lunes, 27 de mayo de 2013

La fiesta de graduación.



La fiesta de graduación, el final de tres largos años de arduo trabajo; el principio de una nueva vida para los chicos que cursaron (en contra de su voluntad) séptimo, octavo y noveno grado juntos, en la preparatoria del Estado. El momento anhelado para tomar, finalmente, las riendas de sus vidas. El último día juntos, liberados meritoriamente para ser ellos mismos: jóvenes y estúpidos. La fiesta de graduación. Abrirán a tope las válvulas de su desenfrenada adolescencia, sin la amenaza constante de la autoridad adulta. ¡Ahora ellos son adultos! Lo que eso signifique.

 A partir de este día podrán decidir por sí mismos. Algunos de ellos, en el fondo de su patetismo juvenil, poseen metas: ingresar a la Universidad, coger un empleo, emanciparse de la vida familiar, darse un año sabático y descansar. No importa si comprenden realmente el trasfondo de sus metas, son suyas, y nadie se las arrancará. No mientras posean la fuerza de la juventud. Una fuerza para cuyo control no fueron educados. Otros, no tienen ni idea, aunque están seguros de una cosa: ¡es fiesta de graduación, y hay que explotar! El mundo, tal como lo conocen hasta ahora terminará por la mañana. Las cosas cambiarán, lo quieran o no.

 Pero para ninguno cambiarán las cosas tan drásticamente como para Nancy. La pobre, ingenua y estúpida Nancy.

 Si tuviésemos la capacidad consiente de saber que nuestra vida, toda nuestra vida y nuestro futuro cambiará en tan sólo un segundo… y pudiésemos detener el tiempo en el segundo exacto del cambio… ¿tendríamos el valor de pararlo todo, dar marcha atrás, sabiendo que este paso en retroceso también lo cambiará todo, quizá a un futuro más oscuro y definitivo? Probablemente no. La incertidumbre es el motor de la naturaleza humana. Desde Adán y Eva decidimos girar el rumbo de nuestro destino, a sabiendas del pecado. En este sentido, somos como gatos.

 Nancy piensa constantemente en el segundo exacto que marcó su vida, en aquella fiesta de graduación. Se pregunta constantemente si tendría el valor de regresar y cambiarlo todo.

2

Aldo, Ron y Henry anuncian que la cerveza ha llegado. Han ordenado doce barriles de cerveza, seis de clara y seis de oscura. Con la noticia, la muchedumbre se acelera. Beberán como demonios, sólo porque pueden hacerlo. Incluso aquellos que no beben, beberán, principalmente, porque es la última farra de sus vidas adolescentes y no quieren ser recordados como los pelmazos que no bebieron ni siquiera en la gran fiesta de gradación. Incluso Nancy, que no ha bebido nunca, lo hará.

 Aldo, Ron y Henry hacen correr el primero de los barriles. Sirven cerveza en vasos y los reparten entre todos los alumnos de la preparatoria Hermanos Flores Magón, técnica número 144. Nancy espera ansiosa su turno, que demora. Los primeros en coger vasos son la pandilla del 902, asiduos bebedores de alcohol. Después de ellos, chicos y chicas a los que Nancy reconoce de vista. Está Charly, un muchacho pelirrojo, Ivette, una chica del 904, famosa por haberse acostado con la mitad de la preparatoria, y Carolina, amiga íntima de Ivette, que escaló los peldaños de la popularidad adolescente gracias a un tatuaje en forma de mariposa que se hizo en el culo. También reconoce a Brian, el muchacho más alocado, capaz de beber dos botellas de whisky sin volver el estómago. Robert, el chico que rayó las puertas de la preparatoria con aerosol. Hizo un graffiti que ponía PREPARATORIA ERMANOS FLORES CAGÓN. La cosa llegó a las autoridades institucionales, pero no pudieron probar la culpabilidad de Robert. Bruno, capitán del equipo de soccer del colegio, y su novia Denisse, famosa por ser la novia del capitán. Ashley, frecuentada y adulada por ser hija del Director y patrocinadora extraoficial de justificantes para faltas. Max, temido por su musculatura y aspecto de jugador de rugby. Erick e Iván, quienes no podían afanarse de otra cosa que ser los lameculos y protegidos de Max. Pablo, un gordo asqueroso que se granjeó un lugar pedorreándose en la ceremonia de inicio de curso, y en todo momento inadecuado para dar rienda suelta a los gases de su intestino grueso.  Brenda, la chica que se negó a salir con Bruno. Marco, Roland y Jhon, integrantes de DEMONIC, una banda de Heavy Metal, y Jazmine, la símbolo sexual, vocalista de DEMONIC. Polo, el único chico de la preparatoria con coche propio. Randy, famoso por reprobar cinco de seis materias cursadas y repetir dos años el octavo curso. Carla, que ganó popularidad al mostrar los senos en una tocada de Café Tacuba, a la que asistió la pandilla del 902, y luego la perdió, cuando fue invitada a una fiesta de dicha pandilla y se negó a sacarse las peras. Joshua, respetado por el simple hecho de vivir en Tepito, y ser, de todos, el más conocedor de los barrios bajos. Todos, cada uno de ellos, una leyenda en su ramo. Y, finalmente, la buena de Nancy, un bicho raro que cumple con los deberes y es cuadro de honor año tras año.

