martes, 1 de mayo de 2012

Lo mejor que puede pasarnos.



Sandra está mi lado, dormida, cuando despierto. Primero no sé dónde estoy; luego recuerdo dónde y me tranquilizo. Me recuesto de nuevo, pero esta vez con los ojos abiertos. Sandra está a mi lado, Dios, y no sé muy bien cómo. Lo ha logrado de nuevo, ella, hacer nacer en mí el sentimiento de la vergüenza. Acabar así, con una mujer, luego de haber estado con un maricón apodado Bubu, en casa de un amigo, sin saber muy bien cómo.  

 Me levanto, quiero ir al sanitario. Estoy vestido, al parecer esta vez no lo hicimos. Dormimos con ropa. Caímos rendidos. Recuerdo haber bebido, en cama. Luego miro los envases. Son dos y están vacios. Alguien los dejó sobre el buró. La cabeza me estalla. Salgo del cuarto y voy al sanitario.

 Cuando regreso lo noto: la habitación huele a rancio. Intento abrir la ventana pero está trabada. Reviso la habitación y lo encuentro: vómito. No estoy seguro de haber sido yo. Hay probabilidades, pero no estoy seguro. Al menos, abro la puerta. Estamos en casa de Garrison pero Garrison no está.

2

Subo al coche y conduzco. Estoy harto. No me ha gustado el amigo de Sandra ni la actitud de Sandra. Se comporta como una niña. Está conmigo pero desea a otro. Hemos cogido el alcohol y eso nos consuela. Tanto a ella como a mí.

 Conduzco un par de calles y aparco. Es bien entrada la noche, así que no dejo de mirar por los espejos. Enciendo un cigarrillo y me lo fumo. Pregunto a Sandra a dónde diablos ir. Deseo complacerla. Que deje de llorar por Bubu. Dice que da igual, con tal que podamos beber. Pienso. No deseo llevarla a mi casa, queda lejos y me disgusta la idea. Sandra no me da confianza. Es como un animal que desconoce. Lo mismo podría robarme o quitarse la vida en mi habitación. Tengo dinero, pero tengo botellas. Las ha pagado Bubu. Sería estúpido ir a un bar.

 Un par de hombres se acercan por detrás. No tienen buena pinta. De noche, en un choche y con una mujer dentro, nada tiene buena pinta. Enciendo el motor y avanzo. Tomo la avenida y aún no sé a dónde vamos.

 Sandra se calma. Coge una de la botella, que ella misma ha aventado atrás, y la destapa. Antes de dar el primer trago la mira. La mira mucho. La miro mirar la botella. Da la impresión que ha encontrado algo; un sueño, una visión. No digo nada; no deseo traerla de vuelta al mundo. Me gustaría parar el tiempo. Que Sandra se quedase allí, en eso que mira. Que no tuviese que volver al trago y a Bubu. A la vida en la Tierra…. Pero lo hace. De pronto deja de mirar. Destapa la botella y se pega un trago. Un largo y despacio trago. Acto seguido, me la da. La cojo. Es whisky. Me pegó un trago al tiempo que conduzco. Casi deseo que nos coja una patrulla. Pero no pasa. Las cosas no pasan cuando las deseas.

 Sandra me arrebata la botella. No desea que nos coja una patrulla. Me deja dar tragos pero de inmediato me quita la botella y la guarda en la guantera. El tiempo que no bebe, mira. Mira por la ventana. De pronto, pregunta: ¿a dónde vamos?

3

Me siento en la cama. Sandra no despierta. No está muerta, lo sé porque respira. Sin embargo, pienso que lo está. Encuentro placer en pensarlo. Que está muerta y que ya no habrá más Sandra. Que ha partido. Que dejará de penar. Que muera me agrada; saberla lejos, lejos, lejos de este lugar.

 La miro. Luce como un bebé. Dormida profundamente. Le toco la cara con el dedo. Lo resbalo por las mejillas, que no son tersas. Dista mucho de ser un bebé.  Abro los párpados de uno de sus ojos. Allí está el ojo, perdido. Toco el ojo. Entonces despierta. Da un salto, y despierta. Dice que dónde estamos. Me alejo de ella y se lo digo. También le digo que el cuarto apesta.

