viernes, 3 de enero de 2014

Ausencia para crecer PARTE I

Texto por: Tai O´farrell. 


Hace tanto tiempo que no sentía un calor tan abrazador como a mediados de aquella primavera, el viento sofocaba y sacudía los prados con descomunal fuerza en todas direcciones. Los viejos puentes evidenciaban su edad cuando sus tejas se veían a merced del sol,como expuestos a la cornisa, y yo me situaba de nuevo en aquella postal, en la que tanto odié. Era exactamente igual que aquel día, me sorprendió que nada cambiara en lo absoluto , a excepción del lugar en que me encontraba.

   Era natural relacionarlo, puesto que, la última vez que experimente una escena similar, fue cuando murió mi madre, lo recuerdo a detalle, era la temporada en que la primavera secaba los arboles de Madrid, y el viento lastimaba de forma severa sus ramas. Todo parecía estar de alguna manera relacionado con la muerte, para anunciar el inicio de una nueva etapa, una quizá un poco más obligada por el impulso y la rabia que causa la ausencia, que por azares establecidos, me encontraba de nuevo, plantando mis pasos sobre la vereda, recorriendo un camino que creí olvidado, y esta vez por motivo de la muerte de mi padre.

   En realidad, hace diez años que no tenía noticias suyas, había perdido toda comunicación con él. Hasta que hace un par de días, su secretaria dejo un mensaje en mi contestadora y posteriormente se comunicó conmigo. Todo me resultó irónico, sabía que gracias a la distancia ejercida entre los dos, la única noticia que podríamos recibir de ambas partes, sería en efecto la de un fallecimiento.

   Su secretaria me explico que había sufrido dos infartos en un año, y que la semana anterior lo había sorprendido el tercero, justo en los límites del jardín y la cochera de su casa, causándole una muerte inmediata. Tenía como prioridad comunicármelo a mí antes que a nadie, pero debido a la dificultad que le llevo encontrarme, tuvo que verse obligada a cubrir todos los preparativos sin mi consentimiento.

   No recordé hasta qué punto su vida y la mía se volvieron totalmente ajenas la una de la otra, tampoco tuve tiempo de reflexionar, si hubiera asistido a su funeral de haberlo sabido en el momento. Sólo podía limitarme a escuchar por la bocina del teléfono, mientras mi vista se perdía mirando un punto fijo sin pensar en nada.

   El motivo de su llamada, era más importante que solo informarme de la muerte de mi padre, que según las indicaciones tajantes de su secretaria, debía presentarme con el notario de la familia, para dejar los documentos necesarios en regla y así poder hacerme cargo de la casa de campo que había recibido como herencia.

   Mi mente en realidad, se tornaba como un portal de pensamientos e ideas sin sentido, que dejaba expuesta mi sensatez en un plano secundario, para rozar con mis palabras la línea de lo incoherente. Al menos, eso fue lo que noté con respecto al destino de la casa, puesto que, al enterarme, mi primera impresión que tuve fue venderla, no quería nada que viniera de mi padre, necesitaba resolver todo problema que aquejara mi tranquilidad, y retomar sin más complicaciones, el curso inmediato de mi vida.

   Contemplé por unos instantes, varios folletos de paquetes para telecomunicaciones, que se encontraban regados sobre mi mesa de centro , mientras me revolvía sobre el sillón tratando de encontrar una respuesta en el aire, no podía mantener mis ojos abiertos  por mucho tiempo. Había vuelto de Italia el día anterior, me enviaron a supervisar una obra muy importante de cimentación en Turín, estaba exhausto y en mis planes no cabía la idea de volver a viajar, sobre todo, a un lugar donde solo conservo recuerdos borrosos de mi infancia.
Mis ojos se abrieron de nuevo, no logre percatarme del instante preciso en que me quede profundamente dormido. Transcurrieron alrededor  de cinco horas, me dirigí hacia la ventana y observé los rayos opacos que mostraba el sol, reflejados en los cristales de los edificios del área, que indicaban los últimos momentos del atardecer, mi panorama se había aclarado, más allá de la decisión que tomara, las palabras de su secretaria recalaban de forma insistente a cada momento en que dudaba  <<no importa lo que haga con la casa, pero por favor, no lo deje al tiempo>> Estaba dicho, mi maleta estaba hecha, anunciando la insistencia de un nuevo viaje obligatorio.

