martes, 7 de febrero de 2012

¿Por qué pasan cosas así?



Se mira salir a Morgan Nox del subterráneo. Sube las escaleras aprisa. De dos en dos escalones, y jadea.

 Una vez fuera mira a su alrededor y no encuentra lo que busca. Busca a Katy, su novia. Se ha citado con ella a las ocho en punto. A su vez, ambos se han citado con Fausto y con Alana, pero a las ocho con treinta dentro de la central.

 Morgan no sabe qué hacer, piensa que probablemente ha llegado tarde. No sabe qué hora es. Pocas veces sabe qué día y qué hora es. Piensa que posiblemente le han dejado. Nervioso, busca con la mirada. ¡Un reloj! Lo mira atado a la muñeca de… una muñeca; una mujer que pasa. Son las siete con cincuenta. Morgan lo mira y luego resbala la mirada hasta el culo de la mujer. Es un culo promedio, nada espectacular. La mujer siente sobre su trasero aquella mirada que le examina hasta el recto, y voltea. ¡Qué ves!, le grita a Morgan al tiempo que apresura el paso.  Éste le sonríe y le despide con un ademán de mano.

 Cuando la mujer ha pasado Morgan se recarga en la pared y bufa. No sabe exactamente qué hacer. Saca una licorera del bolsillo interior de la chaqueta y se pega un trago. Bufa de nuevo. Acto seguido, saca un cigarrillo de la chaqueta, lo enciende, y fuma. A través de la humareda se dedica a mirar el trasero de las mujeres. Su pasatiempo favorito. Las mira e imagina cómo serían esos culos si las mujeres no llevasen ropa. Le parece que algunos culos, incluso lo más bonitos, podrían ser un desastre sin pantalones.

2

Morgan Nox escucha el claxon de un coche. Tiene que sonar  muchas veces, con desesperación, para que a Morgan le pase por la cabeza que le llaman a él. Es katy.

 Katy baja la ventanilla. Con una seña le sugiere que suba. ¡Date prisa, por Dios!, le grita Katy. Tiene detrás un enjambre de coches furiosos. Una ráfaga de cláxones y de luces se le viene encima.

 Morgan cae en la cuenta de la situación luego de un anonadamiento, y cuando lo hace, corre torpemente a la puerta copiloto. Los conductores enloquecen. Katy, al mirar que se acerca, hace alzar los seguros de la puerta. Antes de entrar, Morgan deja caer al suelo medio cigarrillo. Lo mira caer. Le duele perder medio cigarrillo pero sabe que Katy jamás lo dejará fumar dentro del Peugeot 207 cc. Se lo ha comprado recién y es muy estricta con eso de mantenerlo como nuevo el mayor tiempo posible.

 Apestas a cigarrillo, exclama Katy llevándose la mano a la nariz. Es lo primero que dice. Así es como me recibe, piensa Morgan. Ni si quiera hola, cómo estás.

 Katy no fuma, es algo que dejó claro desde el día en que la conoció. Odia el olor a cigarrillo y piensa que todos los fumadores son unos subnormales. Subnormal es su palabra favorita.

 Morgan hace bajar la ventanilla de la puerta de su lado, incómodo. Teme lo inevitable: Katy percibirá el aliento que se le escapa de la boca, etílico… y lo reprenderá. Katy odia la manera de beber de Morgan. Ya han tenido cientos de discusiones al respecto. Baja la ventanilla y saca la cabeza. Eructa. El viento se lleva el tufillo a whisky, y regresa el cogote dentro del auto.

 Katy toca el claxon con mucha fuerza. El coche que lleva delante se ha parado de pronto, al parecer, sin motivo. Katy escupe un par de maldiciones. A Morgan le sorprende que esa mujer, que se cuida tanto de guardar las apariencias, apenas coge un volante se convierte en un… marinero malhablado, piensa Morgan.

 Morgan rompe el hielo: ¿Sabes?, lo acabo de leer, Dios, no me cabe en la cabeza…, exclama Morgan.
  
 Katy no responde, está muy ocupada conduciendo en medio del caos. Y, además, piensa Katy, Morgan siempre sale con sus comentarios sobre literatura… ¿a quién importa quien haya escrito El corazón delator?