 Sandra pregunta por el sanitario. Le indico y sale. Va descalza y deja huellas. Las inspecciono. Es vómito. Ha sido ella. Debió volver el estómago y mancharse los pies al hacerlo.

 Cuando vuelve se lo digo, lo del vómito. Se mira los pies y asiente. He sido yo, dice, no me di cuenta. Sabe que fue ella pero no sabe cómo pasó. Debió ser una vez dormida, dice. No me dio tiempo de llegar al sanitario. Ya, le digo. Es igual, una vez dentro dejas de oler el olor.

 Recoge sus zapatos. Están junto al buró. Los alza. Los tiene cogidos con la punta de los dedos, como a un par de pescados. Están bañados y apestan. Ha caído más sobre los zapatos que sobre el suelo. Ojalá Sandra hubiese muerto, pienso. Es una pena, le digo. Pero no pasa nada. Los lavaremos. Asiente con la cabeza y luego ríe. Ríe mucho, como si estuviese contenta. Yo río también. De ella, de los zapatos, de mí.

4

Son las tres de la mañana. Hemos llegado. También hemos bebido más de media botella. Aparco en la calle con miedo a dejar el coche en ella. Espero que por la mañana aún esté allí. No se lo digo a Sandra; a ella le miento, le digo que el coche está seguro, que yo mismo he dejado mi coche allí en otras ocasiones. Yo no tengo coche, pero me cree.

 Toco el timbre al tiempo que rezo. Espero que Garrison esté. Toco el timbre pero no contestan. Sandra se impacienta. Me grita que tiene necesidad. Baila como una niña. Pienso que si no abren rápido se va a mear. Es muy capaz, pienso. Toco el timbre otra vez. Sandra grita y empieza a llorar. Dice que es culpa mía. Que ella ya no puede más. Toco una y otra vez. No abren ni contestan. Sandra dice que baje las botellas. No las ha bajado ella. Yo tampoco. Dejo de tocar y voy por las botellas.

 Una está en la guantera, donde yo mismo la he mirado meter y sacar a Sandra. La otra está debajo del asiento. Debió caer allí en alguna vuelta. Tengo las botellas y regreso a tocar. Sandra no está. Miro a todos lados pero no la veo. Estoy allí, parado en medio de la noche, con un par de botellas y un coche. Podrían detenerme por beber y por robar, pienso. El coche no es mío. Además, podrían detenerme porque Sandra no carga los papeles. Incluso podría ser que la detuviesen a ella. Nada demuestra que el coche sea una de sus pertenencias.

5

Sandra dice que tiene hambre. Le digo que yo igual. La invito a salir, a inspeccionar la cocina. Se ve animada. Sale delante de mí, pero una vez en el pasillo para. Pregunta por mi amigo. Ahora lo recuerda, estamos en casa de mi amigo y ella ha manchado el cuarto. Se apena. Es igual, digo, mi amigo no está. No se lo cree y se lo repito. Cuando me cree, grita. Siempre le da por gritar. Está feliz. Yo no sé cómo o de qué, pero lo está. Creo que se siente sola y yo soy su compañía. No hoy, en general.

 La cocina luce bien. La nevera está llena y hay latas de conserva por todos lados. Nos miramos y reímos. Ambos lo sabemos: hoy será un buen día.

 Preparamos emparedados de atún con mayonesa. Abrimos una lata de verduras y lo mezclamos. Luego hacemos los emparedados. Los comemos en la mesa y platicamos. Ella comienza, me dice que está segura que Bubu tiene un amante. Esto harto del tema, la vida de Bubu me importa menos que una mosca. Se lo digo. Ella calla. La escucho masticar y me molesta. Le pido que me cuente otra cosa, lo que sea. Pero ya no está de humor. Yo tampoco estoy de humor si ella no lo está. Es cuestión de orgullo pero lo desconozco. Si supiese menos de la mitad de las cosas que pasan dentro de mí, me evitaría más de la mitad de los problemas en que me meto.

