lunes, 23 de abril de 2012

Martin Petrozza está vivo.


Cuando me enteré que Petrozza intentó suicidarse, yo estaba en Potenza visitando a los familiares de mi reciente esposo Scott F., y  además, de haberlo logrado, me lo hubiese perdido todo. El correo electrónico llegó cuatro días después, cuando de ser efectivo el suicidio, el muerto ya hubiese apestado. Qué digo correo, telegrama. Decía así: Verónica, Martin intentó quitarse la vida, ¡está loco!, debemos ayudarlo. Atte: Guillermo Garrido. Eso fue todo.

 Primero pensé que fue broma, porque yo llevaba mucho tiempo fuera de México y ya me habían amenazado para que volviera. El primero en amenazarme fue Salmoneo, que me escribió lo siguiente: Verónica, si no vuelves pronto moriré de extrañamiento. Sin embargo, el que moría era otro, y por su propia mano.

 A los seis días del evento, recibí otro correo anunciando la desesperanza que reinaba en México en torno al bienestar de nuestro amigo Petrozza. Lo transcribo aquí:

 Verónica, estamos de luto.

 La noche del miércoles 8 de febrero de 2012 (dos días después de haber cumplido años) nuestro querido y fiel amigo Martin Petrozza ingirió una fuerte dosis de medicamentos. Esto con la intención de darse muerte. Fue rescatado y llevado al Hospital Dr. Manuel Gea González por su novia Simona y sus padres y familiares (de Petrozza), que le cuidaron hasta el último instante.

 Una vez en el hospital, cuenta Simona, la madre de Petrozza se encargó de todos los trámites, mientras los médicos practicaban un lavado de estómago a nuestro compañero. Afortunadamente, pudieron salvar su vida. A pesar de que Petrozza interrumpió el lavado. Se quitó las mangueras que le metieron por la nariz con las manos, y salió huyendo de la sala, sangrando. Una vez fuera, encendió un cigarrillo.

 El padre de Petrozza, que estaba fuera, lo miró salir lleno de sangre, con los ojos llorosos, y pensando que en el hospital le habían pegado, reclamó. Los médicos se defendieron dando la siguiente versión:

 El paciente fue encamillado y sujeto a un lavado de estómago. Se le advirtió del proceso y aceptó. Metimos la manguera por la nariz y pasando por el tracto, hasta el estómago. El paciente comenzó a vomitar y se quejó de no poder respirar. No pudiendo más, dijo: es todo, me largo. Acto seguido, se arrancó la manguera con las manos, rasgándose así todo por dentro, y saltó de la camilla. Nosotros no lo detuvimos ni le golpeamos.

 Su padre confirmó que una vez fuera, Petrozza estaba fumando. Entraron a Urgencias y no le quitaron la ropa ni la chaqueta. Dentro de la camilla conservaba su caja de Delicados y su encendedor.

 Uno de los guardas de seguridad se acercó a él y le reprimió fumar dentro. Petrozza no opuso resistencia, cuenta su padre, apagó el cigarrillo aplastándolo contra la suela de su zapato, y guardó la colilla en el bolsillo de su pantalón. Esto, no queriendo echarla al suelo, porque sabemos que odia que se tire basura fuera de los cestos. Así, su padre supo que no estaba loco, o que si lo estaba, era un loco con mucha conciencia.

 Pero con conciencia o sin ella, el médico al mando ordenó que se le detuviera y se le remitiera al psiquiátrico. Dijo que esto era imperdonable, había perturbado el orden del hospital y la paz de los demás pacientes. Hizo llorar a una señora que esperaba turno, al quitarse las mangueras, que debió ser como la escena de una película gore. Sobre todo por los fluidos, que eran muchos: vómito, lágrimas y sangre. Con la cara llena de todo ello, Petrozza salió como el que más, y se puso a fumar un cigarrillo aún dentro de las instalaciones.

