domingo, 8 de mayo de 2016

¡Ahí te va, papito!


Ya ni siquiera recuerdo si alguna vez tuve vergüenza.

                Cuando me preguntan cuándo fue mi primera vez… no me acuerdo, caray. Habrá sido en alguna fiesta. Seguro estaba borracha y algún borrachito se aprovechó de mí, jijiji. Me da igual, ni empieces con tus sermones. Yo también me he aprovechado de algunos borrachitos, jajaja. ¡Los empedo yo misma! Y me los cojo casi a la fuerza.

                Es lo malo de ser trans. Siempre hacemos el amor a la fuerza. Ya sea porque nos pagan, o porque los hombres de verdad no se quieren acostar con una y hay que emborracharlos a la fuerza. Jum. Y sacarles los pantalones a la fuerza. Y pararles el pito a la fuerza. Y ensartarnos a la fuerza. Nosotras mismas. Es como coger con muertos, caracho. Pero no pongas esa cara, a todo se acostumbra una, pues. No es tan malo.

                Y la verdad, la verdad, yo nunca he hecho el amor. Nunca me he enamorado.

                Y la verdad, la verdad, sí recuerdo mi primera vez. Lo voy a soltar ahora, por primera vez. ¿Sí quieres que te lo cuente, papi? ¡Pues aprieta bien los dientes, culero! ¡Ahí te va toda la piche verdad, carajo!

                Fue en el estacionamiento público de al lado de mi casa, de la casa donde vivía cuando era niño, de nuestra casa, pues. Me violó el guarda. ¡JAAAAAA! pero que sustote te metí, ¿no? Sí, sí, el guarda ese, al que le decían el Chato. Al que dabas propinas por dejarte guardar el coche todo el día y al que le regalabas sus botellas de tequila en Navidad.

                Primero me sedujo con dulces, con juguetitos. Cada que pasaba solo por ahí, por el estacionamiento, me llamaba, me acariciaba el pelo y me regalaba algo. Poco a poco le agarré confianza. Comencé a entrar más y más a las profundidades del estacionamiento. Hasta que un día, ¡tómala, cabrón! ¡Me metió la verga el desgraciado! Era una verga pequeñita, toda retorcida, como chile seco, jajajaja. Ahora me da risa, pero, ¡Ay, aquella vez casi me desmayo! Me la metió bien duro, ¡carajo! Y tú, papi, ¿qué hiciste? ¿Sí te acuerdas? ¡Me dijiste que me callara la boca y que no anduviera diciendo pendejadas y cochinadas o me ibas a surtir! ¡Y cuando le enseñé el culo, todo sangrentado y cagado a Laura, mi madrastra, tu segunda ex mujer, pues! ¿No fuiste a decirle que no dijera nada, que de seguro me había lastimado yo solito jugando a mis pendejadas? "Se habrá caído de la resbaladilla, el güey", dijiste. Sí me caí. Sobre la verga del Chato.  

Jamás entendí por qué lo defendiste. ¿Por qué lo defendiste? He llegado a pensar que tú no eres mi padre. Mi padre biológico. Porque un padre, ¡óyelo bien, culero!, ¡un padre jamás le haría algo así a su hijo! jajaja, no te asustes, si no te maté en la adolescencia no te voy a matar ahora, que soy una mujer hecha y derecha, que vivo mi vida de lo lindo y que estoy convencida de que nací mujer. Ya ni siquiera te culpo. Ahora me digo: bueno, hazte de cuenta que eras una niña. Y que te violó el guarda ese, el maldito Chato, desgraciado. Lo mismo seguirías siendo niña, ¿no? Pues más o menos así me pasó a mí. Nací en el cuerpo de un hombre, pero soy mujer. Y luego, pa colmo de males, me la dejaron ir a los siete añitos. Y por si fuera poco mi padre, mi disque padre, se puso a defender a su amigo el Chato. Como si de verdad, papá, como si de verdad hubiesen sido amigos tú y el Chato. Digo, te cobraba menos la tarifa de la pensión, pero no era para que le pagaras con el culo de tu hijo, ¿o sí? Eso es lo que me sorprende, chinga, que defendieras tanto a un pobre pendejo. Hasta llegué a creer que tú también eras joto y que el Chato fue tu amante. A lo mejor a ti también de daba pa tus tunas. Aunque, claro, tú ya tenías edad para decidir. No como yo. Pero no, no, ya sé que tú eres re hombre, re macho.

