jueves, 8 de septiembre de 2011

Un extraño caso familiar.



Es increíble que Jeremy, el mismo Jeremy que apenas hace tan sólo unos años hacía pastelillos de tierra en el jardín de la casa, y que tenía una sonrisa encantadora, tenga ahora tan mal aspecto, piensa Jeremy padre, progenitor de Jeremy hijo. Y también lo piensa Carl, hermano de Jeremy padre, tío de Jeremy hijo. En general, lo piensa toda la familia. Incluso Susan, hija de Carl y prima de Jeremy, piensa que el bueno de Jem ha perdido el camino. En las reuniones familiares no se habla de otra cosa. 

 Si continua así, ese Jeremy, acabará muy mal, dice Carl mientras se pone un whisky en las rocas. Aún recuerdo cuando corría por toda nuestra casa tras el perro, dice Alice, esposa de Carl, cagándose de la risa. Corría por toda la casa, sigue Alice, ¡tumbando  masetas y jarrones!, y el pobre de Crazy, con el rabo entre las patas ¡corre que corre!, ¿recuerdan?, por debajo de la mesa y detrás de los sillones. Acto seguido, pide a su marido que sirva a ella también otro whisky en las rocas. Carl coge la botella y sirve a Alice al tiempo que pregunta: ¿qué edad tenía en ese entonces, siete u ocho años? No, ¡qué va!, dice Mona, madre de Jeremy, tenía menos, tendría unos… ¿qué edad tendría, querido?, pregunta a Jeremy padre. Jeremy padre coge un cacahuete, lo avienta al aire y lo atrapa con la boca, luego dice con una enorme sonrisa: tendría unos cuatro o cinco… Imposible, exclama Carl, cuando lo del perro Susan ya daba los primeros pasos, ¿cuántos años te lleva tu primo?, pregunta a su hija Susan. Susan se lleva el dedo a la barbilla y mirando al techo dice que serán unos cuatro años. ¡Ya ves!, dice Mona, Jem tendría cuatro a lo más, recuerdo que cuando compraron a Crazy Alice recién se aliviaba del parto. Susan dice que eso no es posible porque ella misma lo recuerda muy bien. Susan, querida, alcánzame los cacahuetes, pide Alice. Susan coge la bandeja de cacahuetes y se la estira a su madre (antes coge un puñado), y Jeremy padre opina que Susan siempre ha poseído una memoria extraordinaria. Susan sonríe estúpidamente, orgullosa. Carl enciende un cigarrillo y dice: aún recuerdo cuando el abuelo Jeremy le dio a Jem su primer chupete con alcohol. Mojó el chupete en una cuba, narra, y se lo puso Jem en la boca. El pobre lo pasó tan mal que hasta hizo un puchero. Todos ríen. ¡Y pensar que ahora no hace otra cosa que beber!, exclama Susan irónicamente, culpando al abuelo. 

 Jeremy padre se levanta. Trae servilletas para todos. Son los nuevos tiempos dice Mona, son tiempos podridos, la juventud se descarrila por cualquier cosa. Sin embargo Jhon, ese sí que salió buen chico, dice Carl aludiendo a Jhon, el hermano menor de Jem. Es estudiante de derecho  y ya ha cogido un buen trabajo. Jhon siempre ha sido un buen muchacho, dice Mona, no sé qué salió mal con Jeremy. Habrá sido que no le prestamos demasiada atención, opina Jeremy padre. No, le contradice Monda, quizá le prestamos más atención de la debida. Carl da un trago a su bebida y pregunta si han intentado hablar con él, hacerle ver que está echando a perder su vida. Jeremy padre asiente con la cabeza, asegura que han intentado hablar con él, que le han explicado por todos los medios. No hay manera de enderezarlo, dice Mona tristemente, le he dicho que si no deja el trago, moriré. Ni eso le importa. La adolescencia es una etapa de cuidado, dice Alice. Jem tiene más de veinticinco años, dice Jeremy padre enojado, esto ya no es cosa de la adolescencia. Carl calla. Ya no tiene nada que decir. 

