domingo, 4 de marzo de 2012

De cómo me enamoré la primera vez.


Escritor invitado.
Texto por: Stephanie Ossa

Empezar a escribir desde el momento en el que me encuentro ahora no es nada fácil, pero necesito un respiro y este parece ser el bosque perfecto para desahogarme. Estaba temblando  y llena de sangre, pero necesitaba escribir. Así que como pude corrí el cadáver de Julián de mis rodillas, me levanté, tomé su cuaderno de notas  y  un bolígrafo y empecé mi historia.

 Yo me considero una mujer bastante escéptica y tal vez por eso aunque no creo en el destino y ese tipo de cosas, me sucedió todo esto. Era la mañana del 25 de Octubre de 2011, eran las 7:00  a.m. y mi cuerpo no respondía a los llamados de mi despertador. Creo que lo que me motivo a levantarme de mi cama fue observar por el rabillo de mi ojo que estaba haciendo una mañana genial, de nubes grises y muy frías, así no saldría mucha gente a la calle y no tendría que encontrarme con toda esa cantidad de estúpidos humanos que pasan frente a mí todos los días.

 Me levanté de la cama y me asomé a la ventana para corroborar mi hipótesis y en efecto la mañana estaba tan helada como sospechaba y no se veía ni una sola alma atravesando el parque que queda frente a mi apartamento. Por lo general a esa hora todas las mañanas de sol, estaban ya en el parque familias, parejas y gente normal, todos aparentando ser felices cuando la realidad era otra muy diferente. Me molestaba tener que toparme con todo ese tipo de personas que se la pasaban falsificando su vida  y sus sentimientos con el contar de los días.

 Me puse una bata y sin prisa caminé hacia la cocina en busca de un café, no me tomó  tiempo prepararlo pues ya prácticamente mi compañera de cuarto lo había dejado listo y aún estaba tibio. Juana era una mujer muy ordenada, siempre tenía que tener todo en su lugar, creo que yo no recordaba un solo día en que se hubiera levantado tarde para ir a trabajar o a hacer cualquier cosa que tuviera que hacer, poco la veía en casa y cuando estaba ahí conmigo no paraba de tratar de manejar mi vida. Creo que con el tiempo se había cansado de darme consejos y había decidido que solo seríamos compañeras de cuarto porque nunca más volvimos a hablar de algo que no fuera banal y yo nunca pregunté que había pasado  entre las dos.

 Tomé mi café y encendí un cigarrillo, me acerqué al cerrojo de la ventana y lo giré, sentí por un momento el aire de la fría mañana en mi cara y me senté en el sillón de mi sala tranquilamente. No me afanaba el hecho de saber que estaba media hora tarde para trabajar, estaba cansada de tener que ir a esa misma  oficina 350 días al año y que solo me dieran 15 días para liberarme de mis compañeras ridículas y de mi jefe que esperaba la llegada de cada nueva recepcionista para invitarla a cenar.

 Me senté y pensé tranquilamente en todas las cosas que había hecho hasta el momento en mi vida, que estupidez, me parecía que cuando un humano se ponía a hacer un balance en su vida, era porque su mente era tan pobre que no tenía nada más en que pensar. La cuestión era que en efecto todo estaba sucediendo así y a mí eso no me preocupaba. Yo estaba satisfecha con mi forma de hacer las cosas, de experimentar y de utilizar mi cerebro.

 Desde muy pequeña había dejado mi ciudad, mi familia y mi “vida” si es que a eso se le podía llamar vida, cuando cumplí mis 18 años mi padre me regalo un viaje para conocer algunas ciudades del mundo y esa fue mi excusa perfecta, apenas atraque en la primera ciudad, conocí un hombre no mucho mayor que yo y me quedé con él. Nunca regresé a casa y mis padres no pudieron hacer mucho por que nos casamos muy pronto y yo ya era mayor de edad. Nunca me sentí mal por eso creo que no tengo conciencia si es así como le llaman al lugar donde se esconde el remordimiento.

El hombre con el que me casé era un banquero con muchos problemas psicológicos, me golpeaba tres veces por semana y los otros días que no me golpeaba quería hacerme el amor de una manera descomunal, pero nunca se me cruzó por la mente devolverme para mi casa. Necesitaba conseguir el dinero suficiente para mantenerme por mí misma después de que lo dejara, mientras conseguía un empleo y  fue así como sucedieron las cosas. Cuando me golpeaba lo hacía sentir tan mal que tenía que pagarme para que yo volviera a ser la misma, también empecé a comportarme como una puta en la cama después le cobraba y llegué a suponer que eso lo excitaba más porque a veces él se sentía como si estuviera salvándome de el infierno, primero haciéndome comportar como una sucia barata  y luego pagándome por mis servicios.