 Henry la mira y duda, pero Nancy esclarece las dudas: sin demasiada espuma, por favor. Henry alza los hombros y sirve un vaso para Nancy.

Momento número uno: Nancy da un trago al vaso de cerveza. El etanol recorre su cuerpo, entrando por la boca, pasando por la garganta, cayendo en el estómago, y subiendo al cerebro, a razón de 7kcal/g ,dañando las membranas celulares a su paso. Hoy es un día nuevo para el hígado de Nancy. Enfrentará por vez primera el proceso de metabolización, la conversión de etanol en acetaldehído, y finalmente, energía. La parte frontal de su cerebro comienza a inhibirse. Dicho de otro modo: la vida de Nancy está a punto de dar un vuelco. Si alguien le advirtiese…

3

El arrepentimiento, es una constante en nuestras vidas, ¿quién no se ha arrepentido de algo que haya hecho? Todo el tiempo se habla de ello. La gente repite, de generación en generación, no te arrepientas de tus actos. Tratan de convencerse a sí mismos que no están arrepentidos, total, además de arrepentirnos, ¿qué más se puede hacer? Arrepentirse no sirve de nada, dicen, lo hecho, hecho está. Sin embargo, todo el tiempo hacemos cosas que no quisimos hacer: beber la quinta copa, hablar mal de alguien, juzgar a los demás, reprochar, herir, acostarse con la persona equivocada, enamorarse, comer el último bocado. Los más inteligentes, dicen: no hagas cosas de las que puedas arrepentirte. Pero, eso es imposible. Es como pedir al lobo, que deje de ser lobo. Si alguien hubiese advertido a Eva… ¡Y se le advirtió!

4

Durante los tres años de preparatoria, Nancy estuvo secretamente enamorada de Henry. Henry no era precisamente el chico más popular del colegio, ni el más ducho en alguno de los artes de la popularidad adolescente. No se emborrachaba (al menos no con tanta frecuencia), y aunque no era un genio, tampoco era un asno inepto de aprobar el grado. Nancy le amaba por eso, por su carácter simpático y su carisma, la carisma natural de los chicos rubios y de dientes derechos.

 Nunca tuvo el valor de sincerarse; sabiéndose poco atractiva, ¿cómo iba a sincerarse? Más de una noche, recostada en cama, Nancy pensó en Henry, en cómo sería salir con él, ennoviarse con él. En cómo se vería desnudo, y en cómo sería hacer eso que la gente llama hacer el amor con Henry. Henry era el único hombre con el que Nancy podía pensar en esas cosas. Se repetía constantemente que si él se lo propusiese… Pero Henry no iba a proponérselo, porque muy probablemente, él no sabía que ella existía, y mucho menos, que estaba dispuesta. Encima, Henry salió, durante aquellos tres años de martirio, con Wendy, Stephanie y Clara. Cada que Henry terminaba con alguna chica, Nancy suspiraba y dormía tranquila sabiendo que su chico estaba libre. Disponible. Disponible, sí, pero para otras que no eran Nancy. Cuando Henry se ennoviaba, Nancy se mordía los labios. Se arrepentía de ser cobarde. Si de algo estaba harta aquella noche de fiesta, era de arrepentirse. Su alma atormentada no podía más con la desdicha de su naturaleza tímida.