2

¿Te pongo otra?, pregunta Daisy contenta. Hazme ese favor, querida, pero esta vez pónmela más cargada, la última iba tan ligera que apenas me supo. Daisy sirve un whisky en las rocas doble para Jem, y se pone uno sencillo para ella. Están en el apartamento de Daisy. Jeremy se ha mudado allí hace un par de meses. En el estéreo suena una pieza de Airbourne. Cuando Jeremy coge el vaso con whisky que le ha traído Daisy, se levanta y grita, coreando con la música: ¡Too much, too Young, too fast! Inmediatamente suena el solo de guitarra y Jeremy hace como que toca, extasiado y gritando: ¡Too much, too Young, too fast! Daisy lo mira y ríe. Cuando Jeremy para se le va encima (Jeremy por poco tira la bebida al suelo), y le besa. Eso es lo que tengo yo, exclama Jeremy, y grita de nuevo: ¡Too much, too Young, too fast! Daisy no para de reír, le parece la cosa más divertida del universo. Corre al estéreo y ajusta la pieza a la parte del coro. Se descalza y corea junto con Jeremy, agitando la cabellera: ¡Too much, too Young, too fast! Jeremy la coge por la cintura, la echa al sofá y comienza a magrearla. Sin embargo, la pasión se interrumpe por culpa de una llamada telefónica. El móvil de Jeremy suena. Maldición, exclama. Déjame ver, pide Daisy, no será una de tus putas. Jeremy ríe y mueve negativamente la cabeza, no, no, dice, les he dicho que estaría contigo hoy. Daisy frunce el entrecejo y le arrebata el móvil. Mira en la pantalla y le dice, regresándoselo: tu padre. Jeremy coge la llamada. Mientras tanto, Daisy va a la habitación, a ponerse el pijama. 

 Cuando regresa encuentra a Jeremy echado en el sofá, sin ánimo. Ha quitado la música. ¿Qué quería?, pregunta preocupada. Jeremy le estira el vaso vacio y le pide un poco más. Daisy coge el vaso, va a la cocina y sirve un poco más. Bien servido. El viejo, dice Jeremy. ¿Y?, exclama Daisy tomando de la mesa el vaso con whisky que ha dejado para ir a cambiarse. Se sienta junto a Jeremy, sobre el sofá, y éste la abraza. Llamó para decirme que en casa está el tío Carl y la tía Alice. ¿Sólo para eso?, pregunta Daisy. Quiere que vaya para allá, dice que la prima Susan muere por verme y que la tía Alice me ha comprado un obsequio. No pensarás ir, ¿verdad?, dice Daisy alarmada, ¡a esta hora! No, contesta tajante Jeremy, y luego agrega, sonriendo: a menos que el obsequio de la tía Alice fuese un Buchanans 16. Daisy ríe. ¿Le has dicho que no irás?, pregunta. Se lo he dicho, pero… no se lo ha tomado muy bien, dice Jeremy, piensa que estoy alejado de la familia, que no me importan y que debo dejar de beber. ¿Tú qué piensas, nene?, pregunta Daisy y comienza a rascarle la cabeza. Jeremy suspira y responde: pienso que es verdad. ¡Dejarás de beber!, exclama Daisy incrédula. No, contesta Jeremy en tono de burla, pienso que es verdad que me he alejado de la familia y que no me importan, y también pienso que eso está muy bien. ¡Ah!, suspira Daisy. ¿Sabes, nena?, dice Jeremy, el viejo insiste en que deje de beber, pero… yo he nacido para beber. ¡Nadie nace para beber!, exclama Daisy. Bueno, dice Jeremy, si no he nacido para beber, entonces no sé para qué mierda he nacido. ¡Tú has nacido para el rock and roll!, grita Daisy entusiasmada y corre al estéreo. Hace sonar a los Sex pistols. Jeremy recobra los ánimos y a los pocos segundos se encuentra cantando a lado de Daisy: I am an Antichrist, I am an anarchist

