viernes, 8 de junio de 2012

Mujeres.


Escritores invitados.
Texto por: Roberto Araque

No es que sea un borrachón, sólo me gusta tomar un poco. Todo hombre necesita quitarse eso que llaman estrés; si no te relajas te vuelves loco. Yo, como no deseo volverme loco, todos los viernes tomo unas cervecitas con los pendejos que trabajan conmigo, aunque a veces me echo unos palos de ron para variar. Tengo que hacerlo porque trabajo sin descanso toda la semana. No es por presumir, pero soy un buen trabajador; hago de todo un poco, desde quitar la mierda de los baños hasta artesanías con madera, pero se podría decir que soy albañil de profesión. No es un trabajo que paga mucho, pero me permite vivir mejor que un perro. Es una manera dura, mal remunerada y poco apreciada de ganarse la vida. Nadie le da bolas al albañil. Sólo hay que escuchar lo que dicen las personas cuando miran un edificio:

 -¡Qué lindo edificio! ¿Quién lo habrá diseñado?- Preguntan por el arquitecto, otros preguntan por el ingeniero, pero nadie habla de los albañiles; la mano que coloca el ladrillo, las ventanas, puertas, cerraduras, bate el cemento, realiza las fachadas, pinta, limpia, pule… Sería raro que alguien, al ver un gran edificio, dijese:

 -¡Qué lindo edificio! ¡Qué buenos albañiles trabajaron allí! Mira como se ve el acabado de las paredes, la pintura, las puertas, las ventanas…- La mayoría de las personas ignoran al obrero, aunque existe una minoría que los odia, pero, viéndolo de otra manera, es mejor ser odiado que ignorado ¿Y por qué desprecian al obrero? Simplemente porque algunos obreros son  mal hablados, cochinos,  les gusta el vallenato y beben caña. ¿Acaso eso determina si una persona es buena o mala? No. No es así, además, hay obreros que saben bastante. Si una persona se toma unas cervecitas los viernes, no indica que sea un borracho. Mi mujer pensaba diferente, no me comprendía y aún sigue sin hacerlo. Ella decía que si dejara de beber alcanzaría para comprar unas cholas a los guarichos, pero ese no es el punto. Recuerdo que un día leí una calcomanía, decía: Un trabajador feliz es un trabajador eficiente. Estoy de acuerdo. Para ser feliz debo quitarme el estrés del trabajo. Así seré mejor al bañil, por lo tanto no me despedirán cuando en la empresa hagan recorte de personal; si no me despiden siempre habrá dinero en la casa para el mercado y, cuando me jubile, me tocará una pensión que nos ayudará a vivir tranquilitos. No le quito la razón a mi mujer en cuanto a tomar todos los viernes, eso no se debe hacer. Debo alternar la bebida; un día bebo y otro día puedo ir al hipódromo temprano. En cuanto a lo de las cholas para los muchachos, a nadie más que a mí le duele ver a mis dos hijos descalzos en la calle, pero eso no tiene nada de malo. Es más, eso forja el carácter; así aprenden el significado del trabajo duro y, cuando tengan cholas, las cuidaran mejor porque saben lo que significa caminar descalzo sobre asfalto caliente. Cualquiera podría decir que soy mal padre, pero formar un hijo es complicado; en algunos casos debes ser el “malo” de la película. Los muchachos de hoy son rebeldes, para que aprendan hay que darle correazos, sin embargo, de vez en cuando es recomendable dejarlos quietos para que sean ellos los que se den con una piedra en los dientes cuando metan la pata. A eso se le llama forjar el carácter, eso es lo que un padre hace. Además, un tipo dijo: ante la austeridad surge el ingenio. Estoy de acuerdo con él. Quién sabe si los niños inventan unas sandalias hechas con palmeras y las venden por allí, crean una nueva moda. Digo esto porque antielito vi por tv a una modelo de París, desfilaba con unos cocos sobre la cabeza. Unos cocos, ni siquiera unos cocos forrados con diamantes, eran unos cocos igualitos a los que venden en el mercado. Y a eso lo llaman vaina “fashion”. Pero mi mujer no entiende de vainas europeas, o no quiere entender. Cuando le expliqué eso de la modelo con cocos me salió con que les doy mal ejemplo a los niños porque bebo mucho. Yo no bebo mucho, sólo de vez en cuando- como ya he mencionado-. No seré un padre perfecto, pero, siempre que puedo, los instruyo. Recuerdo que al mayorcito la semana pasada lo aconsejé; le dije:

