martes, 4 de octubre de 2011

El pendejo de Boby.



Yo no solía ir a bares de categoría, pero aquella vez fuimos. Era un mundo diferente al mundo de los bares que yo estaba acostumbrado. A nadie parecía importarle realmente la bebida. Lo importante era la música, que era una música de moda, y una mierda. Y lo importante era bailar esa cosa, y lucir estupendamente. La música estaba tan alta que era imposible entablar una conversación inteligente, o cualquier cosa. Lo que sí, es que estaba lleno de tías buenas. Aunque eran tías buenas sin una mierda de cerebro. 

 Esto está bueno, gritó Deby. Deby era una amiga mía que había salido de una recién depresión, y necesitaba divertirse. Deby realmente era una tía guapa, y yo hubiese estado dispuesto a entregar el alma por ella. De hecho, lo estuve. Alguna vez le dije que la amaba, pero, Dios, en ese entonces ya éramos amigos y  Deby era de la clase de tías que no se acuesta con sus amigos. Además insistía en que yo era demasiado vulgar a la hora de expresar mi amor. Se pensaba que únicamente quería acostarme con ella. Eso también era cierto, me hubiese conformado con follarla. 

 El caso es que estábamos Deby y yo en ese antro del infierno, y yo lo estaba pasando muy mal. No podíamos sentarnos a una mesa a menos que pagásemos el costo de una botella, y la botella no costaba lo que realmente vale una botella. Costaba cinco o siete veces más. Tres copas valían lo de una botella de verdad, y una cerveza, lo que tres o cuatro cervezas en la tienda. Era un asco. Yo ni quisiera quería estar allí. Sin embargo, Deby no paraba de gritar que esto estaba muy bueno. 

 Gritando, Deby me contó de su problema. Hace tiempo conoció a un tío, que era un tío apuesto y adinerado, y se lió con él. Se fueron a vivir juntos pero a los siete meses, el tío descubrió que no sentía nada por Deby. Deby por su parte se había hecho muchas ilusiones. Deby era una tía noble y un ángel. Si no hubiese sido tan guapa ya hubiese encontrado al amor de su vida, pero, vamos, cuando uno mira el culo de Deby no piensa en bodas ni en chorradas. Hay una sola cosa que piensas cuando lo miras. Deby pasó por un periodo de duelo, de cuatro meses, en los que no se interesó por la vida más que un drogata de hierba. Aunque Deby no se drogaba, la situación fue grave. Pero ahora estaba de vuelta, tenía mucho ánimo, mucho deseo de recomenzar la vida y de enamorarse. 

 Allí fue dónde me llamó. Dijo que deseaba verme (hace un año o más que yo no la veía) y dijo que no había dejado de pensar en mí un segundo, que yo tenía toda la razón y era un alma noble. Y es que yo le advertí que la cosa no iría bien con el tío aquel. 

 Ordenamos un par de cervezas y nos instalamos en algún sitio, de pie. Le dije a Deby que lucía encantadora y me dio las gracias. Le dije que yo no había olvidado nada al respecto de ella, quería decir, que aún continuaba interesado en su persona, y en liarme con ella, y en follarla. Deby asintió con la cabeza, nerviosa. Apuesto que se pensó: Dios, no, este tío comenzará con el rollo del amor. Estaba claro que Deby no deseaba nada conmigo que no fuese la amistad. Deby y yo éramos amigos, y estábamos condenados a continuar siendo amigos. Lo que me parecía bastante injusto. Yo no tenía por qué ser amigo de Deby, sin embargo estaba allí, en medio de todo ese ruido, por ella. No era la primera vez que yo cedía a sus deseos con tal de hacerla sentir bien, y con la esperanza de que se fijara en mí como algo más que un puñetero amigo. 