 Nunca preguntó que hacía yo con el dinero por que a diario me veía con algo nuevo, pero yo no compraba esas cosas; esas me las regalaba el vecino que se moría de ganas por comerme, aunque tuviera esposa y cuatro hijos. Yo le seguía el juego pero nunca llegué a hacer nada con él, me interesaba tenerlo ahí en la palma de mi mano. Entonces así fui acumulando mi pequeña fortuna y después de 2 años y medio de aguantarme a ese tipejo, me largué una mañana  luego de ir a contarle a la esposa de mi vecino todas las proposiciones que su marido me hacía, quería que supiera la clase de hombre que tenía por esposo aunque le dije – tranquila señora, no se preocupe que por el simple  hecho de que ese tipo sea un hombre ya es una puta y maldita creación – y así me fui.

 Me cambie de ciudad porque sabía que ese aberrado imbécil de mi ex marido me buscaría durante algunos días y no quería tener que romperle la cara por tanto tiempo de  maltrato. Me prometí que no volvería a estar con un hombre por necesidad igual y  de hecho ansiaba mi soledad como una drogadicta desesperada que necesita heroína. Amaba mi soledad errante, sentirme a mí y ser únicamente yo, no necesitaba a nadie más interrumpiendo en mis pequeñas ausencias. Encontré por medio del diario un anuncio de alquiler de cuarto y llamé. Ese día conocí a Juana, le conté una historia sobre mi vida que no era nada parecida a la realidad y me rentó el cuarto.

 Conseguí trabajo pronto pues mi jefe es un aprovechado y quiere tener sexo con cada mujer que entra a trabajar a su empresa y creo que el 90% de las mujeres que han trabajo ahí se lo han tirado. Conmigo no tuvo suerte pues prometí no volver a estar con nadie por necesidad, aunque le gusto tanto mi trabajo que con el tiempo se adecuo  a que yo fuera una mujer diferente e igual él sabía que mujeres es lo que llegan a diario allá. Yo seguí en lo mío y ya con algo más estable tuve tiempo para volver a ser yo, volví a mi música - mi adorado metal- , a salir a caminar, a leer y  también me hacía mucha falta algo de alcohol, entonces cada sábado conocía un bar nuevo en la ciudad disfrutaba un rato, salía algo ebria y a dormir.

 Mi vida era perfecta, me follaba el que quería, trabaja en un buen lugar y hacia lo que se me daba la gana; obviamente tenía que aguantarme las estúpidas de mi trabajo que solo pensaban en como peinar su cabello y su próxima operación de trasero y tetas y alguna que otra vez mi jefe insistiendo para que saliéramos pero todo eso era manejable. Sin embargo  esa mañana del 25 de octubre en la que todo parecía calma salí de mi apartamento y una moto me atropelló. Solo recordaba la neblina de la mañana y una luz viniendo hacia mí en forma rapidísima, luego me desperté en un hospital cercano a mi barrio – odio los hospitales- queriendo romper una ventana para salir por ahí, cuando de pronto entro un  hombre que irradiaba una energía atractiva.

 Ese fue el día que conocía  Julián y no  quiero borrar ese día de mi mente por nada del mundo, Era alto y tenía una barba que casi me hace orinar en plena cama de hospital - hubieran dicho que sufría de incontinencia o algo así por el  efecto de el accidente- Tenía una voz gruesa y como dije antes era bastante llamativo. Se acercó a mí y con delicadeza me saludo - creo que yo tenía muchas ganas de orinar o la emoción era muchísima- Me tomó con calma la mano y pensé que iba a darme una mala noticia, pero no fue así. Se disculpó por que él había causado el accidente e inmediatamente me explicó que no habría sufrido ningún golpe de gravedad. Solo estaría unos días en cama y con una sonrisa maquiavélica afirmó que yo era una chica con suerte.

 Se ofreció a llevarme a casa después de la revisión general del médico y aunque yo me moría de las ganas, mi cerebro había logrado reaccionar y algo me decía que no debía dejar entrar este hombre en mi vida, intenté llamar a Juana pero no contestó su celular y el médico dijo que no podía regresar sola. Él seguía ahí esperándome, así que en resumen de cuentas estaba yo en la parte trasera de un taxi con Julián, él seguía disculpándose y también estaba preocupado por que le habían quitado su moto. Luego empezamos a hablar de nosotros, yo por mi parte no quería saber cosas de su vida personal; eso haría que estuviera inmiscuida en su vida en menos de nada, pero no niego que el saber que no tenía pareja me dejo más tranquila.

