domingo, 9 de noviembre de 2014

Las marchas.


Bueno, no me gusta escribir sobre estos temas porque no so soy un escrito político (aunque todos los escritores somos políticos), ni me gusta exponer utopías, ni nada, pero voy a hacerlo por dos razones: la primera, porque, una tarde cualquier, en que una marcha me cerró el paso en Reforma, una señora se quejó de los marchantes de un modo que me erizó la espina dorsal y casi salto sobre ella, salté realmente sobre ella en mis imaginaciones, y la pateé y todo eso mientras le gritaba: maldita imbécil, ellos están haciendo algo mientras tú estás preocupada porque no llegarás a tiempo al rastro, es decir, al matadero, al curro, al tajo, o como lo llamas tú: a la oficina, donde vas a generar carretillas de dinero para alguien que no eres tú, y con tus acciones pequeñas, sumas a las grandes acciones de tus empleadores, que sin que te des cuenta (cualquiera puede darse cuenta, pero les han vuelto idiotas) te metan un palo por el culo cada día con el aumento del gas y la gasolina, entre otras cosas que está de sobra elucubrar. Y la segunda, por una razón personal que prefiero evitar, al menos, en este primer párrafo. Quizá lo confiese después. En fin.

      El caso es que, además de la marcha de Reforma, por aquellos tiempos, se realizaron a cabo varias marchas. Nada nuevo, ya se sabe, las marchas, los manifestantes, los desempleados, los estudiantes vagos, los roñosos, los buenos para nada, los huevones de pantalones rotos y greñas largas. Son una plaga. Deberían ponerlos a trabajos forzados. Deberían estallarlos a todos con una bomba para dejar libre el paso de las avenidas. Las avenidas nos conducen al pan de cada día. Lo importante es mantener las avenidas libres de vándalos. Lo importante es trabajar. Cobrar un sueldo. A costa de todo.

      Desaparecieron a cuarenta estudiantes. El gobierno les asesinó. Eso es lo que los manifestantes reclamaban. Pero los empleados decían: cuarenta no es demasiado, además no son mis hermanos ni familiares, yo necesito ir a trabajar, necesito llegar a descansar a casa, Dios, ¿es que no lo pueden entender? Es un país maravilloso mientras se pueda comprar un coche a plazos y encender un televisor. Es un país maravilloso mientras tengamos selección nacional de fútbol. Es un país maravilloso mientras se nos siga inyectando productos gringos de alto nivel aspiracional, y de productos chinos, de bajo coste, que nos hacen la vida más cómoda y placentera (nos vuelven más tarados).

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Luego, una chica hermosa que conocí por casualidades de la vida, a la que deseaba follar y todo eso, pero vivía en otro estado y nos prometíamos vernos para follar y todo eso, me preguntó si yo, radicando en la capital, acudía a las marchas.

Bueno, en aquellas fechas yo no pensaba en otra cosa que en mis relaciones amorosas, que estaban vueltas un lío. Había terminado una relación de cuatro años y comenzado una nueva relación, de un día para otro, y me sentía aturdido, ensimismado y lleno de sentimientos encontrados de melancolía, felicidad, nostalgia, éxtasis, etc.; problemas que solía contar a la guapísima provinciana. Ella, por su parte, me consolaba y me prometía cuidados especiales si alguna vez llegaba a venir a la ciudad, y todas esas cosas que se prometen los amantes a distancia. Por todo esto, le dije: yo sólo me preocupo por mis problemas personales. No voy a las marchas, santo Dios. Por supuesto, me reprendió (en el buen sentido de la palabra). Sincerándome, confesé que no marchaba porque ello me recordaba la rebeldía honesta y bien lograda de mi ex. Me indultó por ello. Dijo que si ella estuviese aquí no faltaría a una sola marcha.

      Ahora bien, pocos días después hubo otra marcha. Me enteré porque me cerraron el paso en las narices antes de cruzar Reforma. Esta vez me uní a ellos, total; además que con ello acariciaba el recuerdo de la bellísima mujer platónica, y de de mi ex, a la que guardaba cariño.

      No pude seguir por mucho adelante. La gente me desesperaba. La situación era incómoda y ridícula. Una muchedumbre. Eso es lo que éramos. En el sentido más despectivo de la palabra, un cerebro torpe y atrofiado, sin personalidad, sin talento, sin voluntad propia. Toda masa es un cerebro retrasado. No importa si la masa se ha unido para una causa buena, no es significativo. El gobierno debe saberlo, pensé, porque si las marchas sirvieran de algo, estarían prohibidas. Dos cuadras delante abandoné. Me largué a casa, donde me esperaba mi hermosísima noviecita y a la que ya deseaba invitar a por un trago y luego follar.

