lunes, 1 de julio de 2013

Brenda, Federica... y Garrit.


Brenda y Federica necesitan encontrar un empleo lo antes posible. Son amigas desde hace siete años, cursaron parte de la primaria y la secundaria juntas. Viven con sus padres, a los que no soportan (ellos tampoco las soportan a ellas) y han planeado rentar un apartamento juntas.

 Tienen dieciséis años. No han leído un solo libro en toda su vida, cosa que les enorgullece, creen en Dios, desean casarse antes de los treinta (con un hombre apuesto y adinerado), gustan de la música pop y hablan un español casi tan malamente como lo escriben (escriben con altas y bajas y no tildan ni siquiera las palabras más obvias). Son fanáticas de Facebook, MySpace, Fotolog. Cuelgan fotos suyas en ropa interior, reciben decenas de cometarios y creen firmemente en su belleza como un tesoro que están dispuestas a vender al mejor postor. Beben vodka con jugo de uva, van a fiestas, se besan con hombres cuando están borrachas; luego escriben en Facebook frases hechas sobre el amor, que no conocen. Escriben frases, pero nunca citan al autor. Hacen juicios categóricos como si fuesen eruditas estudiadas en Harvard sobre la vida, los celos, los hombres, la madurez, la vida en general. Incluso, tienen filosofías de vida (a las que nos son fieles), sentimientos (encontrados), metas (que  nunca cumplen), y un carácter seudolibertino que asusta a  gentes nacidas antes y durante la década de los cincuentas. Creen en sí mismas con una firmeza inaudita en un par de adolescentes modernas. Fuman cigarrillos fuera del colegio, hablan sobre drogas que nunca han probado y juzgan a quienes les confrontan. Además de eso, se hacen uñas de silicona, se pintan los cabellos de dorado, visten como los ídolos pop que idolatran (o eso creen ellas) y se tatúan mariposas en el abdomen con tinta de henna.

 Los chicos les consideran mujeres abiertas, diferentes, arriesgadas. Putas, en pocas palabras, aunque si les preguntásemos a ellas, se ofenderían porque suelen afirmar que se acuestan por amor, y cuando no lo hacen por amor, por errores del estado alcohólico en que se encuentran. Como ya dije, a pesar de ello, creen en Dios. En un Dios alcahuete y manso que no las condenará por el simple hecho de creer en él, aunque odien asistir a misa, leer la Biblia, o sepan siquiera el nombre de ese Dios.

 Ahora bien, necesitan encontrar empleo urgentemente. Son decididas. Saben lo que quieren, aunque decir que unas adolescentes como éstas sepan lo que quieren, es un oxímoron. Desean cobrar al menos diez mil pesos al mes, un horario que les permita cursas sus estudios (en realidad, un horario que les permita vivir; los estudios les importan poco, podrían abandonarlos si la oferta de trabajo es buena). Desean un apartamento amplio, amueblado, en la mejor zona de la ciudad. También, desean que los vecinos sean gente joven, hombres, de preferencia, y guapos. No hace falta decirlo: carecen de experiencia laboral, no saben hacer nada y son flojas. No pueden acudir al colegio con puntualidad ni aprobar la mayoría de las materias.

 Han escuchado de chicas que ganan mucho dinero siendo hostess. Han escuchado de chicas que siendo hostess ligan hombres guapos y adinerados. Han escuchado que ser hostees es algo así como ser una puta discreta, el nivel más bajo de la prostitución, pero eso no lo mencionan ni entre ellas mismas. Toda hostess del mundo tienen el mismo sueño: ser sacadas de allí por un príncipe azul. Al menos, un hombre capaz de mantenerlas con una calidad de vida que consideran la suya. Es mentira, no tienen idea de lo que es tener dinero, nunca lo han tenido, pero han leído tantas revistas de moda que se hacen una imagen mental, un ideal de ser rico que encaja perfectamente con sus mentecillas adolescentes: fiestas en mansiones, compras en centros comerciales, tarjetas de crédito, apuestas en casinos, coches de lujo y servidumbre. Muy en el fondo, trato con dueños de disqueras que podrían hacerlas grabar un disco, o ya de plano, la filmación de vídeos porno.

