domingo, 30 de octubre de 2011

Dios, Betty y el imperio romano.



Le dije a Betty que por favor se largara de aquí. Aquí quiere decir, de mi casa. Se lo dije porque la muy cabrona no se callaba, y yo le había pedido ya decenas de veces que se callase. Estaba leyendo un libraco, uno de Fustel de Coulanges, La ciudad antigua, que como todos saben es su obra más famosa, e iba por la parte del panteón romano, es decir, del conjunto de dioses en los que ellos creían,  cuando Betty me pidió un cigarrillo, por enésima vez, y por enésima vez le contesté que lo tomara por ella misma, Dios. No le costaba nada cogerlo por ella misma. Pero al parecer su intención era romperme las pelotas. 

 Yo estaba sentado en el sofá y ella en el suelo, sobando con los dedos mi pierna, haciendo como una hormiga que camina por mi pierna, y hablando un montón de cosas, y pidiendo que le pasara un maldito cigarrillo. Entonces me levanté, caminé dos pasos hasta la mesa, que estaba evidentemente más cerca de ella que de mí, cogí un cigarrillo y se lo estiré a Betty al tiempo que le gritaba que por amor a Dios se largara de aquí. Betty tomó el cigarrillo y se largó, no sin antes gritarme que yo era un hijo de puta. Ya, pensé, uno sólo quiere un poco de santa paz, y termina siendo un cabrón y el villano de la película. 

2

 ¿Ya estás de humor?, me preguntó Betty al día siguiente. Yo estaba en el sofá, fumando un cigarrillo, pero como tenía la costumbre de dejar la puerta de mi casa abierta, Betty tenía la costumbre de meter sus narices y pasarse de vez en cuando a saludarme. Vale dije, ¿qué hay de nuevo? No debí preguntar aquello, mierda. Uno jamás debe preguntar aquello a Betty, pensé. Se soltó con el rollo de siempre, el que va sobre cómo un maldito día un magnate multimillonario se enamorará de ella. Ya ni siquiera la escuchaba. Me lo sabía de memoria, todo el tiempo fantaseaba sobre cómo, según ella, el día anterior o algo, un hombre apuesto y adinerado la miraba en el supermercado, en la calle o en cualquier sitio. Sin embargo, esto siempre ocurría, casualmente,  en momentos donde estaba sola, y nadie podía atestiguar aquello. Pero ella lo juraba y estoy seguro que hubiese apostado el alma a que era verdad, cuando es claro que era mentira, porque Betty no era precisamente bonita. Dudo mucho que un hombre, el que sea, la mirase más de dos segundos seguidos, o que pensase en ella como se piensa en Jenna Jameson

 Vale dije, ¿quieres una cerveza? Betty asintió con la cabeza; la bocaza la tenía ocupada en contarme sobre el nuevo corte de cabello que pensaba hacerse. Lo importante para ella no era el tipo de peinado, o si lucía bien o no, sino el precio. El cambio de apariencia le costaría, según sus cálculos, unos mil doscientos pavos. Carajo, exclamé al tiempo que daba un trago a mi bebida, ¿cómo alguien puede gastar ese dinero en semejante chorrada? Betty se defendió diciendo dos cosas, primero, que no era una chorrada, que era algo muy importante, y segundo, que hay personas que tienen mucho dinero, y eso no es nada. Ya dije, pero tú no tienes mucho dinero, ¿de dónde sacarás la plata? Betty era vecina mía, y vivía en el mismo barrio de mierda que yo, aunque lo negara hasta el cansancio. Solía decir que vivía al Sur de la ciudad, pero no exactamente dónde. Betty ignoró mi pregunta, cambió de tema. Miró algunos de mis libros esparcidos por el suelo, cerca del sofá, y dijo que dejara de leer, que eso no lleva a nada bueno. Coño, exclamé, ¿de dónde sacas tantas tonterías, Betty, querida?, ¿de la tevé? Vaya que tenía el seso lleno de mierda. Dijo que si yo continuaba leyendo, me volvería loco. Dijo que leer es bueno, pero sólo si se lee poco, y noticias o tevenotas. Dijo que estudiar era perder el tiempo y sobre todo, un pésimo camino para hacer dinero. Carajo pensé, ahora resulta que esta rubia teñida me va a dar consejos de vida. Al menos en algo tenía razón, la literatura no es el mejor modo de hacer fortuna. 