 Lo leí en un artículo, esta mañana, continúa Morgan, Vladimir Nabokov, decía el artículo, alguna vez dijo de Hemingway: “Es un escritor de campanas, toros y cojones”. ¡Diablos, lo puedes creer! ¡Nabokov insultando a Hemingway de ese modo!

 Katy no responde. Katy jamás responde. Le importa un cuerno…

3

En la estación, Morgan Nox y Katy se encuentran con Fausto y con Alana. Se saludan y se dan abrazos.

 La situación es la siguiente:

 Alana es la novia de Fausto. Fausto es amigo de Morgan, y en la próxima hora emprenderá un viaje a la ciudad vecina. Un asunto de trabajo. La empresa para la que Fausto trabaja (y para la que también trabaja Katy) le ha encomendado la misión de una auditoría interna. Se trata de una sucursal de la misma empresa. Y katy también ha sido enviada, así que ella partirá con Fausto en la próxima hora. Abordarán el mismo autobús y pasaran dos semanas en la misma habitación, del mismo hotel.

 Morgan y Alana no trabajan allí. Ni en ningún otro lado. Morgan y Alana no trabajan. Han ido hasta allí para despedir a su respectiva pareja. En el caso de Morgan también ha ido para hacer un favor a Katy: regresar el coche al garaje.

Fausto le sugiere a Katy que compren los boletos para el viaje. Katy responde: querido, recuerda que trabajas en Nollan INC, el viaje ha sido reservado. Katy pronuncia INC como si se tratara de una empresa transnacional, aunque a decir verdad, Nollan INC apenas tiene un año en el mercado. Katy es así, siempre dándose aires.

 A Alana la respuesta de Katy le parece presuntuosa, deja entrever un aire chocante y sin embargo no dice nada al respecto. Fausto, que ya conoce cómo es Katy, sonríe. Morgan, que también conoce a Katy, exclama: ¡gran cosa! Ni siquiera son capaces de dejarte llevar un invitado.

 Toda la semana Morgan estuvo con lo de acompañar a Katy al viaje. Sugería que Katy exigiese a la famosa empresa que le pagase los gastos de un secretario. Pero eso era imposible, descabellado, y Katy le callaba la boca diciendo que él ni siquiera podría pasar por secretario. Básicamente porque no sabes hacer nada, decía. Y Morgan se defendía diciendo que sí, que algo sabía hacer: escribir. Lo decía porque él mismo había revisado las cartas que redactaba Katy o su jefe en el trabajo, y no saben conjugar el verbo haber. Pero eso a Katy no le interesaba, el verbo haber y sus conjugaciones le tenían sin cuidado.

 Alana abraza a Fausto y dice: es verdad, yo debería ir contigo. Le pega un beso en la mejilla a Fausto y sugiere que vayan por algo de cenar mientras esperan. Son las 8:30 p.m. y el camión parte a las 9:30 p.m.

 A Morgan la idea le parece estupenda, sobre todo si la cena incluye algunas cervezas. Si algo se le da bien, es beber.

 Fausto recomienda un sitio que conoce. ¡Venden Pastes!, exclama. Alana hace una mueca. Morgan, por su parte, también. Katy mira el reloj de su muñeca, hace algunos cálculos mentales (probablemente el dinero que lleva encima) y al final asiente con la cabeza. Acto seguido da el primer paso y se encamina hacia el restaurante.

4

El grupo entra al local. Está lleno. Katy se encamina con mucha seguridad a la única mesa vacía, que está a un lado del sanitario. Los demás la siguen. Una vez instalados en una pequeña mesa donde apenas si caben todos Katy exclama: es la peor idea que se te pudo ocurrir, Fausto. Fausto se defiende: estamos en una central camionera, no en aeropuerto en Primera clase. Es lo mejor que pudo pagar tu querida Nollan INC.

