lunes, 19 de septiembre de 2011

Dios también bebe y Dios también fuma.



Eres un borracho intratable, me dijo Paulina cuando le pedí que me sirviera un trago más. Lo de borracho lo decía por mi insaciable sed  (a la que yo no tenía ninguna defensa), y lo de intratable, por mis maneras (maneras, según ella, de un barbaján).  Aquella noche deseaba contarme el rollo de su madre, y yo la escuchaba en silencio, prestándole más atención de la que ella misma sospechaba y mi  único delito fue solicitar un trago más. No me pones atención, decía, y yo no contestaba nada (hay veces que no me viene en gana discutir), me limitaba a dar sorbos al whisky y a mirar al horizonte. Intratable, decía, ¡un borracho intratable!

 Nena, le dije luego de un largo mutismo, yo no soy intratable, soy carismático, alegre, no hago mal a nadie, no pido nada a nadie y además, leo y escribo. Si de algo peco, ¡es de tolerante contigo!, agregué. A esto, ella gritó, transmutando todas mis virtudes en defectos, que yo no soy carismático y alegre sino cínico y alebrestado. Que si no molesto a nadie es porque nadie (enfatizó la palabra nadie) me interesa ni me importa un carajo excepto yo. Y que si no pido nada a nadie es porque nadie (enfatizó la palabra nadie) haría algo por mí ¡porque soy intratable! Para terminar conmigo exclamó que mi hábito de leer y de escribir es el síntoma de una enorme pedantería y que además de eso, no hago otra cosa que beber. Di un trago a la bebida y respondí: bueno, nena, no me sorprende que no puedas verlo de otro modo, todos tus novios antes de mí han sido efectivamente así: unos mamarrachos y unos simios pedantes, y ahora que tienes frente a tus ojos a un genio, no eres capaz de reconocerlo. ¡Genio mis ovarios!, gritó, ¡tú eres un borracho intratable, pedante y calentorro, y no otra cosa! Ya dije alzando los hombros, si yo soy todo eso, ¿qué serás tú para salir conmigo? ¡Una pendeja!, bufó. Vale dije, pero que conste que lo dijiste tú. Acto seguido, encendí un cigarrillo. Acto seguido, Paulina me arrebató el cigarrillo de la bocaza, lo aplastó sobre el cenicero y gritó: ¿pero sabes una cosa?, ¡esto se acabó! 

 Había perdido tantas mujeres en la vida que esta vez ya ni siquiera me importó. Ya me sabía el juego: Paulina saldría de mi vida y en su lugar llegaría otra mujer, más loca y más terrible, o más pend… ¡De ahora en adelante te voy a quitar el vicio!, sentenció Paulina. ¿Entonces, pregunté ingenuamente, no te vas? ¡Qué va dijo, si me voy te mueres! Vamos dije, no te creas tan importante. No es eso, imbécil, contestó, es que de verdad (aquí cambió el tono a un tono compasivo) si te dejo eres capaz de hundirte, río abajo, con la mierda. Ya dije, si te vas podría hundirme río abajo pero… con la mierda no, porque te habrías ido. Reí contento con mi broma y ella grito: ¿lo ves?, ¡intratable!, ¡eres un borracho intratable! Vale, vale, dije, ¿qué propones? Te ayudaré a dejar de beber y te enseñaré buenos modales, anunció con el tono de un ángel. 

2

Paulina no fue la primera mujer en intentar cambiar mi vida. Tampoco fue la que estuvo más cerca de lograrlo. Sin embargo, debo reconocer, fue la única que no utilizó para ello un método tiránico. Y aunque al principio estuvo bien, al final, el amor de Dios fue peor que el odio y el tormento de látigo

 La cosa estaba así: Paulina tenía la intención, (buena intención) de hacerme dejar el trago. Por mi parte yo no tenía la mínima intención (ni buena ni mala) de dejarlo, y creo que se predecía el fracaso. Se lo dije, sin embargo, Paulina, como buena mujer, fue una necia y dijo que ya vería yo cómo con la ayuda del Señor, cambiaría de opinión. 

 Lo primero que harás, dijo, será visitar a un tío mío que ha dejado el trago gracias a la ayuda de Dios. Carajo, nena, le dije, pero si yo no creo en Dios. No importa dijo, no es cosa de creer, Dios es Todopoderoso y él te curará. Verás, linda, dije, creo que estás equivocada respecto al Señor. Todo con él cosa de creer, de fe. Incluso su existencia depende de la fe. En la iglesia católica hay algo llamado Auto de fe. Y fe, ¡es creer! ¡Y yo no creo! Mi tío tampoco creía, dijo ella, y se curó. Mierda dije, hay un par de cosas que debes entender, a saber, uno, que mi alcoholismo no es una enfermedad; bebo porque quiero, y dos, que soy ateo; Dios y las hadas tienen para mí la misma importancia en la escala jerárquica de las cosas fantásticas, es decir, ¡ninguna puta importancia! Paulina se llevó las manos a la boca y exclamó, falsamente sorprendida: ¡mi tío pensaba exactamente igual que tú, y se curó!  Maldición, exclamé, no hay remedio contigo. 

