domingo, 6 de julio de 2014

Poeta de los noventa.



Soy un poeta de los noventa
porque escribo sin métrica ni estructura,
sin ton ni son,
y digo lo que pienso tal cual me sale de los cojones;
puede decirse que escribo con las bolas,
o que escribo sinceramente lo que pienso,
es decir, 
¡y una mierda!

Soy un poeta de los noventa 
porque asiento la mayor parte de mi existencia en mi juventud
y no tengo idea de qué sucederá cuando la pierda,
cuando la vida me abofeteé por haber creído que ser joven y estúpido es bueno.
Por haber renunciado a la madurez en pro de mi popularidad. 
Dependo de la popularidad para ser. 

Soy un poeta, nacido en los noventa, 
porque recito mis poemas malamente,
como si estuviera en el mercado, 
o como si cantara rap,
o como si  fuese un poetastro,
y porque recito cosas que nadie entiende,
¡ni yo mismo!
y no tengo la capacidad de distinguir entre sujeto y objeto,
ni comprendo lo que es el arte, ni sus motivos,
y me importa un pito
(lo que yo quiero es llamar la atención).

Soy un poeta de los noventa
porque me visto del peor modo que se le ocurre a mis nalgas,
para que todos vean lo radical que soy,
sobre todo mis padres,
a los que odio,
aunque duermo en sus casas y como sus comidas
y bebo cerveza con sus dineros.

Soy un poeta, ¡radical!, de mil novecientos noventa y tantos
porque no tengo educación firme, verdadera,
como se tenía antaño,
y creo en el fútbol, en los Fabulosos Cádillac, en el amor (aunque sospecho que nadie me ama),
y estuve a un pelo de ser EMO,
si hubiese nacido dos o tres meses después...

¡Pero no soy EMO!,
soy un poeta radical nacido en los noventa,
y no creo en nada, en absolutamente nada,
excepto, quizá, en Kurt Cobain,
y en el miedo que siento al pensar en mi futuro. 

Por eso me visto así y escribo tan feo...
para que mis padres y Dios me apapachen el culito.

Y soy tan radical y poeta que no me tomo la molestia de tildar las palabras,
ni aprender la reglas del idioma en que me expreso; odio las reglas, odio todo. 
Soy tan puñeteramente noventero que me hice vegetariano en 2011,
principalmente,
porque no tenía algo mejor que hacer
(bueno, también me hago puñetas debajo de las sábanas, por las noches, pensando en mi sexualidad;
mi sexualidad es incierta porque creo que ser gay está de moda,
y dejaría que picasen el ojete con tal de estar a la moda).

Soy un poeta de los noventa,
porque no sé qué es la poesía, 
ni quién soy yo,
ni por qué tengo cara de pito,
y no me importa. 
Todo lo que deseo es morir,
pero no tengo huevos para suicidarme. 
Mejor fumo mota,
y amedrento a mis padres comprando tenis Nike en el mercado de Santa Martha.
Luego me voy a mi cuarto a escribir poemas en mi libretita artesanal.




5 comentarios:

  1. Jajaja esta buenisimo conozco a muchos asiii

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  2. Juan Jose Sena Weil7 de julio de 2014, 9:08

    Se aconseja la lectura de este poema en el blog de Petrozza porque es lo más arraigado y representativo de la práxis literaria de quienes nacieron en la década del 90.

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  3. Agresivo y certero.

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  4. Muy certero sí y preocupante que los poetas jovenes no se tomen la molestia de aprender su idioma y crean que la poesia es solo gritar sus complejos. Eso puedo ser poesía pero hay que tener estilo y saber muy bien lonque se hace. Como en este poema precisamente.

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