lunes, 1 de abril de 2013

Tese, mi alcoholismo y un caño tapado.



Tese da vueltas por la estancia. Entra a la cocina, sale de la cocina; va a la habitación, sale de la habitación. Siempre pasa por la estancia. A veces se detiene en la estancia, mueve algún objeto y desaparece. Luego aparece con un trapo en las manos, con una escoba, con una cubeta.

 Tese es la mujer con la que vivo desde hace cinco años. No es que la ame, o que no la ame; esas cosas no me interesan: un hombre y una mujer se juntan por muchas razones, pero pocas veces por amor. Incluso cuando lo hacen por amor llega el momento de madurar y darse cuenta: el amor es un castillo cimentado sobre el aire. La existencia del amor depende de un estado mental muy difícil de mantener. Es como querer estar borracho eternamente. Hay que pagar el vicio y llega el momento en que no se puede más. Lo mejor es aceptarlo: el amor se extingue con el tiempo. El amor más grande, en todo caso, es permanecer a lado de una persona incluso sabiendo que el amor es vano. Estar con alguien por amor es fácil; no hay un solo enamorado que no lo logre; es como un borracho extasiado. Permanecer en la sobriedad junto a una persona es la prueba de amor verdadero. Renunciar a la dependencia del amor, es amar verdaderamente. No necesito amarte para entregarte mi vida, me basta estar convencido de ello, que es lo mismo que amarte, pero sin cursilerías.

 Tese y yo hemos pasado cinco años juntos. Cuando lo piensas detenidamente es mucho tiempo, más del que hubieses imaginado. Cinco años de dormir sobre la misma cama. Cinco años de pagar el alquiler. Si hacemos cuentas, Dios, ya seríamos dueños de la casa. Cinco años en los que no hemos logrado algo, excepto sobrevivir. Ahora que lo pienso, no estoy convencido de haber ganado. Sobrevivir, ¿para qué? Los perros se dejan morir cuando saben que las circunstancias no son favorables. Los perros son animales muy sabios. Nuestras circunstancias nunca han sido favorables. El viento siempre sopla contra nuestras caras. Si no es una cosa, es otra. Está el dinero, la mayoría de las veces, y los sentimientos. Tese tiene sentimientos, joder. Cualquier cosa puede romperle el corazón. Es como estar casado con una copa de cristal.

2

Me levanto del sofá, camino hacia la cocina; planeo coger otra cerveza y regresar al sofá, donde he estado toda la mañana. Me intercepta Tese. Sé lo que se avecina. Puedo prever una pelea por el lado de mi alcoholismo. Tese asegura que tengo problemas con el alcohol. Tengo problemas con el alcohol, pero he estado contigo cinco putos años, ¿qué más da si me gusta el trago?, ¡a ti te gusta la música pop y lo he soportado!

 Tese pregunta si no pienso hacer otra cosa además de beber en el sofá. Conoce la respuesta, ¿por qué pregunta? Asiento con la cabeza. Hay una pausa. Luego digo: arreglaré el lavabo. Hace quince días que el lavabo no funciona, se ha tapado o algo. Tese me mira y mueve la cabeza, no le gusta nada mi actitud cuando cojo el trago.

 Saco una lata de la nevera. Tengo prisa por salir de la cocina, pero Tese se ha puesto en la puerta. Lo hace a proposito. Tiene ganas de pararme, pero es una copa de cristal. Esto debe destrozarla. Desearía que pasase tiempo con ella, pero no se puede; siempre sale con el rollo de beber menos. Si no puedes ir a un bar con tu mujer y tener una charla sobre cualquier cosa que no seas tú, o tu manera de beber, o tu desinterés por las cosas, o tu aportación económica a la casa… Tú, tú, tú. Estoy harto de ser el tema de conversación. ¿Por qué no podemos hablar de Denise Richard y su actuación en Juegos salvajes? Tese siempre encuentra el modo de tocarme las pelotas. Yo tampoco soy un dulce, lo sé. No somos lo que se dice, una pareja de ensueño, pero, ¿quién lo es?