3

Ha dicho que no puede venir, anuncia Jeremy padre. Está en casa de esa puta, agrega mientras se sienta a la mesa. No creo que Daisy sea una puta, la defiende Susan, y no creo, tío, que debas llamar así, aunque lo fuera, a la novia de tu hijo. Lo siento, querida, es solo que esa tal Daisy… ya sabes tú lo que es, ya lo he dicho yo. Opino lo mismo, dice Mona, no tienes más que oír su nombre para saberlo, ¡Daisy, Dios! Carl ríe y dice que así se llamó la primera perra que tuvo. ¿La recuerdas, Jeremy, a Daisy?, nos la regaló papá la navidad del sesentainueve. Jeremy padre se echa atrás, doblando el respaldo de la silla y se carcajea. Cierto, dice, esa p… tiene nombre de perro. Ay, qué malos son, dice Alice. Insisto, dice Susan, no es justo que se burlen así de ella ni de nadie, además, ¿quién les asegura que lo es?, ya saben, una… Mira, hija, le contesta Jeremy padre, que ya está tomado, hay una razón irrefutable para saber lo que esa mujer es. Hace una pausa. ¡Y es que es novia de mi hijo Jem!, exclama. Carl y Jeremy padre estallan en risa. Carl brinda con Jeremy,  ¡a por la salud de esa tal Daisy! Qué crueles, qué malos son, repite Alice. Me enfadaría si se tratase de la novia de Jhon, dice Mona a Alice, pero eso es verdad: ninguna mujer decente aceptaría salir con Jem. 

 Susan se levanta, va al sanitario. Dentro, mientras caga, telefonea a su primo Jem. Jem tarda en contestar. Bueno, ¿Jem?... Te ha llamado mi tío, ¿cierto?... ¿Y bien?, por qué no vienes un rato, querido, te extraño demasiado… Vamos, no tardarás más de una hora en estar aquí y mis padres, por lo que veo, querrán quedarse a dormir… Acá también hay trago, están bebiendo, no creo que se molesten si bebes tú también, ellos mismos están hechos unas cubas… Si vienes dejaré que me toques, anda, ya sabes que lo pasaremos bien… Jem, querido, es por tu bien, necesito que vengas acá y les enseñes a tus padres y los míos que no eres un pelele.

 Jem viene para acá, anuncia Susan cuando sale del sanitario. Todos enmudecen. ¿Te lo ha dicho él?, pregunta Mona. Sí, le llamé y ha dicho que viene. ¡No vendrá con esa mujer!, dice Jeremy padre. No, tío, viene solo, le he dicho que lo estamos pasando muy bien. Nadie lo puede creer. En el fondo, no deseaban la presencia de Jem. Carl y Jeremy padre recobran la seriedad. Bueno… bueno, dice Carl, ¡pues brindemos por el sobrino Jem! Todos cogen el vaso y lo chocan contra el vaso de los otros. ¡Por el sobrino Jem!, brindan. 

4

¡Es por esa puta!, ¿verdad?, grita Daisy. Por Dios, Daisy, dice Jeremy, no llames así a mi prima. Lo dice mientras se pone la chaqueta. ¡Tu prima!, grita ella, no creas que no lo sé, ¡te la andas tirando, puto! Jeremy ríe sarcásticamente. Coño, dice, ¿de dónde sacas tanta mierda?, es mi prima, entiéndelo. Si no te la estás tirando, eh, dime, dice Daisy, ¿cómo es que corres siempre a su llamado? ¿Dónde está?, pregunta Jeremy ignorando el comentario de Daisy. ¿Dónde está el puto encendedor? Daisy no contesta. ¿Has visto el encendedor, nena? Daisy, con los brazos en jarra y bufando dice: Está en el hueco del sofá, yo misma lo puesto allí para que no se pierda. Jeremy coge el encendedor, enciende un cigarrillo, y echando el humo a la cara de Daisy, dice: bueno, muñeca, yo me piro. ¡No me extrañes demasiado, eh! ¡Cabrón!, grita Daisy azotando la puerta al salir Jem. 