 Brenda es la primera en localizar un bar con vacante. El anuncio dice: señorita con disponibilidad de horario. Sin experiencia. Excelente presentación. Provocativa. Carismática y servicial. 5000 más propinas. Interesadas mandar CV con fotos. Han escuchado que las propinas son buenas, mejores que el sueldo. El bar es un bar en Polanco, así que las oportunidades de salir de allí casadas son muchas. Sin embargo, no quieren casarse. Lo desean como un sueño de infancia, pero no están seguras.

 Brenda se encarga de redactar el CV de ambas. Federica selecciona las fotos que enviará y se las manda a Brenda. Son fotos en traje de noche y traje de baño. Federica y Brenda están convencidas que son mujeres guapas, principalmente, porque en el cole tienen fortuna. Porque sus madres se lo dicen. Porque más de uno están enamorados de ellas. Sin embargo, no son más guapas que una adolescente común y corriente. En el bar contratan modelos. Chicas de al menos un metro con setenta de estatura. Ambas, Brenda y Federica miden uno con cincuenta y siete. No reciben respuesta de la vacante. Se desesperan. No tienen paciencia en nada, viven a un ritmo impuesto por una sociedad decadente donde calentar la comida en un horno de microondas es un suplico, donde dar dos clics en un ordenador es demasiado, donde una pizza llega antes de treinta minutos, o es gratis.

 2

El señor Garrit tiene cincuenta y siete años. Su educación no es mayor a la de ninguno, es, en muchos aspectos, inferior. Ha leído cincuenta libros a lo largo de su vida, suficientes para darse aires de conocedor. Resultado del dinero que recibe de sus rentas, la ropa que viste y su hábito de fumar cigarros cubanos, es un hombre capaz de impresionar a gentes menores. La historia del Señor Garrit es muy simple, se repite generación tras generación: su padre fue un rico empresario que murió cuando Garrit tenía treinta años, dejándole una inmensa fortuna a un joven adulto que no aprendió a hacer algo que no sea sentarse en cafés o bares y, durante los últimos cinco años, en antros de moda donde sale de cacería. Ya casi no tiene dinero, pero eso es algo que sólo él sabe. No tiene amigos de verdad ni mujer ni perro que le ladre. Los últimos estragos de una vida llena de comodidades y glamur son su coche Mustang último modelo, sus trajes de dos mil dólares, su peinado, siempre perfecto, y el fantasma de una ilimitada chequera que llegará a su fin antes de lo que el mismo Garrit piensa.

 Dónde vive Garrit es un misterio, incluso paras sus conocidos (no es sorprendente si recordamos que sus conocidos son meseros de bares que frecuenta, amigos ocasionales, cuarentonas desesperadas por comerse una rebanada del pastel de Garrit, etc.). Posee al menos tres propiedades en diferentes puntos de la ciudad, donde lleva a sus amantes, según convenga. Sus amantes, principalmente señoras de cuarenta años, han dejado de satisfacerle. Ahora tiene en la mira una presa más joven, más fresca, más ingenua, y más maleable. Desea ligar a una menor de edad, enseñarle la vida (lo bueno de la vida), instruirla en la filosofía que le rige, que es, a saber, la filosofía de un falso hedonismo.

 Garrit se pasea en su Mustnag último modelo. Lleva el brazo izquierdo, parte del hombro, el cuello y casi toda la cabeza de fuera, como un mamón. Lleva gafas oscuras y una sonrisa debajo de una nariz puntiaguda. Sus cabellos son castaños, increíblemente cepillados y puestos en su lugar. En la muñeca del brazo lleva un reloj marca Omega. Sonríe, sonríe Garrit a todo el mundo que ve pasar, desesperado, ansioso, urgido de una necesidad animal sublimada desde la muerte de su padre. Algo contra lo que no es fácil luchar. Sonríe, y sonríe de oreja a oreja cuando mira a una chica pasar.