 No fue detenido. Petrozza hizo salir a su padre, con prisa, de aquella que bien pudo significar su prisión. Se limpió la cara con la manga de la chaqueta, y salió fuera con la calma del que nada debe y nada teme.

 Estando libres de las garras de la ciencia, el padre de Petrozza llamó por móvil a su esposa y a Simona, que continuaban dentro. Con pocas palabras, les explicó que debían salir cuanto antes. Así lo hicieron y pudieron reunirse a dos o tres cuadras delante con los fugitivos del médico.

 El cuerpo de Petrozza no ha muerto, Verónica, pero estamos de luto porque metafóricamente se ha ido su espíritu. Dos semanas han pasado ya y no lo hemos visto salir de su cama, ni comer ni fumar ni hablar.

 Sin más, esperamos tu pronto regreso.

 Saludos.

 Siempre tuyo: Salmoneo Gutiérrez.

P.D.

 Anoche nos comunicamos con Martin. Ha dicho: parí un niño muerto.

 Esto era algo muy diferente, no podía tratarse de una broma. Salmoneo no mentiría ni jugaría con algo del calibre de dicho evento.

 Se lo conté a Scott. Le dije: Petrozza ha intentado suicidarse. No le interesó demasiado, Scott y Petrozza no lograron llevarse. Se odiaban a muerte porque el uno era la representación de la estupidez del otro, y viceversa.

 Saber que estaba vivo me daba ánimo. Incluso, primero, no sentí el sentimiento de la nostalgia o la tristeza. Quizá no sentí algo extraordinario; llevaba más de tres meses fuera y al menos nueve de estar alejada sentimentalmente de Martin. Cuando Scott alzó los hombros, yo lo hice también. Había intentado matarse, pero estaba vivo.

 Recibí otro correo, decía: Petrozza está mejorando, ha salido de casa y tiene nuevos bríos. Está escribiendo más que nunca y planea lanzar un segundo libro.

 No pude dejar de pensar en él. Después de todo era amigo mío y me había dado la mano. Me había incluido en su círculo de amigos y me había impulsado a escribir. Petrozza siempre impulsaba a todos a escribir, jamás te decía no se puede. Incluso si le proponías algo descabellado, como hacer libros sin editorial de respaldo. Si no tengo editorial, me haré editorial, había dicho y lo había logrado. No conocía el camino pero sabía el modo de llegar. Si no tenía barco, se lo hacía. Lo había dejado todo con tal de escribir, que era su vida. Había dejado mujeres, padres, trabajo. Había dejado a muchos amigos en el camino, pero no dejaba de caminar. Todos sabíamos que iba a ser grande… y saber que todo ese destino forjado, todos los años de trabajo ininterrumpido y de esfuerzos sobrehumanos; las noches sin comer y los zapatos que no había comprado por falta de pago; todo, podía irse a la mierda en una noche de locura. Era algo increíble, pero estaba pasando.

 Lo medité un par de días y me decidí: regresaría a México con o sin marido, y le diría a Martin que contaba conmigo. Que no lo había olvidado y que éramos amigos.

 2

 Cuando lo vi, lloré. Estaba allí, fumando un cigarrillo y sonriendo. Estaba vivo, y eso era toda mi alegría. Le abracé y le dije que era un bobo, que cómo pudo si quiera… Se sorprendió. Me pidió que le explicara. Le explique, le mostré las cartas que había impreso, y dijo: ah, eso. Para él no significaba nada. Riendo, dijo: no es la gran cosa, Pinciotti, todos estamos muertos pero no lo sabemos. Entonces le dije que se dejara de cosas y me contara, ¿cómo pudo pasarle por la cabeza hacer eso?