 - Beber es malo. Yo bebo porque no tengo solución y ya estoy viejo. No quiero que cometas mis errores- El niño asintió con la cabeza, pero como que no entendía el mensaje. Eso me preocupó un poco, así que lo miré a los ojos y le dije:

 -Hijo. Tú ves los artistas famosos, los deportistas y los políticos. Esa gente no bebe ron, por eso es que son tan famosos. Es más, tú no ves con las perras que tienen como esposas, unas bellezas ¿verdad? Bueno si te vuelves borracho terminarás como una vieja fea y gorda como tu madre ¿Me entiendes? Igualita a tu madre. Si quieres tener una mujer bonita y rica, tienes que ser rico y para ser rico no debes beber ron ¿Me entiendes?- El guaricho volvió asentir con la cabeza, pero no estaba seguro si entendía. Esa conversación podría ser clave para su futuro. Tenía que estar seguro que, después de hablar conmigo, se le quitaran las ganas de beber. Más tarde determiné que la mejor forma de hacerlo entender era mediante la práctica. Para resumir; lo llevé a donde las putas, allí se hizo hombre y se embriagó como nunca antes en su vida. En la mañana, cuando vomitaba sobre la poceta, le pregunté si quería beber más. El muchacho me miró de reojo, luego balbuceó algo parecido a un no papá. Ya con eso estaba tranquilo, porque el guaricho entendió el mensaje; estoy completamente seguro que de grande no beberá como su padre, aunque no sé si se volverá aficionado a las putas, pero eso no tiene nada de malo. Por otro lado, su madre, la muy puta, seguía sin entender y cuando se enteró que llevé a su hijo a la tasca se puso como una fiera. Resultó mejor que el niño fuese conmigo y no con sus amigos. No sé de qué se quejaba esa mujer; he sido buen padre, buen esposo, trabajador, nunca la golpeé duro y soy el único hombre en este mundo que se atrevería a cogerla una vez al mes. Con lo fea que es no creo que se consiga otro igual, pero, con todo y eso, me botó de la casa, la muy perra. 

 Un sábado llegué a la casa de madrugada. Mi mujer me esperaba con las maletas en la entrada. En un principio no me preocupé, pensé que se iría a casa de su mamá y volvería dentro de unos días asqueada de vivir con la suegra, pero cuando me di cuenta que no eran sus maletas le quise explicar lo que me había sucedido. La muy perra no escuchó. Traté y traté de convencerla, incluso le dije que no bebí, sino que unos tipos me encañonaron al salir del trabajo y, no conforme con robarme la paga, me golpearon hasta dejarme sin sentido. Cuando desperté me encontraba bañado en ron y cerveza, con el cuello todo moreteado y con lápiz labial en la camisa– a lo mejor había una mujer entre los atracadores-. Y, también le dije, que cuando regresaba a casa me encontré con Pedro y Juan, ellos venían de farra. Hablé con ellos y les conté lo que me sucedió, decidieron acompañarme de regreso. Pero eso no bastó, la muy rencorosa tenía meses planificando lo que iba hacer; cambió las cerraduras, compró perros y llamó a la policía. Los patrulleros se aparecieron a los 5 minutos de yo haber llegado a mi casa.

 No vale la pena recordar lo que pasó. Lo cierto del caso es que ahora no puedo acercarme a mi casa porque llega la policía. En fin no quiero seguir,  ya se sabe que así son las mujeres: mal agradecidas y rencorosas, si no la coges bien te botan pa´el coño. 



Escritores invitados.
Texto por: Roberto Araque


6 comentarios:

  1. Reina

    Buen relato me reí mucho pero lo que dice es verdad si un hombre es mala cama lo botamos...XD

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  2. Cibrián Alfredo Jiménez Páez8 de junio de 2012, 21:38

    Muchas gracias por compartirlo.

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  3. Me gustó mucho, te sigo y volveré por aquí!

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  4. Gracias. Estamos en contacto.
    "...La ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores - a muy pocos- la adivinación de una realidad atroz o banal..." Jorge. L. B
    Busco crear personajes que mientan, pero que no lo digan; el lector debe intuir que mienten. Deseo que mis personajes se definan ellos mismos y no yo como autor: Si es un engreido, deseo que se muestre como tal y no tener yo que decir - como autor- él es un engreido...Algo así como un hiper-realismo sucio - así lo llamo-.

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  5. Buen relato, me divertí mientras lo leía. El albañil me engaño. Mi primera impresión de él terminó siendo otra al final del relato. Un abrazo.

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  6. Charro Salmantino Catalan10 de junio de 2012, 23:55

    Tienes razón ,mi amigo,Una copita ,al año ,No hace daño,Aunque es costumbre más,sana.un traguito,cada mañana

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