 Vale Betty, dije, dime una cosa, ¿alguna vez has leído un libro? Betty no se ofendió, por el contrario, y para mí sorpresa, dijo que sí. Ya dije, ¿cuál? Supuse que habría leído algún cuento vaquero que ella suponía libro, pero la respuesta que dio tampoco me asombró demasiado. Dijo que había leído algunos libros de Paulo Coelho. Era de esperarse, y se lo dije. Le dije que en ese caso sí era mejor no leer absolutamente nada, y que dejara esa mierda, que si quería leer algo, al menos leyera un libro de verdad. ¿Y cuál es un libro de verdad?, preguntó tomando algunos de los libros que había en el suelo y en el sofá. No sé dije, podrías comenzar por leer a Huxley, o algo así, algo ligero y a la vez contundente. Betty miraba las portadas de los libros como si se tratase de cosas de otro mundo. ¿De qué trata este?, preguntó con La ciudad antigua en las manazas. Es el que leías ayer, ¿no?. Sí dije, va sobre los usos y costumbres de la antigua Roma, es un libro de historia. ¿Y qué dice de los romanos?, preguntó. Bueno dije, pues muchas cosas, por ejemplo de su gobierno y de sus dioses. 

 Aquí fue donde se jodió la cosa. Donde empezó todo el maldito rollo de Dios. Estoy harto de tener que lidiar con las personas sobre Dios. Le expliqué a Betty cómo los griegos y después los romanos, fueron politeístas, y adoraban a sus muertos por medio de estatuillas que colocaban en sus casas. A todo esto Betty respondió, ofendida, como si la hubiese insultado, o como si yo hubiese escrito el puñetero libro  o fuera culpable de las creencias antiguas, que eso era una mierda, y que sólo hay un Dios, y es: Señor Dios. Carajo, sí, Betty creía en Dios, al que llamaba Señor. Desconocía su nombre, que por supuesto es Jehová, y desconocía prácticamente todo sobre su religión (la de Betty), que era la católica. Jamás asistía a la iglesia ni sabía de memoria los rezos del Padre nuestro. Desconocía conceptos como excolmulgado, diócesis, apostólico, sacristán, eucaristía, etc. En pocas palabras, Betty era una católica que ignoraba todo sobre el catolicismo, más o menos como todos los católicos, que son ignorantes de las chorradas en las que creen. 

 Tuve que explicarle cómo el rollo de Jesús, etc., es un invento, precisamente romano. De cómo Roma logró vencer y conquistar gracias al concepto de unidad, que pretendía unificarlo todo en un imperio, un emperador, y un dios. Contrario a lo que se venía haciendo antes, que era un abigarrado panteón de deidades, y se gobernaba entre varios. Le conté de cómo Constantino fue el primer emperador romano en utilizar el estandarte con la cara de Jesús impresa, y del impacto que esto causó en sus adversarios, que desconociendo dicho dios, se creyeron ante un ser superior. Y desde entonces, le dije, existe esa cosa que se llama Iglesia apostólica católica romana, que es una mierda, la gran mierda, y con la que se ha logrado hasta la fecha, dominar al pueblo. 

 Betty quedó impresionada, alarmada, y se largó de allí, confirmando que yo era un hijo de la gran puta, ateo, borracho y sin un centavo. 

3

 Ahora bien, en aquel entonces yo me encontraba en un lapso de soledad. Quiero decir que no tenía alguna mujer, y Betty, aunque se me antojaba despreciable por representar al vulgo en carne viva, era mejor que nada. Así que tuve que ir hasta a su casa, llamar a la puerta, y pedirle que no se ofendiera, que yo no tenía la culpa de que le hayan metido en la cabeza una mierda falsa, los españoles cuando conquistaron México. Que en todo caso ella no debía sentir afecto o apego por la religión católica, que a fin de cuentas ni nuestra es. Hubo un tiempo en que tú misma, le dije, te hubieras reído de la virgen María, cuando un Fray español te la estampaba en la cara y te obligaba a rezarle y a hincarte ante ella a punta de látigo. Y que además, en pleno siglo XXI, uno no podía ponerse así, pues ya es sabido que a la virgen le pueden dar por culo, y que ya nadie cree esas pavadas, a excepción de algunos indios que aún hacen peregrinaciones, pero esos ni hombre son, dije, son más parecidos a homúnculos o bestias que hacen las cosas por costumbre y sin pensar una mierda. 

