viernes, 17 de enero de 2014

Ausencia para crecer PARTE II

Texto por: Tai O´farrell. 


El cigarrillo me relajó más de lo pensado. Me recargue sobre las protecciones del balcón, dándole la espalda a la singular vista. Encendí otro cigarrillo y me mantuve a la expectativa, minutos más tarde, se abrió la ventana de aquel departamento, emitiendo un sonido bastante agudo al chocar el cristal con la pared. De forma poco ortodoxa, pude notar que alguien salía con cierto cuidado, mostrando sólo la cabeza, mirando de izquierda a derecha en repetidas ocasiones, denotando nerviosismo al percatarse de mi presencia, que a pesar de lo ocurrido, no dudó en salir al instante.

   Mis recuerdos en ese sentido, son más  nítidos que cualquier otro, de modo que, mi mente es capaz de revivir, incluso los detalles más simples. Lo saben todo sobre la chica que salió por la marquesina de aquel departamento arruinado, para quedarse por siempre, bajo el abrigo de las decisiones más importantes de mi vida.

   La noche en definitiva, contrastaba con su atuendo. Parecía incluso que tenía la total intención de mostrar el aspecto más desalineado posible, sus vaqueros deslavados, y la sudadera de algodón café que parecía tres tallas mayor, lo evidenciaban. Su peinado siempre fue el mismo desde que la conocí, se había hecho una cola de caballo, y dos mechones le cubrían sus orejas, de cierto modo, lograba resaltar el castaño oscuro de su cabello, sobre todo, cuando su fleco y sus mechones eran mecidos por el viento de manera uniforme. Mis ojos observaban cada movimiento, por algunos lapsos creí perderme contemplando el color de su piel, tan blanca como la espuma, dejando al descubierto mi asombro y el choque de ideas con mi subconsciente, debido a que, no entendía como una chica con un perfil tan simple, lograra captar mi total atención a un grado tan obvio.

   Pude notar que de igual forma, sus ojos me miraban con cierta curiosidad, me estudiaban de arriba abajo.El rubor que transmitía su cara desaparecía cada segundo, aclarando el panorama de un posible acercamiento,  que tras unos instantes, mantuvo una sonrisa firme, precedida de unas palabras irónicas para romper el hielo.

-Lo has escuchado cierto –resaltó- quien no lo haría.
-Tienes razón –agregué- pero no tengas cuidado, no he puesto atención.
-¿Ves al tío que acaba de salir? –exclamó, al tiempo que señalaba la puerta de su edificio- pues desde hoy,  es mi ex novio .
-Vino por una caja de herramientas que me dio a guardar hace un mes, pero creo que su única intención, era la de causarme problemas, como sea, he tenido bastantes gracias a él.
-Por donde se mire, tiene pinta de ladrón – concreté, exhalando el humo del cigarrillo por la boca.
-Así que ahora tu eres el nuevo inquilino, vaya cosa, que lujos te das. Déjame adivinar ¿estudias arte en una facultad de la universidad europea cierto?
-Acertaste en la universidad –respondí- pero no es arte lo que estudio, sino ingeniería civil.
-Eso es impresionante, no sólo rentas un piso lujoso, sino que también estudias en la mejor universidad de Madrid. Yo en cambio, divido el alquiler con una compañera, rentamos una ratonera que parece caerse a pedazos, sobre todo, cuando pasan los camiones de carga por el vecindario, no sólo eso, me matricule con grandes esfuerzos en la universidad complutense, que seguramente para ustedes, sería lo mismo que pisar un rastro.
-Sin embargo, fue la más accesible que encontré para estudiar comunicación. Quisiera ser locutora o actriz de doblaje, sé que es raro que alguien sensato se incline por  tal cosa, pero es algo que decidí desde que tenía siete años –asintió-
-Yo en realidad quisiera ser cualquier cosa, menos lo que estudio mi padre – añadí- pero creo que lo mejor de estudiar lo que quieres, es que no pesan tanto los sacrificios, si es que realmente se le pueden llamar de esta forma.
-Tienes razón, por lo pronto, ya no ocasionare más problemas. De hoy en adelante, puedes dormir tranquilo y yo también, sólo espero que la próxima vez que nos encontremos, no tenga que pedir disculpas, por cierto, soy Natalia Amaya, gracias por no molestarte debido al desorden ocasionado –señaló, mientras estrechaba mi mano con más confianza.