3

Brenda y Federica salen del bar decepcionadas. Se han metido en diminutos vestidos pegados a sus cuerpos, negros; las nalgas las han levantado con calzones especiales, e hinchado las tetas con sujetadores diseñados para ello, y ni así han logrado coger un empleo. Las chicas que contratan son altas, muy altas, rubias como el oro y generalmente, extranjeras. Les han pedido hablar inglés, porque muchos de los clientes de este bar, han dicho, son alemanes o estadounidense, etc., pero cómo van a saber hablar inglés Brenda y Federica, si no saben hablar su lengua natal, ni tratarla con respeto. Todo el inglés que saben son frases hechas, mal pronunciadas, aprendidas como una extensión del español. Por primera vez, estas dos comienzan a darse cuenta de su verdadera posición en la vida: chicas corrientes, clase-medieras; resultados de la educación estatal, fanáticas de Ricky Martin, asiduas telespectadoras, con delirios de grandeza.

 Caminan sin prisa, disfrutando de algún modo estar donde están, en esas calles llenas de mansiones y departamentos de lujo. Toda la gente de este barrio es rubia, excepto los intrusos. Disfrutan mirando aparadores de ropa a la que no pueden siquiera calcular el precio. Sus mentes se trastornan. El deseo comienza a surgir. Quieren ser parte de todo esto, sí, ser parte de éstas joyas, de éstos bares, de estos coches de lujo que circulan sin mirarte. Ninguna lo expresa abiertamente, pero se anuncia en las pupilas de sus ojos el deseo vehemente, maquiavélico y malsano de llenar todas sus carencias psicológicas con este oro falso. Y, es allí, justo cuando sus ojos resplandece el mayor deseo, que Garrit cruza la calle arriba de 420 caballos de fuerza color rojo, y las mira como el águila que clava la mirada en la presa.

 Cualquiera pensaría que esto es una coincidencia, una cosa que pasa, pero no es así. Esto es como la alineación de los planetas, un plan trazado por fuerzas desconocidas hace varios millones de años. Pongámoslo así: hace cincuenta y siete años nace David Garrit. Los primeros diez años de su vida los pasa al cobijo de su padre y de su madre, en una casa de 600 metros cuadrados, con servidumbre, cocineros y nana. Durante su adolescencia cursa estudios en Institutos de primera clase. En términos generales, rodeado de comodidad y confort, con la única preocupación de acostarse con una chica lo antes posible. Esa chica es Shelly, de la que se enamora apasionadamente. Tiene catorce años, cree en el amor y está dispuesto a cumplir todos los caprichos de Shelly con el dinero de sus padres. Así lo hace, hasta que Sehlly cumple quince años y le viene la idea de estudiar en Francia. Sehlly le abandona. Garrit promete visitarla cada verano, pero no llegado el primero, Sehlly desaparece. Borra todo vínculo con Garrit. Es inútil ir a Francia, buscarla; si la encuentra, es evidente que ella no le ama. Esto, rompe el corazón de Garrit, que en adelante, jura no enamorarse de nuevo. Dos años más adelante, los padres de Garrit se separan. Garrit tiene edad suficiente para entender. La madre de Garrit desaparece. El padre de Garrit compra un apartamento para su hijo, y de algún modo, también desaparece. Le abre una cuenta corriente y le deposita mesadas de 50 mil pesos. Garrit tiene dieciocho años, más dinero que muchos señores, y el corazón roto. Cursa la Universidad. A los veinticinco años es abogado. A los treinta años, muere el padre de Garrit, heredándole una fortuna que merma excesivamente con el cobro de los abogados que llevan el caso de su padre, las propiedades que reclaman las amantes de su padre. Garrit está deshecho, el dinero es lo menos importante para él. Deja que los buitres se sirvan del pastel. Aun así, queda dinero suficiente para que Garrit lleve una vida cómoda. Cinco años después, cuando cesan los pleitos y reclamos, Garrit compra un nuevo apartamento; necesita cambiar de aires, y pone en renta su antiguo hogar. Los años que siguen son de prueba. Garrit actúa como si nada hubiese pasado, pero es imposible. Debe sentar cabeza y hacer de su vida algo que valga la pena vivir. El trabajo dignifica, dicen, pero Garrit no sabe trabajar. Ni siquiera entiende el negocio que dejó su padre. Tienen treinta y cinco años y no podría decir a ciencia cierta a qué se dedicaba el viejo.