2

No sé de dónde salieron, pero de pronto nos encontramos rodeados de personas. Creo que el culo de Deby los atrajo, eran tres tíos. Los tíos se acercaron a Deby, la rodearon, le invitaron algunos tragos y la invitaron a bailar. Eran tíos altos, con cuerpos ejercitados y camisas que dejaban ver esos cuerpos. La arrastraron hasta una mesa y la sentaron, y luego la sacaron a bailar. Deby trató de explicarles que ella venía conmigo, o que yo venía con ella pero no la escucharon. Así que me quedé allí, parado, viendo cómo la llevaban. Yo conocía a Deby y sabía que no era para darle mucha importancia. Deby poco a poco dejó de preocuparse por mí y se integró perfecto al nuevo grupo. Después de todo Deby era un poco como ellos, iba con un vestido negro ajustado y deseaba llamar la atención con base en su cuerpo, más que con base en sus ideas o en su cerebro. 

 Al poco rato Deby se acercó a mí. Me preguntó si lo estaba pasando bien, aunque era evidente que no. Venía de bailar con uno de esos tíos. Y tenía una cerveza en la mano, que le había invitado otro de ellos. No tuve tiempo de contestarle cuando ya la estaban llamando para bailar de nuevo. Ya dije, al menos déjame esa cerveza, a ti te ha salido gratis. Deby miró la cerveza, y me la estiró. Acto seguido corrió a los brazos de Boby. Supe que se llama Boby cuando Deby me lo dijo…

 Cerveza en mano me fui a dar la vuelta. Había mucha gente. Apenas podías moverte con libertad. Pero no era gente interesante, gente que pueda contarte la historia de su vida, era gente enajenada. Como gente sin alma. Bailaban, caminaban, bebían, pero es como si no fuesen ellos. Incluso fumaban cigarrillos en el sanitario y todas las conversaciones que escuché, todas, pueden resumirse en cuatro palabras: soy mejor que tú. Aquel era el discurso. Al ir al sanitario, al bailar, al ordenar una botella. Son de la clase de tíos que al orinar te miran la pinga discretamente para asegurarse que ellos la tienen más grande. Su vida y su autoestima dependen de ello. Sus pingas y sus ropas son todo lo que tienen. Su talento depende de sus zapatos. Su atractivo está en una camisa o en la billetera. Pobres, Dios, deben estar realmente jodidos. 

 Cuando regresé, Deby me lo dijo. Se acercó a mí, me ofreció otra cerveza que le regalaron sus amigos, y con cierta tristeza, aunque con más felicidad, dijo: me voy con Boby, lo siento, te llamo luego, ¿okey? Cogí la cerveza y me pegué un trago. Vale dije, sólo… antes de que me dejes, dime dónde está la salida de esta puta cosa. Deby sonrió y me llevó fuera. Era un lugar oscuro y yo de verdad no encontraba la salida. 

 Me llevó a la tienda de la esquina y me compró cigarrillos y cerveza. Creo que la pobre lo estaba pasando mal por dejarme allí, pero a decir verdad, no importaba demasiado. Dijo que me llamaría después y me lo contaría todo. Yo encendí un cigarrillo y asentí con la cabeza. Dijo que no se acostaría con Boby, que sólo irían a cenar y la llevaría a su casa. No tenía que decirlo, a mi me importaba un huevo. Dijo que era simpático y que le había dedicado una canción. Yo te he compuesto una canción, pensé. Cuando me enamoré de Deby le compuse una canción y ahora estaba loca porque Boby le había dedicado una canción de moda. 

 En algún momento sonó el móvil de Deby. Era Boby que ya estaba a la salida, buscándola. Deby le dijo dónde estaba y en dos minutos llegó Boby, con su sonrisa de cretino, y le dijo que se diera prisa, que ya le habían entregado el auto en el valet. Deby se despidió de mí con un beso en la mejilla y se largó con Boby. La miré meter su tremendo culo al auto de aquel cabrón. 

 Deby volvió a llamar la semana siguiente, me citó en un café, y me contó que estaba pensando seriamente en comenzar una relación con Boby. Ya le dije, mucho gusto. Se pensó que yo estaría celoso pero aún así me lo dijo, queriendo lucir como una buena chica, de las que no esconden nada. 

 Tuve lástima por ella. Era evidente. Se lo dije pero se cabreó. Le dije que ese Boby no era una buena opción. No sé cómo no puedes verlo dije, es un tío que se cree un gigoló y que no es hombre de ninguna mujer. Es hombre de sí mismo, está embelesado consigo mismo, no es capaz de ver más allá de sus narices, y él no es un príncipe azul, ni te ama ni lo hará porque no sabe amar. La gente que depende de una camisa de marca para sentirse seguro, no sabe amar. 

