domingo, 10 de abril de 2016

La periodista de Cultura Colectiva.





Una tarde conocí a una muchacha hipster. Estaba de pie frente a una galería de arte en la calle de Chiapas. La galería era Cultura Colectiva. Yo salía de la plaza comercial luego de haberme emborrachado en bar de Sanborns, como cada tarde. Lo primero que vi fue su espalda hipster, con su ropa hipster y su peinado hipster. Luego volteó y pude ver toda su cara hipster. Y sería una chica muy bonita, de no ser porque era muy hipster y eso le quitaba autenticidad, fuego interno, alma, o como se llame. Me miró y le sonreí. Ella no me sonrió. Eso sería muy poco hipster: sonreírle a un borracho de plaza comercial, no hipster. Pero me acerqué aún más a ella y no pudo evitarlo. Tuvo que entablar conversación conmigo. Se quedó de pie, en sus zapatos de plataforma hipster, y me escuchó decirle buenas tardes, ¿es usted Claudia Taboada, la periodista de Cultura Colectiva?

            Oh, oh, oh, bueno, yo sabía quién era ella porque hace tiempo envié una copia de mi último libro a esa periodista, aunque no sabía que era una hipster, eh. había reconocido su cara a pesar de que la fotografía que vagaba por Internet de ella no era tan... hipster. Y ella dijo oh, sí, sí, ¿y usted quién es? Soy Martin Petrozza, le respondí. La miré de arriba abajo, saboreando sus carnes, y exclamó ¡oh, sí, es usted! ¿Pudo leer mi libro?, pregunté. Se sonrojó. Oh, lo siento, aún no lo termino... pero... en cuanto lo haga... Su mirada buscaba una salida. La interrumpí: no importa, no lo termine, sólo dígame si publicará el artículo sobre mi libro; puedo enviárselo yo mismo. Usted sólo deberá firmarlo. Me miró atónita. Eso debió parecerle muy poco ético y muy poco hipster. Si quiere, se lo envió por correo postal, escrito a mano con pluma fuente, eh, quizá eso vaya más con... mmm... ¿usted? No supo qué responder. Da igual, es una broma, no se lo tome personal, es solo que vivo aquí a tres cuadras  y... hay mucha gente así por aquí, usted sabe, y bueno... no es muy cómodo para nosotros los... ya cansa… me interrumpió: oiga, dijo, me tengo que ir. En cuanto tenga el artículo sobre su libro se lo mandaré a través de Cultura Colectiva. Y yo oh, qué amable de su parte, eh... comenzó a caminar. La seguí. En serio, qué amabilidad, espero no ser muy incómodo para usted, pero he leído sus artículos y me gustan mucho, ¿sabe? No se detuvo. Caminé atrás de ella, casi alcanzándola. Como quien dice no puedo quedarme sin un Taboada, ¿no? Es importante para mí... En la esquina de Manzanillo se detuvo. Sí, mucha gracia por sus... ¿elogios?, me dijo. La miré directo a los ojos: oiga, usted me gusta, eso es todo, ¿okey? Se sonrojó en serio. Era una cara chapeada muy bonita, detrás de un maquillaje muy hipster.

            Y de pronto, comenzó a llover.
           
            Nos refugiamos debajo del techo del Extra. Bueno, le dije, no puede decirse que Dios no está de mi lado esta tarde, ¿no? Y ella, asustada, se sobó los brazos con las manos y me dijo ¿qué quiere de mí? y yo bueno, nada. Me gustaría conocerte, salir contigo... Me miró con una mirada hiperhipster y me dio un rotundohiperhipster NO. ¿Es por mi ropa?, pregunté mirándome la ropa. Tardó en contestar. La gente comenzó a amontonarse junto a nosotros. No, no es eso, contestó al fin. Bueno, ¿entonces por qué? La pobre chica sonrió, casi se rió, y dijo no lo sé, es tu actitud. Ah, bueno, respondí, eso se puede cambiar cualquier día. No siempre soy así, eh. Solo que ahora ya estoy bebido y no me puedo controlar... y ella no, no te justifiques, es igual, no importa lo que hagas, tengo novio de todos modos. Oh, no iba a dejar que me juagara tan chueco. No tienes novio, no te hagas, le dije. ¿Y tú cómo sabes?, preguntó casi en un susurro. La gente podía oír nuestra conversación. En casi un susurro le contesté he entrado a tu Facebook, el de lollipop666, no tienes novio y lo sé, entro seguido. Otra vez se sonrojó. Bueno, me defendí, Facebook es una cosa libre, puedo entrar si quiero, no es acoso, eh. Está bien, me dijo, tú no tienes la culpa, yo soy la única culpable de lo que publico en Facebook, pero... es esa actitud por la que no quiero salir contigo, ¿ves? Silencio. ¿Y si fuera hipster saldrías conmigo? Silencio. Yo no soy hipster. Silencio. Sí lo eres, no te hagas. Silencio. Bueno, y si lo fuera, ¿qué? Silencio. La lluvia arreció. Ya casi no podíamos escucharnos. ¡Pues nada, pero no lo niegues! Trueno. ¡Bueno, sí soy un poco, ¿y qué?! Silencio. Lluvia. ¡Pues nada, está bien, no me importa cómo seas, yo solo quiero salir contigo y conocerte, saber quién eres en realidad! La gente llegó a ser tanta que casi nos sacan de debajo del techo. Le dije oye, ya, no te hagas la difícil, está lloviendo y nos vamos a mojar. ¿Quieres una cerveza en bar de Sanborns? Yo invito. Lo pensó unos segundos. No, gracias. Entonces sentí repulsión por su vida hipster y le dije tú te lo pierdes. Y me eché a correr a la otra acera. Me eché a correr por debajo de los techos, como rata mojada, hasta la entrada a Sears.

