viernes, 23 de noviembre de 2012

Mentiroso.


Texto por: Roberto Araque


Todo mentiroso dirá que nunca miente. Esa es la primera de muchas y, como la primera gota de un aluvión, es inofensiva. La honestidad no existe, se puede llegar a un grado más o menos aceptable de deshonestidad o se puede mentir en cuestiones que no atenten contra la integridad de otros, pero llegar a ser una persona honesta es imposible. No pensaba de esta manera, por lo menos hasta ayer. Creí ser honesto o quise serlo, sin embargo, me resultó imposible.

Semanas atrás decidí no mentir como parte de un experimento personal. Resultó fácil en un principio pues hablaba de temas sencillos, con mucha sobriedad y lacónicamente. La cuestión se complicó hace una semana; el viernes por la noche recibí una llamada de José Eduardo. Me pidió que le dijera a su esposa que estaba conmigo. Me negué, le expliqué todo eso de ser honesto y esa paja de la responsabilidad. A fin de cuentas le recomendé que lo mejor sería hablar con su esposa y explicarle qué coño estaba haciendo un viernes por la noche en una discoteca. Expresé que los problemas de su relación debía resolverlos tal cual dicen los terapeutas: mediante algo que denominaban comunicación. Si su mujer quería el divorcio, pues era lo más sano para él y sus hijos. Se rió un rato, luego preguntó si tenía la regla y qué clase de hierba vencida fumaba. Colgué y apagué el teléfono. El lunes me lo encontré en el trabajo. Imaginé que estaría molesto conmigo, sin embargo, lo primero que hizo al verme fue reírse, luego me contó que cuando su esposa lo llamó al celular y preguntó qué hacía, él respondió que estaba en la entrada de un hotel con una de sus estudiantes. María– su esposa-, según él, se puso histérica. Él le dijo más o menos lo siguiente para calmarla:

“-Te seré honesto; si te digo que estoy por el paseo Colón bebiendo con Roberto y otros colegas no me creerás. Mejor te digo que ando con una puta-estudiante que está buenísima y con un par de melones recién hechos. Si te da la perra gana de comprobar si es verdad, llama a Roberto. Él, a según, se propuso no mentir porque anda en sus peos existenciales de escritor resentido. Quiero que entiendas que contigo no puedo divertirme y siempre andas con un dolor de cabeza, el periodo o arrecha. Y si es que te da la puta gana de salir conmigo no quieres bailar, no quieres beber, no le hablas a mis amigos y te pones fastidiosa si miro a un culo mejor que el tuyo. Porque como tú eres una mujer jodía uno debe hacer lo que a ti te dé la gana, eso me arrecha. Me controlé un culito en la universidad, me lo traje al hotel California, es el que queda por el paseo Colón si no sabes. Si quieres te apareces por aquí y compruebas lo que te digo.-“

Me quedé sorprendido, pero a la vez complacido. Decir la verdad, después de todo, es lo mejor que se puede hacer o por lo menos lo imaginé así por un instante. Me preocupé por los hijos que José Eduardo criaba con María y todas esas pajas que pienso por mi complejo de hombre dadivoso y buen amigo. Mínimo se divorciaría, pero cómo suele pasar cuando se trata con mujeres, uno nunca sabe qué pasará. Él parecía estar muy contento, le pregunté qué sucedió después. Me respondió algo así:

- Le dije a la perroncha que manchara la camisa con su lápiz labial, le echara perfume y dejara unos pelitos en el carro. Primero hablé claro con ella, le dije que era casado y si quería podíamos ir a un hotel, pero no llegaríamos a tener una relación estable. Le dije textualmente: “lo nuestro será ir a hoteles y de vez en cuando a beber por allí, más nada…”. Ella aceptó. Es mayorcita y sabe lo que quiere. También le expliqué eso que me dijiste y la muy perra se echó a reír. Dijo que eres un profesor muy gracioso. Tomó todo eso que me dijiste como una broma; hizo todo lo que le pedí, además, dejó su brasier en el asiento de atrás con una nota para mi esposa. Cuando me di cuenta pensé que se extralimitó, pero, con todo y eso, me armé de valor y me preparé para lo peor. Después de una noche como esa merecía un buen castigo, la muy sucia hace de todo. A eso de las 9 am me aparecí por la casa con una botella de ron en la mano. Entré como si nada. María servía el desayuno a los muchachos, me miró desde la cocina. Se acercó, pidió perdón y me abrazó. Luego, cuando me separé de ella, observó la camisa y cuando pensé que preguntaría de qué eran esas manchas, empezó a lloriquear y volvió a pedir perdón, pero, esta vez, a lágrima suelta. Lloró como no tienes idea. Se calmó rápido porque estaban los niños, si no hubiesen estado me arma el berrinche. Después, cuando nos encontramos solos, preguntó si en verdad estaba con otra mujer, si en verdad la engañaba, si en verdad pensaba que ella era una mala mujer, si en verdad no quería nada más con ella, si en verdad la abandonaría con los muchachos... si ella no me llenaba como mujer y otras pajas más. Me dio vaina escucharla. No me aguanté y le dije que fue un invento mío para que dejara de ser tan celosa. También que me la pasé contigo toda la noche hablando de Dostoiesky o cómo se llame. Pero si te preguntaba tú negarías haber estado conmigo porque amenacé con decirle a Jeismar tus antecedentes clínicos.  No sé, pero, con todo lo loco que eres, de vez en cuando tienes buenas ideas…-

