jueves, 12 de enero de 2012

Elucubraciones: ¿Dónde está tu lugar?



Paco le preguntó a Petrozza porqué no le gustaba ir de antor. Paco era un chico amante de los antros. Conocía (o decía conocer) casi todos los antros de la ciudad. Sabía sus precios y el ambiente de cada uno de ellos. Era un guía turístico nocturno de bares y de antros de moda. Y Petrozza sólo conocía La Puerta Negra, alguno que otro barecillo de mala muerte en el centro de la ciudad, y eso era todo. Pero además, Petrozza odiaba ir de antro. Así que cuando Paco le preguntó aquello, asombrado de que alguien odiase los antros, Petrozza respondió: no me gustan los antros porque no hay en ellos nada para mí. Nada que atraiga mi atención, ni nada que me interese. Quizá haya en ellos todo lo que no me interesa: falso glamur, gente vacía, precios altos, música para idiotas… no, definitivamente no hay nada para mí. Mi lugar no está en los antros. Mi lugar está en los libros. Eso fue lo que respondió Petrozza a Paco. 

 Paco era amigo mío, de la preparatoria, y con él había crecido los últimos años. Paco y yo fuimos amigos, quizá aún lo somos, pero hay algo entre nosotros que ya no encaja. Paco es, y siempre fue, un chico en busca de la popularidad. Un chico de ropas y de antros, de peinados modernos y de fiestas de tres días: raves, o esas cosas. Y yo siempre fui, y soy, el chico raro. El chico que prefiere leer a ver una película de moda. Por qué somos amigos no es un misterio; es una relación circunstancial. Fuimos al mismo colegio, y vivimos en la misma calle. Eso es todo. 

 Hasta aquella tarde, Paco siempre había sido el que se lleva la noche, el alma de la fiesta, el farol de la oscuridad. Hasta esa tarde yo jamás los había presentado, a Petrozza y a Paco, pero aquella tarde Paco insistió en acompañarme. El sabía que yo me iba al Sur de la ciudad a ver a un amigo, y aquella tarde Paco no tenía nada qué hacer, así que sugirió acompañarme. Le dije que no sería buena idea, que mi amigo Petrozza no era la clase de persona que él frecuenta, y que además no sabe ni le interesa nada de antros, ni de música de moda. Paco preguntó si ese amigo mío, el tal Petrocomosellame bebía. Dije que sí y eso le bastó a Paco para insistir en ir conmigo. Paco era un borracho. Pero no un era un borracho como Petrozza, era, más bien, simple y sencillamente, un vil borracho. 

 Cuando llegué a casa de Petrozza yo estaba apenado. De venir con Paco. Paco no paraba de hablar. Era una máquina de escupir palabras, pero todas de poco interés. Platicaba de la nueva escena musical, de los dj´s, y de los riquísimos ritmos de música electrónica. Incluso hacía algunos pases de baile, y era como si todo el tiempo estuviese drogado. También hablaba de drogas, de ácidos y de LSD, que era lo que más le interesaba. Y yo sentía pena por él, y por su vida tan vacía. Y también sentía pena porque una vez dentro de la casa de Petrozza, estaba seguro, Petrozza lo acabaría con alguna verborrea en contra de las drogas, de la música de moda y de los antros. 

 Y la verdad es que así fue. Petrozza dejó callado más de una vez al pobre de Paco, que no tenía ni la mínima idea de cómo entablar una discusión, o de cómo debatir, alegar, o construir razonamientos lógicos. Era sencillo dar la vuelta, retóricamente, a Paco. No importa si tenías razón o no, Paco se tropezaba hasta con sus propias ideas. Daba la impresión de que tanta droga y tanta fiesta lo habían dejado imbécil. Ni siquiera podía pronunciar el nombre de Martin Petrozza. Pronunciaba Martín Perrozza, o Martín Pedrozza, o Martín Petozza, pero creo que en toda la tarde y toda la noche que estuvimos allí, ni una sola vez pudo decir Martin Petrozza. 
  
 Antes de llegar a casa de Petrozza Paco sugirió comprar algo de tomar, y eso hicimos. Llegamos con mi amigo llenos de cerveza, que yo compré para él, y llenos de Skyblue, que Paco compró para sí. Cuando Petrozza miró los Skyblue hizo una mueca de asco, pero sobre todo de extrañamiento, y Paco le preguntó si no le gustaban o qué. Petrozza dijo que no, que aquello es bebida para mujeres, que él sólo toma cerveza o whisky en las rocas. Entonces Paco preguntó porqué el skyblue es bebida para mujeres, y agregó que lo que es él, los encuentra muy buenos. Petrozza dijo que en general el vodka suavizado con algo es para mujeres, que simplemente es así, que él no sabe por qué. Y añadió que el vodka solo, eso sí es para hombres, para rusos. 

