domingo, 5 de abril de 2015

La han violado.


Una tarde cualquiera, camino a casa, Grecia se encuentra con L. por casualidad. L. es quien la mira primero. Se acerca y la saluda con entusiasmo. Grecia también saluda con entusiasmo a L. Están parados afuera de la estación de Metrbus Sonora. Se preguntan qué hacen aquí. Grecia vive a dos cuadras. L. trabaja a cinco cuadras. Grecia y L. cursaron juntos la universidad, hace cinco años. Nunca fueron amigos cercanos, pero se ubicaban perfectamente. Luego de saludarse, decirse de dónde vienen y a dónde van, la situación se torna incómoda. Grecia desea irse a casa. L. desea retener a Grecia lo más posible. Le pregunta por su vida, por su trabajo, por su familia. Grecia responde amablemente, pero sin entusiasmo. L. le invita a quitarse de en medio, hay mucha gente que entra y sale de la estación. L. la encamina hacia Sonora. Grecia vive hacia San Luis, pero no dice algo. L. le expresa la felicidad de haberse encontrado con ella. Grecia se siente comprometida. L. mira la hora. Invita a Grecia a tomar un café y platicar. Grecia se excusa. L. insiste. No sabe por qué, pero se aferra a estar con Grecia, como si ésta fuese su última oportunidad. Grecia, que nunca ha sabido decir no abiertamente, acepta al cabo de pocas insistencias.

      L. ha dicho a por un café. Sin embargo, camina dos o tres calles y entra a un bar. Grecia piensa: esto no es un café. No se queja, piensa que de cualquier modo sólo estará unos cuartos de hora.

      Durante tres cuartos de hora, beben un par de cervezas y hablan. La conversación de L. no es del todo desagradable. Grecia se tranquiliza. Mira la hora. L. ordena una ronda más. L. dice: no te preocupes, las cervezas las invito yo. Grecia sonríe. L. le simpatiza, aunque hay algo que no termina de agradarle. Algo en los ojos de L. En la mirada de L. En la sonrisa de L. Es como si el rostro de L. fuese una máscara, piensa Grecia.

      Después de dos horas han bebido cinco cervezas cada uno. L. mira la hora. Es tarde. Grecia mira la hora. Ahora está más relajada. L. anuncia su preocupación. Hace diez minutos que cerraron el transporte público. Grecia invita a L. a pasar la noche en su apartamento. L. no quiere aceptar. Ello da confianza a Grecia e insiste.

2

Grecia instala a L. sobre el sofá. Le presta una cobija y una almohada. Se despiden diciéndose buenas noches. Grecia entra a su habitación.

      De repente, Grecia escucha ruidos. Han pasado una o dos horas desde que fueron a dormir. Piensa en L. entrando al sanitario o yendo a la cocina a por un vaso con agua. Se olvida del asunto, pero luego escucha pasos venir. La puerta de la habitación se abre. Es L. Grecia se levanta de golpe. L. dice: oh, oh, oh, lo siento, no quiero molestar. Grecia no dice algo. L. continúa: ¿sabes?, no puedo dormir. Grecia se calma. Contesta: yo tampoco. L. se instala en el borde de la cama. Grecia recoge las piernas para dar lugar a L. Son un par de largas piernas. Están desnudas. L. acaricia a Grecia en la pierna. Grecia retira la pierna. L. coge el tobillo de la otra pierna. Lo coge con fuerza. Grecia intenta zafarse, pero L. es muy fuerte. No creyó que L. fuese tan fuerte. Grecia piensa: vamos, no, no puede ser. Pero antes de pensarlo dos veces, L. está sobre Grecia. La tiene sujeta por las muñecas, debajo de él. Grecia intenta controlarse. El aliento de L. se le estampa en la cara. Es un aliento pesado. Grecia dice: vamos, L., ¿qué te pasa? L. no responde. Comienza a lamer el cuello de Grecia. Grecia hace muecas. Piensa: no, no puede pasarme a mí. Se mueve para quitarse a L. de encima, pero L. pesa demasiado. Piensa en gritar, pero al mismo tiempo, le parece ridículo. No puede ser verdad, piensa. Trata de hablar con L., de hacerlo razonar. L. coloca sus rodillas sobre las muñecas de Grecia y le alza la blusa. Las tetas de Grecia salen. L. las chupa. Muerde los pezones. Hasta ahora el sufrimiento de Grecia no es tanto. Cierra los ojos. Piensa: en algún momento parará. No puede ser posible. Siente el miembro erecto de L. rosar su abdomen. Dios, piensa, no, no puede ser, L. es de la universidad. Recuerda a L. en la universidad. Jamás tuvo pinta de ser una mala persona. Grecia grita. L. la abofetea. Grecia recuerda sus clases de educación sexual. Siempre se habló de la violación como la peor cosa que puede pasarle a una chica. Piensa: me está violando, Dios. L. ladea las bragas de Grecia y rosa su miembro contra los genitales de Grecia. De un movimiento, L. se saca el pene y ahora rosa a Grecia con su pene desnudo. Grecia muerde el hombro de L. L. resiste. L. grita. Levanta el tronco y pega a Grecia con el puño cerrado. Le rompe la nariz. Grecia siente el dolor en la cara. Siente su sangre correr. Siente el mareo. Piensa: no, no es verdad. La vagina de Grecia se resiste, pero L. ya ha introducido casi la mitad. Cierra los muslos, inconscientemente. A su pesar, lubrica. L. entra y sale. Grecia forcejea. Piensa: no puede durar tanto, Grecia, déjalo hacer y acabará. Otro yo dentro de Grecia está asustado, piensa: no, no, no. Es un cerdo. L. se mueve aprisa. Los golpes de pelvis los recibe como embestidas. L. la pega. La pega con el puño cerrado. En algún momento Grecia pierde la conciencia. L. se corre sobre la cara ensangrentada de Grecia.

      3

Grecia despierta gritando. Piensa: ha sido un sueño. Sin embargo, una holeada de dolor en la cara la contradice. Se toca la cara. Hay sangre seca y semen. Los mulsos le duelen. La vagina le arde. Se levanta lentamente. Piensa: así que esto es una violación. Piensa en demandar a L. pero no tiene ningún dato verídico de él. Ni siquiera recuerda sus apellidos o su dirección. Nada. Camina a la estancia. No hay nadie. Entra al cuarto de baño. Se pega la ducha. Se lava la cara con mucho cuidado. Se lava el cuello, las tetas, la vagina. Se lava con desesperación mientras llora y piensa en sus padres. ¿Cómo va a decir a sus padres que un ex amigo de la universidad la violó anoche? ¿Cómo decírselo a alguien? ¿Cómo explicar que ella misma dejó entrar a, prácticamente, un desconocido a casa? Se siente tonta. Se siente repudiada. Sucia. Sobre todo, tonta. ¿Por qué no gritó o se quitó a L. de encima? ¿Por qué no opuso más resistencia? De pronto siente mucho miedo: L. sabe dónde vive. Sabe que vive sola. También sabe que Grecia no opone demasiada resistencia. Piensa en dormir con un cuchillo debajo de la almohada. Pero ya es demasiado tarde. La han violado.



  

8 comentarios:

  1. It's so sad... so horrible... so... kill that guy!, please! And say to that girl she is not guilty.

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  2. Lo lamentable es que ha ocurrido a quien menos pensabas. =(

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  3. Brigido.... Pero es súper fácil confundir algunas cosas en el relato por tantos puntos....

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  4. Buenisimo en todo caso

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  5. Inesperado, eso hace desconfiar de los demás.

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  6. Muy bueno un poco trjico pienso

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