jueves, 14 de julio de 2016

Tal vez.

Texto por: Adrián Silva 


Buscaba mirarlo, tan sólo por un breve momento, pero me lo impedía el compromiso. Sí, ahí estaba tu lugar, vacío, solitario, mas no triste, pues a pesar de que no estabas ahí, permanecía completamente tu esencia, como si estuvieses realmente ahí postrada mirándome agazapada en esa penumbra que te suele envolver. No la entiendo. A veces creo que lo haces realmente porque gritas en silencio y entonces es como si tratases de activar una especie de alarma que reside en mí y que incluso yo mismo desconocía, pero sé que existe, ahí está, la percibo cuando la intentas activar. No lo sé. Es probable que no exista nada de lo que digo, ni tú. Sin embargo, me complacen enormemente las subjetivaciones que provocas y que emanan de mi interior. Sé que lo más probable es que se trata tan sólo de una idealización absurda de mi psique, aun así, la degusto cuando aparece, ya que, por si no lo sabías a veces se va o hago que se vaya porque temo en demasía que se haga realidad (y sí, a la vez desearía que así fuera).

   Cuando abrí la puerta, ahí estabas y sucedió lo imposible, puesto que ni siquiera se habían activado mis sentidos y sin mirarte te miré, sin olerte percibí tu cálido aroma. Cuando levanté esa mirada embriagada y orgánicamente ausente, ahí estabas, fue un instante brevísimo, de esa magia que pareciera fuese indisoluble, pero que a la vez se disuelve en la eterna y finita inmediatez. Nunca supe qué hacer, es más, ni sé que hice, únicamente actué con la mecanicidad cotidiana que cualquiera ejercería en cualquier situación trivial. Pero tenerte frente a mí jamás podría ser calificado de trivial, no, tú no eres trivial, más bien eres tríadica, puesto que emanas calidez, misterio y un sinfín de sensaciones laberínticas que, supongo, ni siquiera tú misma, observándote desde otro universo, paralelo, mítico y arcano podrías explicar. Ahora imagínate yo, que desde este universo más o menos conocido por mí, por ti, por ambos no puedo acercarme ni medianamente a lo que, como bien has notado, no tiene explicación racional. Se trata, pues, de una extraña conjugación entre mi universo simbólico y tu silencio real, pero potencialmente escandalizante. Sí, heme aquí divagando en monodiálogo y soñando, esperando, que quizás tú también te hayas abstraído antes de que tu percepción misma haya sido partícipe de los hechos, sí, de los hechos mismos que te he comentado sin comentarte, pues hablo conmigo y sin ti. Tal vez, en cierto universo paralelo también me miraste sin mirarme, tal vez, en cierto universo paralelo también me sigues conjugando en cierto monodiálogo nocturno, taciturno y potencialmente corpóreo…



Texto por: Adrián Silva 


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