 Petrozza nos hizo sentar en sillas que sacó de la cocina, y él tomó asiento en el sofá. Puso una tabla como mesa de centro, sobre la verdadera mesa de centro (para agrandar el área de la mesa), y sobre eso pusimos todas las cervezas y todos los skyblue. Paco dijo que sería mejor meter las cosas al refrigerador, pero yo le dije que con Petrozza no era necesario, que ninguna cerveza cambiaría de temperatura, aunque eran doce cervezas, antes de que las bebiera todas. Paco alzó los hombros y dejó las cervezas donde estaban, y también los skyblue, y luego sacó un par de cajetillas de cigarrillos que compramos junto con el alcohol, y abriendo una, sacó un tabaco. Preguntó a Petrozza si podía… y Petrozza le contestó que claro, que si no olía el olor a tabaco. Paco rió y dijo que sí, pero que siempre le gustaba preguntar antes de hacerlo, por educación. Petrozza me miró. Creo que lo que su mirada quiso decir, fue: ¿por qué trajiste a este gilipollas de mierda a mi casa?

 Una vez dados los primeros tragos Paco le preguntó a Petrozza si era cierto lo que yo le había dicho, de que a él no le gustaba ir de antros, ni ir a fiestas, ni nada de eso. Para Paco el hecho de que a una persona no le gustase ir de antro, o las fiestas, era inconcebible, y se pensaba que yo era el único (pues siendo amigo mío lo sabía), y no podía creer que aparte de mí otras personas tampoco lo disfrutaran. De verdad, para Paco, una noche de antro era lo máximo. Eso era toda su vida, e idealizaba al paraíso como una fiesta eterna en el Palladium de Acapulco. Drogarse, bailar. Todo lo que Paco necesitaba para ser feliz. Y sobre todo, es todo lo que Paco necesitaba para salirse de sí mismo, para no ser él mismo, y ser feliz… porque lo que más odiaba Paco en el mundo, era a sí mismo. Tanto que tenía la necesidad de olvidarse de sí, de su persona, de sí como individuo, de todo lo que representara a su ser, etc. Lo único que deseaba era ser nada, ser la nada, morir, no recordar y estar eternamente drogado (que es lo mismo que no ser nada) y bailando en el Palladium junto a ese apache (homosexual, dijo Petrozza) plateado, y junto a toda esa gente que tampoco son nadie, que no quieren ser nada, y que también están drogados. Pero todo esto yo no lo sabía, o al menos, no había pensado en ello. Fue así cómo pensé en ello, recordando lo que pasó a continuación: 

 Paco le pregunta a Petrozza porqué no le gusta ir de antor, y Petrozza contesta: …Mi lugar no está en los antros. Mi lugar está en los libros. Hay un silencio y luego de dar una chupada al cigarrillo, Petrozza pregunta a Paco sin quitar la mirada de la suya: ¿Dónde está tu lugar?
 Supuse que Paco respondería que en los antros, o que en la fiesta, pero no fue así. Hubo otro silencio, aún más largo y expectante. Petrozza dio otra calada al cigarrillo, esperando paciente. Yo miraba a Paco. Le miré estremecerse, en el fondo, sin expresarlo, o sin querer expresarlo desmedidamente, pero expresándolo delatoramente con un apretón de mandíbulas. Paco apretó las mandíbulas, tragó saliva y luego dio un trago de skyblue.

 Eso fue todo. Inmediatamente después de aquello Petrozza cambió el tema de conversación. Sin embargo estoy seguro que Petrozza también lo miró. Aquella angustia en el rostro de Paco, en el alma de Paco. La angustia de encontrarse a sí mismo, en la nada, sin ser nada, y en todo caso, siendo un payaso. Con eso de irse de antro y de bailar. Debió sentirse estúpido. No hay nada para mí en los antros, había dicho Petrozza… Mi lugar está en los libros. 

2

Regreso a casa, a la maña siguiente, durante el trayecto, Paco no mencionó absolutamente nada sobre antros ni bailes, sobre música de moda, ni sobre ningún tipo de droga. Lo que equivale a decir que no abrió la boca para nada, pues todo lo anterior es lo único de lo que Paco sabe hablar. Pero ya había tenido suficiente con aquello. Ahora yo sabía, gracias a su propia estupidez, que él no era nadie, y no iba a impresionarme. Quiero decir, que ambos sabíamos que Paco no sabía dónde está su lugar