   No pude recordar el transcurso de mi viaje, subí en el primer vuelo que encontré a Valencia y me perdí durante todo el trayecto, mirando con recelo  los datos que me habían proporcionado, desde el apartado postal, hasta la dirección del domicilio del notario y el de la casa de campo, que por alguna razón, conocía totalmente de memoria.

   La casa estaba situada en los límites de la ciudad de Torrent, así que abordé un taxi desde el aeropuerto, y decidí bajarme en los primeros fraccionamientos del inicio de la zona rural. Crucé una cerca roída y me incorporé de lleno sobre la vereda, donde podía observar a cada paso la solitaria carretera y los espectros creados por el sol, que hacían inmensos los acotamientos.

   De un modo premeditado, me encontraba de nuevo formando parte de la misma postal, que me había anunciado la muerte una vez, y que tanto llegue a odiar, por la exactitud de los sucesos con que marcaba el ciclo natural de una estación, que todos parecían esperar, pero que a mí me obligaba a volver, para enfrentar de nuevo lo que siempre quise evitar.

   No importaba en qué dirección se postraran mis ojos, las áreas de cultivo que formaban gran parte del municipio y que solo estaban divididas por la carretera estatal, se hallaban repletas de naranjos florecidos, que exponían sus frutos al sol, a la espera de poder madurar y ser parte del festival anual de la región. A pesar de todo lo que pude percibir, no pude evitar reconocer que este paisaje podría ser hermoso para alguien más, mientras que en mi caso, nada de lo que me ofrecía mi vista me resultaba agradable.

   Sin darme cuenta, tropecé con la puerta principal de la casa de campo, que parecía más bien la reja de una mansión abandonada. El viento la estremecía de forma recurrente, y a cada segundo, me convencía que no tenía ningún parecido con la que recordaba, en realidad, si lo pensaba fríamente, no poseía ningún recuerdo solido sobre la casa, y seguramente tal vez, la puerta que había imaginado, no era más que una escena de alguna película que utilicé para sustituir los recuerdos que me faltaban.

   Intenté mover los barrotes de la puerta, pero estos a su vez, emitían un chirrido estrepitoso, que aturdían mis oídos y parecía alterar de cierto modo la calma del lugar. Las bisagras estaban notablemente oxidadas, y mientras observaba el escudo de la familia, que se mantenía grabado en una columna de granito, pude notar que una señora mayor se acercaba, sus pasos tenían un impacto temerario al pisar las hojas secas del suelo, que al abrir la reja, me dio la bienvenida con amabilidad.

-Buen día joven, puedo ayudarle.
-Si verá, soy Fernando Sorata, estoy aquí por….
-Pero claro, sus ojos son inconfundibles, ha crecido tanto desde la última vez que lo vi, ahora ya es todo un adulto, un adulto muy guapo- exclamó la mujer tras interrumpirme y mírame a los ojos con emoción.
-Lo recuerdo mucho cuando era un chaval, solía romper las macetas del jardín con su balón, mientras se escondía entre los arboles del huerto para evitar ser reprendido, lo cierto es que ni su madre ni yo podíamos enojarnos con usted. En los veinticinco años que llevo trabajando para ustedes, no hay nada que me moleste más que no sea ver una maceta rota, pero con usted siempre fue diferente, seguro que lo recuerda tan bien como yo.
-Claro que si-mentí.
-La secretaria de su padre, la señora López . Se comunicó con nosotros para decirnos que usted vendría en estos días, de saber que llegaría hoy, habría enviado un auto para recogerlo.
-No se preocupe, necesitaba reflexionar muchas cosas y me apetecía caminar-concreté.

Desde el momento en que me miró fijamente, supe de quien se trataba. Era la señora Amelia, llevaba trabajando para mi familia prácticamente la mitad de su vida. Sabía que tenía en promedio la edad de mi madre, y aunque tenía muy pocos y difusos recuerdos perdidos en algún rincón de mi memoria, todos emergieron en cadena cuando reconocí por completo su mirada.

-Es evidente que todo está en calma –añadí, mientras cruzábamos el jardín y observaba con detenimiento la belleza natural que me rodeaba-a juzgar por las apariencias, creo que este lugar es así todos los días.

-Bueno, en calma no siempre significa en orden, justo en esta época del año, el trabajo aumenta bastante y entre las labores domésticas y los preparativos para el festival, nos tienen sobre la marcha y no nos damos abasto.