 A mí no me parece tan mal, responden Morgan y Alana al mismo tiempo. Morgan agrega: no me parece tan mal, con excepción que no veo una sola cerveza en las demás mesas. Alana rié, le parece graciosos que ambos hayan pensado lo mismo, al mismo tiempo. Alana no lo expresó pero tampoco le caería mal un trago. Y además, no soporta estar con Fausto que es un aburrido y sólo bebe cocacolas.

 Fausto señala el letrero donde dice PASTES y menciona: qué querías, es un restaurante. Alana ríe. La cara de decepción de Morgan le parece muy graciosa. Fue algo así como la cara de un niño cuando le anuncian que no recibirá lo que se le prometió.

 La plática entre los cuatro ocurre sobre una línea banal. Cuestiones del trabajo, los detalles del viaje, etc. Se acerca un camarero y ordenan pastes y bebidas. Cocacolas, que es lo único que Morgan bebe además de alcohol.

 ¿Te dijeron en qué hotel nos vamos a quedar?, pregunta Fausto con aire preocupado. En realidad, está preocupado. No le agrada pasar dos semanas fuera de casa, lejos de su novia Alana. La conoce y la sabe ligera de cascos. Y a él le ha costado mucho estar con ella. Katy contesta: tranquilo, me pasé toda la noche investigando por Internet. Es un hotel en el centro de la ciudad, a quince minutos de la sucursal. Puedes tomar un camión en la avenida 8 que te deja justo en la puerta. Si quieres caminar, no pasarán de veinte minutos, pero conociéndote, querido, te vas a distraer con todos los locales de chácharas que hay en el camino. Fausto sonríe y dice: es un placer trabajar contigo, Katy, siempre lo tienes todo bajo control. Katy asiente con la cabeza y responde: por qué crees que te han enviado conmigo y no con Roberto. Porque para Roberto es la última semana en el corporativo, ¿no lo habían encontrado desviando fondos a su cuenta personal?, dice Fausto como si fuese obvio. Para Fausto un rumor basta. Si se le dijeran que se rumora que se avecina una tormenta solar, sería el primero en cavar un refugio. Se dicen muchas cosas, le dice Katy, pero por mi parte, creo que sencillamente es un inepto. No supo trabajar. Y en todo caso, tampoco supo robar. Merece que lo que sea que le pase. Acto seguido, Katy se lleva un paste a la boca.

 Mientras tanto Morgan y Alana miran para otro lado. Morgan buscando una cerveza y Alana intenta distraerse con cualquier cosa.

 Morgan, harto de la conversación, comenta: Hemingway… Escritor de campanas, toros y cojones, ¡no te jode!­­ Otra vez con lo mismo, piensa Katy, ¿quién es Hemingway, maldita sea? Hemingway, el escritor que vivió en Cuba y cazó leones, dice Fausto como si adivinase los pensamientos de Katy. ¿Leones?, ¿en Cuba?, pregunta Alana incrédula y divertida. Cualquier conversación que no aluda al trabajo le parece más divertida. Incluso si fuese una conversación científica sobres los usos y costumbres de los gasterópodos. No estoy muy seguro, parece que en África, responde Fausto al tiempo que se embucha un paste y mira a Alana con mucha ternura. Siempre la ha considerado una criatura perdida, ignorante y un poco tonta. Algo así como una gatita. Leones mis cojones, esas fotos son falsas, ¿quién no lo saben?, exclama Morgan. Pega con el puño sobre la mesa para acentuar su descontento y luego se pega un trago de refresco. ¿En serio?, pregunta Alana con cierto interés. Aunque la verdad tampoco sabe quién es Hemingway ni ha ido a Cuba ni al África, y ni siquiera ha visto un león en vivo.

 Katy alza la voz y dice: Fausto, ¿trajiste los reportes? Fausto pestañea y dice que sí. La verdad es que no está muy seguro de haberlos echado en su maleta. El día anterior había pensado en echar los reportes, pero suele pensar cosas y luego no hacerlas. ¿Son los papeles que dejaste sobre el buró de la recámara?, dice Alana. Alana suele ser muy descarada cuando se trata de Fausto. Experimenta siempre un fuerte placer al dejarlo en ridículo. Es su venganza secreta por ser considera un gato cuando Fausto es un perro. No, no, los que eché en la maleta son otros,  contesta Fausto, que evidentemente ha perdido el control de la situación. Todos en esa mesa saben que Fausto no tiene idea de dónde dejó los malditos papeles. ¡Ah!, exclama Alana, porque sí son los que estaban en el buró, yo misma los eché en la maleta. Fausto no lo dice pero por dentro respira aliviado. La verdad es que él jamás echó ningún reporte en la maleta. Sí, sí, dice Fausto, deben estar por ahí, no hay problema.