 Deby se cabreó. Dijo que yo pensaba eso porque no podía comprar una camisa de marca, y que Boby era un buen chico, y un encanto, y le compraba flores todos los días. Te compra flores todos los días porque es todo lo que te puede ofrecer, contesté. Sin embargo Deby era un caso perdido. Por mí, podían darle por culo. Me levanté del café y la dejé con la palabra en la boca, y la cuenta. No iba a desgastarme por una jeba que no es capaz de reconocer el oro o la mierda. 

 Me metí a la Puerta Negra y me olvidé de Deby por mes y medio. 

3

Entonces pasó un mes y medio, y Deby llamó. Al parecer le importaba mucho ponerme al tanto de sus cosas. No le importaba si yo la amaba o si me parecía la mujer más bella del mundo, ni le importaba si yo estaba solo o al borde del suicidio (cosa que no era improbable), lo único importante era ponerme al tanto de ella, y de Boby. Dijo que iban muy bien. Dijo que Boby resultó ser hijo de un empresario muy importante o algo así, y que no usaba camisas de moda para impresionar. A Deby le quedó marcado mi comentario de las camisas, y llamó para decirme aquello, Dios. También dijo que si yo quería podía verla en un Café o algo. Lo siento dije, tengo un compromiso. Deby insistió. Deseaba verme y platicar. Yo sabía lo que eso significaba. Significaba que deseaba restregarme en la cara que estaba equivocado, y que Boby, Dios, cómo odiaba su nombre, no fue una mala elección. Al final acepté ir. 

Cuando la miré llegar con el idiota de Boby, sentí nauseas. Primero porque yo no quería hacerlo. Hablo de fingir. Tendría que fingir para no hacer quedar mal a Deby. Así era todo el maldito tiempo, yo siempre debía fingir para no hacer quedar mal a todo el mundo. Tenía que callar mis comentarios sobre casi cualquier cosa. Tenía que ocultar mis hábitos de comer con las manos, y de hacer uso de medio kilo de servilletas, y de hacer con las servilletas, bolas de papel. 

 Me lo presentó y por supuesto, Boby no me recordaba. Le estiré la mano y me la apretó con tanta fuerza que pensé que quería arrancármela. Odio a la gente que da la mano con demasiada fuerza. Aquí comenzaba mi gran acto, desde el saludo yo ya tenía que fingir, y sonreír. 

 Era un tío de un metro con ochenta, bien parecido, con camisa abierta y pelo en pecho. Llevaba el cabello rizado pero se hacía base (me lo confesó Deby), y no dejaba de usar unas putas gafas de sol, aunque no hubiese sol. Sonreía todo el tiempo y no dejaba de mirarse en el maldito espejo, como una mujer, pero con vellos en los brazos. 

 Tomó la carta del lugar y dijo: yo pediré el corte argentino, sí, el corte argentino y… creo que pediré un vino tinto, y también pediré un postre de arándano. No se lo dijo a la mesera, se lo dijo a Deby, aunque esto no tuviera ningún sentido, y luego preguntó qué ordenaría ella. Deby dijo que ordenaría lo mismo, y cuando me preguntó a mí, dije que ordenaría un whisky en las rocas. Deby comentó que yo era amante de esa cosa, como excusa, y luego me preguntó si comería algo. Ya dije, creo que con el whisky estará muy bien. Boby sugirió que ordenara un corte argentino pero yo no podía pagar un corte argentino, en todo caso, no podía pagar el whisky y el corte al mismo tiempo, así que había que decidir, y me incliné por el whisky. 

 Bueno, pues todo ocurrió como debió ocurrir. Pasamos por las preguntas de rigor, ¿a qué te dedicas?, ¿qué edad tienes?, etc., y Boby no dejó de parecerme un pendejo, con dinero, eso sí, pero un pendejo enajenado y un bruto. Boby resultó estar lejos de ser el hijo de un empresario, su padre apenas era un jubilado y todo el dinero que Boby aparentaba era eso, una mera apariencia. El Audi era de su padre y la ropa podía pagarla su familia porque Boby dejó el colegio, y ahora era músico. Eso dijo pero de música no sabía dos cojones. Era un Dj de bares y antros, y eso, vamos, no es música. Ni siquiera tienes que saber la diferencia entre un Do y un Do sostenido para tocar esa mierda. Un simio puede hacerlo tan bien como el mejor de los Dj´s. 