 Entonces Betty me azotó la puerta en las narices. Resulta que una tía suya es de las que hacen esas peregrinaciones a Chalco, y reza y se arrodilla ante un pedazo de tela que es el estandarte, impreso con la imagen de una niña que parió sin que se la follasen, y que no hizo nada a excepción de eso. Sin embargo se le cree milagrosa, pero no ha sacado de la pobreza a ninguno de sus adeptos, ni les ha dado mejor vida. 

 Llamé de nuevo a la puerta porque aunque Betty no me gustaba del todo, el simple hecho de saber que había perdido cualquier oportunidad de follarla, me intranquilizaba. Vamos le dije, no quise decir nada de lo que dije, eres libre de creer en un mojón si te da la gana, yo no estoy en contra, sólo no estoy a favor. Pero eso no ayudó demasiado. 

 Volví a llamar. Carajo, nena, no te pongas así, Dios, no vale la pena pelear por algo como la religión, que después de todo, todas llevan a lo mismo: a nada. O en todo caso, a la dominación de masas, la manipulación y al fomento de la estupidez humana. Eso tampoco fue de gran ayuda. 

 Vale dije, es la última vez que llamaré a la puerta, si no sales, ¡te puedes ir a la mierda!, grité. Esto sí que funcionó. Aunque no le gustara aceptarlo, yo era el único hombre que tocaba a su puerta, y eso es mejor que nada. Abrió y salió. Me dijo que la siguiera. 

 La seguí. Y en el camino me ofreció disculpas por ser tan necia. Dijo que los minutos que pasó encerrada detrás de la puerta, los utilizó para rezar por mí, y pedir que se ablandara mi corazón y en él entrara el Señor. No me lo podía creer. Que alguien fuese tan gilipollas. De verdad, no lo podía creer. Caray dije, por favor, dime que eso es mentira. No, dijo Betty, es en serio, lo hice. Betty, querida, dije, ¿alguna vez has leído la Biblia? Sí, contestó dubitativa. Ya dije, pero quiero decir, toda la Biblia. No, contestó como si fuese obvio. ¡Entonces, exclamé, si no has leído la Biblia, no vas a la iglesia, desconoces el noventa y nueve por ciento de los preceptos católicos y ni siquiera sabes cómo se llama tu dios, por qué le rezas y cómo es que crees en él y lo amas! Betty respondió que no es necesario asistir a la iglesia o saber todas esas cosas, que Dios nos ama y podemos confiar de todos modos en él. Vale dije, esto sí que es lo más estúpido que he escuchado. Estás diciendo que amas y confías en algo que desconoces en su mayoría, sólo porque te han dicho que hay que amarlo, ¿pero qué sabes tú y la gente de Dios?, ¿aparte de que supuestamente es bondadoso y de que es una máquina de cumplir deseos? Betty ya no dijo nada, llevó la mirada al cielo y dijo: perdónalo, Señor, no sabe lo que dice. Sé perfectamente lo que digo, me defendí, porque para tu sorpresa, yo sí he leído la Biblia completa, y conozco la historia de las religiones, y he pertenecido a muchas de ellas, desde los testigos de Jehová, hasta los brujos Yoruba, y he aprendido cómo va la cosa con ellas. Bueno dijo, si es así, no has aprendido mucho, porque es claro que el Señor está en todos lados. Betty me estaba cansando en serio. 

 Después de seguirla por más de veinte minutos, entramos a un barecillo y nos sentamos a una mesa, donde continuamos la conversación durante más de cuatro horas, sin llegar a nada, como siempre que se habla de religión. Al final, salimos de allí más peleados que al principio, ella con ganas de curarme de mi ateísmo, y yo con ganas de matarla, pero sospecho que ella, detrás de su supuesta bondad, también sentía ganas de matarme. 

