domingo, 10 de mayo de 2015

Amigo del Poncho.


Eran las tres de la madrugada. Había bebido desde las tres de la tarde. Pagué la última copa y me largué. Salí del bar haciendo eses.

De pronto, un hombre me tocó por los hombros. Acercó su boca a mi oído. Me susurró: le están pegando a tu amigo, corre. Volteé. Aún podía ver el interior del bar desde donde estaba. Corrí.

      Cogí a uno por el hombro izquierdo. Cuando volteó, le solté un gancho a la quijada. Eso fue todo lo que puede hacer. Inmediatamente tenía a cinco colgados de mí. Me garraban y me zarandeaban. Hubo amenazas. No recuerdo casi nada. Alguien me pateó la espinilla. Sentí el golpe, como un toque eléctrico. No muy fuerte. Yo golpeé a alguien en la espinilla.

Me detuvieron con más fuerza. Uno mujer gritó que me dejaran en paz. La vi de reojo. Me arrastraron fuera del bar. Me echaron a la calle. El dueño del bar gritó que no quería volver a verme.

La mujer que gritó, salió fuera. Me ayudó a levantarme. Me recargó sobre la pared. Me ofreció un cigarrillo. Lo acepté. ¿Por qué gritaste?, le pregunté. Bueno, contestó, no eres un gran peleador, ¿no? No. No deberías meterte en broncas, dijo. Fue por defender a un amigo, exclamé. ¿A un amigo? ¿Eres amigo de Poncho?

No recordaba a algún Poncho. Supongo que sí, dije. Le estaban pegando a Poncho, me explicó, porque el hijo de puta es mi marido; lo encontraron con otra en el sanitario. Ya, dije. Tú no eres amigo de Poncho. ¿Quién eres? Soy, P., dije. Bueno, P., espero que hayas disfrutado el cigarrillo. Asentí.  Entró al bar.

      Deseaba irme, pero estaba molido. Me dije: acaba el cigarrillo y lárgate. Antes de eso salió un hombre. Poncho quiere hablar contigo, me dijo. Era el mismo que me había advertido. Bueno, dije. Debes entrar, dijo, él no puede salir, está herido. Eché el cigarrillo al suelo y lo pisé. Bufé. Me pasé las manos por la cabeza.

      Poncho estaba sentado en una silla, como un boxeador. Detrás de él había dos hombres. Me acerqué a él. Me dio la mano. Dijo: estos dos que ves aquí, no movieron un dedo por mí, hijo. ¿Quién eres? Soy, P., dije. ¿Te apetece un trago? No, gracias. Ya he bebido suficiente. Me palmeó la espalda. Dijo: cuando tengas un problema, no dudes en avisarme. Gracias, respondí. Sí, en serio, insistió, si alguien se mete con P., se mete con Poncho, ¿okey? Okey, dije. Chocamos los puños.

      Y me largué.

     Al despertar no supe si todo fue un sueño o no. En todo caso, nunca tuve problemas ni necesidad de llamar a Poncho, ni volví a verlo ni algo. 








1 comentario:

  1. Pilar Pujols Penn10 de mayo de 2015, 23:35

    Martín, genial. Creí al principio que el amigo por quien peleó P. era Poncho. Y el final... de película.

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com