   Le di mi nombre y le devolví el saludo. Sabía que tal encuentro, sólo era el inicio de varios eventos establecidos, que una parte importante de mi deseaba que pasaran. Pude expresarle con toda seguridad, que podía contar conmigo si necesitaba mi ayuda, no se trataba solamente de ser cortes, sabiendo que el destino no es algo en lo que un hombre de cálculo base sus expectativas, pero incluso quien vive planeando, sabe que hay sucesos que son inevitables, como la noche y el día, o la astucia de alguien que ve en un motivo, la oportunidad perfecta para ser buscado.

   Puedo recordar a Natalia como una mujer llena de energía, vivía siempre al límite de sus capacidades, sumergida en empleos de medio tiempo para solventar sus gastos, marchando a paso firme para no permitirse el fracaso.  Cada lunes y miércoles, trabajaba  como camarera en un bar, cerca de la plaza de Neptuno, y los fines de semana, era parte de las chicas guía de un zoológico muy conocido en la zona de huertas. Donde tenía que llevar por seis horas, un traje bastante peculiar y llamativo, que en este caso, podía tratarse de un león, un delfín o un panda, muy similares a un cosplay, resaltando sus curvas de una forma muy incitante y sugestiva. Lo que me hizo pensar en las verdaderas razones por las cuales, muchos padres solían llevar a sus hijos, de cualquier modo, tal vez no fue la chica más brillante que pude conocer en ese tiempo, pero luchaba por sus metas, más que cualquier otra persona que me rodeaba.  Su fuerza, la describí siempre como inmensa, aclarando siempre cualquier duda que aquejara mi razonamiento, no era complicado, su voluntad hacia brillar su entorno, incluida su naturaleza misma, de tal manera, que podía cautivar hasta los espacios más rígidos de mi alma.

   Los días pasaron parpadeantes hasta llegar al fin de semana, en un intento por cocinar, noté que mi nevera se encontraba casi vacía, sin embargo, no era lo único que se agotaba en mi departamento, tanto la comida como los productos de limpieza se quedaron en blanco. Resalté con esmero la frustrante necesidad de una visita al supermercado, donde parece que el tiempo sólo transcurre afuera, desperdiciando una tarde prominente, que pude aprovechar disfrutando de mis actividades cotidianas.

   La calle estaba desierta. Supuse también que la avenida principal se encontraba libre, no se escuchaba el ruido de los autos circular con vehemencia por la pista, que a menudo solían inmiscuirse en los embotellamientos, sólo se hacía más afín el sonido de las hojas al impactarse contra la acera, o que a su vez, eran barridas por el viento. Los arboles también eran azotados, incluso los más grandes, que parecían estar enredados entre los cables del alumbrado público. Mis ojos lo registraban todo con cautela, la inercia del momento me impedía dar un sólo paso. Pude permanecer de tal forma por un tiempo indefinido, hasta percatarme de la presencia de Natalia, se encontraba recargada en la puerta principal de su edificio, sus manos se apoyaban sobre los barrotes de la entrada, por un instante creí que ella colapsaría, así que corrí en su ayuda de inmediato.

-¿Puedo ayudarte? –exclamé mientras sujetaba su hombro con firmeza.
- No te preocupes, estoy bien, es sólo que estos últimos días he trabajado demasiadas horas extras, necesito un buen descanso y una buena comida, eso es todo.
-En ese caso ¿Por qué no me acompañas? Hay un lugar que tiene justo lo que necesitas, déjame invitarte esta vez, no acepto objeciones –expresé, mostrando una sonrisa de oreja a oreja- ¿Qué dices?
-No tienes que hacerlo, bastante has hecho con no molestarte antes, no tengas cuidado, yo estaré bien.
-Quiero hacerlo, tal vez así me invites en otra ocasión y tengamos un motivo para vernos después, por lo pronto, la comida corre por mi cuenta hoy –insistí extendiendo mi mano, para saber si estaba de acuerdo.
-Está bien – asintió, tomando mi mano y desviando la mirada- sólo estaciono a mi compañero de viaje – concluyó, al tiempo que señalaba su bicicleta.

