viernes, 12 de julio de 2013

Ninguno

Texto por: Roberto Araque

Años después le pregunté a una amiga la diferencia entre romanticismo y cursilería, dijo: “Ninguna”. No quedé conforme, así que ideé respuestas más o menos lógicas a mi duda. Estaba claro que la diferencia radicaba en la opinión de la mujer, ellas son quienes dicen si un gesto es romántico o no. Sin embargo, tiempo después indagué un poco más, encontré una alternativa mucho más interesante que explicaría o dejaría luces sobre los aspectos distintivos del tema en cuestión. Pero  antes de eso me acordé de Myself. Resulta que hace algunos años – 12 exactamente- practiqué natación. Todas las noches entrenaba, nunca llegué a ser bueno pero lo intentaba, además me relajaba e hice muchos amigos -se esfumaron con el tiempo-. Para quienes están estresados les recomiendo practicar este deporte. El hecho era que Myself estaba enamorado de una chica que practicaba waterpolo. No era ni fea ni bonita ni puta ni tonta, era una chica que si bien pasaba desapercibida, no resultaba despreciable; era alta, blanca, con buen culo y tetas no muy pequeñas, sonreía de vez en cuando y hablaba poco. También era educada y, porqué no decirlo, simpática; una vez me regaló un chicle. Un viernes por la tarde la vi sentada en uno de los banquitos de la entrada del complejo de piscinas. Estaba sola y tenía una rosa en la mano. Como llegué temprano me ubiqué en el mismo banquito- en el lado opuesto-. Ella ni me miró, al rato se marchó. 

 Tiempo después me enteré que Myself interrumpió la práctica de waterpolo para entregarle la rosa y recitar un poema el cual entregó con una carta. Obviamente para Myself eso debió ser un gesto romántico digno de admiración, para los presentes el chiste de la semana y para Patricia el acto más vergonzoso en su puta vida. De hecho, al siguiente día se disipó la niebla que impidió a Myself actuar razonablemente y nunca más se apareció por el complejo. En cambio Patricia anduvo dos o tres semanas más y no volví a saber de ella sino hasta hace dos semanas cuando se tropezó conmigo en el mercado. Claro, ella no me reconoció, pero yo sí; una vez que veo un rostro se me hace difícil olvidarlo. 

 Pensé en lo que pudo haber sucedido. Todo se basa en suposiciones porque no tenía ni tengo el interés de preguntar qué pasó por sus mentes en esos instantes. Evidentemente Myself cometió un gravísimo error. No obstante, la chica no tenía porque dejar de asistir a las clases; nadie se burlaba de ella, mucho menos salió con el corazón destrozado por el rechazo de quien creía el amor de su vida. Ella no fue quién se equivocó. He llegado a pensar que fue el sentimiento de culpa. Pero culpa de qué. Quizá fue inmadurez. Son el tipo de experiencias que te hacen ser quien eres. Aunque algo resultó interesante; no botó la rosa ni el poema. Tal vez intentó devolverlos, pero Myself no lo aceptó, total, qué podía hacer él con eso. O a lo mejor pensó que sería un lindo recuerdo de la primera vez que alguien lloró por ella.  También imaginé que, aunque es algo inverosímil, no es posible detestar algo tan bonito, venga de quien venga.

 Las rosas, por ser rosas, son asesinadas. Cuando tomas una rosa del rosal deja de ser un ente vivo y se convierte en un objeto que en algún momento de su existencia fue y ya no es hermoso, o lo es pero por un brevísimo periodo de tiempo. Esto se debe a que todo lo bello se convierte en deseo y los humanos no escatimamos esfuerzos para obtenerlo, aun a expensas de su muerte. ¿Por qué digo esto? Ellas – las rosas- tienen su ciclo de vida. Cuando las cortan lo interrumpen; es como matar a un unicornio por sus cuernos, un ejemplo más claro serían los rinocerontes, aunque es menos romántico está más acorde con la realidad. Claro el rosal sigue con vida y el unicornio o el rinoceronte mueren cuando lo despojan de su cuerno, pero eso no viene al caso. Lo que deseo saber es cómo se podría repudiar algo tan puro; algo que murió por ella. No se puede porque arrancar una rosa para regalarla es como amputarse un miembro por amor – como ya he dicho-, la diferencia es que los rosales no son humanos, sin embargo son entes vivos; respiran, se alimentan y creo que sienten. No, nadie podría resistir un gesto como ese. De igual forma sucede con el poema, no puedo decir qué tan bueno pudo haber sido, pero debió ser difícil escribirlo. Algo tan afanoso por lo menos debe ser escuchado y apreciado; también, según me contaron, Myself pasó dos meses practicando caligrafía para tener una letra “elegante”. Con respecto al poema debo admitir que escuché los comentarios y me causaron risa, sobre todo la frase: “Eres mi cielo estrellado, tus ojos son luceros…”. Pero, muy a pesar de lo lindo y complicado, el acto fue calificado de cursi. En tal caso mi opinión no importa. Lo imprescindible es saber cuando un gesto es cursi o romántico. En base a la historia de Myself deduje algunas cosas que me parecen acertadas:

1.- Todo hombre feo es cursi. 
2.- Todo hombre pobre es cursi.
3.- Si una mujer no está enamorada dirá que todo acto, así sea escribir su nombre en la luna, será cursi.
4.- Para toda mujer que nunca ha recibido un halago, nada es cursi.
5.-El peor de los casos: pobre y feo, ante una chica bella y rica. Es sinónimo de rancheras, borracheras y llanto.

 Son las cuatro leyes fundamentales del romanticismo, la quinta no es una ley sino una consecuencia de las anteriores. Las dos primeras leyes son resultado directo del efecto “Disney”. Sí, ellos le metieron en la cabeza a las mujeres que todas tienen su príncipe azul ¿Acaso el panadero, el verdulero, el chico tuerto o el borrachito de la esquina no merecen un amor o no pueden ser románticos? ¿Acaso hornear un pan y entregarlo no es tan romántico como entregar un anillo de 20 quilates? La cuestión es la siguiente; entregar una rosa es un gesto cursi, regalar un anillo con un diamante de 25 quilates no lo es. Recitar un poema es un gesto cursi, pero si has vendido 20 millones de ejemplares no lo es. 

 Volvamos con “Disney” y sus historias; el héroe no sólo debe ser miembro de la nobleza – millonario- también atractivo y de “buenos” sentimientos. En eso no estoy de acuerdo con Disney, no sé qué hay de bueno en asesinar un Dragón porque de existir sería un animal fabuloso y en vías de extinción. Claro como no es “bonito” como el Oso Panda, no importa. Además el típico cuento de hadas demuestra la falta de inteligencia de sus héroes y lo pendejas que son las princesas; si mi mujer está encerrada en un castillo custodiada por un dragón, lo primero que haría – antes de enfrentarlo- sería buscar la manera de hacerlo salir. Obviamente el Dragón es un ser vivo que debe comer, dormir, cagar, follar o rascarse el culo de vez en cuando. Para empezar le colocaría un festín de reses en las cercanías del castillo; mientras come, rescato a mi princesa. Pero también existe la posibilidad que sea un Dragón “encantado”; que no necesitase comer, dormir ni follar. En tal caso diría que se joda la puta, hay muchas y mejores princesas en otros cuentos de hadas. Ya aclarado la falta de inteligencia de los príncipes, se debe explicar porqué digo que son pendejas las princesas, eso es simple: ¿Qué coño hacen metidas en un castillo embrujado con un Dragón de custodio? ¿Acaso es mucho pedir que se fueran a una casita en el campo y tejieran un suéter mientras esperan a su príncipe?

 Si una mujer no está enamorada, o está enamorado de otro. No se debe perder el tiempo. Las mujeres son extrañas, son entes que no obedecen al raciocinio. Eso las hace hermosas y mortíferas al mismo tiempo. Podrías tratar  mal a una mujer, también golpearla porque, mientras te lavaba los pies, dijo que apoyaba al Real Madrid, de igual forma humillarla y, aun con eso, tendrías su amor incondicional. Por otro lado podrías tratarla como una princesa, pero si un día te ve metiéndote el dedo gordo en la nariz dejará de sentir amor por ti y se embarcará con el primer hijo de puta que se le aparezca. Muchos dicen que son el sexo débil, no estoy de acuerdo. Ellas son el fuerte, son las que llevan los pantalones en casa. Detrás de un buen hombre hay una gran mujer. Detrás de una buena mujer hay…nada, porque ellas pueden valerse por sí mismas. Las dos últimas leyes vendrían siendo deducciones lógicas que no vale la pena explicar.

 Así que cuando le pregunté a la chica cuál es la diferencia entre un gesto cursi y romántico su respuesta fue acertada: Ninguna. No existe, todo depende de la opinión de la mujer la cual está supeditada a las 5 leyes que propuse anteriormente. 

 Días después me encontré con Myself, hablamos de putas, filosofía, ron y películas porno. Nada más, no le quise mencionar nada del tema porque sé que aún sangra por la herida. Lo dejé borracho en la entrada de su casa y conduje hasta la mía o por lo menos lo intenté antes de estrellarme contra una mata de mango…


Texto por: Roberto Araque

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