 4

 Pasaron dos semanas de mutismo. En esas semanas Betty no se apareció por mi casa, y yo no la busqué en lo absoluto. Debo confesar que por mi parte, la extrañaba un poco, ya sabes, más o menos como cuando extrañas la costumbre de la presencia de una persona que no te agrada del todo, pero es peor nada.

 Luego dejé de extrañarla, me estaba acostumbrando a mi soledad y mis lecturas, cuando de la nada, apareció con una botella de whisky en las manazas. La recibí con gusto y serví un par de whisky en las rocas para celebrar. Dijo que no había venido a verme porque estaba ocupada, y luego me contó, Dios, cómo esta vez estaba segura de que un doctor muy adinerado, el doctor que llevaba el caso de su gripe, estaba tratando de seducirla. Vale dije, cuéntamelo todo. Esta vez tenía un poco de ganas de escucharlo. Betty aseguraba que en sus chequeos médicos, este doctor, que era guapo y adinerado, recalcó, le tocaba la mano de una manera peculiar, y el cuerpo. Y que le hablaba con un tono casi encantador, y la miraba directo a los ojos, sugestivamente. Estoy seguro que todo esto era en gran parte la imaginación de ella, pero te lo contaba con una pasión que por un momento llegabas a creer que sería cierto. Vale dije, pues ya está, ¿qué esperas para ligarlo? ¡Ay no, exclamó Betty, si no soy puta! Vamos dije, ¿que no se supone que has estado esperando esta oportunidad toda tu vida?, ¿el momento de liarte con un hombre guapo y adinerado que te saque de la pobreza? Sí dijo, pero… no sé, quizá no sea tan rico, es un doctor y tiene dinero, pero yo quiero algo mejor, no sé, quizá un productor de cine, o un empresario… Ya, la interrumpí, claro, se me olvidaba, tú no te conformas con poco, tú quieres todo el oro. Sí, confirmó riendo, con una de esas risitas estúpidas de niña bien. Lo malo es que no haces nada para merecértelo, apunté. ¿Cómo?, preguntó. Nada dije, olvídalo. No deseaba discutir otra vez, pero era obvio que Betty quería el oro, pero no hacía nada para merecerlo. No podía entender que tener dinero exige un esfuerzo muy grande, incluso si eres una zorra interesada. ¿De verdad espera que de la nada se aparezca un hombre millonario a rogarle (porque estoy seguro que Betty se haría del rogar) para casarse con ella?, me preguntaba. 

 Fue por la quinta copa, cuando Betty entró al sanitario, que me dio por esculcar su bolso. Lo dejó en el sofá, a mi lado, y como no queriendo la cosa, metí la mano al bolso, y lo sentí. Me pensé que sería un libraco de mierda, de Coelho, pero lo saqué de todos modos, y me llevé una enorme sorpresa. Era un libro de Fuste, La ciudad antigua, en una versión vieja de la editorial Porrúa, que seguramente habría comprado en una librería de viejo, pero estaba forrado con papel de colores. Para que nadie mirase la portada, o más específicamente, el título del libro y al autor. Lo abrí y dentro había un separador en la página doce. Mierda, pensé, todo lo que dije le caló hondo. 

 Escuché a Betty gritar que la maldita palanca del excusado no quería funcionar, y como ya la conocía, yo tendría que llenar un cubo de agua, y verterlo con fuerza para que se llevara la mierda. Guardé el libro en su lugar, y me levanté a llenar el cubo. Cuando estuvo listo lo llevé al sanitario, donde fuera estaba Betty, tapándose la nariz con los dedos y mirándose en el espejo del lavabo. Vale dije, dame permiso, echaré el agua. Betty asintió con la cabeza y regresó a la sala, desde donde me gritó que si deseaba que me sirviera otro whisky en las rocas. ¡Claro que sí!, grité en respuesta, al tiempo que vertía el cubo y pensaba en Betty y en el libro de Fuste, y  vislumbraba en ella una esperanza. En el fondo Betty no era tan estúpida, anidaba en ella el óbolo de ambición intelectual, y quería asegurarse por sí misma que todo mi discurso anticlerical, no era una mentira. La imaginé leyendo secretamente las primeras líneas del libro, y quedando maravillada y confundida por la luz de la verdad. Es una buena chica, pensé. 