      Al día siguiente me escribió la queridísima provinciana. Le conté de mi experiencia en la marcha y se deprimió porque no duré más que dos cuadras. Vamos, le dije, ya he ido a otras marchas y cosas, nunca se llega a algo. Dijo que eso era el pensamiento de los mediocres. Vamos, no lo dijo así porque me quería, pero lo dio a entender. Me puse a pensar en ello, pero no me convenció. Es más mediocre marchar. Marchar es la peor lucha que se puede hacer, la más baja, la de menor impacto. La más sencilla. La más a la mano. La más mediocre lucha por reclamar algo. El gobierno nos ha educado para ello. Se nos permite marchar, como se deja llorar a un niño al que no se le dará lo que pide, por más que llore, y en algún momento se cansará. Ella dijo: marchar no sirve para nada, pero es mejor que no hacer algo y es necesario para, al menos, no quedarse callado. Sí, bueno, eso es lo que dicen todos, pero no estoy tan seguro, contesté. Las marchas, en ese sentido, son importantes en cuanto que tienes la necesidad de gritar, de berrear como un niño, y es la única forma de pelear que el pueblo conoce. Si de verdad quieren cambiar algo dejen de usar el metro, de comprar gasolina, de consumir productos extranjeros como Starbucks y de ver televisión. Si todos los que marchan, en vez de marchar, dejaran de hacer esto habría un pequeño cambio real. Sin embargo, van a la marcha en metro y regresan a sus casas en metro y llegando prenden de la televisión y comen despensas compradas en el supermercado. El gobierno debe reírse de ellos. Como un padre ante un niño, que por más que se queje debe dormir bajo el techo paterno y ponerse los zapatos de escuela e ir a la escuela, etc. El pueblo es el hijo de un padre maldito. La manifestación pude hacerse día a día en lo individual, sin pertenecer a una masa, dejando de hacer lo que se nos diga que hagamos. Hay que comenzar por apagar las noticias, por dejar el fútbol y por no comprar nada chino ni americano. Pero eso es algo muy difícil para un niño. Es como decir: hay que rebelarse al padre comenzando por hacernos responsables de nosotros mismos, en vez de chillar.

No recibí respuesta de parte de mi provinciana. A la noche, respondió. No importa, solo son ideas, quizá tampoco sirvan de algo, dije. Bueno, dijo, es igual, ¿cómo vas con tu nueva mujer? Ya, dije, pues muy bien, le gusta beber y leer y follar, que es lo que más aprecio de estar vivo y nos entendemos bien. Entonces cambió de tema, como solía hacer, sin prevenirme de ello, y confesó que había pensado en aquello de las marchas. Dijo que aún así marcharía si estuviera en DF. Ya, dije, ¿y tú cómo vas con tu pareja?

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Luego ya no tocamos en tema de las marchas porque la gente dejó de marchar y todos olvidamos el asunto, o, en todo caso, lo recordamos como un hecho histórico, como recordamos lo que ocurrió en el año 68, etc., y nada más. La vida continuó su rumbo y las vialidades se desbloquearon y se bloquearon de nuevo, pero ahora por el tránsito lento y sobrecargado que provocaron los enganches bajos y los intereses congelados y la manufactura china y brasileña en la fabricación y compra de coches nuevos. Yo los miraba y me decía: bueno, ahí tienen su resultado. Todos querían un coche; se les dio, y ahí tienen su maldito resultado.






10 comentarios:

  1. Billy de la Cruz Degollar9 de noviembre de 2014, 23:47

    Las marchas son shit un monton de ovejas siguen a un lider que los manipula y que nunca sufre las consecuencias de la causa.

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  2. Cuando el cañón abre la boca el gobierno, el gobierno escucha con atención.

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  3. Billy creo que tu conciencia social no es muy activa ni en tus sueños

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  4. Cuantas personas habermos que sólo nos lamentamos, sin hacer absolutamente nada. Y cuando nos llega somos los primeros en llorar.

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  5. un espejo .................

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  6. Sigo los capìtulos y he comenzado a acostumbrarme a este estilo fuerte, acerado, filoso y casi cruel. Feliz inicio de semana.

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  7. Elreinconde Baudelaire10 de noviembre de 2014, 16:30

    Muy bueno!!

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  8. Maria Cecilia Cabrera Torres10 de noviembre de 2014, 20:57

    Bueno y verdadero!

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  9. Muy chido, y con mucho de sentido común !!!

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