maletas. Y me dijo: lo siento, ya estoy cansada. No me respetas. Y se fue.

Fue injusto dejarme en ese momento: estaba crudo. No tenía la capacidad de pensar con claridad. Creo que se aprovechó de eso. De otro modo la hubiera detenido, o me hubiera disculpado. No hice nada. Me quedé en el sofá, mirando cómo mi mujer se iba para siempre. Y tratando de recordar si la mujer de ayer, la del Sanborns, me había dado su número o no.

Cuando se me pasó la cruda llamé a mi ex mujer. Le pedí que volviera. Para mí no era grave haberme cagado en los calzones. Total, a veces pasa (supongo). No quiso volver a saber nada más de mí. Para colmo, se puso a contarle a todo mundo lo que había pasado. Recibía llamadas de parientes y amigos preguntando si era verdad que yo… Mi respuesta era siempre la misma: sí, bueno, creo que sí, pero… no me consta. Estaba muy borracho. Por momentos me decía: ¿y si no pasó en realidad?  Había pasado. La cubeta con los pantalones dentro seguía en el cuarto.

Bueno, lentamente volví en mí. Me preparé el desayuno. No sé por qué, pero no sentía que mi mujer me hubiese dejado. Nunca lo sentí. La ruptura con mi ex mujer fue como un dulce sueño de borracho.


2

Mira, dos años después, mi ex esposa continúa enojada por el incidente. Ayer recibí una caja con un pájaro muerto dentro y una nota. La letra era inconfundible. Ponía: jódete, Petrozza.

      Me sorprendió lo del pájaro. Hasta donde recuerdo mi ex esposa era una de esas locas protectora de los derechos de los animales. No pensé que terminaría haciendo… ¿brujería? ¿Y sólo porque hace cinco años me cagué en los calzones mató a un pobre pájaro inocente?

Le llamé por teléfono y le dije: oye, qué necedad. ¡Ya supéralo! Pero ella no sabía de qué hablaba. Lo del pajarito, le dije. No, ella no sabía nada. ¿Entonces ya no estás molesta por… Sí lo estoy, interrumpió, pero yo no mataría a un pájaro para enviártelo a tu casa; yo no hago brujería.

Volví a inspeccionar la caja con el pájaro y la nota. Bueno, ya ni me acordaba de cómo era la letra de mi ex mujer, así que eso de que la letra era inconfundible era mentira. La nota iba dirigida a mí, eso seguro: jódete, Petrozza.

Me esforcé por recordar a todos mis enemigos. A las mujeres a las que había cansado con mi forma de ser. Nunca creí que una fuese capaz de… Hay que odiar mucho para hacer algo así.

Dejé de darle importancia. Me fui al bar de Sanborns y me emborraché. Ya cargado, le conté a Federico sobre el incidente del pájaro. Oh, dijo, debió ser la señora Esther. Hace dos meses te pusiste pesado con ella. La llamaste vieja bruja y ella contestó: ya verás si lo soy.

De verdad me sorprenden todas las cosas que saben de mí en el bar. Bueno, Federico, le dije, si la ves, hazme el favor de decirle que cociné a su pajarito y me lo comí; que muchas gracias. Espero que continúe enviando más volatería, por favor. Federico rió y fue a traerme más cerveza.






2 comentarios:

  1. excelente trabajo! enhorabuena... "Hay muchas cosas que los meseros del bar saben de mí que yo no sé. Es probable que ellos me conozcan mejor que yo mismo" M. Petrozza? correcto?

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