   Al entrar a la casa, pude notar las excentricidades de mi padre. Habían al menos quince pinturas abstractas de artistas nacionales, exhibidas a lo largo del vestíbulo y frente a la pared de la chimenea , que contrastaban en su totalidad con el piso de linóleo, dándole a la sala un aspecto llamativo, en comparación con las demás habitaciones que conservaban su estilo rustico simple. El pasillo que dividía el comedor y la cocina, estaba muy bien diseñado, tenía ventanales enormes, donde se podía observar desde el jardín hasta la entrada principal, sin duda, era una casa incomparable y acogedora, pero debido al conflicto de mis memorias perdidas, no podía llamarla hogar.

   Por momentos me dio la impresión de que saldría corriendo a la primera oportunidad, sin embargo, seguía con una inercia magnética los pasos de la señora Amelia, que me conducía por las escaleras de un pequeño desnivel, para mostrarme las demás habitaciones, que se encontraban una junto de la otra, mientras se limitaba a señalar  <<la habitación de puerta doble pertenecía a sus padres, se le han hecho  algunas modificaciones recientemente, pero la suya no ha sufrido ningún cambio, salvo la pintura, aunque si observa la habitación del fondo, es un cuarto de huéspedes que su padre adapto el año pasado, así que puede instalarse donde desee>>.

   La necesidad de recuperar mis recuerdos perdidos, me incitó a actuar bajo impulsos imprevistos, que me llevaron a girar la manija de mi habitación a toda prisa, pero no puede deducir si logre reconocer algún detalle que rodeaba ese pequeño espacio. La pintura en efecto, era lo único que resaltaba, podía notarse a simple vista, que la madera del piso y el closet, se encontraba algo decolorada por el paso del tiempo, sin embargo, todo permanecía reluciente, sin una sola capa de polvo, congelando las leyes de lo intacto. Fue después de unos instantes, que pude recordar mis horas de diversión con la figura de un quijote, que medía alrededor de un metro y medio, echo totalmente de lámina de bronce, que se encontraba parado al otro extremo de la puerta, denotando una sombra uniforme al mismo tiempo en que yo me acercaba.

-¿Desea comer algo?
-Todo está bien señora Amelia-musité, al mismo tiempo que me recosté sobre la cama- por ahora, todo lo que necesito es tomar un descanso.
-Entiendo, entonces me retiro, estaré en la garita de servicio, seguramente checando los transportes para llevar nuestras naranjas a la ciudad, si necesita algo, no dude en buscarme por favor.

   Al postrar mis ojos hacia el techo, pude percatarme de dos cosas. No importaba cuanto pudiese esforzarme, mi vida no encajaría de ningún modo con la de este lugar, no después de pasar incontables años lidiando con el ajetreo de la ciudad, además de mi fría costumbre de vivir completamente aislado, que en mi opinión, era el segundo y más importante punto a destacar. Si deseaba tener una conciencia firme de mis recuerdos, necesitaba sacar a flote lo que había ocurrido, reunir los fragmentos que poseía  y rearmarlos, de modo que, pudieran ser capaces de contar una historia que recuerdo de esta manera.

2

Solíamos vivir en la zona de sol, justo en el corazón de Madrid, mi familia era hasta cierto punto unida, en mi estancia en aquella residencia, no recordé una sola discusión entre mis padres, o haber recibido ningún regaño severo por parte de ellos, parecía de alguna forma estar decretado. Mi madre se encargaba de las labores domésticas por gusto, mientras que mi padre, dirigía con mano firme su bufete de abogados. Era parte del rol de cada día, hablar durante la cena de cada acontecimiento, apoyándose mutuamente  bajo cualquier circunstancia.

   Pude llevar una vida tranquila, incluso plena y arrogante, pero todo mi mundo cambio cuando murió mi madre, yo comenzaba el cuarto semestre de la carrera de ingeniería civil, y una tarde después de arreglar mis matriculas, me enteré por una vecina que mi madre había tenido un accidente de tránsito, que debía dirigirme al hospital central lo más rápido posible para encontrarme con mi padre. Desde ese momento, supe la gravedad del asunto.

   Llegue al hospital con un semblante incrédulo, como si se tratase de una broma, pero no hizo falta que ingresara para confirmarlo, mi padre me esperaba en la entrada, y tras un par de señas, me indico que subiera al auto, llevándome directamente hasta su oficina, donde le ordeno a su secretaria que nadie nos interrumpiera. Al cabo de unos minutos, se sirvió un whisky, permaneciendo en silencio unos instantes, girando sin cesar el vaso.