5

Nancy se sienta en una silla plástica. No hay nadie sentada a su lado. No hay nadie que desee perder el tiempo charlando con la chica menos interesante del colegio. Nadie le saca a bailar, ni le invitan a brindar. A Nancy no le importa eso. Se limita a beber cerveza y a mirar. Desde pequeña aprendió el goce de estar sentada sin hablar, mirando a la gente divertirse. Era, de algún modo, su manera de tomar parte en las cosas: mirar. No perdía detalle y era capaz de contar, al día siguiente, toda la velada, haciendo creer al escucha que ella, Nancy, había participado de todo. Quizá, esta era la razón por al que sus padres jamás sospecharon de su introversión.

 Aquella noche miraba, sobre todo, a Henry Lars. Era su único propósito. Por la tarde, seleccionó cuidadosamente la ropa que vestiría en la fiesta: blusa escotada, falda corta y medias negras. Cualquiera que hubiese puesto atención sabría dos cosas, a saber, que ese no era el modo usual de vestir de Nancy, y que ese era el modo usual de vestir de las chicas populares. Una pobre imitación de Wendy, Stephanie y Clara.

6

Hay una manera segura de intimidar a un hombre: lanzarse abierta y desmedidamente sobre él. No importa si eres Elsa Pataky y ese hombre es fiel admirador tuyo; incluso peor así. No importa si ese hombre lo espera, lo intuye o lo desea. Ver nuestros sueños realizados es a veces la peor de las pesadillas. En el caso de Henry, no lo esperaba, ni lo deseaba. Una mujer, de la nada, el día de la fiesta de graduación estuvo dispuesta a contenerlo dentro de sí, gratuitamente, sin condicionarle siquiera el uso de un preservativo. Nancy estaba dispuesta, como la flor que se abre para recibir el polen fertilizante, sin oponerse a su naturaleza.

 Nancy bebe el último trago de su séptimo vaso de cerveza y se levanta. Camina directamente a donde Henry y se le planta en frente. Las alarmas cerebrales de Henry se disparan. Hay algo en el ambiente, en la mirada de Nancy, en su respiración alterada, que le hace sudar. Nancy, la chica más sosa del colegio le ha mirado todo el maldito tiempo y ahora está enfrente de él, con una sonrisa boba en la cara, borracha, y no sabe (o sabe, intuye) qué pretende. Los amigos de Henry, Aldo y Ron le dejan solo. Dan un paso atrás y luego se retiran a una esquina lejana desde donde miran y se burlan. Henry se ha metido en un lío: Nancy ha venido a por él. Es una situación embarazosa, principalmente, porque Nancy está borracha. Aldo y Ron llaman a otros para que miren. Todos miran. La música suena a todo volumen. En medio de la sala, están aquellos dos, parados, sin decir palabra, porque no es necesario decir algo. Los ojos de Nancy brillan en la oscuridad. Es una mujer excitada, y todos han olido la excitación.

 Hola, dice Nancy, entre risas de mujer campirana. Hola, responde Henry, atontado. Dos corazones laten a 160 veces por minuto, llenos de miedo e incertidumbre. Nancy coge la mano de Henry. Éste, en un acto reflejo, se suelta, asustado como un gato amenazado. Podría decirse que la cosa no va bien para la pobre Nancy, pero ha esperado tres largos años y no está dispuesta a perder. Quería, titubea Nancy, si no estás ocupado… Henry mira alrededor. Busca a Aldo y a Ron. Busca a alguien. Busca ayuda para zafarse de esta situación. Quizá… bueno, pudiésemos… hablar… no sé… hemos cursado tres años de preparatoria juntos y nunca hemos tenido la oportunidad de… bueno… hablar, y… Henry busca desesperadamente ayuda. No, no quiere hablar con Nancy. Lo único que quiere es que Nancy desaparezca. Henry no responde. Se rasca la nunca. No desea ser rudo con Nancy.