6

 Escucho un ruido y lo adivino. Sin embargo, deseo estar equivocado. Camino al ruido y descubro que no lo estoy. Es Sandra. Está orinando. Se ha bajado los calzones y lo hace en una esquina. Me mira y sonríe. Dice que se siente bien. Pienso que he exagerado, no hay nada malo en orinar. Los hombres lo hacen todo el tiempo. Cuando termina le doy la mano y la levanto. Me abraza y me besa. Hace que la arrincone en la esquina y me empieza a tocar. Le digo que calma, que aquí no es buen lugar. Es difícil hacerla razonar. Coge mis manos y las coloca en las tetas. La toco, pero sin perder el instinto de supervivencia. Agudo el oído y oigo.

 Al fin, Garrison sale. Escucho que gritan quién y le pido a Sandra que pare. Garrison vuelve a gritar y le grito que soy yo, que abra. Me quito a Sandra de encima y voy a mirar. Garrison ha abierto y está afuera, en pans. Lo saludo y no se lo cree. Pero luego dice que no podría ser alguien más. Que solo a mí se me ocurriría llegar. Le aviso que no vengo solo y pregunta con quién. Una mujer, le digo, y en esto también asiente. No podía ser diferente. Además, borracho. Justo como lo hubiese imaginado si me lo hubiesen advertido, exclama.

 Sandra no sale, está apenada. Como una niña de cinco años que se ha meado en los calzones. Le pido que venga. Continúa detrás, en la esquina. Le advierto que si no viene se quedará fuera. Entonces sale y se presenta. Sandra, dice. Garrison la mira y se apena. Este no es el mejor momento de Sandra. Está borracha y desaliñada. Anda, pasa, me dice y pasmos dentro.

 Una vez en la sala el absurdo se apodera de nuestro evento. Estamos allí, parados y mirándonos las caras. Nadie dice nada. Yo no sé qué decir, espero que Garrison hable. La primera en decir algo es Sandra. Tiene las manos ocupadas. Cada una de ellas con una botella, así que las alza y pregunta a Garrison si desea pegarse un trago. Garrison responde que no, es tarde y mañana debe hacer algo.

7

 Terminamos de comer. Sandra recoge los trastos, los lleva al fregadero y los lava. Me sorprende que se tome la molestia de lavar el plato donde ha comido. Sobre todo porque es ella. La misma a la que no importa orinarse en la calle de mi amigo. Sin embargo, la dejo hacer. Lava también el mío.

 Mientras lava la miro. El culo se le marca en el vestido. Enciendo un cigarrillo y no dejo de mirarla. Me parece guapa, y lo sería más si tuviese estilo. Es lástima que se tire tanto al vicio. Que lo haga a la manera de una chupitos. Si se cuidase el estilo llegaría lejos, pienso. Podría ser novia de un señor con dinero, o de un futbolista. Incluso podrían darle trabajo en Televisa. Pienso que podrían darle trabajo en Televisa incluso si no cambiase. Ya se lo han dado antes a teiboleras.

 No he acabado el cigarrillo cuando ella ha terminado con los trastos. Se voltea y me mira. Sabe lo que pienso. Ya hemos dormido y hemos comido. Los alimentos nos han dado vida, y cuando uno está vivo… Se lanza y me abraza, me besa en el cuello y me toca. Trato de no dejar caer el cigarrillo. La beso y fumo al mismo tiempo. Le beso el cuello y las tetas por encima de la ropa. No tengo prisa, sé que lo haremos y antes quiero fumar.

 Me quito a Sandra de encima, le digo que vaya al cuarto y va. Antes le doy una nalgada. Es un culo bien firme. Antes nadaba, me ha contado. Tiene un cuerpo ejercitado a pesar que bebe tanto. La miro ir y fumo. Ya no queda casi nada pero me doy  tiempo. Pienso que quizá no tengo ganas. Tengo una mujer y una cama, es casi una obligación. Odio las obligaciones. Si al menos no estuviese la cama… si se tratase de un lugar adecuado. Ahora entiendo a Sandra, por eso le gusta hacerlo donde no se debe hacer.