 A las dos de la tarde Tese ha terminado. Deja de pasearse por la casa y anuncia que dormirá una hora antes de cocinar. No me interesa, por mí puede dormirse todo el día. Repite que está cansada, es lo que más repite; ha limpiado toda la casa y planea descansar. ¿Por qué anuncia todo lo que hace? Antes de irse al cuarto insiste con el lavabo. Arregla ese maldito lavabo, por Dios, dice.

3

Lo medito antes de empezar. La última vez hizo un ruido, algo gutural al tragarse el agua. Luego de eso ya no tragó más. Hay que abrir el tubo, con la llave perico, sacar lo que sea que esté dentro, cambiar los elásticos. No es una tarea difícil, pero si no tienes ganas, Dios, es como armar un cohete espacial.

 Finalmente me decido. Me levanto del sofá. Antes de ir, cojo una cerveza. No quiero estar allí con la boca seca. Es mejor prevenir.

 La llave perico no está. Debería estar aquí, en la caja de herramientas, pero no está. No tengo idea de dónde pueda estar, no la he cogido nunca y ahora resulta que ha desaparecido. Tese debió cogerla, ella siempre está haciendo cosas, pero ir al cuarto y preguntar sería un caos. Ha dicho que dormirá una hora antes de cocinar. Bueno, pienso, no hay prisa, dejemos descansar a Tese y cuando despierte le preguntaré por la llave perico.

 Regreso al sofá, donde bebo y medito sobre cualquier cosa. No hay nada más placentero, lo juro. Se puede estar aquí a gusto. El cuerpo de adormila y es como estar muerto. Esa es la parte que más me gusta, que no debo preocuparme por nada, puedo dejarme ir a ese ligero sueño. No sigo mucho el hilo de un pensamiento, dejo que las cosas sucedan. Desde fuera debo parecer un retrasado, pero, Dios, es la gloria dejarse ir. Tese debería hacerlo, en vez de limpiar tanto. Si no le gusta limpiar, ¿por qué lo hace? Debería estarse conmigo, beber un par de copas y dejarse ir. Si lo probara una sola vez entendería. No es que no la ame, ya dije, el amor es otra cosa.

4

Tese está de mal humor. Le pido la llave perico y grita que no es posible. Todo tengo que hacerlo yo, grita, como si le hubiese dicho arregla tú el lavabo; tan sólo quiero la llave perico. Tese busca la llave enfurecida, Dios, todo para ella es un terremoto. La dejo hacer, de todos modos está hecha una furia. Luego de quince minutos la encuentra. Estaba debajo del calentador. Cualquiera la hubiese visto, pero, vamos, ¿quién lo sospecharía?, la llave tienen un sitio y no estaba en su sitio. No pueden culparme. Tese me estira la llave. Se encierra en la cocina. Grita que cocinará pechugas de pollo empanizadas.

 Bueno, quisiera entrar a la cocina, por una cerveza más; para no estar en el lavabo con la boca seca. El tigre está dentro. Es mejor no molestar.

 La cosa está dura, maldita sea, la llave no sirve de nada. La tuerca está apretada como el infierno. Me arden las manos de hacer fuerza. Desisto del intento. Abro la llave del agua, no sé por qué, pero espero un milagro. El milagro no ocurre, el agua se estanca. Me siento sobre el excusado, a tomar aliento: esto será una lucha entre ese maldito lavabo y yo. Respiro, y me pongo manos a la obra; Tese cocina y yo arreglo. Esto es amor.

 La tuerca no cede. Tengo las manos rojas y ardientes. Grito a Tese si tiene un maldito trapo, algo para amortizar la fricción, Dios. Tese no contesta. Sé que escucha, es imposible que no escuche, me han escuchado en Estambul. Escucho a Tese mover los trastos, ¿cómo es que ella no escucha mis gritos?

