viernes, 26 de diciembre de 2014

Selección poética del libro Poesía de los pájaros pintados III

Texto por: Fernando Chelle
Sitio del autor, aquí



Selección poética del libro 

Poesía de los pájaros pintados



Despertar

Amanezco junto al mar,
me confundo con las gotas que
caen en mi carpa, tercer pilar
de Santa Lucía del Este.

Toc, toc, tero, tero…
un lugar del mundo
donde la arena es libre
donde el emperador silencio
ha llegado con su orquesta
de vientos.

¿Y el amor?
duerme y sueña
¿y el amor, hombre de fuego?
descansa
en su nervio de ceniza
alada.


Recuérdame

De romántico a trágico
imposibilitado el amor
se levanta el muro.

Calla el exterior para dar paso
a dos balas en direcciones distintas
que se rozaron.

El tiempo no ha mudado su costumbre
dejando nuevos colores
no siempre vivos
y algunas veces
inesperados.

Entonces, nosotros, los de entonces
ya no somos los mismos.
Y bien, quedémonos con la flor
la espina no, la flor
porque hubo flor.


Del río al mar

Nací herido por los rayos de la luna lorquiana
cerca de un río solitario
negro como el abismo
con la pupila fría de las quimeras.

Hoy soy un toro con una flor en la boca
tratando de hacer sentir su peso,
ya mi desesperación
te picará en los ojos mujer
porque será imposible
ponerle diques al mar.


Patio de la abuela

Ciprés ascendente en precipitación vertical verde,
espinas de un marchito borracho combustible,
azahar de naranjos cargados de continuo,
nota amarilla de un limón colgante,
la tierra en su sequedad se ha partido.

1959 dicen tus pilares arcanos,
agujas que descansan en una
almohada de terciopelo,
lento como tu sombra veo caer el sol.

Tu bastón de la tarde
ha reflejado un grito
en el largo pasillo
que lleva a los pinceles.

El búfalo en su cueva observa extrañado
el discurso que un día supo ser resistencia
y ahora que tu perfume
no puebla ya esta tierra
llegó para quedarse tu verde melodía.


Una tarde en la Coqueta

Me fui cazando los recuerdos y alguna fragancia al pasar.
Me suele suceder cuando miro brillar los adoquines del barrio.
Llego al río,
al único,
a ese que es Negro como el abismo pero dulce como el oboe.
Encallo en el puerto y me convierto en humo,
esosi,
como ellos están atrás echo sobre mí un manto,
el manto de la vida,
el manto de los sueños,
ese que seguro no verán jamás.
Y ahí descanso, al menos hoy,
como descansa mi cigarro,
en su nervio de ceniza,
alada. 




Texto por: Fernando Chelle
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