viernes, 7 de diciembre de 2012

Los ginecólogos.


Texto por: Paula Neruda


Tu ginecólogo parece pediatra: “Todo está bien, mi niña”, y es que no puedes creértelo, pero es su diagnóstico versus esa incredulidad tuya. Desde ese momento supiste que algo andaba mal. Te tocó las bubis buscando nódulos, te vio las partes ocultas, “todo está bien, mi niña”, fue lo que determinó. ¿Cuántas tetas como las tuya habrá tocado ese hombre? Sabes que no muchas; y para qué, para decir que todo está bien.

 Llegas a la cita puntual. Están esas gordas con niñitos en la barriga. Escuchas una voz alta, cierto murmullo en el pasillo, sacas la cara del libro: frente a ti la sonrisa más cálida de América. Él deja de hablar por celular, te dice hola, le dices hola,  también dice hola a las demás pacientes. Ves las pancitas alzadas, como si los bichitos pidieran un autógrafo a la estrella de cine que ha bajado de su Jaguar negro. Un detalle importante: te saludó a ti primero.

 Vas con la secretaria para que autorice el seguro, también está sonriendo. Dice: “Me parece que se le quedó un libro la última vez que vino” ¿Qué libro?, preguntas extrañada.  “Un libro, creo que de poesía”. Se levanta del escritorio, finge buscarlo, vuelve a sentarse, al final promete que lo encontrará. Contestas que no importa, no estás segura si te pertenece, aunque es probable, demasiado probable. Insistes en que trate de recordar el título. Responde que no se acuerda, que tenía versos. Le dices que está bien, y está bien, porque ahora no tiene mucha importancia un libro que es mitad tuyo y mitad de otro, será de esa manera hasta que ella lo encuentre.

 Es el momento en el que agotas el turno, te encuentras frente a frente con el señor optimista. Otra vez habla por teléfono y te dice hola. Ves sobre su escritorio un libro abierto. Discretamente lo miras, reconoces un verso. No sabías que el doctor leía poemas. Termina la llamada. Le haces saber que vienes por las indicaciones. No mencionas tu poemario. Él intenta escribir, tú le recuerdas que debe anotar miprox. Le solicitas poner: uso continúo. No estás dispuesta a ir cada vez que necesites una prescripción. No te gustan las citas, porque no te gusta esperar, pero en realidad no importa que tengas que hacer antesala, lo que te impacienta es su molesta felicidad, esa que también comparte con la esposa, porque claro, tienes que saberlo. Como si no fuera suficiente con saber, o sospechar, que no todo está bien.

 Lo llamaste un día al móvil, él no contestó. La grabación decía que estaba ocupado, que llamaras a otro número. Anotaste el número y llamaste. “Aló”, dijo ella. Buenas tardes, ¿me puede comunicar con el doctor Parson?, dijiste un poco nerviosa, y creíste necesario seguirte justificando: soy una paciente, me pidió que lo llamara, es para programar una intervención. Todavía recuerdas su voz pausada, el rostro tan jovial, porque la imaginaste alegre: “A esta hora debe haber llegando al consultorio, le puede llamar allá”, y le diste las gracias a esa mujer tan simpática. Cuando colgaste te vino a la mente eso del amor, de la confianza, pensaste en tus bubis, en la expresión: “todo está bien, mi niña”, buscaste alguna relación entre la confianza y tus bubis.

Te preguntas de nuevo a cuántas mujeres habrá tocado. Te miras el cuerpo: las tetas inmensas que la naturaleza te proporcionó, el cuerpazo del que Dios te dotó. Sabías lo bien que estabas por dentro. ¿Qué te provocó cuando puso el condón en la sonda y la introdujo dentro de ti? Sabías que él lo había notado, no para nada duró más de ocho años estudiando medicina, sin embargo, se atrevía a llamarte mi niña. Lo que te incomodaba no es que todo estuviera bien en ti, sino que algo en él andaba mal. 



Texto por: Paula Neruda

4 comentarios:

  1. Extraña narración....y la forma de relatar es extraña.

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  2. Algo le falta a este texto. apenas comienza a contextualizar algún tipo de historia. No puedes simplemente dejarlo así.

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  3. Hasta por el título del texto, este escrito queda a deber practicamente todo. Es la primera parte de algo que ha quedado por contar. demasiados elementos que deben ser justificados uno a uno. Le falta. Le falta.

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