 Jeremy sonríe mientras baja las escaleras del edificio, y piensa: esa Daisy es todo un caso. No, mejor: esa Susan es todo un caso. Y pensar que voy a ver al pelmazo del tío Carl sólo por cogerle las tetas. No cabe duda: un par de tetas jalan más que dos carretas. Pobre Daisy, es una buena chica, pero, vamos, Daisy siempre estará ahí, en cambio Susan, pienso que pronto dejará de acceder a mis caprichos. Tendrá un novio y se olvidará de mí, después de todo lo nuestro no puede funcionar. Sí, eso, debo aprovechar mientras dure la primavera. Como la hormiga del cuento. ¿O es el verano? No, creo que es el otoño, sí, en otoño se aprovecha en espera del invierno. Bueno, el caso es que no debo dejar pasar la oportunidad. Además, primita, ¡estás bien buena, Dios!

5

Jem, muchacho, ¿cómo has estado?, saluda el tío Carl a Jem, estrechándole fuerte la mano y con abrazo. Bien, tío, he estado bien. ¡Hijo!, exclama la tía Alice, que también le abraza y le da el obsequio que trajo. Una tarjeta. ¡Una tarjeta!, piensa Jeremy, qué cosa tan poco interesante. Apuesto que dentro dice: para Jemjem. Siempre la gustó  llamarme Jemjem. Jeremy abre falsamente emocionado la tarjeta. Allí dentro está escrito con plumón: para Jemjem. La tarjeta reza: porque eres especial. Sí, piensa Jeremy, tú eres especial. Como todos los demás. Gracias, tía, no debiste, dice pegándole un beso en la mejilla. ¡Y Susan!, se le viene encima. La estrecha en un abrazo. Siente las tetas contra su pecho. Huele su cabello. Susan le susurra al oído: qué bueno que viniste, de verdad. Jeremy no contesta. Le da un lengüetazo al oído. Susan se echa para atrás. Jeremy continúa abrazándola. La estruja y le pega lengüetazos.  Y ríen. Ya, ya, dice Jeremy padre, ya suéltala, gañan. Vamos, le reprende Alice, si se quieren mucho estos dos, son los primos más cariñosos de la familia, déjalos, después de todo son como hermanos. Susan se despega de Jeremy, enrojecida, y dice: es que Jem es mi primo favorito, ¿verdad, primo? Más te vale, prima, más te vale, responde. Todos ríen. 

 ¿Qué te sirvo, hijo?, pregunta Carl a su sobrino. Ponme un whisky en las rocas, tío, no seas malo. Trabaja un whisky en las rocas, dice el tío Carl. Bueno, muchacho, ¿y dónde diablos dejaste a tu coqueta? Antes de que Jeremy conteste, la tía Alice intercede: vamos, Jeremy, le dice a Jeremy padre, no seas grosero, ¿hijo, se dirige a Jem, estabas con tu novia? Sí, tía, estaba con Daisy (Carl mira discretamente a Jeremy padre, y ambos sonríen. Alice los mira y les echa una mirada aviesa), la he dejado en casa, la pobre moría de sueño y no pudo venir pero les manda saludar. Carl regresa con el whisky servido y lo pone a la mesa, frente a Jem. Listo, hijo, pégate un trago, dice. Gracias, tío, eres un ángel. 

6

Todos desaprueban el modo de beber de Jeremy hijo, pero ninguno, ni su propio padre, se atreve a decir algo al respecto. Se quejan a sus espaldas pero ellos mismos beben de lo lindo y se emborrachan. No se sienten a gusto si alguno deja de beber. Así que hacen beber a Jem, y hacen beber a Susan, aunque un poco menos porque piensan que las mujeres no deben beber más que los hombres. 

   Sin embargo, al día siguiente, Jeremy padre reprende a Jeremy hijo. Lo hace cuando todos se han ido. Jem ha pasado la noche allí, y al despertar, al desayuno, que es un desayuno de resaca grupal, Jeremy padre se pone a gritar a su hijo que no le gusta la manera en que ha bebido. ¡Pero si has bebido tú también!, se defiende Jeremy. ¡Sí, grita Jeremy padre, pero yo ya tengo una vida, tengo una casa y tengo dinero, y puedo beber si se me pega la gana cuando viene tu tío!, pero tú, dice bajando la voz y aumentando el odio, ¡tú no eres más que un mamarracho! 