 Abro la puerta de la cocina y me topo con ella, con la mirada de Tese directo a los ojos. No dice nada, pero está caliente. Apuesto que me descojonaría si estuviésemos en la época de las cavernas; si no hubiese ley de por medio. Piensa que vengo por trago, pero la sorprendo: cojo un trapo del fregadero, sin decir nada, y me voy. Tese me echa una mirada antes de irme.

 En la cocina olía a pollo, aquí huele a caño tapado. Con el trapo la tuerca cede, muy despacio. Finalmente tengo el tubo abierto. No da ánimos, ahora hay dos partes de tubo y alguien deberá poner todo eso en su lugar.

 La tubería está tapada por una bola de pelos. ¿Cómo llegaron todos esos pelos al lavabo? Han salido del cepillo de Tese, cosa que jamás aceptará. Decírselo sería en vano, una discusión perdida. También hay otras cosas: un pasador, un chicle, papel higiénico, jabón en pasta. Es increíble. Siempre pensé que estas cosas sólo pasaban en las películas. En mi propia casa, Dios, somos peor que cerdos.

5

La cosa está hecha.  Queda armar, pero antes, merezco una cerveza. Tese no puede enojarse si he limpiado el tubo, al menos he hecho algo.

 Salgo del cuarto de baño y la topo en el pasillo; ella sale de la cocina, va hacia el comedor, con platos servidos en las manos. Me apresuro a coger uno de los platos, ayudarla a poner la mesa, pero me rechaza. No desea mi ayuda. Todo el tiempo dice que no ayudo en nada y cuando intento ayudar, Dios, ¿quién entiende a las mujeres? Quedo parado en la estancia, sintiéndome como un tarado. Ahora me servirá la sopa y hará de mí un payaso. Lo dirá con la mirada: yo limpio la casa, trabajo, pago las cuentas, hago la comida y tú… no eres capaz de mover un dedo. He limpiado el tubo del lavabo, pienso, ella jamás lo hubiese hecho. He sacado la basura por la mañana; todas las mañanas, antes de que ella despegue el ojo siquiera. También bebo, pero eso no significa nada; haría las mismas cosas con bebida o sin ella, eso es un caso aparte. Claro, Tese no entiende.

 Tese ordena que me siente, ordena que coma antes de que se enfríe. No tengo problemas en obedecer. Me siento a la mesa. Ya lo ha hecho antes, esa Tese, me hará comer primero con el pretexo de seguir cocinando para no comer conmigo. No quiere hablar conmigo. No quiere mirarme, no quiere escuchar mi lengua tropezar al hablar. Dice que cuando bebo arrastro la lengua. Lo odia, porque le recuerda al borracho de su padre. Yo no sé.

 He terminado la sopa. No tengo que anunciarlo, Tese llega con una pechuga y me la sirve. Tamién pone sobre la mesa una lata. Sí, de cerveza. Es una trampa, pienso. No debo coger la lata, si lo hago me odiará por el resto de sus días. Podría ser la última lata de mi vida con Tese. En serio. Esta mujer está loca. No hay modo de hacerla entender. Hemos pasado por esto antes, y cada vez es más difícil ganar su perdón. Nunca sabes qué tan amargo puede ser el trago de una pelea con Tese.