   No logré comprender al instante, como una vieja BMX pudiese convertirse en algo valioso para alguien, pero supuse que el valor sentimental, es un significado completamente diferente al aspecto que adquieren dichos objetos, que no siempre van de la mano, pero que sin duda, hicieron cuestionarme la razón por la que semejante chatarra siguiera en circulación, y más sorprendente aún, que soportara el peso de una persona sin desarmarse.

   Abordamos un taxi cerca de la avenida principal, que nos llevó a la ruta móvil del circuito. Podíamos observar la desviación del rio de manzanares, y enmarcado en la ventana hacia la vista del chofer, se postraba ante nosotros la majestuosidad del estadio Vicente Calderón, plagado de anuncios espectaculares en sus columnas superiores, haciendo imposible avanzar sin verlo.

   Seguimos en línea recta hasta pasarlo un poco de largo, donde iniciaba la zona de restaurantes extranjeros, y una distribuidora de autos japoneses. Pudimos disponer de diversas opciones, pero el lugar estaba decidido, nos dirigimos al mismo restaurante argentino donde solía comer con mis amigos, después de apoyar a nuestro equipo en el estadio.

   El lugar no era gran cosa. La distribución de las mesas trataba de hacer el área lo más espaciosa posible, de modo que, pudieran resaltar las paredes de ladrillo rojo, que a su vez, se encontraban repletas de cuadros en óleo con figuras de diversas frutas, y fotografías que mostraban los cambios generacionales que había sufrido el establecimiento desde su fundación, todo siguiendo la línea de cierto orden, no sólo por los muros, sino también por los lugares del extremo, que presumían sus asientos de piel conun color contrastante al de las mesas, colocados solamente en el pasillo de las ventanas, por donde se podía observar un arreglo de plantas artificiales, que ocupaba todo el largo del cristal hasta la entrada. No era un lugar diferente al resto, pero quizá la única razón de mi preferencia, era simplemente por su calma.

   Avanzamos evitando las mesas del centro, hasta ocupar un lugar en la fila del extremo. Teníamos una vista envidiable del circuito, que más bien, parecía una pista de carreras observada desde un palco a corto alcance. Una lámpara de cristales templados colgaba del techo, Alumbrando de forma muy tenue el centro de la mesa, llamando la atención de Natalia, junto con el arreglo de flores artificiales que resaltaba a través del cristal.

