domingo, 24 de abril de 2016

Masturbación en grupo.


A la edad de once años nuestro amigo Gutiérrez era un pequeño maniaco sexual. Siempre buscando la forma de ver mujeres encueradas, de obtener información secreta sobre los misterios del sexo. 

           una vez llevó a clase una revista pornográfica. Nos la enseñó a la salida en el patio de maestros. Nunca había maestros en el patio de maestros. Todos habían visto una revista pornográfica antes excepto yo. No me evidencié. dije que estaba muy bien y me fui a casa con la mente retorcida y escandalizada. Principalmente por el tamaño de los penes de los hombres. Yo no llegaba a esas proporciones ni estirándomela.


            No dejó de llevar revistas de esas en adelante. Todo su mundo giraba en torno a la pornografía. Se miraba las revistas, coleccionaba tarjetas, tenía uno o dos VHS, hablaba de ello todo el día y miraba a las chicas de un modo muy morboso. Le apodaron el Porno. Ni se molestó. Tenía granos en la cara. Juraba haberse masturbado tantas veces una vez que le sangró el frenillo del pene. Era un chico despreciable. Más de una ocasión llegó a masturbarse en clase y a echar su semen en una hoja de cuaderno y hacerla bolita y aventarla a un grupo de chicas que se ponían a gritar pero nunca lo denunciaban. Los chicos lo admirábamos al mismo tiempo que lo repudiábamos. Si querías ver pornografía a él debías acercarte, pero debías soportar todo su rollo maníaco y enfermo. Se rumoreaba que sus revistas estaban llenas de semen seco.


            Los padres del Prono sabían la clase de hijo que tenían. Él mismo nos contó que sus padres le habían recogido muchas revistas a lo largo del tiempo. Lo regañaban, pero siempre se las arreglaba para conseguir más revistas y ver más mujeres. Había visto mucha carne impresa en papel, pero nada en la vida real. No le importaba. Era feliz siendo el rey de la pornografía.


            Un día nos invitó a su casa, a su fiesta de cumpleaños. Doce años. No fuimos muchos. Solo los que tuvimos el valor de ir. Gutiérrez no era muy popular. Era popular por sus cochinadas, pero nadie deseaba realmente ser amigo suyo. Yo fui. Y la fiesta estuvo bien. Hubo empanadas y refrescos y vasos de Michael Jackson. Sus padres se comportaron como los padres de cualquier otro niño. Incluso la casa de Gutiérrez era como la de cualquier otro niño. Comimos todas las empanadas y los refrescos en el patio de la casa y su madre puso discos de Michael Jackson mientras comíamos y reíamos y nos burlábamos del profesorado y del alumnado del colegio. El Porno siempre sacaba a tema a una u otra chica y decía todo lo que le gustaría hacerle si pudiera. Incluso hablaba de ese modo de las maestras y hasta de las madres de algunos compañeros. Todos reían de sus ocurrencias. Yo también reía, pero había algo dentro de mí que no empataba. Reía por encajar. Pero temía que el Porno hablase así de mi madre a mis espaldas, o me dolía que hablara así de la madre de un amigo mío. Por cierto, su madre era una mujer muy fea.


            En algún momento Gutiérrez nos sugirió ir a su habitación a jugar Nintendo. Todos nos entusiasmamos. Subimos a su habitación y dejamos todos los platos sucios y los vasos y las empanadas medio mordidas y su madre le gritó que qué haríamos y Gutiérrez le contestó gritando que jugar Nintendo y su madre suspiró y se puso a recoger nuestro reguero.


