viernes, 9 de enero de 2015

Ventanas quebradas

Texto por: Rodrigo Verdugo



DESPUÉS DE ESE DÍA


Cambiaron la ubicación de las cosas
sabían demasiado de una música de tierra para el viaje enemigo
el aura del mar levantándose, dejando atrás nuestros terribles ejes
nuestra forma de mirarnos a los ojos, de mirar a las piedras.
Sabían demasiado bien como unirse, por eso recibieron el revés de las cosas
y se empezó gota por gota, nombre por nombre
mientras el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían demasiado bien y no esperaron retratar a sus muertos
les bastó que el revés del mundo se levantara contra los árboles y las aguas
contra las cosas y las vidas, 
contra cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella.
Lo sabían demasiado bien apareando a las sílfides contaminadas, 
saldando algo con ellas
poniendo plumas quemadas dentro de las almohadas, reanudando las capturas
para que así llegaran y se ubicaran gota por gota, nombre por nombre
como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres
sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
mientras la belleza ahuecaba los mares
y al final dios estaba esperándonos con un ramo de accidentes en las manos.




COMO ELLOS   
A Omar Cáceres


Inmediatas a la sangre están las presencias argolladas
Que nos hacen saber de cual lado de la luz estamos
Encaminémoslas aunque la sangre nos use como animales
Hacia aquellos vidrios trizados en la oscuridad
Donde deslizamos los pasos 
y damos con liquidas ruinas en las resistencias del sueño
Pasado cierto tiempo creímos cumplida nuestra sucesión
Pero muchas murallas empezaron a caer y siguen cayendo
Algunas murallas nos atacaban si oíamos al martillo conjugar las algas
De a dos nos atacaban, nos rodeaban por la espalda y el tronco
Las sentíamos venir de pronto, cortar el aire
Entre altos ácaros que cantaban una extinción en la niebla.
Para salvarnos huimos a esas casas a medio construir
Las presencias argolladas estancaron la tarde
Y las aguas le siguieron el juego a la memoria.


NOCHECE   
En memoria de Stella Díaz Varin 


Nos tapamos el rostro con un escombro viudo
pero igual vemos el mar y el cielo: los mismos delirios enraizados
tampoco sabemos que hacer durante el día
salvo tocar la flauta para que se abra la matriz blasfema
donde tú estarás desaprobando ciertas sombras, ciertas llamas
o perfumándote para que los salvajes 
te conduzcan en medio de una tempestad de imanes
mira como en ninguna casa nos reciben, como nos cierran sus puertas
le temen a tu cabellera, porque tiene el designio de esos padres laberinticos
que no tuvieron piedad de la luz e hicieron un lecho sobre aberraciones de sal.
Vas engrandecida por cenizas lujosas, por armas de hielo que te rodean en círculos
hasta que ninguno de nosotros puede entrar, salvo que tú lo quieras
salvo que le hagas la señal a la copa y el cielo enrojezca
mientras aquí nos aferramos al polvo jactancioso, 
nos quedamos fuera de todo linaje
mientras la piel atrapa al día y una amenaza de cascara se cierne sobre el mundo.
Esos padres laberinticos te están vaciando los ojos, 
infringiendo lo conocido del agua
quedan escombros viudos al centro de la noche
donde tú estarás viendo a los pájaros alcanzar la angustia del fuego
mientras nosotros vemos que hombres y pájaros 
se han quedado para siempre en ello.
Te tapas el rostro con una roca cubierta de pelos y te despides
la misma que te hace odiarnos, la misma que altera las restauraciones
le otorgas a las lámparas la locura de los cadáveres, pero se la quitas sin decir nada
y resta nada más ver como son las alas
ahora que ningún abismo le falta a la luz.


ENTRE LATITUDES  
A Diana Camacho Briceño 

                   
Se saca el día la envoltura del espacio
Quedan encrucijadas, perfiles dibujados en las paredes
Tú y yo y nuestro préstamo de cenizas
Tú y yo que desentrañamos la noche.
Alguien hablaba de nacer o morir
Mientras dejábamos un solo murmullo en la formación de las agujas
Le dábamos su totalidad al ángel que se quemo los ojos con opio y con semen
Éramos los únicos que sabíamos que el centro de la tierra
Solo aparece al contacto de una boca.
A nuestro alrededor pasaban noches encargadas por las espinas
Se daban inagotables los remolinos convidados a los miembros
Una venganza de latidos aparentaban las olas.
Ahora lo que guardo de ti es un soplo que sobrevive en las costas
Siempre advienes con eso que le rapta la noche a la sangre
Pero no es lo único
La voz del cielo pasa por ti y sin volverse mineral
Te deja caer para mis hilos mortales.


DOMINGO        
A  Miguel Arteche


Una gaviota se lanza contra el gallo, para extinguir su canto 
Corta su cuello cualquier mañana de lluvia y de neblina 
Donde avanzamos trastocando un vinculo empavonado
La sangre gotea de aquel cuello, ayer una pagana armazón
Ahora ese declive enardecido
O tan solo la urgencia para alcanzar el ultimo barco tras toda esa lluvia y neblina
El oxido conquista temblores de sangre 
¿Que haremos si de pronto se revive ese canto?
¿Que seria de nuestra usurpación sobre los cierres?
Córtame del cielo, me has dicho y veras vuestra ceniza inferior
No es a nosotros a quienes corresponde hurgar en ese cuello, bajo aleteos victoriosos
Es ha aquellos que habrán de desangrarse sobre las magnolias venéreas
Y estampar el rayo combinatorio sobre el lienzo 
Ayer sangre, oxido, hoy ese gran espejo naranjo donde te peinas con dientes de hienas, avanzando hacia el último barco 
Con el desbocamiento de rodear con alambres esa copula de laberintos
Como quien ve por primera vez el mar
¿Que haremos si alguien pone a pelear a la gaviota y al gallo sobre los cierres?
Córtame del cielo, me has dicho pero en esa mañana de más lluvia y de neblina
Después conquista mi temblor de sangre. 


FEBRERO

Estallan los vidrios de la casa
Y el techo se cubre de palomas.

Después: sólo pálidos poderes. 


ENERO

Abres tus piernas 
Y es la calavera del sol que me espera.
Meto uno de mis huesos dentro del animal, 
Para la reprogramación. 









Texto por: Rodrigo Verdugo

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