-No me he equivocado en lo que dije antes –Afirmó Natalia- Joder, que vida te das.
-No es gran cosa, podría decirse que vengo aquí con mis amigos porque odiamos los lugares concurridos, a excepción del Estadio claro, aunque la música no es del todo buena, la carne si, y eso es lo que importa – Comenté.
-Cierto, sin mencionarlo me doy cuenta que eres seguidor del Atleti, vaya decepciones se han llevado últimamente.
-Tal vez, pero confió en que vendrá la nuestra el próximo año, por cierto ¿Tú sigues a un equipo de cerca? –Pregunté.
-No realmente, el Futbol no es lo mío, pero como a toda chica, nos llaman la atención algunos jugadores, por ejemplo, me gusta Raúl del Real Madrid, o cuando jugaba Simeone en el Atleti, por nombrar algunos.
-Esto es inaudito, de verdad te gustan los que tienen pinta de ladrones –Reí en tono de broma.
-Creó que tienes razón –asintió, mientras reía por el comentario.
El mesero trajo nuestra orden, sirvió la arrachera con papas que solía pedir siempre, mientras Natalia se había decidido por un fiambre, otro empleado nos llevó una ronda de cervezas por cuenta de la casa, que al mirarme nos dirigió un breve saludo, evitando preguntar por mis amigos, seguramente al atribuir que me encontraba en una cita, de cualquier modo, para ellos solo se trataba de una disputa puntual por la propina.
-¿Esté lugar siempre está en calma como hoy? –preguntó Natalia tras reflexionar un instante.
-Podría decirse – respondí- Normalmente la convivencia aquí es más privada, todos parecen centrarse en su propio mundo, tanto, que da la impresión de que nadie gira su vista hacia otras mesas.
 -Tienes razón, y respecto a los lugares concurridos que odias ¿Seguramente te refieres a los bares, cierto?
-Sólo algunos. Disfrutó mucho de la música a todo volumen, pero de verdad, odio los gritos exagerados de los borrachos, sobre todo, cuando el lugar esta infestado de esa gente. Los sonidos de sus desmanes se mezclan directamente con los de la música, haciendo imposible escucharla libremente, después de eso, sólo resta estar alerta por si a un idiota se le ocurre inmiscuirte en una pelea, y no es precisamente la clase de diversión que me planteo para aprovechar una noche.
-Entonces odiarías visitar el bar donde trabajo, para colmo, los primeros tres días de la semana. Lo visitan personas de todo tipo, pero por fortuna, no me ha tocado atender a los indeseables, aunque sería bueno que visitaras en alguna oportunidad el Zoológico de Huertas. Yo puedo ser tu guía autorizada, aunque sólo sea los fines de semana.
-Nada me encantaría más que ver tu disfraz de chica guía, incluso más que visitar a cualquier animal –comenté de repente – Teniendo en cuenta, que una vista a Huertas no estaría nada mal.
-Esos trajes te hacen ver ridícula, no sé cómo a mucha gente le puede gustar algo tan poco imaginativo, sin embargo, tenemos que llevarlo puesto por seis horas, como sea, es mil veces mejor que el trabajo en el bar, por cierto, quiero agradecerte que me hayas traído aquí, no tenías que hacerlo, seguramente habías hecho otros planes y me siento mal por eso –agregó con cierto rubor en su rostro.
-Es todo lo contrario –repliqué- hoy estaba destinado a quedarme en casa, quizá tenga planes con mis amigos mañana, pero desgraciadamente este día, sólo me esperaba una angustiosa visita al supermercado, desperdiciare toda la tarde formado en una fila interminable esperando mi turno.
-Yo puedo acompañarte, tu haz hecho estopor mí, lo menos que puedo hacer es compartir ese aburrimiento contigo, podemos leer en voz alta las revistas de chismes que están regadas en el mostrador, yo lo hago en estas situaciones, y de alguna forma, eso hace que la gente avance más rápido –concretó tras terminar su cerveza.

   Pude imaginar la trascendencia que podía significar la compañía de Natalia, mis ojos registraban cada gesto en todo momento, tratando de entender las razones por las cuales, sentía una atracción diferente y en peculiar ascenso hacia ella, sin duda era una chica hermosa, cualquier persona en el mundo sería capaz de distinguirlo, no cuestionaba una opinión obvia, pero sabía que mis motivos iban más allá de la percepción, de cierto modo, su presencia llenaba cualquier fragmento de mi inestable voluntad, con una fuerza indescriptible, y es precisamente la fuerza lo que hace a cada historia diferente.

   La tarde como el resto del día, pudo pasar sin eventos peculiares que destacar, después de la comida, hicimos fila en el supermercado, formados incluso para tomar un producto de cada pasillo, mientras llenaba el carrito de cosas que ni yo mismo entendía su uso. Natalia sacaba la mitad y se me señalaba lo indispensable, no podía dejar de reír con sus palabras <<hombres, siempre llevan todo, menos lo que realmente necesitan>> Me explicó de manera precisa, la forma de distinguir la calidad de cada producto. Una cuestión que discernía en lo absoluto del precio, pero que en su caso y el de muchos estudiantes de su edificio, era fundamental en su economía y control de sus gastos. Tal vez mi atención a sus palabras no era la adecuada, pero había entendido que escucharla era lo menos importante cuando se tenía ese par de piernas.