 Regresé a donde Betty y le di un abrazo, y le dije que estaba lindísima esta tarde, y que me encantaría follarla, como a la que más. Betty me abrazó también, y dijo que ya me había explicado muchas veces que entre ella y yo no había otra cosa que la amistad. Dios, pensé, quizá realmente se crea bonita y merecedora de todo el oro del mundo. Entonces Betty me dio un beso en la mejilla, y eso fue todo. Quizá se crea que yo no la merezco, pensé, y probablemente sea verdad. 



12 comentarios:

  1. Quizá se crea que yo no la merezco, pensé, y probablemente sea verdad.

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  2. Alberto Vargas Iturbe30 de octubre de 2011, 21:07

    esque alas mujeres ay que cojerselas y darles los sigarriyos que quieran la lectura puede esperar.
    todas las mujeres quieren plaser aunque no seles ame.

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  3. Alejandro Toribio Sánchez30 de octubre de 2011, 22:46

    la verdad que me recuerdas a muchos pero nada de eso puede esconder tu talento y tu excelente narrativa

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  4. Citlalli Palacios Garza31 de octubre de 2011, 18:49

    Recuerdo que ese libro de "La ciudad antigua", lo disfrute mucho, me encanto todos esos rituales que te describe de manera increible el hombre, sí también recuerdo que fue en la clase de sitemas jurídicos contemporáneos, que interesante pensar en esa Betty, leyendo el libro, sólo espero que así fuese y no que te sucediese lo que a Ignatius en el libro de "La conjura de los necios", jajaja, un abrazo Martin Petrozza.

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  5. Caray!! Que palabras tan sabias " Le dije que en ese caso sí era
    mejor no leer absolutamente nada, y que dejara esa
    mierda" y yo que llegue a sentirme mal por no tener el ultimo calendario con frases de aliento...

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  6. Me recuerda a la Maga de Cortázar...

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  7. Caray!! Que palabras tan sabias " Le dije que en ese caso sí era
    mejor no leer absolutamente nada, y que dejara esa
    mierda" y yo que llegue a sentirme mal por no tener el ultimo calendario con frases de aliento, ahh y claro marcando todos los carajos domingos como Dia de Dios...

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  8. En cuanto a Bety... Todos o mucha gente es un posible lector siempre y cuando le llegues por el lado correcto, en su caso, joderla al decirle que todo lo que cree es una reverenda falacia..

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  9. Un gran estratega el personaje, abriéndole a Betty una puerta a la segunda realidad pateando los pilares de su credulidad. Si el pseudodogma la deja pensar por qué no obtuvo placer... zas! Y si no, quizás ella no lo merece.

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  10. La religión, como tema, es muy denso y demasiado subjetivo como todo en la vida por "las mejoras" que hace en la vida de cada quien para unos; el tema de la religión no es más que una falacia como lo muestra Martin al interior de su texto (lo que propongo para evidenciar que este puede ser simplemente un personaje dentro de un texto más no igual en la vida real y si lo es pues que mas da) y Betty una mujer demasiado religiosa, como las hay de igual manera en esta "vida real" lo importante dentro de este texto y que más me gusto, es a su vez como lo señalan ya muchos en comentarios anteriores, es el acto de fomentar la lectura a partir de una duda metódica y teórica sea el tema que fuere y de eso es lo que trata la historia de ejercer en el otro ese acto de leer ¿qué? no importa, lo importante es leer .... Me gusto el texto y arrojan buena información de textos que tendré en cuenta para mis lecturas.... Gracias Martin

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  11. Citlalli Palacios Garza1 de noviembre de 2011, 10:56

    Por cierto me gusta Huxley y también creo que es una lectura ligera e incPor cierto me gusta Huxley y también creo que es una lectura ligera e incluso divertida.luso divertida.

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