   Odiaba ser yo quien tuviera que iniciar una conversación con él, puesto que, mis ideas se volvían desproporcionadas a cada segundo, la única frase obvia que pude articular, fue un retorico <<ha muerto no es así>> dejando un silencio inquietante, al tiempo que mi padre bebía con suma prisa y dificultad un simple vaso templado, raspando su voz para decirme que debía irme de la casa, que todo estaba arreglado, y que él se haría cargo de los gastos del alquiler  y de todo lo necesario, al menos, hasta que terminara mi carrera. Había encontrado un departamento de lujo que rentaba uno de sus amigos de la firma, y sólo faltaba que pasara por mis cosas personales, para poder habitarlo de inmediato. Al mirar fijamente su rostro, mis labios titubeaban, no podía evitar repetir la misma frase sin cansancio <<estas de broma>> una y otra vez, al instante en que se dirigió a una gaveta de su escritorio y sólo se limitó a decir <<no está a discusión, debes irte>>  sacando unas llaves de un sobre mecanografiado, junto a un papel que tenía escrita una dirección adjunta, acto seguido, me pidió que lo dejara solo.

   Mi padre me echo de casa cuando tenía veintiuno, pero nunca lo considere un problema, puesto que, yo pensaba rentar un piso afiliado a la universidad con algunos compañeros, sólo faltaba la resolución del propietario. Nada que tuviera que ver con el desalojo me afectaba. La inquietud se debía, a la forma en que llegamos a fracturar nuestra relación, sin poder tener en absoluto un derecho de réplica, todo se había decidido. En el papel se encontraba una nota adicional a un costado de la dirección, dejando instrucciones precisas, afirmando que se haría cargo de todos mis gastos, siempre y cuando yo no lo buscara. No sé hasta qué grado le había afectado la muerte de mi madre, pero yo los perdí a ambos al mismo tiempo.

   Después del funeral de mi madre,me mudé al barrio de manzanares. El departamento se encontraba a unas cuantas calles del rio con el mismo nombre, y siguiendo la avenida, podía llegar en diez minutos al estadio Vicente Calderón, en cierta forma, los lugares que más concurría, me quedaban prácticamente a la vuelta de la esquina, podía llegar caminando para ver jugar a mi equipo de fútbol favorito, y por fin sería puntual en las reuniones con mis amigos de la universidad.

   El vecindario en mi opinión, era una mezcla heterogénea entre todas las clases sociales del país. Podían apreciarse tiendas de ropa formal y deportiva de las marcas con mayor renombre, seguidos por restaurantes baratos, particularmente de hamburguesas y paella corrida. Lo mismo pasaba con mi departamento, se encontraba en un bloque de tres pisos, que exponía en la puerta de entrada, el nombre del arquitecto que lo había construido, grabado en una placa de metal enorme, y junto a mi edificio, colindaba otro bloque, que precedía de una organización altruista, y era en su mayoría, habitado por estudiantes que solían compartir su piso con algún compañero. En realidad, ambos edificios se encontraban literalmente pegados, lo que me hizo compararlos de inmediato con el agua y el aceite.

   Tal como lo citó mi padre, el departamento era de primera línea, mi sorpresa fue notable al encontrarlo completamente amueblado. La sala estaba repleta de pequeñas repisas y un estante vacío para acomodar mis libros.Contaba con un clásico juego de tres sillones, y junto a ellos, un mueble distribuidor, que albergaba en la parte inferior, un televisor de unas cuarenta pulgadas, y encima del siguiente compartimiento, podía apreciarse un singular minicomponente, ambos de la misma marca, dejando un espacio libre al otro extremo, seguramente para una computadora.

   La mejor parte de la sala, era sin duda el balcón que se encontraba tras cruzar una ventana con doble corredor. Las protecciones parecían nuevas,y entre los barrotes inferiores, colgaban unas ramas de enredadera, que hacían pensar que alguien las había colocado a propósito. Como imagine, al ser un tercer piso, la vista no era del todo magnifica, pero supuse que lo importante no era el ángulo sino el paisaje, con todo y mis maquinaciones, seguí inspeccionando el resto del departamento, pero a grandes rasgos, no quedaba mucho por resaltar. Mi habitación chocaba de frente con el baño, y a unos metros de la sala, podía distinguirse una mesa de caoba, de un tamaño similar a la base que sostenía una pequeña cocina integral, que contrario a mis estimaciones, no se trataba de cuantificar el valor de un sitio, más bien, de tener en claro que sin pensarlo, había encontrado mi propio espacio.