   Creí observar la puerta de mi habitación, se encontraba entreabierta y filtraba un pequeño y opaco rayo de luz hacia los límites de mi cama, no podía ver ninguna otra cosa a mi alrededor, aquel leve reflejo, parecía convertirse en un umbral inmenso a medida que abría los ojos desesperadamente, por un instante me vi atrapado sin ofrecer resistencia, hasta notar que se trataba de un sueño interrumpido por los secos golpes que recibía la puerta de mi departamento. Encendí el intercomunicador y pregunte quien tocaba, se trataba de David, sostenía una caja de cervezas con una mano y daba la impresión que llevaba algo de tiempo esperando. No me sorprendió su visita, pero si saber que me había despertado a mitad dela tarde.

   Era la primera vez que me visitaba desde que me mude al barrio de manzanares, el motivó fue el detonante principal que se haría costumbre con el tiempo. Decidimos reunirnos en mi piso para seguir los partidos del Atlético de Madrid, cada vez que jugaban de visita. Más allá de alentar a nuestro equipo, cuando este se encontraba fuera de casa, aprovechábamos cada espacio, para actualizarnos de los problemas o inquietudes que tenía cada uno, ya que gracias a los horarios y actividades que nos deparaba la Universidad, hacia muy difícil encontrarnos y sobe todo, disponer del tiempo suficiente para charlar.

-Joder hombre, que siempre he sabido que nadie duerme más que tú, pero esto es nuevo, pareces el velador del edificio –dijo David a modo de broma.
-Creo que me he pasado toda la noche y madrugada pensando –exclamé- ni siquiera recuerdo haberme quedado dormido.
-Entiendo, aunque es raro no ver libros sobre tu mesa, o cualquier otro lugar donde permanezcas más de veinte minutos.
-Esta vez, más que pensar en situaciones, pienso en una persona. Conocí a alguien hace poco, pero más que centrarme en sus acciones, me deja intranquilo su cercanía –comenté tras destapar una cerveza y señalarle con el envase la habitación contigua.
-Pero vaya Sorata –resaltó David al cabo de un instante- pasaras de ser el héroe de las acosadas por maestros; A gato de azotea, ya era tiempo de un cambio.
-Aún no se si tal cambio podría efectuarse, de hecho, no estoy seguro si mi vida ha cambiado después de todo.
-¿Recuerdas una vieja serie que vimos en mi casa, mientras esperábamos avarios compañeros para preparar e proyecto de ciencias de secundaria? –preguntó David tras encender el televisor- recuerdo perfecto la frase del tío que en vez de extraterrestre parecía vendedor de helados “El mundo del hombre está construido por los errores, y todos están condenados a existir para tratar de repararlos, es el precio de ser imperfectos, de tal forma, que si eres capaz de brindar un aporte para alguien más, podrás decir que tu vida habríavalido la pena” tal vez por eso te envidio un poco.

-¿Qué podría envidiarme alguien como tú? –Reflexioné sorprendido- llevas quizá una mejor vida que la mía, has tenido las chicas que has deseado, siempre tienes la solución a cada problema, y a eso yo le llamo tener un verdadero talento.

-Sin embargo, a eso yo le llamo soledad –Respondió en tono serio, llevándose su cerveza a la boca- mis acciones no son más que un reflejo de mis miedos, por eso te envidio, siempre tienes la oportunidad de encontrar algo diferente, no importa si eso te lleva a cometer un nuevo error. Parece que cada día resuelves algunas preguntas que aquejan tu existencia, y lo mejor, es que no desperdicias el tiempo esperando el día de poder convertirte en alguien digno para una persona, a la cual, has mantenido a distancia porque sabes que no merece lidiar con tu naturaleza.

-Prácticamente dices que lo tuyo es cuestión de tiempo, y lo mío cuestión de decisión, vaya paradoja –concluí.

-Exacto Sorata, en este caso, diría que tú no le tienes miedo al amor, tú le temes a la estabilidad, porque para lograrla, implica un esfuerzo diario, y hasta el momento tu vida, no conoce el significado de esa palabra.

-Además, tratar de figurar en la mente de alguien, sería la mejor forma de invertir tu tiempo, sin necesidad de gastarlo en algo que no te ofrece beneficios, como seguir acostándote con Mirna, esa tía lo hace ver todo fácil, y acoplamiento no siempre significa conveniencia –finalizó de tajo, mientras sacaba dos cervezas del empaque y se acomodaba al filo del sillón para disfrutar del inicio del partido.