            En la mesa del bar del Sanborns sentí arrepentimiento. No debí dejarla, me dije, sólo es una chica hipster asustada. Además es muy bonita.

            La busqué en el chat de Facebook de mi celular. Ahí estaba, ja. Le escribí: oye, ya, ven al bar de Sanborns. Hay caldo de camarón calientito. Ordené dos cervezas Tecate. Bebí media cerveza y medio caldo de camarón. Abrí el chat otra vez. No había contestado. Le puse: prometo ya no molestarte con que me gustas y eso, sólo ven por amor a Dios porque afuera está lloviendo y te puedes enfermar. No contestó. ¡Ah, qué la atropellen!, pensé. Y pensé en el encabezado: CONDUCTOR BORRACHO DE METROBÚS ATROPELLA A JOVENCITA SOBRIA HIPSTER AL CRUZAR INSURGENTES. Jajajajaja.
           
            Vi una sombra entrar al bar. Luego una silueta. Era ella. Venía toda mojada. Estás hecha una sopa hipster, le dije cuando estuvo a mi mesa. Sonrió. Ya, no soy hipster, dijo mientras se quitaba sus anteojos hipster y los secaba con una servilleta y se los volvía a poner. Dios mío, era muy bonita de verdad. Tenía una cabellera espesa, negra y pesada, una piel blanca y rosada, y esa ropita de niña rica de los sesenta o setenta. Parecía una muñeca embrujada de 1966. Había algo en ella que me excitaba. Y le dije oye, te pediré un caldo de camarón y una cerveza Tecate. Y ella Tecate no, pide Barbière. Miré la carta. Oh, no, nada de cerveza hipster. Suspiró. Pide Victoria. Y eso hice, y ella pudo comer y beber y contarme que tenía veintiún años, vivía en la colonia Portales, era estudiante de periodismo en la SOGEM y trabajaba como becaria en Cultura Colectiva. Pero todo eso yo ya lo sabía, jejeje. Y yo le dije que era un escritor fracasado de veintisiete años, sin empleo y medio casado con una chica que levanté aquí mismo, en la colonia Roma, pero que no era hipster, aunque reciclaba PET y no comía carne roja. Yo trato de no comer carne roja, dijo, y yo sí, ya lo sé, está de moda, ¿no? y ella salió con todo un cuento chino sobre la matanza y la producción masiva de carne y el sufrimiento de los animales y las virtudes de la soya. Ya casi me arrepiento de haberla invitado, eh. Pero cruzó las piernas y pude ver sus piernas y me dije: se paciente, amigo mío, se paciente como el pescador que pescó estos camarones para tu caldo de camarón y pronto podrás estarte chupando esas piernitas ricas en otro caldo.

            Bueno, me dijo de repente, háblame sobre tu libro. Y yo er, sí, bueno, es un libro de cuentos, de relatos, sobre... cosas que me pasan en la vida real, creo, y... y por dentro pensaba: ay, olvida el libro, lo único que quiero es acostarme contigo, muñeca, aunque tenga que decirte que tus artículos son buenísimos y me muero por uno... bueno, mejor lo lees y me dices, ¿no? Y ella oh, ya lo leí, la verdad es que ya lo leí. Joder, eso sí me asombró. ¿Y bien?, pregunté casi apenado. Es bueno, pero muy vulgar, sentenció, así, sin lubricarme. Oh, sí, sí, dije, eso me han dicho, eh... Pero voy a hacer el artículo, interrumpió, lo haré este fin de semana y lo enviaré a Cultura Colectiva para que lo publiquen, ¿okey? y yo dije okey.

            Sólo tomó dos cervezas. No quiso ni una más. Supongo que no deseaba emborracharse delante de mí.

            La acompañé a la salida. Ya no llovía. Pudo irse caminando al metro Insurgentes. 

          Yo me fui a casa a echarme, a esperar a mi mujer y a masturbarme pensando en Claudia y en cómo sería hacer el amor hipster.

            Y el artículo nunca llegó.
           
            Y me bloqueó de Facebook.


            Eso fue mi relación hipster con la reportera hipster de Cultura Colectiva.



7 comentarios:

  1. jajaja que buen texto

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  2. Cómo es una espalda hipster?

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  3. Paris Bonilla Vazquez26 de abril de 2016, 20:23

    Lollipop666 xddDD

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  4. Fernando Capetillo17 de agosto de 2016, 11:36

    Jaja. ¡Buenísimo el relato!

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  5. Axel Blanco Castillo17 de agosto de 2016, 11:38

    Excelente texto amigo Petrozza.

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