miércoles, 4 de mayo de 2016

Un buen maestro de literatura.

Texto por: Miguel Bojorquez


Otra vez me dirijo a ese puto salón, en ese puto tercer piso de esa puta facultad. El sólo hecho de pensar en subir esos escalones me enferma. Siento cómo cada escalón me quita un fragmento de vida que nunca me regresará. Pero yo no elegí ser maestro, simplemente fue cuestión de influencias y de talento, o en su defecto, la ausencia de éste. Porque no te puedes morir de hambre; puedes intentarlo, pero en algún momento de tu travesía el dolor de tripas podrá más que tu ideología.
¿Qué tan fracasado debes ser para llegar a dar clases de literatura?
Los maestros de arte sólo son artistas fracasados, y ni se diga los críticos. No importa, lo único que quiero en este momento es llegar a ese escritorio y tomar un poco de aire.
Otra vez en este puto salón, con todas estas ratas amaestradas observándome, esperando algo de mí, ¡qué se jodan!, yo no espero nada de ellos, sólo quiero cobrar ese cheque e irme a mi casa.
–Profe, disculpe, escribí ayer este poema y me gustaría recibir su opinión, es que quiero participar en un concurso de poesía– me dijo Alain. Odio a este chico. ¿Quién carajo te crees, con tu cabello rizado, siempre sonriente, siempre haciendo reír a los demás, escribiendo poesía? Mierda, no tienes una idea de lo que es la poesía. No tienes una idea de lo que es la vida. No sabes nada. No sientes nada. No eres nada. ¿Quieres escribir poesía? Crece un par de cojones y vive, vete a una ciudad desconocida, no comas, duerme en los parques, ahógate en las cantinas, conoce a otras personas: llega a la esencia del sentimiento y plásmala en el papel, no me vengas con esa mierda pretenciosa influenciada por los autores que lees. Tu única influencia debe ser tu vida, tus experiencias, tus musas. No me vengas con esta mierda que ya se ha escrito una y otra vez.
–Está bien.
–¿Está bien profe?– me respondió, un poco sorprendido. –¿Qué le pareció la estructura?
–Está bien, posiblemente ganes– le dije con sinceridad.
–Gracias profe, su opinión significa mucho para mí. Usted es un profe chido.
Lo odio.
Lo que no odio es tener sexo con estudiantes. Siempre me sorprenden. Hace un mes, cuando terminé mi clase y me dirigía hacia el auto, me interceptó una chica: cabello negro corto, ojos profundos, falda negra y botas. Nada especial.
–Oiga, maestro– me dijo tomándome del brazo derecho. No había nadie alrededor.
–¿Qué pasó?
–Quisiera hablar con usted. Soy Isa, alumna suya– respondió sacudiendo mi mano. Nunca la había visto en mi vida.
–Bueno, Isa, ¿sobre qué quieres hablar?
–Sobre mis calificaciones. ¿Qué puedo hacer para mejorarlas?– dijo casi en un susurro, mordiendo su labio inferior.
–Hay que estudiar más– respondí con desinterés y traté de irme de allí.
–Espere maestro, lo que pasa es que no he tenido tiempo– replicó, pero no me importó. Yo sólo quería llegar a mi casa y revisar el correo electrónico, tal vez ese día me hubiesen respondido esas editoriales a las que había estado mandando mis escritos. Tal vez me respondiese una. –No he tenido tiempo– prosiguió– porque he estado muy ocupada masturbándome pensando en usted– dijo, como si hubiesen sido sus últimas palabras. Me pareció hilarante, pero no lo manifesté; digo, se requiere valor para hablarle así a un adulto de 34 años que es responsable de tus calificaciones. Puntos extra por creatividad.
Vestuario: 9
Seducción: 10
Juego previo: 9
Lenguaje altisonante: 10
Flexibilidad: 10
Dialogo postcoital: 8
Chica, ya ni siquiera necesitas hacer tesis.
–Bueno, muchachos, ¿en qué nos quedamos la clase pasada?– dije, deshumanizándome completamente.
–En el salón, profe– respondió Alain, lo que ocasionó la risa de sus compañeros. Hijo de su puta madre. Lo odio.
Pero qué se puede hacer. Podría ser peor. Podría seguir en las calles, padeciendo hambre y frio, añorando una comida completa por lo menos una vez al día. Podría seguir pensando en suicidarme cada noche de insomnio y soledad. Podría seguir con la esperanza ciega de que todo mejorará. Podría ser el padre de Alain.
No importa: “A los pendejos les va mal”, escuché una vez. Pero hace tiempo que no creo en lo que escucho, y no porque no quiera, sino porque he estado muy ocupado subiendo esos putos escalones.


Texto por: Miguel Bojorquez

1 comentario:

  1. Daniel Ramos Tarango6 de mayo de 2016, 12:30

    Muy buen relato. Felicidades. Siemrpe duros, siemrpe tristes pero realistas al fina de cuentas.

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