 Todo esto de saber dónde está tu lugar es importante. Saber dónde está tu lugar es conocerte a ti mismo, saber quién eres, y por qué haces lo que haces. No puedes encaminar tu vida a algún sitio sin saber a dónde perteneces. De lo contrario serás como un barco sin timonel. Petrozza sabía dónde estaba su lugar, en los libros. Y todos sabemos, hasta Paco lo sabe, que un hombre cuyo lugar está en los libros, no tiene nada que hablar con uno cuyo lugar está en los antros. Pero Paco no aceptó que su lugar estuviese en los antros. Quizá lo sabía: que tu lugar esté en los antros… es humillante. Refleja lo vacío de tu alma, lo ignorante que debes ser, y jodido que debes estar. Un hombre de libros pude, si lo desea, ir a un antro y pasarlo bien sabiendo exactamente lo que hace. Un hombre de libros puede entrar al mundo de un hombre de antros. Pero un hombre de antros no puede entrar a ningún otro mundo. La mente de Paco puede caber en la mente de Petrozza, puede Paco ser comprendido en su totalidad por Petrozza; Petrozza puede manipularlo a su antojo, hacerlo rabiar o contentarlo a capricho, pero jamás viceversa. Es muy probable que ni siquiera Paco se comprenda a sí mismo; que no sepa lo que hace o el porqué de sus acciones. Que sienta tristeza sin saber de dónde le viene, o felicidad superflua. Es probable que no piense nunca en cosas profundas; debe tener la cabeza llena de LSD y de música de moda. 

 El caso de Paco estaba claro, como lo dijo Petrozza: un gilipollas. Lo que no estaba claro, y lo que comenzó a angustiarme, era saber dónde está mi lugar. 

3

Si me hubiesen preguntado antes de aquella tarde, hubiese contestado que en la poesía. Pero mi lugar también está en la Literatura, y en los libros. Sin embargo mi poesía es una poesía de paisajes, así que mi lugar también está en la naturaleza. Esto es importante porque yo no me considero un escritor. En todo caso un poeta, pero un poeta no es un escritor. Un poeta es un poeta, y escribir es el medio que tiene de estampar su personalidad poética, pero también un pintor es un poeta, y un músico también puede ser un poeta. Incluso alguien alejado de toda manifestación artística puede ser un poeta. Una vendedora de chicles en la calle puede ser una poetiza. El presidente de un país puede ser un poeta. Un soldado puede ser un poeta. Nuestra abuela puede ser una poetiza. Tú puedes ser un poeta.

 Ahora bien, yo pertenezco a la clase de poetas que escriben, a los poetas que suelen llamarse poetas, y dentro de éstos, soy de los poetas que escriben paisajes; de los poetas de la naturaleza. Soy un artífice de la naturaleza, y por ello, de algún modo, le pertenezco. Así que mi lugar debe estar en la naturaleza. Sin embargo, yo mismo soy naturaleza. Soy un hombre, que pertenece a los animales, y los animales son hijos de la naturaleza. Igual que las plantas y que los minerales, y los hongos.

 El problema con lo anterior es que todos somos hijos de la naturaleza, y por tanto, todos, tenemos nuestro lugar en ella. Menos Petrozza, que pertenece  a los libros, y los libros son un artificio humano, la imitación de una idea; la imitación de la naturaleza. En ese sentido Petrozza no es puro. Quizá por ello tenga tantos vicios. Pero de todos los artificios, el libro es el más elevado. Porque se ocupa del lenguaje, que es la característica más elevada del hombre, y la que mejor nos diferencia de los demás animales. Un mono bien amaestrado puede tocar algún instrumento, bailar, pintar un cuadro, construir una casa. Pero ninguno, jamás, podría escribir un solo enunciado y comprenderlo. Todos las bellas artes están cerca del mono, excepto la literatura. Por tanto los libros son el objeto más preciado y el de mayor valor.
       
 Lo que más me gustaría sería tener una respuesta clara, segura y certera sobre cuál es mi lugar. Porque como ya dije, mi lugar es la poesía y la naturaleza, pero sólo en cierto grado. Eso es algo demasiado general. Uno puede encaminar su vida a los libros: leer libros, escribir libros. Pero uno no puede encaminar su vida a la poesía o la naturaleza; uno puede llevar una vida poética haciendo casi cualquier cosa, verbigracia, un taxista puede llevar una vida poética al tiempo que encamina su vida al negocio de los taxis. Mi vida no va encaminada a la Literatura, a medida que Literatura es únicamente el medio por el cual expreso a lo que deseo llegar.

 Eso es. Me parece que mi lugar está en la contemplación. Encamino mi vida a observar y preguntar. Examino y aprendo. En todo caso mi lugar está en la contemplación, y en la especulación. Soy un filósofo. Desde la filosofía llevo una vida poética (o eso intento). 

 Sí, me dije, cuando Petrozza me pregunté cuál es mi lugar, contestaré que mi lugar está en la filosofía. 

4

 Sin embargo, hasta la fecha, Petrozza jamás me ha preguntado cuál es mi lugar. No importa. La paciencia es una virtud que debemos cosechar. 




4 comentarios:

  1. Diego Serrano Cubillos14 de enero de 2012, 12:00

    o en el antro de una mujer jjajajajaj!!

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  2. Gracias por hacerme leer tanto. jaja

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