¡Hijo puta vida! ya lo había dejado entrar en mi vida, llegó a mi apartamento me subió en sus brazos y me dejo en la cama sutilmente, creo que por un momento nuestros ojos se cruzaron y casi nos besamos.  A los dos nos dio vergüenza de nuestra condición humana tan frágil y soluble que es capaz de caer a la menor tentación, se retiró de mi cama y se despidió sin decir nada más. Después de eso no sé como tuve fuerzas para levantarme de la cama e ir a mirarme al baño, un error más caía de nuevo en la superficialidad del ser.
Pasaron dos días y yo estaba disfrutando mucho de mi tiempo en casa, tenía 15 días de incapacidad y prácticamente ya me había recuperado; esto quería decir que tenía todo ese tiempo para disfrutarlo sin jefe, sin Juana. Algunos compañeros quisieron ir a verme pero les pedí que no lo hicieran porque prefería mejorarme sola. Que gente tan falsa después de sus llamadas quería escupirles en la cara, algunos de estos personajes hasta decían que yo era una bruja y que le daba juagadura de calzones al jefe.

 Ese día en la tarde cuando estaba jugando XBOX 360 en mi habitación, sonó el timbre. Yo estaba a medio vestir pero pensé que de pronto era Juana llegando de el trabajo así que no me apresuré mucho a arreglarme, cuando abrí la puerta ¡Oh sorpresa! Era Julián con un ramo de rosas parado en la puerta de mi apartamento, ¿Qué era esa mierda? ¿quería hacerme cambiar de opinión con respecto al amor? o en que jodido asunto me había metido?

 Me saludó y pasó lentamente dentro de mi apartamento sin que yo se lo pidiera y de repente estábamos follando como puercos en el sofá de mi sala, a plena luz de la tarde y con las ventanas abiertas, creo que era lo que los dos queríamos hacer desde que lo había visto entrar por la puerta de la habitación en el hospital y ahora era la mejor sensación que había experimentado en mucho tiempo.

 Casi que cogimos toda la tarde en todas las partes de la casa sin decir una sola palabra, a mí no me importaba y a él tampoco ya tendríamos tiempo para hablar de nosotros. volví a la realidad cuando escuché el cerrojo moverse, era Juana y yo no quería que ella fuera parte de el espectáculo. Le pedí a Julián que entráramos en mi habitación y nos quedáramos allí  - claro esta que yo sabía que Juana iba a enterarse de todo por el olor que despedía el apartamento, el aroma del sexo explícito- él se acostó en mi cama sin decir nada y yo hice lo mismo, lo abracé y no se en que momento nos quedamos dormidos, por que cuando sonó mi despertador ya eran  las 7:30 y los rayos de sol se filtraban  por los espacios entre las cortinas.

 Escuché que alguien hablaba afuera y pude distinguir las voces de Juana y Julián, pero no podía distinguir que era lo que decían. ¿Juana a esta hora en casa? Eso era rarísimo por que ella siempre era puntual, debía ser que algo había sucedido en el trabajo. Me levanté de la cama, me puse algo encima y salí a ver que era de lo que tanto hablaban, ellos estaban sentados en la sala tomando café como si se conocieran de hace mucho tiempo. Lo peor es que yo no estaba tan quivocada, Julián me miró con cara de indecisión y Juana también, pero yo no podía descifrar que tramaban entonces no recuerdo quien decidió tomar la palabra y contarme que habían tenido una relación hacia mucho tiempo y cuando se encontraron esa mañana se dieron cuenta que aún se querían.

 Que estupidez, yo no podía creerlo, él acababa de follar conmigo y ahora se levantaba a decirle a Juana que aún la amaba. Eso solo podía producirme risa pero por lo que paso a continuación a ellos no. Julián me dijo que todo esto era un error y que el en el fondo sabia que estaba todavía enamorado de Juana, que no tenía la mejor idea de que ella viviera en mi apartamento pero que siendo las cosas así los dos preferían que yo me fuera cuanto antes, por que querían establecer su relación juntos.

 Yo solo me reí, no quería que vieran mi indignación y me fui para mi cuarto. De inmediato me dispuse a arreglar todo, llamé un servicio de mudanza y tomé el primer aviso que decía: Alquiler de habitación y lo renté. Tenía dinero eso no me preocupaba, la realidad era que me había enamorado de ese hijo puta y sentía un malestar tremendo. Para la noche ninguna de mis cosas estaban en el apartamento de Juana, ellos habían decidido salir mientras yo me largaba, tal vez por evitar la incomodidad; pero eso me hacia sentirme histérica ahora si que  menos sabría que hacia esa puta con el amor de mi vida.

 Lo único que tengo por contarles ahora es que esa puta esta en sus tres infiernos, antes de irme de su apartamento metí toda la droga que pude debajo de su colchón, en la cocina , en la sala, dentro de los televisores y hasta en su vaso favorito de café. Luego llamé a la policía y la denuncie por vendedora de droga y a la muy perra le han dado 25 años de cárcel. Julián esta aquí conmigo en mi bosque favorito, tiene el cuello desagarrado y los ojos totalmente abiertos, no les conté Julián era pintor y por casualidad le llegó por correo el mejor paisaje de la ciudad, mi hermoso bosque. Solo tengo que limpiar el reguero, comprar una nueva navaja de campamento e ir a tomarme un café.



Escritor invitado.
Texto por: Stephanie Ossa

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