   Por alguna razón, la noticia de mi mudanza se propago como el fuego de un incendio provocado, todos en la universidad me felicitaron como si hubiese hecho un acto heroico. Nadie parecía tener el menor recuerdo de lo que había sucedido con mi madre, algunos compañeros me contaban que sus pisos quedaban cerca del mío, me invitaban a reuniones y me proponían que hiciera lo mismo, de cualquier modo, siempre supe que ellos no tomaban nada en serio, ni siquiera sus vidas.

   Antes de llegar a al salón, fui abordado por David, mi mejor amigo desde la secundaria. Podía decirse que hasta cierto punto,compartíamos las mismas aficiones, a excepción de su modo particular de conseguir chicas, no se acostaba con cualquiera, amaba los retos, sobre todo los casos que parecían imposibles. Solo se dedicaba a conquistar chicas que tenían un noviazgo estable, o que en su defecto, vivieran con sus parejas en unión libre. Conseguía todo prospecto que se fijara entre sus objetivos, su intelecto y capacidad le concedieron esa fama, incluso se inició un rumor el semestre pasado, se decía que mantenía una relación con una maestra en prácticas, incluida en la nómina recientemente, nunca supe si tal historia fue cierta, pero David nunca lo negó, sonreía de un modo misterioso si se le preguntaba, y solo se limitaba a responder <<todos tenemos nuestros secretos, pero tal parece que yo no los tendré aquí>>.

   Gire la vista en repetidas ocasiones, hasta sentir un ligero golpe en la espalda, su voz fue inconfundible, lo que me llevo a bajar los brazos para saludarle.

-Vaya, así que el pájaro abandona el nido, pero jamás su modo de vida.
-Fue lo más fácil para mi padre- conteste.
-Te visitaré a menudo, ahora que ya podremos embriagarnos, disfrutando de buena música y viendo los mejores juegos de fútbol, claro, todo esto mientras tú me cuentas tus dramas personales, y yo, mis historias de éxito continuo, antes de que sean del dominio público a primera hora en la universidad.
-¿Y qué haces aquí? – Pregunté, al tiempo que reía por su último comentario- se supone que la facultad de arquitectura suspendió sus clases hoy.
-¿Recuerdas a la tía que conocimos en la clausura de generación? Alta, pelirroja  y traje a rayas con quien baile los últimos números. Pues resulta  que me reuniré con ella hoy, me dio su número, y parece un buen prospecto para estudiar. Esa es la ventaja de quien ama la estética por encima de las matemáticas y el cálculo, yo tomaré un café con una tía sexy, mientras tú, tomaras un tripié para medir, todo sería diferente si hubieses entrado a la carrera de arquitectura conmigo, pero ya no importa, te deseo suerte en tu practica de topografía- Exclamó David antes de irse.
-No sé si disfrutas más de tus citas o de tu modus operandi-Concreté mientras sonreía- también te deseo suerte-di la vuelta y seguí hasta el salón de clases.

   Durante el camino a casa, medité las propuestas de mis compañeros; con respecto a las reuniones, pero comprendí al instante que debido a mi naturaleza, sería prácticamente imposible poder efectuarlas, ya que nunca he sido capaz de limpiar mi propio desorden, mucho menos el de otras personas.  Sin pensarlo, adquiría un sentido de responsabilidad, que tal vez podría brindarme frutos en algún futuro.

   En la entrada del edificio, se encontraban dos trabajadores del personal de mantenimiento, cargaban una caja de herramientas y un rollo nuevo de cable guía, que depositaban tras un pequeño muro de hormigón, perteneciente al primer piso. Una mujer de edad madura les daba indicaciones y expresaba con ademanes exagerados donde se encontraba el problema, que no parecía ser otra cosa más que un simple cambio de medidores eléctricos. Después de verme llegar, dejo a los empleados y se dirigió hacia mí con rapidez.