 Bueno, destapo la lata, sin dejar de mirar a Tese que me mira desde la ventana de la cocina que da a la estancia. Me observa, lo sé. Estará pensando en lo terrible que es vivir con alguien como yo, en lo desafortunada que es su vida cinco años ha. Me zampo un bocado de pechuga y luego bebo, Dios, no voy a dejar de beber por una mujer que no comprende. He arreglado el lavabo, incluso en contra de mi voluntad; si no es capaz de absolverme…

 Dejo de pensar en Tese. La pechuga está buena, con la salsa que prepara es una delicia. Casi olvido donde estoy: a la mitad del camino de mi vida, en medio de una selva oscura. La cerveza es mi Virgilio, pienso, y Tese, bueno… Tese es como ese diablo de cola de látigo que juzga. No tardará en mandarme al infierno. Maldita Tese, si no la amase tanto…

6

Con la barriga llena y el sopor de la cerveza no se puede trabajar. Debo terminar con el lavabo, pero tengo un sueño de los mil diablos. Me gustaría echarme en cama y dormir. Tese jamás me lo perdonaría. Alguien debe lavar los trastos, y bueno, yo puedo apañarmelas con esto del tubo unas buenas horas. Si salgo con la hora de la siesta me pondrá a lavar los trastos antes que dejarme ir. Es una lata.

 Me arrodillo ante el lavabo. Hay que acabar con esto de una buena vez. Coloco las piezas en su lugar, pero antes de apretar, joder, alguien debería coger el tubo y mantenerlo firme. Si pido ayuda a Tese será el mismo cuento de siempre, el de tengo que hacerlo todo yo. Tiene que hacerlo todo ella porque ama hacer todo, no deja que nadie le ayude y cuando le pides ayuda te reprocha. Peor que una niña, Dios.

 Bueno, esto no se podrá sin ayuda de Tese. Lo intento un par de veces más. Es imposible. Debo llamar a Tese a pesar de todo.

 Salgo del cuarto, a ver dónde se ha metido mi mujer. No está en la estancia. Si está en la habitación, dormida, se desatará el noveno infierno.

 Ha salido, joder. No hay modo, me hace quedar mal a propósito. Debo esperar a que vuelva de donde sea que haya ido, y cuando lo haga y mire que no he podido terminar… y encima le pediré ayuda. Mejor hubiese sido lavar los trastos. Me asomo a la cocina. Los trastos sucios siguen allí, no lo ha hecho ella. Podría lavarlos, ya sabes, un detalle, pero… bueno… se supone que estoy con el lavabo. Tese no sospecha que no puedo seguir. Me imagina luchando contra esa cosa; sabe que no es algo sencillo.

 Regreso al sofá. Antes cojo una cerveza, no se enterará de cuántas he bebido. Además, es lo mismo, ya está enojada y no la voy a contentar. Espero que no se dé prisa. Estar aquí sienta bien. Podría quedarme dormido para siempre. No antes que llegue Tese. Me mataría.



15 comentarios:

  1. está buenisimo...gracias por compartirlo!!!

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  2. Alfredo Pacheco Rodirguez2 de abril de 2013, 17:42

    Interesante perspectiva sobre el amor...

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  3. Es muy bueno.

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  4. Día típico de un matrimonio promedio.

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  5. Quiero preguntar: ¿la mujer vuelve o no a la casa?

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  6. Me parece que Tese, no regresará a su casa.

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  7. Maruja Castro Tilleria3 de abril de 2013, 7:42

    excelente..

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  8. Alejandro Toribio Sanchez3 de abril de 2013, 7:43

    como siempre....Excelente!!!

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  9. Muy bueno. Me gusta el estilo de escritura.

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  10. Bohemia Pelegrina3 de abril de 2013, 19:54

    ASí NO HAY ESPERANZAS LUIS AGUILAR.

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  11. Juan Jose Montiel3 de abril de 2013, 20:04

    Que hermoso texto. El amor es la droga más mortifera.en el universo. Cuando la dosis se acaba ..la realidad golpea cruelmente

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  12. Si el prota es un héroe y un jodido romántico. Lo que pasa es que ama a la cerveza y no a la mujer.

    Me ha gustado mucho la narración, atrapa.


    Si a alguno le gusta los microrrelatos, os invito a echar un ojo a mi blog:
    http://sonysato.com/2013/04/04/el-fin-de-la-evolucion/

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