7

La belleza de una mujer es un tesoro que debe ser descubierto. Este tesoro puede esconderse bajo una mala facha. Un buen cazador sabe mirar debajo de las primeras apariencias. ¿Qué hace, exactamente, a una mujer deseable? No basta con ser bonita para ser bella. Hay toda una telaraña alrededor de la belleza. Una mujer llega a posarse en el altar de la belleza gracias a su sensualidad, pero la sensualidad es una actitud, más que una belleza. Una mujer puede granjearse un aura de belleza gracias a trucos tan bajos como el maquillaje, los gestos faciales, la manera de andar, el grupo de chicos con los que se relaciona. Una mujer puede ser la más deseada gracias a una cualidad intelectual, a una voz, a una sonrisa. Una mujer puede poseer las piernas más bellas de este mundo, pero si no sabe sacar provecho de sus piernas, pasará la vida tildada de fea. Vale más un alma desenvuelta que un par de piernas. La mayoría de los hombres se dejan llevar por la primera capa.

 Son pocos los hombre que saben distinguir un par de piernas cuando las miran. No importa si esas piernas han estado sentadas a tu lado durante tres años de tu vida. Es más sencillo desear a la mujer deseada por todos, que prestar a tención a las piernas de la chica tímida.

8

 En todos los colegios hay un chico como Al, un chico feo, pero no por ello con menos libido, capaz de mirar la belleza de las mujeres a las que nadie desea. Incapaz de ligar a las musas, apunta el arco a presas como Nancy. Sueña con ellas, se masturba con ellas, y desprecia el falso glamur de las populares. Su fealdad le dota de mejores aptitudes para observar. Wendy, Stephanie y Clara, no eran realmente atractivas. Sabían vestir, sabían hablar, sabían jugar al juego de los sexos, pero tenían piernas cortas y espaldas anchas. Sus pieles blancas y cabellos rubios atraían como los espejos atrajeron a los indios mexicanos que cedieron su oro a cambio de luces.

 Además de los amigos de Henry y los chicos que se sumaron a ellos, Al observaba la escena. Desintoxicado de la moda juvenil, comprendía el rollo que se traían esos dos, y sobre todo, el golpe mortal que se avecinaba para Nancy. Henry jamás la aceptaría, porque, idiotizado por la moda, no se permitiría salir con la chica menos popular de la preparatoria.

 La boca de Henry se mueve, dice algo, imperceptible para los espectadores, pero evidente para todos. Nancy baja la cabeza. Henry sigue farfullando. Nancy voltea la cara. Es una cara roja, llena de vergüenza. Se muerde los labios. Reanuda la pelea. Son los labios de Nancy, ahora, los que se mueven. Henry no escucha, niega con la cabeza y habla. Es imposible escuchar lo que dice. Henry ríe, orgulloso, harto, desesperado. Nancy es un mosquito que ronda la cabeza de Henry, y Henry aplastará a ese mosquito, porque es el único modo en que sabe tratar a los mosquitos. Su pecho se hincha de orgullo, de virilidad. De un momento a otro irá a con sus amigos y les contará cómo esa loca de Nancy, esa monja, esa bicho le ha pedido hablar a solas y al no ceder, le ha confesado, allí mismo, que le ama. Es una locura, Henry y Nancy son personas de naturalezas distintas. Henry es rubio, atlético, inspirado en alcanzar la fama de este mundo: dinero, mujeres hermosas, noches de farra con Aldo y Ron. Nancy es tan solo un bicho raro, con un hermoso par de piernas.

 Nancy gira sobre sus talones, y echa a correr, destrozada. Llora sin inhibición. Henry lanza la última carcajada. Su ego se hincha esta noche: una mujer se le ha confesado, y eso es más de lo que un chico de preparatoria puede presumir. Una mujer, sin que él moviese un solo dedo, ha ido a plantársele enfrente y decirle que le ama. Henry es adorable. Henry es un chico que no necesita ligar, las mujeres le llueven sin que pueda evitarlo. Es así, ¿qué puede hacer? No puede salir con la primera chica que se lo propone, debe escoger, debe vivir la desgracia de romper corazones, pero, ¿qué se le va a hacer?, es Henry, el adorable. Y Henry, el adorable, no puede ser visto cogido de la mano con alguna como Nancy. No, señor, eso es impensable, imposible. Tiene una reputación que cuidar.