5

Morgan, hastiado, se levanta. Se excusa para ir al sanitario. Lleva consigo la soda que le llevó el camarero segundos antes. Katy le pregunta que a dónde va con ese vaso. Le echa una mirada de asombro (piensa que Morgan es una especie de cavernícola o de hombre subnormal). Tiraré esta mierda por el retrete­, responde Morgan. Sínico, piensa Alana, como yo. Katy mueve la cabeza negativamente, no lo puede creer. Alana se ríe y lo sigue con la mirada. Acto seguido, Morgan se encamina.

 Antes del sanitario está el lavabo. Se tiene que pasar el lavabo para entrar por un par de puertas que dan a los sanitarios de hombres y mujeres respectivamente. Morgan se queda en el lavabo. Ya no lo soporta más. Necesita echar un trago. Saca del bolsillo interior de la chaqueta su licorera y verte un chorro de whisky al vaso. No concibe cómo un hombre puede estar sin beber más de dos horas, al menos de pegarse un trago. Uno sólo basta para calmar las ansias.

 Justo en ese momento una mano toca el hombro de Morgan. Él pega un brinquito. Piensa que es Katy y se espanta. Sin embargo, quien llega es Alana, y le dice sonriendo: ¿es que no has dejado nada para mí? Morgan la mira atónito. No es una chica fea, piensa. Alana lleva una falda que le llega un poco arriba de las rodillas y un top cuadrado. Lleva el cabello muy largo y suelto. Morgan piensa que no le vendría nada mal acostarse con ella. Sin embargo se reprime. Si Katy se enterase… Katy, la bella Katy… que le ha dado todo. Morgan ríe y contesta: claro, claro. Morgan hace además de servir whisky pero se da cuenta que Alana no lleva vaso. Alana le arrebata la licorera y se pega un trago directo y profundo. Morgan piensa: definitivamente no me caería mal acostarme con esta mujer. Alana guarda la licorera en su bolso y sale corriendo. Mientras llega a la mesa, piensa: Morgan es uno de esos tipos con los que se puede hacer lo que una quiera.

 Para cuando es hora de partir Morgan y Alana han ido al sanitario al menos cuatro veces. Han bebido suficiente whisky para sentir que ya no les importa ir una vez más. Se han pegado tantos tragos de whisky como han podido. Morgan piensa que entre él y ella, hay algo. Como un lazo. Es como si nos conociéramos de toda la vida, piensa. Es como si fuésemos un par de mejor amigos. Además le gusta cómo lo mira.

 Katy alza la mano y ordena la cuenta. Faltan quince minutos para partir y no quiere llegar corriendo a la puerta del camión. Fausto está de acuerdo.

 La cuenta llega y Katy hace ademán de sacar dinero de su bolso, pero Fausto la detiene y dice que está bien, que él invita. Katy no lo piensa dos veces, regresa el bolso a su sitio y dice que ya se las pagará. Lo dice como si pagar la cuenta fuese una ofensa. Fausto piensa que Katy es un mujer estupenda, se deja pagar la cuenta como una dama, pero no descarta la posibilidad de hacerlo ella. No depende de nadie, piensa, y eso le agrada. No es como Alana, que depende de Fausto en todos los sentidos, o de alguno que quiera ser su padre.

 A la salida del camión Alana abraza a Fausto. Le dice que le desea un viaje estupendo, y le da decenas de besos en la mejilla, en los labios, en el cuello. Fausto se sorprende. Hay un olor… es como si Alana hubiese… bebido, piensa pero no se lo cree. Alana ha estado con él todo el tiempo y eso es imposible. Sabe que es traviesa pero está seguro, lo firmaría, que no es capaz de…

 Morgan y Katy se despiden también. Se abrazan. Es un abrazo seco. Morgan evita besarla. Si Katy llega a oler el vicio, ella sí que se lo creerá.