   Podría decirse que contrario a nuestras expectativas, pasamos la mayor parte del juego sin decir una palabra, puesto que, nuestro equipo había sufrido otro descalabró, esta vez cayo por la mínima en Sevilla, evidenciando la mediocre temporada que habría de quedar una vez más para el olvido, sin embargó, mi mente trataba de resolver las mismas cosas que dejo inconclusas en algún punto de la madrugada, y que recibían un peso inconsciente tras las palabras de David, y la llegada inminente de la noche.

   Ahora no sólo pensaba en los pros y contras que establecía la cercanía con Natalia, sino también, el rumbo que tomarían mis encuentros ocasionales con Mirna, no era necesario meditarlo demasiado, era obvio que cualquier cosa que la implicara, no me llevaría a ninguna parte. La diferencia radicaba, en que antes no me interesaba lo que aconteciera en mi camino.

   Desde mi mudanza, no había tenido oportunidad de verla o hablarle, mejor dicho, era ella quien llamaba cuando le apetecía verme, así que supuse que tenía mejores cosas que hacer, de las cuales, no me interesaba en lo absoluto recibir explicaciones, de hecho, esperaba que gracias a sus múltiples actividades, se olvidara por completo de mi existencia.


3

Traté de recordar cuando fue le primera vez que la vi, y porque razón, acepté ser parte de toda esta serie de encuentros sin sentido. No podía olvidarlo, debido a que nunca había conocido a ninguna chica de ese modo. Fue a inicios de segundo semestre, esperaba a David y otros amigos frente a las oficinas de la rectoría. Me senté en una de dos bancas individuales, que tenían una base de cemento improvisada como tablero para jugar ajedrez, justo en el centro de ambos lugares, que me hacía ver como un chaval plantado y pensativo, más no como alguien que espera con paciencia la llegada de sus amigos. Lejos de cualquier impresión, me recargue sobre el respaldo y toque la base de la mesa con la suela de mis zapatos.

   No me importaba si llegaban a mi encuentro con demora, podía disfrutar del tiempo que fuese necesario sentado en tan cómoda posición, permaneciendo inmóvil, mientras todo el mundo se encontraba en constante movimiento. No existía nada que no considerará tan importante como mis pausas diarias, debido a que, las mejores decisiones que solía tomar, estaban precedidas de la calma que me brindaba el frenar de vez en cuando la velocidad causada por el vértigo universal, teniendo en claro, que quien vive para correr, no aprende otra cosa más que  tropezar.

   Contemplé por un instante los pequeños árboles que formaban una extensa fila, cubriendo gran parte de la rectoría, hasta llegar al pasillo donde iniciaba el estacionamiento, no desvié mi vista, hasta notar que una chica se acercaba por el corredor del patio central, para cruzar el área de bancas donde me encontraba sentado. Caminaba sin prisa, marcando con fuerza sus pasos, tratando de anunciar su llegada desde lejos. Supe de inmediato que se dirigía hacia mí, puesto que, yo era la única persona que podía distinguirse en aquella explanada solitaria.

   Observé con firmeza sus movimientos, que resaltaban una perfecta sincronía al acercarse, de modo que, no mostraba más de lo debido, a  pesar de llevar una falda muy corta, que combinaba con un mayon y un saco de paño negro bastante elegante, algo que hacía destacar totalmente la estética de un cuerpo hermoso. El saco relucía de forma discreta el contorno de sus pechos, mientras que su falda denotaba la figura impecable de una verdadera belleza en cada una de sus curvas.

   Al llegar hasta mi lugar, se limitó a sonreír mientras ocupaba la banca disponible, quedando frente a mis ojos atónitos, que no podían quitarle la vista de encima, bajando poco a poco la intensidad, al percatarme que ella hacía lo mismo. Daba la impresión, que debido a la hora y los indicios de movimiento  en los corredores, sólo era cuestión de tiempo para que la explanada se llenara de gente.

-así que te gusta esto - comentó de forma misteriosa para iniciar la conversación.

-perdón.