 Al final se despidieron de mí, Boby con esa manía suya de aplastar manos, y Deby con un beso en la mejilla y una sonrisa. Había salídose con la suya, que era mostrarme que de algún modo yo estaba equivocado. Para Deby era muy importante demostrármelo, y yo no sé por qué. Es como si su vida dependiese de ello. Como si su felicidad dependiese de lo que yo o cualquiera pudiera pensar al respecto. Me parece que así es la mayoría de la gente. Busca la aceptación y se disgusta con las personas que piensan diferente. 

 4

 Pero a los dos meses y medio llamó Deby. Necesitaba verme con urgencia. Boby la había abandonado. La había cambiado por otra. 

 Cuando le pregunté por qué, tardó en decírmelo. Tuve que descifrarlo por mí mismo: En todo ese tiempo Deby no se había acostado con él. Luego, cuando lo hizo, Boby la dejó. Se acostó con ella durante medio mes y luego, la terminó. Pero eso no es lo peor, me dijo Deby, sino que todo el tiempo de su fantástica relación, Boby estuvo liado con una tercera mujer, que sacó de algún antro de moda, y Deby se enteró cuando llamaron a su móvil, una fiera, reclamando que Boby era suyo. Para cuando llamó Boby había terminado con Deby, y se lo dijo a la mujer que llamó, y entrambas, buscaban ahora a la nueva amante, para advertirla. 

¿Advertirla de qué?, pregunté sarcástico. De que Boby es un hijo de puta, exclamó Deby. Mierda dije, pero si eso no necesita ninguna advertencia, se sabe a simple vista. Aquí Deby se soltó a llorar. Repito, Deby era una mujer noble, y un ángel. Su único pecado era tener tan bonito culo. La vida le sería más sencilla si fuese más fea. O si al menos, fuese más cabrona. Pero yo estaba enamorado de Deby precisamente porque no lo era. Cabrona, quiero decir, aunque mi empresa de ligarla, no tenía éxito. Quizá era demasiado guapa para mí. O quizá, como decía ella, éramos amigos. 

 Dijo que la ayudara, que saliera con ella a algún antro o algún bar. Necesitaba olvidar al pendejo de Boby. 




11 comentarios:

  1. buena una vezmas lo has hecho, has dichola verdad con estelo, jajajaja elprimer parrafo es genial!!

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  2. Javier Barón Rodríguez4 de octubre de 2011, 22:02

    Conocí lugares así, ya no los frecuento, me producen urticaria.

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  3. creo que me gusta el cuate de la foto jajaja

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  4. Bien Martín. Rápido, directo, casi periodístico. Te felicito.
    Por lo demás, todos hemos quedado alguna vez con un pivón y nos la ha ha levantado algún gilipollas con más bíceps que cerebro.
    Lamentablemente el ingenio a veces no es suficiente.

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  5. excelente relato..........

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  6. tenia el salame de boby que pedir el corte argentino!!!!!!!!! jajaj me resulta muy ameno como narras cuestiones que pasan todos los dias y con erotismo. me haces acordar a henry miller. creo que escribir sobre seduccion, erotismo o sexo o oponer la palabra culo o follar sin que choque al lector es una vitud que tine pocos. por eso me recordas a miller. gracias por compartir. aca hay varias que gutandel whisky. saludos

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  7. Bandada de palabras5 de octubre de 2011, 10:28

    Gracias por compartir. He leído y comentado alguno de los relatos y quería decirte que hacéis un trabajo estupendo. Tb h leído algunos de escritores invitados.. buen blog. Nos leemos.

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  8. Demonios... yo no podría poner un pie en un lugar así.
    Genial como siempre.

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  9. Si, esos tipos se distinguen a simple vista...

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  10. Lo mismo pasa con los tíos buenos, pura mierda en el cerebro

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  11. Jajajaja, chévere...

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