 No logré sacarle algo concreto. Habló del absurdo y del resquebrajamiento del mundo como representación y voluntad. Habló del suicidio como descubrimiento de la verdad, y como la confesión sincera de que uno lo ha descubierto: la vida no tiene sentido. Incluso si hubiera un sentido, ochenta años no son suficientes para conocerlo todo, y por ende, vivimos en un fantástico cerrado; como ciegos en un paraíso. Sencillamente absurdo. Luego me echó un discurso:

 El único problema filosófico verdaderamente serio, no es como dijo Camus, el suicidio. El suicidio es, en todo caso, el segundo problema filosófico verdaderamente serio. Saber si la vida vale o no la pena de vivirse, viene después de saber de dónde vinimos (y quizá, a dónde vamos). Saber si la vida vale la pena de vivirse es imposible sin saber primero los motivos, designios o principios reales de nuestro existir. Ignorándolos, juzgar la vida, es juzgar a ciegas.

 Si un hombre desconoce el sentido de la vida, y se ve así mismo sumergido en el absurdo, es porque no conoce. El hombre ha sido puesto en la vida sin que se le comunique cómo, porqué o de dónde. Juzgar si continuar viviendo vale o no la pena, en dichas condiciones, es ser injusto con uno mismo. 

 Ahora bien, el problema radica, o radicaría, en que no existiese, que verdaderamente no existiese un origen lógico y razonable que responda al por qué de la vida del hombre. Al sentido de la vida, o al menos, a las preguntas: ¿de dónde vinimos?, ¿quiénes somos realmente? Entonces, la vida carecería de valor y sería tan vana como es para el hombre la existencia de una mosca. Incluso, la existencia de una mosca, alimento de la araña, etc., estaría mejor justificada que la existencia de un ser que destruye pero no da nada, no es el alimento de nada, y no crea nada. 

 ¿Una existencia tan vacía como la del hombre, más vacía que la de una mosca, que al menos cumple una tarea positiva en la naturaleza, debe tener por fuerza un designio? ¿Lo tiene?

 Ese es el único problema filosófico verdaderamente serio. Saber si vale la pena o no la vida, o si la Tierra es redonda y gira en torno al Sol, carece de sentido si no hay un sentido primero. 

Quizá tuviese razón pero no me importó. Le abracé y le dije que estaba loco. También le dije que estaba vivo. Lo repetía constantemente en mi cabeza: está vivo. Petrozza está vivo. Nunca antes había tomado conciencia de su calidad de vivo. Estaba vivo, lo mismo que podía estar muerto. Mañana mismo podría estar muerto. Al anochecer podría estar muerto. Yéndome yo de su casa, podría quitarse la vida. Por primera vez era consciente que había una delgada línea entre la vida y la muerte. 



8 comentarios:

  1. Me encanta Petrozza vivo, pero también muerto en vida. Y cuando escribe y cuando es mi amigo y hermano... :)

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  2. Una noticia impactante!!!!!!!

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  3. Ni pensarlo en la realidad, pero qué buen texto,Vero.

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  4. Verónica Pinciotti23 de abril de 2012, 20:41

    Este hecho fue verídico. No hay una mota de fantasía en él. Atte: Verónica Pinciotti.

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  5. holaa me paso a deciros que os sigo y para comentaros que ya pusé vuestra entrevista en mi blog
    http://dracull-literario.blogspot.com.es/2012/04/carlos-autores.html

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  6. Muy buen nivel...siento literatura y atisbos de poesia suicida.¡. Me agrada eso. En mi opinion objetiva.u ovjetiva¡. Da igual y en fin.me parecen justos vuestros criteriios...saludos dsd chile 3¿.45 d la madrugada. En pocas horas dbo morir y nacer d nuevo...a lo petrozza. O talves como tu! Mujer d armas tomar. Ah mobilsaciones socialen en stg a partir de las 10 d esta mañana..

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  7. Ah en cualquer frontis.... a las diez ara frio.! Y estaran el cemento y los intransigentes d un chile naciente a la por lomenos respetuosa y peliaguda juventud. Futuarama en la moneda de ayer y la d hoy.

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  8. Excelente...

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