-vamos hombre, que me refiero al ajedrez .

-entiendo –respondí mientras sonreía con total desinterés- Para mí es como el billar, no los practico para ser bueno, tal vez lo hago, para evitar el ridículo en cada evento público. En mi opinión, creo que hay actividades más destacadas para hacer brillar tu intelecto y astucia –agregue al instante.

-sin duda se nota que eres hijo de quien dirige premier bufete y asociados –resaltó con seguridad-y es en efecto de lo que he venido a hablar.

-verás, esto puede sonar como una broma, pero desde hace una semana, el maestro del seminario de patología me ha estado acosando de manera continua, se supone que son cursos extra que implementaron para la carrera de medicina, por lo tanto, no es un maestro perteneciente a la nómina de la universidad, lo han contratado del hospital de especialidades para impartir las clases el año y medio que dicho programa pide, y como yo, hay algunas chicas que se quejan de lo mismo, sólo que ellas prefieren no asistir que tratar de hacer algo, es por eso que busco ayuda legal, para que se hagan cargo del caso, inmediatamente después de que interponga la demanda.

-además, es un tipo al que no le importa desnudarte con la mirada en plena clase. Todo a su alrededor da asco, es tan detestable como la patología que enseña. No sé porque acepté inscribirme en ese seminario, si no fuera para evitar las practicas parciales, no me habría acercado ni de broma, aunque, si en vez de este sujeto nefasto, estuviera como responsable el profesor Hernández de laboratorio de muestras, quien no quisiera ser acosada, me quedaría con gusto después de clases, como sea, espero que el señor Sorata pueda ayudarme, no creo que haya ningún problema, ni por el precio de sus honorarios, ni en cualquier otra cosa –añadió con tranquilidad, destacando con cierto tono subjetivo sus palabras anteriores.

-vaya, los hombres de ciencia, últimamente destacan más por sus perversiones que por sus logros –afirmé- pero de cualquier modo, no creo que mi padre pueda ayudarte, puesto que, sólo se dedica a la representación legal de algunas empresas, no persigue casos de oficio, sin embargo, hay otros abogados en la firma que pueden hacerse cargo, sobra decir, que son los mejores en su campo, y puedo reunirme con ellos sin necesidad de programar una cita. Si lo deseas, puedo llevarte al bufete en otra ocasión más propicia, cuando los dos tengamos un poco más de tiempo.

-¿tienes planes hoy? –preguntó enseguida, casi interrumpiendo mis últimas palabras.

-espero a unos amigos para tomar unas cervezas, nada significativo, pero si reservado con planeada anterioridad – respondí de forma concreta pero amable.

   Sus labios mostraron una pequeña sonrisa. Asumí que se trataba de un gesto automático establecido para mostrar cortesía , que tras permanecer en silencio por unos instantes, se levantó de su asiento con la mayor calma posible, apoyando sus manos sobre la base improvisada de cemento, al tiempo que cruzó su mirada para mezclarla con la mía, limitándose a expresar una nueva pregunta <<¿podrías acompañarme ahora?>>

   Dejando mis dudas de lado, y sin reprimir mi vista sobre algunas partes específicas de su cuerpo, acepté de inmediato.


   Traté de entender la yuxtaposición de los hechos, sin duda, ella era capaz de acotarse con mi padre, un hombre de edad madura, sólo para que este a su vez, la defendiese de otro. Nada tenía sentido en la lógica de sus reflexiones, al menos, no uno que yo pudiese comprender, mucho menos, en la expresión de sus gustos. Era el hostigamiento continuo de aquel profesor lo que la hacía sentirse sofocada, pero aceptaría cualquier proposición y acercamiento de parte del tutor responsable de su carrera. Sin importar la comprensión de sus ideas, la diferencia estaba clara, lo que me hizo suponer que el crimen no era acosarla, sino ser el adulto equivocado.




Texto por: Tai O´farrell. 

1 comentario:

  1. que buena segunda parte, sin duda hay que seguirle los pasos de cerca a este escritor, no esperaba una clase de narrativa como esta, ciertamente atrapa al lector como pocos, así que a esperar la tercera parte.

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