viernes, 7 de febrero de 2014

El grito de la mariposa.

Texto por: Medin Valencia Ordoñez.
Sitio del autor, aquí




Cuando se tranquilizan
las olas de este mar amante
me siento en el fin del mundo
a contemplar las galaxias.

Desde la constelación
más alta y brillante
nace una cascada
que, alborotada,
vierte su belleza diurna
sobre tus hombros de dama
amenazando esas copas
tiernas de fino cristal lácteo.

Me miro a mi mismo
en el reflejo puro
de esos planetas
que reflejan la vida
y que con la nitidez
de la obsidiana
me muestran mi alma
y lo que más se oculta
de los espejos de casa.

Siguiendo los pasos
que dio la luna sobre tu cuerpo,
mirando la espalda del cielo
y deslizándome por esa columna
con forma de lengua,
entre los pétalos de rosas,
en el vértice del corazón
de  mundo, hijo de astros,
del Urano, Venus
y de su belleza reunida
el anillo más bello, caro
y cautivador del cosmos
espera ansioso de explotar
mis sentidos.

Y allá, de donde la belleza
toma su sexo, hay un campo
de rosas que cautiva
aquel sentido cyraneano
advirtiendo que entre las flores
se escode la mariposa
más bella, rosada, húmeda, fértil
y culpable,
culpable de la vida,
la poesía, la perversión
y de que las olas 
recobren su fuerza 
y agiten este mar amante.

Aquellas, hijas de la Luna
y de tus provocaciones
impedirán mi admiración tranquila
y me obligarán a navegar
con vigor por todo
el tapiz que cubre tus huesos.

Hasta que, usando
de remo mis manos,
consigua extaciar la mariposa
en aquellos campos
de rosas que hay en tu entrepierna
y que de ahí nazca de nuevo
un grito tenue y casi mudo
que ahuyente la inestabilidad,
la ansiedad y el mal humor
de nuestro universo.







Texto por: Medin Valencia Ordoñez.
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