jueves, 18 de diciembre de 2014

Las putas de papá.

Escritores invitados
Texto por. Yuni Ramírez

¿Cómo será hacer el amor con un viejo en un campo de avena? No es que estuviera confirmándolo; pero volví a casa a las siete de la mañana. Mamá armó un drama de “mírenme, soy la loca de un libro de García Márquez”. Nada más me asomé a la puerta, comenzó su sermón. Quizás amaneció despierta, esperándome. Dijo tantas tonterías, que media hora después ni ella misma sabía de qué iba la cosa. Entonces, metió a papá en el lío. Así que de eso se trata, de papá. A lo mejor estaba así porque llevaba dos o seis semanas sin coger, o quizás medio año, o cinco, quién sabe. Papá se iba a hacer negocios en Japón y por allá pasaba más de un mes, a veces no llamaba. Negocios, eso era lo que él decía. A mí no me constaba ni menos me cuadraba. Nunca vi el sentido a los supuestos y repentinos viajes. Para mí que se iba de vacaciones. A vacacionar de mamá y su histeria, y claro, como la pobre no lo iba a encontrar, ni que estuviera a diez minutos, bien. Entonces, ¿qué había que perder? Nada. Así que, papá se iba con alguna puta a Punta Cana. Ya me lo imaginaba muy feliz, copa y puro en manos, sobándole las piernas a esa puta, dándole nalgadas suaves; luego dejaba copa y cigarro y se la cogía. Ya me imaginaba todo eso. Papa, poniéndole la tanga para un lado, la carita de la puta, obviamente de mosquita muerta, y el cuerpazo, porque eso sí, papá tenía buen gusto. Imagínese a una mujerzuela con aires de “soy tu mejor inversión”; habría que verlo. O quizás no, quizás no era de ésas, a lo mejor se fijó en una tonta de barrio, vaya usted a saber dónde la conoció, que se movía mejor y le mentía menos; pero le mentía, eso era seguro, y papá se lo creía. Porque, ¿qué bruta se iba a enamorar de los sentimientos de un viejuco mezquino como papá? Ninguna. Por lo que, los grititos de la putita de cabotaje, no la del yogurt light, también tenían una pizca de ambición. Viéndolo bien, papá era un tipo de mierda, comprándose mujeres, porque nadie se creerá que las enamoraba. No. Le sobaba la chequera en la cara, y ahí estuvo. Pongamos que las cortejaba, les ofrecía algo o las invitaba a cenar. “Desde que te vi, me volviste loco”. Qué otra cosa podía decir un viejo cursi como él. A la semana, un nuevo viaje de negocios. “Tengo una reunión en Japón”. Ah, qué bien, papá. Lógico, la pendeja, o sea, mamá, volaba y le hacía la maleta, y zas, el don zarpaba rumbo a la gloria. Maleta en mano, tomaba un avión que nunca salía de Santo Domingo, sino de Santiago o La Romana, cualquier lado, nunca de los jamases de Punta Cana, fíjese si no es curioso. Con esa excusa se llevaba el carro que, según él, dejaba en casa de un amigo. Oh, sí, un carro más caro que el cielo. No me digas, papá.

      Mamá se la pasa nerviosa y me da pena, tiene esa cara de puta reprimida. Pobre. No es como las putas de papá. A ésas se le ha de notar la ambición en la sonrisa y saben cómo pedir las cosas. “Este collar es hermoso”, listo, porque los hombres son unos pendejazos y necesitan aplausos. Diles que los necesitas si te hace falta presupuesto; pero claro, yo también quisiera ser un viejo millonario. Ay, papá, tú ni virtudes tienes. No eres el héroe de nadie. Presúmeles tu dinero a las putas, sóbale las tetas y olvídate del mundo, al fin que eres un hedonista de mierda. Eso sí, una cosa papá, no dejes que ninguna te llore o diga que se enamoró. No dejes papá. Necesito seguir mirándote, hasta entender que las viudas como mamá no merecen otra vida. Hasta parecerme a ti. A veces pienso en irme contigo al Country Club, conocer a tus amigos cincuentones y estrujarles mis tetitas cuando me saluden. Desquitarme, papá. Decir tu nombre mientras algunos de ellos me lo hace en un campo de avena. Quedarme quietecita cuando salgan mis primeros gemidos; pensar en ti y en esa puta que se mueve como el diablo y me hace sentir fracasada como mujer. Soy una mujercita, papá. Date cuenta, una mujercita; ustedes están ciegos. En esta casa, la única que me ve es la señora del servicio. A veces me dan ganas de darle mis joyas, las joyas de mamá y todo lo que encuentre.  Toma Margot, huye de esta casa. Corre Margot, antes de qué tú también te pongas estúpida”. Ella sonreiría y me diría: noDespués se lo pensaría y me diría: no puedoY se lo pensaría de nuevo y me preguntaría: ¿por qué?

      Pensándolo y diciéndomelo cambiaría de opinión. Se marcharía para siempre en mi lugar; pero nada de eso, papá. Margot dijo que hace una hora regresaste. Dijo que traías un humor de perros ¿En serio? Me hizo gracia y te imaginé comiéndote las paredes. Vuelve aquí, Margocita linda, prepárame algo de comer o pídeme una pizza, pero primero voy a saludar a papá.





Texto por. Yuni Ramírez


6 comentarios:

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  2. Una historia para no dejar a nadie indiferente, en donde las dos columnas de la sociedad se tambalean en un cataclismo imperdonable que los consumirá a los dos. La mirada corrosiva de la hija sobre su madre, por momentos, es una invitación a la revancha, a la búsqueda de una emancipación que haga justicia a la estúpida indefinición de la madre.

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  3. Un cuento interesante. La autora tiene el poder de atraparnos en la trama con una manera muy peculiar de narrar como si el narrador se comunicara directamente con el lector, de forma sutil. Refleja las típicas historias de las familias que ocultan un secreto, no siempre bien guardado. También elpunto de vista de la hija, afectada por la conducta del papá hasta el punto de seguir sus pasos. Un magnífico texto.

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  5. Una historia de la realidad. El triángulo de la cobardía. Una que ve y es como que no ve y calla. Uno que no quiere que lo vean pero que sabe que lo ven y que él sabe que lo ven. Y otra que sin ver sabe y entiende más que los que saben, pero que no tiene más remedio que callar e inventar supuestas formas de reacción. Yuni nos habla desde el interior de un personaje dolido hasta la saciedad, que lame sus heridas a lo interno como cualquiera de nosotros lo haría al sentirse traicionado o maltratado en su inteligencia y amor propio.

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