-Tú debes ser el nuevo inquilino-afirmó con seguridad- pareces uno de esos chavales de un grupo musical para chicas de quince años.
-Le aseguro que se equivoca, no se bailar, mucho menos cantar-Comenté.
-Eso no importa, eres muy bien parecido hijo, me gustas más que mi ex esposo cuando tenía tu edad, a pesar de que era muy guapo. Ahora no es más que una pila de huesos y dientes amarillos, un viejo rabo verde que se dedica a robar oxígeno, y que pienso quitarle hasta el último euro del bolsillo.
-¿Por qué llegar a tal extremo?-Pregunté sorprendido.
-Teníamos un matrimonio de treinta años, y un día después del desayuno, tomó  su portafolios y me entrego un sobre, me dijo que se pensaba divorciar de mí, que todo sería más fácil, puesto que, nuestros hijos habían llegado a una edad madura y lo entenderían, no le tomo ningún trabajo decirme esto al hijo de puta.
-Días después lo supe con claridad, me dejo por una de sus compañeras de trabajo. No se preocupaban por ocultarlo, mi hijo mayor los vio por lo menos un par de veces, decía que parecían un par de adolecentes enamorados, pero lo irónico de que te dejen por una compañera de trabajo, es que no tarda en cambiarla a ella, seguramente por su secretaria. Los hombres de conglomerado, no demoran mucho en darse cuenta de que las mejores amantes, son las que mantienen un perfil bajo, tan bajo como sus propios instintos. Como sea, ya le he ganado una demanda, y solo es cuestión de tiempo para que se enfrente a otra.
-Por cierto, el nombre de esta anciana es Paula Cortázar y el tuyo es….
-Fernando Sorata, un placer conocerla-Respondí.
-Bueno Fernando, soy la inquilina del segundo piso, justo arriba del tuyo, ¿suena muy bien no? En cuanto al primer piso, le pertenece al señor matute, menciono solo su apodo porque no conozco su nombre, se la pasa viajando, y tal parece que es cuestión de tiempo para que deje el departamento. Espero que nos llevemos bien, puedes visitarme cuando quieras, en especial si necesitas azúcar, me dio muchísimo gusto conocerte a ti también hijo-Finalizó con una sonrisa.

   La sala y el comedor se iluminaron de forma tenue al encender las luces, siempre me cuestione porque razón mantenía por lo menos dos bombillos prendidos, si mis tareas las concluía siempre a plena luz del día, que en este caso, mis cálculos de estructura metálica que debía entregar para mis prácticas profesionales, me tomaron solamente un par de horas concluirlos. De pronto, mi estómago resintió con rapidez los efectos del hambre, me dirigí hasta la nevera pensando en voz alta <<estas echo de malas costumbres>>.

   Regresé al comedor con algunos emparedados y una lata de zumo. Analicé por varios minutos si me faltaba algo por hacer, mientras contemplaba con esmero el color que transmitían las cortinas a través de la ventana , me cercioré de tener la tarde libre para poder relajarme por el resto del día. Apagué las luces y abrí la ventana, para que se colaran los rayos del sol y el ruido de la intemperie, me recosté en un sillón y me dispuse a releer el vagabundo de las estrellas de Jack London, todo a mi alrededor se tornaba en un ambiente ideal, siguiendo el ritmo de la paz cautivante que transmitía el jazz de Terry Callier, llenando cada rincón de mi departamento, viajando en solitario a un mundo propio que nunca pensé compartir.


   Sin darme cuenta, había perdido la noción del tiempo. El reloj marcaba las 10:30pm, y el ruido de los autos y ambulancias me impedía seguir leyendo, de modo que, opté por encender el televisor y mirar el resumen deportivo, sin embargo, no informaban nada nuevo. Sólo se hablaba de dos equipos en España, y sus debates sobre cuál era el mejor me tenían cansado, minutos después, pude escuchar varios gritos que provenían de la habitación contigua, los relacione al instante con el bloque adyacente a mi edificio. Los gritos pasaron de pronto a ser parte de una riña subida de tono. Me sorprendió que desde mi posición, lograra escuchar la mayoría de palabras inmersas en el aire, que sin estar presente, no pude evitar sentirme incomodo, así que deslicé el corredor de la ventana y me situé en el balcón. Decidí fumar un cigarrillo mientras esperaba. Las luces de una ciudad inquietante se reflejaban en los cristales de cada edificio, así como en cada una de mis pupilas. Sabía que podía tomarme mi tiempo para mirar, puesto que,las discusiones sin sentido aparente, son siempre las ultimas en terminar, sin mencionar el hecho de que mi vista, me ofrecía mayores razones para quedarme, sin objetar sobre el tiempo transcurrido o la demora de un acuerdo imposible.






Texto por: Tai O´farrell. 

5 comentarios:

  1. que bien, èl nuevo Murakami ¿ya había escrito este chavo antes no?

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Muy buen texto, me gusto mucho la narración que le dio el escritor

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  4. ausencia para crecer es un texto... me reservo cualquier juicio o crítica, espero con ansias la conclusión...

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  5. !Excelente! Cada cosa en su lugar, envuelves muy bien al lector con cada línea en los párrafos. Muy profesional.

    Yami red eyes

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