lunes, 22 de julio de 2013

Toda ambición.



Anoche, en una entrevista para TRASH. F. confesó que perdió toda ambición a los veinticinco años. Por supuesto, se refirió a toda ambición literaria, o así lo entendió Lidia F., su entrevistadora. Cuando le pidió que ahondara en el tema, F. se explicó sobre esa línea, la línea literaria. Dijo: “todos los días escribo textos sin esperar de ellos nada, sin desesperarme, sin una ambición de fama o talento.” Al final de la entrevista quedó apuntado que F. no cree en el talento, sino en la constancia. La constancia puede traducirse en talento, pero no necesariamente. Lo importante es traducir la constancia en un mundo, el mundo de un escritor. El mundo de un escritor es su voz, la manera única de mirar las cosas, de escribir las cosas. Se trata de plasmar el sello personal en cada texto, y eso es más difícil y talentoso de lo que podría esperarse. 

 Ahora, F. duerme sobre el sofá de su viejo apartamento. Quedó tumbado allí luego de beber diecinueve cervezas y cinco tequilas. Las cervezas las sacó de su nevera. El tequila lo trajo Lidia F. Luego de la entrevista Lidia propuso a F. ir por un trago. F. se declaró en banca rota, y así decidieron beber en casa de él para no pagar por el trago en algún bar. Lidia compró un tequila camino a casa de F.

 Bebieron toda la noche. Hubo algunas risas, charlas banales e íntimas, y una declaración. Lidia declaró sentirse vehementemente atraída, intelectualmente, por F. F. no preguntó a qué se refería Lidia con eso de atraída intelectualmente, pero le pareció una chorrada. A la declaración, F. contestó con una mueca. F. no es un hombre acostumbrado a ser el centro de atención de las mujeres. ¿Es un buen momento para intentar follar con Lidia?, se preguntó F. mientras le miraba las tetas. Lo fuese o no, F. no es el tipo de hombre que se avienta. En ese sentido, es cauteloso. No da el primer paso sin estar seguro de algo. Lidia tampoco es una mujer que suela declararse, pero F. le atrae más de lo que ella misma deseara aceptar. F. es feo, fuma y bebe como nadie y es pobre. Es pesimista, ateo, apolítico y malhumorado. Es la clase de hombre del que las mujeres huyen a toda costa. Sin embargo, hay algo en él que seduce a Lidia.

 La declaración ocurrió a los cuatro tequilas. Las palabras textuales fueron: “no puedo dejar de pensar en tus textos, en todo lo que cuentas en ellos, en tu vida, en ti.” F. alzó los hombros, hizo una mueca, y pensó si debía… Acto seguido, Lidia se descalzó. “Se está a gusto aquí”, dijo. Lidia es la primer mujer a la que gusta el apartamento de F. Es un apartamento viejo, sucio y con apariencia de albergue para mendigos. M., la ex mujer de F. lo odiaba con toda su alma. Solía decir “¡cómo puedes, cómo puede alguien vivir aquí!”

 Luego de la declaración, intimaron sobre sus pasados. El pasado de Lidia se puede resumir en una vida llena de comodidades, hija de uno de los dueños de ALIANZA editorial, siempre estuvo cercana al mundo de las letras. Se apasionó a los veintidós. Comenzó a leer todo cuanto pudo y a enamorarse platónicamente sus escritores preferidos. Lugo, gracias a los contactos de su padre, pudo conocer a algunos de ellos en persona, pero siempre le decepcionaron. Los escritores nunca eran como se leían en papel. Los más odiosos resultaban ser lindos y amables. Los más cursis eran viejos amargados en persona. Los pobres, resultaban provenir de familias adineradas. Los ricos, eran unos pedantes. Hace apenas un año, Lidia se metió de lleno al negocio. Publicó la revista TRASH, una publicación periódica inspirada en publicar escritores de verdad.  Hace apenas un año, Lidia leyó por primera vez un texto publicado en la página virtual de F. Quedó prendada de su literatura inmediatamente. Le estuvo siguiendo la pista durante meses; leyendo cada publicación suya e imaginando cómo sería la vida de alguien que escribe así. Tras una investigación exhaustiva en Redes Sociales, Lidia pudo dar con el número telefónico de F. Le contactó en seguida y ahora F. tiene una columna mensual en TRASH, por la que recibe más dinero que nunca en su vida (aun así no es mucho dinero).

 El pasado de F. es más complicado, y gran parte de él está escrito en su literatura. Esto es lo que atrae vehementemente a Lidia: los textos de F. están llenos de odio, de soledad, de pobreza, de borracheras, de sexo con prostitutas, de desesperanza, y carecen de toda ambición literaria. F. es un escritor que vive como escribe.