8

 Garrison nos guía al cuarto que ocuparemos. La casa tiene dos. Uno es suyo y el otro, bueno, siempre ha estado ahí. Tiene una cama y un buró, que es más de lo que necesitamos. Nos pide que entremos, pero cuando Sandra ha entrado me detiene. Quiere hablarme a solas.

 Vamos al pasillo y me pide que le cuente, ¿de dónde ha salido esa? Ya, le digo, de la pulquería, hace un par de semanas o más. Está muy bien, dice, tiene un trasero bueno. Asiento con la cabeza y sacó un cigarrillo. Le ofrezco uno a él y acepta. Pero me pide que lo encienda fuera, en las escaleras. Salimos y fumamos.

 Le he robado el sueño pero debe dormir. Mañana temprano hará cosas y debe salir. Me lo dice y me ofrece su casa. Puedo quedarme, dormir y salir cuando lo desee. Puedo pegarme una ducha si lo deseo y comer lo que hay en la cocina. Es un buen amigo. Puedo contar con él y se lo agradezco. Terminamos de fumar y vamos dentro. Él a su cuarto y yo al mío.

 En el mío está Sandra. La encuentro sentada en la cama, bebiendo. Le arrebato la botella y bebo. Quiero acabar con el alcohol. Quiero acabar con Sandra y con la noche. Quiero acabar con esto. Es cansado beber y salir y hacer el amor en el suelo. Es cansado dormir al amanecer y conducir ebrio. Es cansado ligar mujeres en bares y tener que seguirles el juego. Solo deseo dormir. Que se acabe esto. Es cansado vivir y jugar este juego.

9

 Dejo la colilla en el fregadero y voy al cuarto. Sandra está en la cama, echada. Me subo a ella y se deja hacer. Comienzo a desnudarla y a sobarla. Le beso el cuello y las peras. Pienso que debo hacerlo, que es el precio de todo esto. De poder decir: conocí una mujer y me la follé.  

 Ella me toca, quiere hacerlo y no puede más. Se quita lo ropa por sí sola, no tiene paciencia para mi sutileza. Me da igual, estoy listo. Podría embestirla justo ahora. Me arranca la camisa y los pantalones. Si un niño nos viera pensaría que estamos peleando, que nos odiamos, que somos enemigos y que luchamos como luchan las bestias. Quizá hay algo de verdad en su percepción de la escena. Quizá nos odiamos. Por eso nos hacemos esto.

 Sandra es una mujer con soltura. Podría decirse que es buena haciendo el amor. Sabe dónde van las cosas y es capaz de anteponerse a tus deseos. Es de las que te lo chupa mientras te soba los huevos. Es de las que lame el ano a los hombres, y de las que se acuesta con mujeres y con familiares. Es de las que no tienen límites, y si le propones algo nuevo ya lo ha hecho. Te sorprende siempre, aunque seas un hombre y tengas cincuenta años.

10

 Y yo estaba con ella, en una cama, haciendo el amor y pensando en todas las cosas que Sandra ha hecho. A veces también pensaba en por qué nos gusta hacerlo. Beber y follar. No es la gran cosa. Incluso con el buen culo de Sandra, uno puede follar y pensar en algo más. En otra mujer, en los amigos. En el alquiler o en un artículo sobre Rimbaud. Nos hemos creído la idea de que follar es lo mejor puede pasarnos. Hay otras cosas que pueden pasarnos. Por ejemplo, leer un poema o soñar. No es tan cansado y vivifica. 



8 comentarios:

  1. Eva Aragon Exposito1 de mayo de 2012, 12:42

    Muy bueno!

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  2. Alejandro Toribio Sánchez1 de mayo de 2012, 15:39

    Excelente!!

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  3. Rincón Literario2 de mayo de 2012, 0:53

    Enhorabuena!!

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  4. A mi me ha gustado el relato. La descripcion de Sandra muy buena. Esa mujer arrasa con todo. Supongo que te habras basado en alguien real para inspirarte. Puedes contarlo?

    Un saludo

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  5. No se puede juzgar un texto por sus comentarios. A mi tambien me ha gustado y para mi es un texto muy bueno que dice mucho mas de lo que esta escrito en general toda la obra de este señor petrozza

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