 Jeremy hijo se levanta de la mesa. Mona pide a ambos que se calmen, que con tanto grito le estalla la cabeza. ¡Madre también ha bebido!, exclama Jeremy hijo. ¡Con tu madre no te metas!, grita Jeremy padre. Jeremy calla, a él tampoco le agrada meter a madre en esto. ¡A ver, dime, qué has hecho de tu vida!, grita Jeremy padre. Jeremy hijo no contesta. Esa cosa bien sabida. No ha hecho nada de su vida. Voy a ser una estrella de rock, dice tímidamente. ¡Estrella de rock mis cojones!, grita Jeremy padre, ¡ya estoy harto del rollo estrella de rock!, si dentro de una semana no consigues un trabajo te olvidas que tienes familia. Mona dice a Jeremy padre que por el amor a Dios no exagere, que Jem tiene una banda y le está yendo muy bien. Ha logrado conseguir algunas tocadas en fiestas por quinientos pavos la noche. Jeremy padre se agarra la cintura y moviendo la cabeza de un lado a otro, dice: eso lo quiero ver, de ahora en adelante vas a traer dinero esta casa. No te dejaré entrar si no traes dinero a la casa. ¡Pero si yo no vivo aquí!, grita Jeremy hijo. Mientras no tengas tu propia casa, es como si vivieras aquí, dice Jeremy padre, y además, tienes que ayudar a tu padre que ya demasiado a dado por ti. ¡Te lo dejo claro, grita, o consigues un trabajo de verdad, o te olvidas de mí! ¡Será más fácil, grita Jeremy hijo, me olvido de ti! ¡Lo ves, lo ves!, grita Jeremy padre a Mona, ¡lo ves!, el huevón prefiere no hacer nada antes que ayudar a su padre. Mona dice a Jem que haga caso, que puede seguir tocando en su grupo los fines de semana, pero que coja un empleo mientras tanto. Jeremy trata de explicarles que durante la semana ensaya, que componer una canción no es tan fácil como ellos creen,  y que si piensa ser una estrella del rock and roll debe concentrarse, poner toda su alma, y entregarse al cien, de tiempo completo. ¡Qué va!, grita Jeremy padre, ese sólo quiere estar de flojo, ¡y de borracho! ¡Contigo no se puede, por eso no quería venir, por eso, maldita sea!, grita Jeremy hijo y sale de casa a paso forzado. 

7

¡Daisy, abre por favor!, grita Jeremy a la puerta del apartamento de Daisy.  Ha tocado por más de diez minutos y no ha salido ella. Sabe que está allí dentro porque ha escuchado el televisor. ¡Daisy, sal!, grita a punto de perder el control. Todo el odio que siente contra su padre se está sublimando a esa maldita puerta. ¡Si no sales tiraré la puerta!, grita Jeremy y da una patada de prueba. La puerta no cede ni un poco. Carajo, piensa, en las películas parece tan sencillo. Da otra patada, esta vez ha cogido vuelo, y lo único que logra es lastimarse él mismo. Dios, piensa, de qué mierda está hecha está puerta. ¡Daisy, nena, abre por favor!, ¡me he fracturado la pierna!, dice al borde del llanto. 

 Daisy abre la puerta. ¡Cabronazo!, le dice, me vas a tumbar la puerta. No lo creo dice Jeremy sobándose la pierna, esa puerta es más dura que una roca. ¿Por qué no abrías?, pregunta más triste que encolerizado. ¡Me estaba duchando!, idiota, ¿qué no ves? Daisy está envuelta en una toalla. Por supuesto que no lo veía, se defiende Jeremy. Bueno, ya, pasa ¿Cómo te fue con tu primita?, has vuelto muy pronto, ¿no te la quiso chupar? Calla, tonta, dice Jeremy echándose al sofá, padre me ha dado la cagada de mi vida. ¿Otra vez?, pregunta Daisy harta de escuchar el mismo rollo. Esta vez me ha dicho que me olvide de él. Pues que yo recuerde, dice Daisy, anoche estabas orgullosísimo de tenerlo a él y a toda la familia, en el olvido. Sí dice Jeremy, pero es diferente cuando son ellos los que te olvidan a ti. Eso sí, dice Daisy, ¿quieres un trago? Vale, dice Jeremy, ponme un whisky en las rocas. Daisy va a la cocina y regresa con un par de cervezas. Cuando Jeremy la mira venir con las cervezas, grita: ¡he dicho un whisky en las rocas, nena!, ¡no me vengas con chorradas… Daisy asiente con la cabeza y le dice sí, se ha terminado el whisky. Carajo, nena, exclama Jeremy, no es verdad, ¡tú te has acabado el whisky!, ¡borracha de mierda! Daisy sonríe traviesa, ella se ha acabado el whisky y sabe que Jeremy no soporta que ella, una mujer, beba tanto o más que él, un hombre. Jeremy se levanta. Siente ganas de pegar a Daisy. Sin embargo, cuando se acerca a ella, decidido, Daisy deja caer la toalla. Ahora Daisy está allí, frente a Jeremy, parada, desnuda, con una lata de cerveza en cada mano, posando, sonriendo, y con los pezones a punto de reventar. Tú sí que sabes cómo tratar a tu hombre, dice Jeremy sonriendo maliciosamente. Se le va encima. 