9

Al corre tras Nancy. Es feo, pero no idiota. Esta puede ser la oportunidad de su vida. Se rumora que una mujer herida es una presa fácil, y es verdad.

 Nancy sale del salón, no quiere saber más nada de la fiesta, ni de la graduación, ni del colegio, ni de Henry ni nada. Sólo desea una cosa y es estar muerta. El corazón adolescente es un débil corazón de cristal.

 Al le alcanza antes de cruzar la avenida. Le coge del brazo y le detiene. Nancy grita que le dejen en paz. Al aprieta el brazo y la atrae hacia su pecho. Cuando está entre sus brazos, la abraza. Tranquila, le dice. La abraza con la sinceridad que sólo un hombre feo y desinteresado puede dar. Cuando Nancy se calma, la separa de sí. Seca con los dedos las lágrimas que caen por las mejillas de Nancy. Al piensa en una sola cosa: las piernas de Nancy. Las ha soñado decenas de veces. Las ha observado decenas de veces desde su pupitre en el salón.

 Dos corazones desaceleran el ritmo cardiaco al unísono. Tranquila, bonita, tranquila. Nancy aspira los mocos del llanto. Nadie la ha llamado bonita antes.

 Nancy conoce a este chico. Le ha mirado algunas veces. Es Al. No hay mucha información sobre Al cargada en el cerebro de Nancy. Al es la clase de chico que sabe pasar desapercibido. Lo mismo que Nancy, es un observador. Ha cursado tres años de preparatoria en un colegio de trecientos alumnos y ha conseguido que el ochenta por ciento no sepan su nombre. Durante los tres años jamás se la ha mirado con alguna mujer, ni con amigos, ni en las canchas deportivas. Ha pasado de los tres modos de hacer que la gente te mire en un colegio del Estado.

 Al y Nancy platican. Vistos desde fuera, lucen como un par que se entiende. Al seca las lágrimas de Nancy, Nancy le confiesa su amor por Henry y su hartazgo de vivir anónima. Al escucha. Al comprende. Al lleva sus manos alrededor de la cintura de ella. Nancy ni siquiera lo nota. Está en la fiesta de graduación, bajo la luna llena, con su cuerpo pegado al de un chico que le rodea, le escucha, y le besa el cuello sin que ella lo note siquiera. Cuando lo nota… es demasiado tarde…

10

La madre de Nancy llora en el sofá. El padre grita neurótico en la sala de estar. La desgracia ha caído sobre la Familia Hernández. Nancy era la esperanza de sus padres. Hija tercera y última, única con capacidades intelectuales para cursar una carrera y ganarse la vida con un empleo honesto. Sus dos hermanos, mayores, no pudieron ni siquiera con la preparatoria. Nancy llora, sentada en una silla. No tiene palabras para consolar al matrimonio que le dio la vida.

11

¿Qué pasó exactamente?, se pregunta Nancy cinco años después cuando mira en la cara de su hijo la cara de Al, el desconocido que la preñó hace seis años en la fiesta de graduación. El niño por el que no pudo continuar sus estudios. Se lo pregunta una y otra vez, cada que un cliente nuevo entra a la tienda de conveniencia y le dice, con la mirada, que ella, Nancy, cuadro de honor, es una desdichada empleada a sueldo mínimo con hijo de un padre desaparecido la misma noche de la concepción. 



5 comentarios:

  1. Queridos amigos: agradezco el nacimiento de este texto. Me impresiono la velocidad textual que tiene y la precisión que hay en cada imagen. Hay mucho para hablar de él, desde el sentido hasta la estructura. Magnifico! Este texto seria una buena iniciación para un debate. Es un texto muy Humano. Gracias por compartir.

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  2. Maria Isabel Perez Rivera27 de mayo de 2013, 22:13

    gracias por compartir

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  3. real, me hizo recordar una graduación de 5to,donde los adolescenes creían que eran adultos...con derecho a un whisky o fernet. excelente.

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  4. siempre habrá alguien tan pero tan ingenua en los colegios solo cuida que no seas tu

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