 Abre un negocio, influenciado por un amigo suyo de la Universidad: un buffet de abogados. No hay mucho que hacer. Rentar oficinas, buscar clientes, llevar el negocio. Su amigo, que es más ducho, es quien lleva el barco. Garrit se desespera. Se siente inútil y decide abandonar. Se dice fácil, pero ha perdido mucho dinero.

 Garrit sale con algunas mujeres, en plan de aventura. Ha prometido no enamorarse, su cerebro tiene registrado el mensaje: las mujeres abandonan. Le es fácil ligar, con toda esa plata, muchas matarían por salir con él. Cumple caprichos, gasta, gasta, gasta. Esta etapa de su vida dura seis años. Garrit cumple cuarenta y uno. Es el año de 1997. El año en que Brenda y Federica nacen.

 Los primeros años de estas chicas son difíciles. Sus padres no tienen dinero. Cursan sus estudios en escuelas públicas y se educan, más bien, gracias al televisor. Aquí adquieren su ambición desmedida. Cumplen trece años y se acuestan por primera vez con un hombre. Lo hacen bajo la presión de una sociedad que exige ser experimentado; es el único modo de sobrevivir, de destacar. Son chicas populares en su medio. Tres años después, Brenda y Federica buscan empleo en algún bar de Polanco. Es allí, donde Garrit la encuentra por primera vez, como una casualidad. Ni ellas ni él lo saben, pero todo ha tenido que pasar así para que el encuentro funcione. Otros hombres de cincuenta y siete años tienen esposas e hijos, negocios, una vida hecha; no van a fijarse en un par de adolescentes bobas con ganas de triunfar. Sólo Garrit puede llenar, y ser llenado al mismo tiempo, toda esta psicología.


 Garrit se orilla, se desliza suavemente a lado de Brenda y Federeca. Las mira. Las saluda con una sonrisa, y las hace subir. Hay algo en Garrit que llega a las fosas nasales de estas chicas. Algo que les dice que es él el hombre que han buscado todo este tiempo. Suben al Mustang echas una risa.  


13 comentarios:

  1. preciozo comentario, muy poetico

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  2. Muchas gracias, Verónica! Es un relato ffm!Me gustó que Garrit entra por el olfato...

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  3. Fluido, dinámico, representativo de gran parte de la población actual ( 35 años para acá ). Los supuestos de la historia son auténticos pilares de una proyección catastrófica en la continuidad lineal de las intenciones. Gracias por el relato. Saludos cordiales -N.I.-

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  4. Me gusta mucho la descripción funcional de las chicas. Clavado. Allí, aquí y en todas partes más o menos igual.

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    1. Las chicas de 17 años, incultas, que no han leído un libro en su vida y se creen"divinas" están muy bien descritas y desafortunadamente existen, pero el de Garrit es un personaje que igualmente es representativo de un tipo de hombres, que en su vida han hecho nada interesante, que viven de la herencia que le dejó su padre y que estando cerca de lo 60 años las mujeres de 40 ya no les van: buscan niñatas menores de edad y cuanto mas bobas mejor.
      En realidad son tal para cual.

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  5. BUENISIMO, VERONICA

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  6. entonces construyen la moral acomodaticia de la arribista en el placer y la traición. /ar

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  7. Qué gráfica descripción

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  8. si conozco a muchas así, pero que se les puede hacer así son felices y a mi me vale gorro su vida, pero el texto es muy bueno

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  9. Amé la frase: "Putas, en pocas palabras..." Es la primera vez que leo textos suyos y se agradece encontrar trabajos así de buenos. Saludos.

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  10. Agueda Elsa Hernandez2 de julio de 2013, 19:04

    Me encanto tu comentario, esas niñas necesitan una guia que no tienen...pero es que sus madres tambien se encuentran aturdidas queriendo ser eternamente jovenes.

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  11. Un Rufino cualquiera, ese Garrit

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  12. Así me gustaría ser, si yo tuviera 16 y fuera mujer; para que la gente se fijara en mí...

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