8

¿Qué te ha dicho qué?, pregunta Susan a Jeremy por el auricular del teléfono. Jeremy le cuenta la discusión que tuvo con su padre. No puedo creer que tío Jeremy hable de ese modo, dice. Pero Jeremy le jura que es tan grosero como un marinero, y que además, le ha dicho que se olvide de él, y le ha exigido dinero. Bueno, dice Susan, a tu edad, no lo veo tan descabellado, todos los hijos ayudan a sus padres… Vale, dice Susan, no te enojes, yo estoy de tu parte. Jeremy bromea con eso de parte. Sí, dice Susan entre risitas, estoy de tu parte, de toda tu parte. Me encanta tu parte. Al menos nosotros la pasamos bien, ¿no?, dice Susan. En la velada familiar Susan se ofreció para ir al supermercado una vez que se terminaron los cacahuetes y el trago. Su padre, Carl, le prestó las llaves del auto para ir por el mandado, y le pidió que compraran una botella de whisky, un par de bolsas de cacahuete, y un refresco de cola para la tía Mona. Jeremy se ofreció a acompañarla y así, ambos, con el pretexto de ir al supermercado, donde Jeremy padre les exigió ir, ya que era más barato, compraron todas las cosas en la tienda de la esquina, y aparcaron el coche, tomándose el tiempo supuestamente necesario, para pasar al asiento de atrás. Sí, contesta Jeremy, eso fue lo único por lo que valió la pena ir. En el auto, Susan le pegó una mamada al primo Jeremy. ¿Y ahora, pregunta Susan, hasta cuándo te veo? No lo sé, responde Jeremy, la cosa se pone grave, Daisy sabe de lo nuestro. ¿Cómo lo sabe?, pregunta Susan alarmada. Jeremy explica que no lo sabe a ciencia cierta, pero lo sospecha. Quizá sea mejor que no nos miremos por un tiempo, dice. Susan suspira y está de acuerdo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?, dice, si tú no me quieres… Vamos, dice Jeremy, sabes que entre tú y yo no hacemos esas cosas, esos dramas. Eso déjalo para cuando tengas novio. Tú y yo somos otra cosa, estamos por encima de las vulgaridades. Susan se rinde, y dice que está bien. 