6

Fausto y Katy se han ido. Ahora están solos Morgan y Alana en mitad de la sala de espera. De pie. Sin saber exactamente qué decir o qué hacer. Sobre todo Morgan.

 Bueno, dice Alana, gracias por el whisky. No hay de qué, contesta Morgan un tanto apenado. No sabe cómo pedir a Alana que le regrese su licorera.

 Caminan juntos hacia la salida. Alana le mira de reojo. ¿Tienes un cigarrillo?, pregunta de pronto. Morgan se toca la chaqueta, y al sentir la caja dentro de la misma, dice que sí al tiempo que la saca y se la estira a ella. En el instante siguiente se percata de su error: ahora Alana tiene su alcohol y su tabaco. Y no le mira intensiones de regresárselo.

 Fuera encienden un cigarrillo. Están uno frente al otro, fumando. Expulsan el aire de las bocanadas al mismo tiempo. Morgan no sabe exactamente por qué pero está nervioso. Le gustaría llevarse a Alana a casa. ¿Y?, pregunta Morgan. Hasta ese instante Alana no ha dicho una sola palabra. Pues nada, dice Alana, creo que el tiempo que Fausto esté fuera me sentiré muy… sola. Ya, dice Morgan, si quieres… algún día yo… ¡Hace un frío de los mil demonios!, interrumpe Alana. Morgan asiente con la cabeza al tiempo que se soba los hombros. ¿Sabes?, le dice, conozco un sitio estupendo, es un bar… Alana mira hacia todos lados, como si buscara… si un día te sientes sola o simplemente por salir… Saca el móvil de su bolso y lo mira. Ha vibrado. Tiene un mensaje desde hace quince minutos… yo puedo acompañarte, mostrarte donde es el lugar... Alana teclea algo en el teclado del aparato… o si prefieres podemos ir a otro lado, a uno que te guste mucho a ti, ¿qué tipo de lugares te gustan a ti? Morgan da una calada más al cigarrillo. Es la última. Deja caer la colilla al suelo. Alana hace lo mismo y dice: pues bueno, suerte… Morgan, dice Morgan, me llamo Morgan. Alana le estira la mano y Morgan se la estrecha. Ella se acerca y le pega un beso en la mejilla.

 Alana da unos pasos, y voltea. Se despide otra vez de Morgan pero ahora con la mano. Morgan la mira allí parado, como hipnotizado. La mira caminar hacia delante con la cabeza gacha, siempre mirando la pantalla del teléfono móvil. Luego sencillamente desaparece entre la gente, los coches y la oscuridad.

 Morgan regresa a su estado normal. Es como si regresara de un sueño. Se percata de tres cosas: Alana se ha ido con la licorera y los tabacos. Tiene que sacar el auto de Katy, llevarlo al garaje. No tiene un quinto, ni un centavo para pagar el aparcamiento.

 Bueno, se dice, así es la vida. Ya veremos

7

 Se mira a Morgan pelear con la máquina de cobro del estacionamiento.

8

 Se mira a Alana subirse al coche de un fulano.



5 comentarios:

  1. Icreible narracion me sumerge y me ahce meterme enlahistoria. pobre morgan que se quedo sin cigarros sin whisky y sin mujer jajajajaja =) gebial!

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  2. Me agradan tus relatos, gracias

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  3. Una bella mezcla me hace intuir Trapote y Laforet

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  4. Lo único que no te perdonaré jamás! es que cierres el wsky y eches todo por la borda! eso me gritaría lo absurdo que eres y acabaría por rebentar lo poco que queda de mi persona!
    De verdad creí que era posible, que podía ser, que tal vez esta vez.. sí; pero una vez más me golpeo con la realidad, y es que no me gusta aceptar que cuando bajas siempre es muy abajo y cuando subes vuelves a bajar. Debo entender que las noches no dejarán de ser oscuras y que los días siempre me cegarán. Debo decirle adios a ti y a las estrellas que anoche conte.

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