Dijo otras cosas más, pero no recuerdo con exactitud. Habló de lo que le dijo a María, también preguntó si ella me llamó. El sábado encontré 68 llamadas perdidas de ella en mi celular, pero no lo mencioné. No quería añadir más leña al fuego. Le pregunté qué decía la nota que dejó la muchacha en el carro. Me respondió que él no se había dado cuenta de eso, se enteró cuando María se la entregó en la recamara la noche del sábado. La nota decía que todo era una broma, que no lo tomara a mal y que fue idea mía todo el asunto de la franela manchada, el brasier y los pelos en el carro. En otras palabras, yo pagaría los platos rotos. No me molestó, pero sentí algo de envidia. Él había pasado una noche que me imagino fue buena por cómo me contó los hechos y no pagaría por ello. La conversación terminó con un mal sabor de boca para mí.  Me despedí de José Eduardo, otra vez se salía con la suya. Me irritó eso de la amenaza. Ya lo de jesimar era algo que tenía que hablar con ella, tenía que contarle acerca de mi historial médico. Pensé en contarle todo ayer, porque habíamos quedado en ir a una obra de teatro.

Realmente lo que me hizo desistir de mi empresa no fue todo el cuento de José Eduardo y María. Nada de eso. La cuestión se definió el día en que fui con Jeismar al teatro. Mi novia no es una chica ni gorda ni fea ni bajita, pero tampoco es una miss y debo reconocerlo. A pesar de que es una muchacha muy linda, simpática, educada y limpia, es un tanto acomplejada. Me encanta su tono de voz y ríe de una manera muy peculiar; como una niñita de preescolar. Además le encanta la literatura y posee un doctorado en petroquímica. El problema está en que, como todas las mujeres, se ve gorda. No le veo nada de malo que tenga uno que otro rollito en el abdomen, pero ella no entiende eso. A diario se mata en un gimnasio y hace cuanta dieta está de moda. No cena y cada vez que vamos a comer pide sólo ensalada. Eso es lo único que me molesta de ella y no es la gran cosa. Llegué a su casa muy tarde, teníamos que estar en el teatro a las 7 pm y pasé por su casa a eso de las 6:30. Entré y desde lejos escuché a jesimar:

-Espera en la sala. Si quieres toma algo de la nevera. Ya salgo.- Me senté sobre uno de los muebles y esperé. Al rato ella salió. La vi de reojo. Ella se acercó, caminó de un lado a otro e hizo unos giros con ademanes de modelo de pasarela. Como ya mencioné, ella no es gorda, pero el vestido que eligió no le quedaba muy bien. Era ceñido a la cintura y el color no ayudaba mucho: blanco con una especie de lazo de color azul marino. En otras palabras, el vestido era muy… muy... Estaba tan ajustado que parecía que se fuese a romper por tanta presión.  No sé cómo se lo puso, pero aún con la faja se veían unos pliegues en la cintura. Al poco tiempo se detuvo, me miró y preguntó:

-¿Y bien…?-
-Te queda perfecto. Vámonos que es tarde. 

Texto por: Roberto Araque


9 comentarios:

  1. Es una forma de vida,mentir no es lo mismo que no decir la verdad,se puede mentir diciendo la verdad y viceverza!

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  2. jaja "¡mentiroso!" buenisimo el texto, me quedo simplemente en q la honestidad no existe

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  3. Relato en una forma desenfadada que se lee muy rápido y es entretenido, gracias por compartir.

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  4. excelente relato, me encanta ese desparpajo al escribir, que no hace otra cosa que prendernos y leerlo de volada.
    saludos
    carlos

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  5. Que agradable forma de sentirlo, que buenas mentiras verdaderas

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  6. buenisimo relato... me gusta mucho, es relajado, divertido e interesante. situaciones similares a esta pasa uno a diario.

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  7. Buen relato justo ahorita araquin escuchaba el tema mentiras sinceras del disco homónimo de Alex ubago habla un poco de la bipolaridad mentira/verdad bien/mal ..

    Esta es propia:
    Para valorar la verdad es necesario vivir conocer y sufrir la mentira....
    Para valorar la mentira nada solo querer ignorar...


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  8. justamente José miguel; en pocas palabras. La verdad no existe. Está ligada, como todas las cosas, a las leyes de la física. Me explico; lo que hoy es verdad, mañana no lo será y lo que es verdad aquí no lo es en China - por citar un ejemplo-. Hasta algo tan subjetivo no escapa al espacio-tiempo. Lo que no es temporal no es verdadero, por lo tanto nada es verdad porque nada es eterno. Y sí, la ignorancia es felicidad. Hay quienes viven una mentira y son felices. Yo, sin embargo, prefiero vivir con rencor con algo de verdad aunque me consuma el alma - frase dramática-. Gracias por tu comentario. A la espera de buenas noticias.

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  9. Es excelente tu relato; y es muy buena la forma en que describes con un ejemplo tan cotidiano, muchos de los 'conflictos internos' que la mayoría en algún momento hemos enfrentado.
    Me gusto muchísimo, seguiré leyéndote!

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