            Pero el Nintendo no servía. Así que sacó de debajo del colchón unas tres o cuatro revistas y nos dio una a cada uno y dijo vamos a masturbarnos en grupo y todos le gritaron que estaba loco, pero el Porno se sentó en el suelo, se sacó la verga y se puso a masturbarse. Todos reímos. Nadie tomó las revistas. Todos nos quedamos mirando cómo se masturbaba. Él tampoco miraba la revista. Nos miraba a nosotros y a veces cerraba los ojos, los apretaba bien duro, y a veces los abría y volvía a mirarnos a nosotros, su público. Tenía unos huevos bien peludos ya a esa edad. Y de repente se vino. Un chisguete de semen saltó por los aires y casi le cae en el cuerpo a Martínez. Todos rieron. hasta yo reí. Estaba muy nervioso. El porno dijo ahora uno de ustedes, vamos a ver quien llega más lejos su tiro. Adrián se entusiasmó. No lo pensó dos veces. Se sacó el pene y se sentó justo donde se había sentado Gutiérrez y comenzó a masturbarse muy duro. El porno tomó una revista y la hojeó delante de Adrián para excitarlo. Adrián cerraba los ojos y a veces los abría y miraba la revista que el Porno le ponía casi en la cara mientras pasaba las hojas una a una. También abría la boca como un retardado. Y de repente se vino. Caray, fue un salto muy alto pero no llegó más lejos que el de su antecesor. Mal cálculo de la trayectoria del proyectil. Apuntó muy arriba. Enseguida pasó María José. Ya tenía el pito parado para cuando se lo sacó. El Porno le puso otra revista enfrente y pasó las hojas, pero María José le dijo quítate, güey, no necesito eso... y se jaló muy duro y muy rápido y antes de eyacular gritó esta va por tu mamá, Martínez... y todos se carcajearon, nos carcajeamos, y el tiro de María José llegó aún más lejos que el del Porno y todos aplaudimos y chiflamos. Pero Martínez le mentó la madre a María José y se hizo un alboroto de gritos y albures y reclamos. La Señora Gutiérrez tocó la puerta de la habitación. ¿Están bien, chicos? El susto nos quitó las risas. El porno cogió todas las revistas y las guardó debajo de una montaña de ropa sucia. Luego le gritó a su madre que sí, que todo estaba bien. Nosotros le hicimos coro sí, señora, todo bien, gracias...


            Pasaron Benítez y Guzmán. Ninguno superó el récord de María José. Ahora solo faltaba yo. Estaba muy apenado. No era de esos que pueden mostrar sus genitales como si nada. Había evitado las duchas del gimnasio desde que tenía memoria. Pero ya habían pasado todos y yo los había visto y había reído con ellos. No podía echarme para atrás.


            José María notó mi vergüenza y exclamó órale, Luis, ¿vas a pasar o qué? y el Porno la ha de tener chiquita... Todos se carcajearon. Hasta ahora, no voy a mentir, había observado el tamaño de mis compañeros y lo había comparado con el mío. Me bajé los pantalones y asomó mi pequeño ratoncito. Tímido y ensimismado. Recogido en su vergüenza, apenas pasaba de los cinco centímetros. Eso bastó para que María José gritara que sí, que sí lo tenía chiquito. Las risas fueron imparables. Yo moría de pena. Intenté, mientras ellos se revolcaban, literalmente, de risa, menearme el pito y levantarlo, porque estaba seguro de que una vez parado era igual al de ellos, e incluso más grande que el de Adrían. Pero las burlas me cohibieron y no pude levantarme como un hombre. Lo que generó más burlas. No se le para!!!, exclamó Martínez.


            El estropicio hizo que la señora Gutiérrez volviera a preguntarse si estábamos bien. Esta vez irrumpió en la habitación sin avisar. Me encontró de rodillas, con los pantalones y los calzones abajo, mostrando mi cosita, y a todos ellos muertos de risa, tirados en el suelo, cogiéndose los estómagos. Ella también rió. Se sonrojó. Cuando pudo, dijo ¿pero qué haces, Luisito? No supe qué decir. Me cubrí tan rápido como puede y salí de la habitación corriendo. Me metí al baño y lloré.


            La señora Gutiérrez llamó a mi madre por teléfono y mis padres vinieron a recogerme en nuestro coche. La señora Gutiérrez no dijo nada sobre el incidente. Durante el tiempo que tardaron mis padres en venir, ninguno de mis amigos bajó a ver qué me pasaba. Esperé en la sala, sentado en el sillón más grande, comiendo una empanada de atún. Pude escucharlos reír allá arriba, en el cuarto de Gutiérrez. Seguro lo hacían de mí. Mis padres me llevaron a casa. Les mentí que me dolió el estómago y por eso quería irme antes de la fiesta.



            Luego, el lunes, al llegar al colegio, lo primero que hicieron mis amigos fue recibirme con burlas. Desde entonces no dejaron de burlarse de mí. Me apodaron el chiquilín. Y yo maldije la hora en que acepté ir a la fiesta de Gutiérrez.  






2 comentarios:

  1. "esta va por tu mamá, Martínez..." Jajaja que gracioso, van como tres veces que leo el cuento y esa parte siempre me hace reír. Gran cuento P.

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  2. Jesús Nájera Manzanares24 de junio de 2016, 10:21

    Rico.

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