                Esa tarde Laura me mandó a comprar un refresco para la merienda. La tienda, como ya sabes, estaba a dos cuadras nomás. Cómo a ti te daba hueva salir, me mandaban a mí, en plena colonia Morelos. Yo no sabía que la colonia era peligrosa, ¡pero tú sí! Y ahí voy yo de pendejo, ¿cómo iba a ser de otro modo? Compré la pinche cocacola esa, la familiar, en botella de vidrio, como las hacían antes. ¿Sabes que desde entonces le agarré un odio tremendo a la cocacola? No la tomo ni por error. Es lo único bueno que me dejó el incidente, como lo llamaste tú. Decías: "no hablemos más del incidente". Ay, en fin. De regreso pasé por el estacionamiento. El chato estaba ahí, como siempre, mirando a la gente pasar. Me dijo "eit, Gumarito, ven". Primero no quise ir. Debía cumplir con mi deber, el del mandado. Pero se llevó la mano a la bolsa y sacó un dulce, un caramelo en barra. Me lo ofreció. Ahora que lo pienso, no creo que yo haya sido el único. Ese Chato sabía tratar con niños. ¿Por qué siempre tenía dulces, el cabrón? Bueno, a estas alturas no la voy a hacer de detective, no lo voy a demandar. Quién sabe si siga vivo pa empezar, ¿no? Me acerqué para coger el dulce, pero el Chato se hizo para atrás. Al ver mi cara de decepción, me dijo "¿entonces sí lo quieres?" y yo, tímido, le contesté con un movimiento de cabeza. Y que avienta el dulce. Lo aventó, sí, lo aventó. Cayó atrás de unos coches, donde estaba muy oscuro. Y me dijo "Ay, se me cayó". Me quedé ahí, paradito como el niño bueno y tímido que era. "¡Ve por él!", exclamó. Ay, papá, no me salgas ahora con que no me crees. ¿No me ves? Las tetas no me salieron solas, papito. Me las pagué yo, con el sudor de mis nalgas, eso sí. Es verdad lo que te digo. Me eché a correr por el dulce. Me agaché a buscarlo entre las llantas de los coches. Lo tomé y cuando me volteé para irme... ahí estaba el Chato, detrás de mí, con los pantalones abajo y su chile seco bien parado. Me asusté, no creas que no; ahora soy puto, pero a los siete años... Sí, sí, ahora yo solita me lo comería todito, yomi, yomi, pero a esa edad, papá... Se me cayó la coca del susto. Se quebró el envase. El chato se rió. Me dijo, "qué, ¿nunca has visto una verga, Gumarito?". No, no fue una cogida rica, como las que me doy ahora. De la nada me agarró de las greñas. Me volteó, me empinó y… ¡saz! Pa dentro, cabrón. Si al menos me hubiera violado despacito, como a mi amiguis la Pera, cuando la violó el cura de su iglesia... La Pera tuvo suerte, me cae. Dice que primero lo manipularon por medio de juegos para masturbar al cura, sin que él sufriera ni se quejara. Dice que el cura se la chupa a él, imagínate. Al menos eso es rico, ¿no? Dice que su primera vez le echaron lubricante. Dice que hasta medio le gustó, jajaja. ¡Qué envidia! A mí me lo tronaron gacho, así nomás, así como va.
               
                No sé cuánto duró todo, pero a mí me pareció eterno. Pon tú que me la haya metido unas quince o veinte veces antes de venirse. Hasta eso no fue tanto. Aún tengo la sensación en el recto de cuando se escurrió en mí. ¿Te confieso algo? Aún hoy, cuando me ensartan, pienso en el Chato. A veces hasta siento que lo quiero, caray. ¿Ves cómo es una? Con decirte que a veces (bueno, ya no) me daban ganas de ir a buscarlo al estacionamiento. A ver si todavía me quiere, jajajajaja.

                El resto de la historia ya lo conoces. Llegué a la casa todo espantado, llorando, temblando. Laura creyó que estaba asustado porque se me había caído el refresco. Tú me cagaste por eso, y luego saliste con tu mamada de que por andar jugando me rompí el culo. Qué huevos del Chato, ¿no? Violar al hijo del vecino. ¿Nunca pensó que yo iba a hablar, a decir la neta, que tú le podías ir a rajar la madre, como debiste hacer, a demandarlo, a ponerlo tras las rejas? Eso es lo que más me sorprende y más me duele. Ya dime la verdad, papito, ¿tú sabías lo del Chato?, ¿Sabías que violaba niños? ¿Te pusiste de acuerdo con él para no decir nada? En buen plan, Javier, dime la neta, derecho, ¡de hombres! ¿Cómo es que un padre se queda así sin hacer nada? ¿De verdad te creíste tu pendejada de que yo solito....

                ¡Ay, carajo, ya se me salió una lágrima! Se me va a correr el rímel, chingada madre. Perdóname, caray. No era mi intensión que me vieras llorar.  

¿Cuál es mi intención? Ja. Bueno, sí, es normal, ¿no? Te preguntarás por qué mierda te mandé agarrar y amordazar. ¿Para obligarte a oír mi versión? No, no te espantes, papito, no te voy a matar, ya te dije. No tiene caso. De todos modos, de esta vida nadie sale vivo. Nomás quiero que me entiendas. Que te hagas una idea muy clara de qué se siente, ¡culero! ¡De que se siente que un hijo de la chingada te meta la verga! No, no, no, por favor, no supliques. No vas a ganar nada y nomás lo haces más difícil. Y no me llames culero, culero. No soy culero. Te prometo que seré suave. Um, bueno... quizá no tan suave. Pero al menos, Javier, yo si te voy a lubricar. No quiero que te me vayas a morir desangrado. ¿Qué le voy a decir a la policía, que maté a mi padre por violarlo? Ay, papá, no llores, de verdad, ¿no que muy macho? ya estás grandecito. ¿Qué cómo voy a ser capaz? ¿Violar a mi propio padre? No digas eso, no digas tu propio padre. Para mí tú no eres mi padre. Y ya te dije que no estoy segura si alguna vez tuve vergüenza. Ay, no, no cierres los ojos de ese modo, pa. Anda, mírame. Mira mi pistolón. ¡Orgulloso deberías de estar, caracho! Ni con las hormonas se me achica, ¿tú crees? Tú me lo heredaste. ¿Qué le vas a decir a Sofía? no sé, déjame pensar… ¡ya sé!, le decimos que como ya estás viejo, te caíste y te rompiste el culo, jajajajajajajajaja. Esa siempre aplica, ¿no?

Bueno, ya... ¡ahí te va, papito! 




1 comentario:

  1. wOOOWW QUE FUERTE!! ESTA MUY BIEN, REFLEJA UNA REALIDAD OSCURA Y OLVIDADA, LA GENTE TRANSGENERO Y EL ORIGEN DE LA HOMOSEXUALIDAD!!

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