 Casi a las tres de la mañana, Lidia confesó que no podía más. Sin darse cuenta, la oportunidad de F. (si es que hubo alguna oportunidad) se había esfumado. Lidia había pasado el punto de la borrachera donde follar es una idea estupenda. Estaba, para ser más exactos, en el punto donde dormir es la única cosa posible antes de vomitar. F. la llevó al cuarto, la instaló en la cama, le cobijó y… se quedó mirando. Hace más de diez años que una mujer se recostaba en esa vieja cama.
 ¿Por qué F. no s metió a las sábanas con Lidia? Los textos de F. estaban plagados de aventuras sexuales inauditas, de una sagacidad y una seducción extraordinaria, pero verosímil. Cualquier mujer que le leyese (y las había) pensaría que F. es un tigre en la cama. Si se tratase de cualquier otra, pensaba F.

 F. salió del cuarto. Regresó a la sala de estar e inspeccionó la botella. Odiaba beber tequila, pero no había otra cosa. Casi media botella estaba llena.

 Anoche, en una entrevista para TRASH. F. confesó que perdió toda ambición a los veinticinco años. Por supuesto, se refirió a toda ambición literaria… pero era mentira. F. había perdido toda ambición, en todos los sentidos, incluyendo el de follar. F. envejecía. A sus veintiocho años, F. era tan viejo como un señor de sesenta. Nada le impresionaba, nada le satisfacía, nada le sentaba del todo bien. Lidia podría bailar la danza de los siete velos delante de él y F. no pasaría de masturbarse mediocremente, mirando.

 Bebió el resto del tequila sentado en el sofá, solo, desanimado, sin ganas de otra cosa que desaparecer, desintegrarse en la nada y ser nada y jamás volver. Así, se quedó dormido.

2
Al despertar, F. entra en un estado de alerta. Sabe que anoche Lidia se quedó en casa. No sabe si aún está dentro de la habitación. Son más de las doce del día. Recuerda vagamente lo sucedido, por ejemplo, que dio una entrevista para TRASH, que regresó a casa con Lidia y bebieron, y que Lidia se confesó atraída por él. Posiblemente ésta sea la oportunidad. Si entrase a la habitación, calladamente, y se deslizase entre las sábanas… Podría despertar a Lidia con lengüetazos en el coño, o en los senos. Pero F. ha perdido toda ambición. El sexo de F. se reduce a mirar pornografía en el ordenador e imaginar escenas sexuales con cada chica que mira pasar en la calle. Es un sexo muy pobre, pero no por ello menos satisfactorio. Hace más de tres años que no hace el amor.

 Se levanta del sofá sin hacer ruido. No desea hacer ruido. No desea despertar a Lidia. Desea mirarla, como un regalo que se da, por un segundo, antes de que despierte. Si corre con suerte se habrá desnudado.

 Antes de entrar al cuarto enciende un cigarrillo. Lo fuma al tiempo que da vueltas por la estancia. Allá dentro, en su habitación, hay una mujer que duerme borracha. La misma mujer que le llovió del Cielo, le adentró al mundo editorial, y se siente atraída por él. F. no entiende nada, ¿cómo es que pasan las cosas? Hace diez años hubiese matado por una oportunidad así, y ahora, sencillamente no le impacta. Ha perdido toda ambición, lo ha declarado públicamente, y… ¿es verdad? ¿Es posible que Lidia, una mujer, sea la causante de su regreso? ¿Es posible que Lidia, una mujer, le regrese la ambición de triunfar? ¿Qué pasaría si F. toma las riendas de su vida y hace de su literatura un medio de vida, capaz de dar a Lidia un noviazgo decente? ¿Está exagerando las cosas?  ¿O es Lidia, quien exagera las cosas?

 Echa la colilla del cigarrillo por la ventana. Ha terminado con él. Es momento de hacer frente, de entrar a la habitación. F. piensa que entrar con las manos vacías es injusto. Al menos, debería preparar café. Pero F. no bebe café. Toda la despensa de F. son latas de cerveza. F. va a la nevera. Está vacía. Ha bebido toda la despensa. No queda nada, nada que pueda ofrecer a esta mujer. Con el dinero que tengo, no estoy en condiciones de hablar de amor a ninguna chica, piensa.

 F. camina a la habitación. Se turba. Casi enloquece. Si siquiera estuviese borracho… La vida le es insoportable en la sobriedad. Abre la puerta de la habitación. Asoma la cabeza, discretamente; si tiene suerte Lidia estará desnuda; si eso ocurre sería una impertinencia de su parte no llamar a ala puerta antes. Asoma la cabeza y mira. Lidia está allí, echada, con las sábanas sobre su cuerpo. No está desnuda; parte del vestido asoma por debajo.

 Se sienta sobre la cama, a un lado de Lidia. Lidia despierta. Le sonríe. F. no sonríe. Jamás sonríe. En vez de eso, hace una mueca. “Buenos días”, dice Lidia. Buenos días, responde F.

 Hay una chica en recostada en su cama, y es más de lo que F. puede soportar. Corre al baño. Se baja los pantalones y comienza a masturbarse. Ha perdido toda ambición. 


3 comentarios:

  1. Samuel Alonso Quijano23 de julio de 2013, 23:06

    Sin duda!!! yo no sé si escribir sin esperar nada a cambio sea lo mejor, pero sin duda es lo más sano, porque estar esperanzado a que alguien quiera leerlo a uno es de mucha ingenuidad...

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