9

¿Hablaste con Jem?, pregunta Carl a Jeremy padre. Se han reunido nuevamente, pasada una semana. Sí, contesta Jeremy padre, pero no ha hecho caso. Es un caso perdido dice Carl mientras sirve a su hermano Jeremy un whisky doble, pa´ entrar en calor. Jeremy ha sido demasiado duro con Jem, opina Mona. Eso es lo que necesita, alega Jeremy padre, mano dura. A estas alturas no estamos para mimos y apapachos, si continúa así acabará mal. Sírveme otro poquito, dice a Carl. Carl le sirve otro poquito, aunque piensa que le ha servido más que suficiente. Cuando Carl va a servirse lo suyo, Jeremy coloca el vaso de él, que ya está servido, junto al vaso vacio de Carl, y le exige que lo llene igual. Carl no lo desea en el fondo pero tampoco desea contrariar a su hermano y compañero de farra. Jem me ha contado que lo regañaste demasiado, tío, dice Susan. Que no sea exagerado, contesta Jeremy padre, alegre, al calor de las primeras copas. Y dice que le has exigido dinero, continua Susan. Sí, lo he hecho, dice Jeremy padre brindando con Carl a la salud de este encuentro familiar. Has hecho bien, dice Carl después del brindis, recuerdo que a su edad nosotros ya teníamos coche, ayudábamos a nuestro padre, y hasta casados estábamos, si no me equivoco. Alice afirma contenta de recordar los tiempos que en que ella y Carl se ennoviaron. Tu papá y tu tío, le dice a Susan, hicieron dinero desde que eran pequeños. Mona comenta: sí, se asociaron a los diecinueve años y desde entonces no han dejado de crecer. Sí, dice Jeremy padre, no como el pelmazo de Jem, con su sueño de ser rocanrolero, ¡a la mierda!, un hombre de verdad no se gana la vida vestido como puta y cantando como cerdo. Carl suelta una carcajada. Ay, Jem, le dice Mona, no seas pelado. Es la verdad, dice Jeremy padre alzando los hombros, es la verdad, ¿tú crees que si Carl y yo hubiésemos tocado la guitarra tendríamos la casa que hoy tenemos, los coches, la finca y todo lo demás? Susan contesta: Mick Jagger tiene todo eso y más, deberías creer en Jem, tío, quizá un día te da la sorpresa y se hace famoso. Qué va, dice Jeremy padre, a ese nomás le gusta el trago. Ay sí, dice Alice, pero cómo me acuerdo cuando era pequeño, corre y corre atrás del perro. Mona agrega: y la vez que se batió el rostro de helado, ¿te acuerdas, Jem? Jeremy padre dice: ja, sí, el cabrón me llenó todo el coche de chocolate. 

 Mona corre a traer unas fotografías del pequeño Jem. Las mira primero Susan y las pasa a los demás. Jeremy padre no las mira, ni Carl. Dejan a las mujeres con las fotos y ellos pasan a asuntos más varoniles. 

 Luego de mirar las fotos Mona dice: ay, deberíamos llamar a Jem, no me gusta que se aleje de la familia, después de todo es de esta familia. Carl está de acuerdo. Dice: sí, quizá lo juzgamos demasiado duro. Alice dice: estoy segura que si viene hoy, se arreglan las cosas. Jeremy padre dice: A ver, le voy a marcar, pero si me manda al cuerno no le voy a rogar esta vez. Susan está nerviosa. Espera la respuesta de Jem, y espera que sea afirmativa. 

 Cabrón, no me contesta, dice Jeremy padre, reconoce mi número y no me contesta. Marca de nuevo, dice Mona, hazlo que venga, querido, lo extraño cuando no está. Jeremy padre marca otra vez, sin éxito. Seguro que está con esa puta de su novia, ¿cómo se llama, la del nombre de perro?...

 Susan se levanta, va al sanitario.
  


6 comentarios:

  1. Lo confieso; esta tan larga la historia y tan monótona que me ha dado una pereza infinita terminar de leerla; y con tantos Jeremy padre y Jeremy abuelo y Jeremy hijo me ha recordado inevitablemente a Arcadios y Aurelianos de algún pueblo colombiano que tampoco ha sido mucho de mi agrado... a ver si después me llegan las ganas.
    Saluditos

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  2. No se puede extraer nada...pero la historia está muy buena....gracias

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  3. Claro que se puede extraer esta muy claro, de tal palo talastilla, asi muchas familias no entiende como sus hijos se dedican a tomar y no se dan cuenta que ellos le enseñaron y que e slo que ve todas las reuniones familiares. lo regañan pero le fomentan el vicio cada semana. XD

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  4. A mi me parece un cuento estupendo auqnue si se repite muchoi eos de jeremy padre y hijo pero fuera de eso tiene el encanto de los cuentos de petrozza

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  5. Citlalli Palacios Garza13 de septiembre de 2011, 10:44

    Por donde se le vea Jem esta jodido y el padre es algo imbécil, ni hablar eres lo que eres, al menos Jem, se divierte, jajajaja.

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  6. y si... no fuera estrella de rock!!
    y si... fuera escritor?
    y si...

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