 Encendí un cigarrillo bruscamente y dije que no, que definitivamente Dios y yo no nos entendemos. Pensamos todo lo contrario dije, y no es broma; Dios piensa que no debes desear a la mujer de tu prójimo y yo, mierda, deseo a la mayoría de las mujeres de todos los prójimos. Piensa que debes poner la otra mejilla y yo pienso que hay que mandarlos a que les den por culo. Piensa que se debe respetar a los padres y yo pienso que los padres deberían de respetar primero a los hijos, y así, ganarse su respeto. Él piensa que es malo el juramento y yo te juro que es bueno, y sobre todo, piensa que el trago es malo y yo creo que el trago es bueno, que hace la vida (esta puta vida de mierda a la que Dios nos condenó por el pecado original) un poco más soportable. Beber es una manera de no enloquecer y… Pero si tú ya estás loco, me interrumpió Paulina, el trago a ti no te ha salvado. Ya no tiene caso que sigas. No, no y no, es lo último que diré, dije, me rehúso rotundamente a meter a Dios en esto. ¿Seguro?, preguntó amenazadoramente. Seguro, contesté tajante. ¿Seguro?, preguntó otra vez. Que sí, coño, que estoy seguro. Pues en ese caso, dijo, te olvidas del sexo. Y cruzó los malditos brazos. ¡Dios, no, otra vez no, dije, se supone que eso ya lo habíamos superado! Sí dijo, pero es el único modo de hacerte entrar en razón. Te equivocas dije, ese no es el modo de hacerme entrar en razón. No hay modo de hacerme entrar en razón. Ese es sólo el modo de hacerme entrar en tu vagina. Como sea dijo, lo tomas o… Al borde de la desesperación  dije vale, vale, probaremos suerte con Dios. 

3

Me alegro que desees acercarte a Dios, me dijo el tío de Paulina en nuestra primera entrevista. Era un tío de unos cincuentaitantos tacos, pelo cano y aires de Pastor. Pertenecía a una secta cristiana y estaba orgulloso de haber sido bendecido por Dios, y de haber dejado el trago gracias a la gracia divina del Señor y a todo su poder infinito y bondadoso. Vale dije, muchas gracias pero yo… Dime, hijo, me interrumpió, ¿estás arrepentido de tus pecados? Verá dije, de eso justo quiero hablar, yo no… El arrepentimiento es el primero de los pasos para acercarte a Dios, nuestro Señor, me interrumpió de nuevo el hijoputa. No deseaba ser brusco con él porque siendo tío de Paulina, eso podía joderme el sexo. Vale dije, me alegro, es sólo que yo… No existe ninguna casualidad, hijo, si estás aquí (aquí significa su casa) es porque el Señor clama por ti. 

 Era un caso perdido. Resultó ser un fanático-religioso y tuve que dejarlo claro. Ya, dije cuando finalmente me dejó hablar, le agradezco infinitamente que usted y su dios estén interesados en la salvación de mi alama, pero si he venido aquí ha sido un error. ¿Cómo?, preguntó incrédulo al tiempo que me echó una mirada aviesa, lejos de ser la mirada de un buen Pastor. Sí, le expliqué, aquí entre nos, la cabro… coff, coff, Paulina, me obligó a venir pero sinceramente yo… no creo en Dios. 

 Increíblemente el cabronazo me dejó partir sin más. Asintió con la cabeza, dijo comprender, y me despidió, no sin antes decir que no debía perder la esperanza. No la he perdido, pensé, es más bien que jamás la he tenido. Y me fui.  Me pensé que estaba libre del asunto y que todo había salido estupendamente. Ahora Paulina no podría echarme en cara que no puse de mi parte. Había ido con el puñetero de su tío, como me obligó, y había salido airoso. Eso pensé, pero, vamos, ¿cuándo se ha mirado a un fanático-religioso rendirse tan pronto? 

 La semana siguiente, el sábado siguiente, me pegué una buena farra en un burdel barato de la calle de Donceles, y al día siguiente, cuando yacía sobre el sofá (no llegué a la cama), sufriendo las vicisitudes de la resaca, llamaron a la puerta de mi casa. Con toda la pereza del mundo sobre mis hombros, me levanté, abrí la puerta y me encontré con la cara del Pastor (que no era Pastor) frente a la mía. Paulina estaba detrás, y también los acompañaba un joven enfundado en traje sastre, con cara de homosexual, pulcro como culo de bebe, y al que me presentaron como el joven Isaac, miembro asiduo y virtuoso de la congregación  cristiana.

 Paulina fue la primera en entrar, la que los hizo pasar, y la que los acomodó en el sofá. Trajo un par de sillas para ella y para mí sin que yo pudiera hacer absolutamente nada. 

 Sonriendo estúpidamente les ofrecí algo de beber. Ambos aceptaron. Tomé a Paulina del brazo y la arrastré a la cocina, y una vez dentro le dije lleno de ira: o los sacas de mi casa o llamaré a la policía y los delataré por allanamiento de morada. Paulina me miró retadoramente y dijo que yo no me atrevería. ¡Que no me atrevería!, susurré entre dientes, ¡ya verás si no! Cogí el teléfono móvil e hice como que marcaba. Realmente no me atrevería. Ya, ¿policía?, fingí hacer la llamada, quiero reportar un allanamiento de morada, quiero que manden unas cuantas patrullas para mi casa y saquen a dos tíos que se han metido a mi casa sin mi consentimiento. Si pueden traer de esos cuernos de chivo que… Paulina me arrebató el teléfono. No miró que la llamada era falsa, y dijo okey, vale, cometí un error, pero, al menos escucha lo que tienen que decirte, ya están aquí y no te quita nada. Yo misma me los llevaré lo antes posible. Media hora, le dije, si en media hora no los sacas de mi casa los sacaré yo mismo haciendo señas de Heavy Metal, como a vampiros con cruces. Estaba furioso. Paulina lo sabía y esta vez cedió. Dijo que no tardaría más de treinta minutos, que dejara todo en sus manos y que si ella los trajo, ella misma los sacaría de allí. Bueno, dijo al fin, iré a ver si no han oído nada de esto.

 Paulina salió y yo me encontré ante un frigobar sin otra cosa dentro que cerveza. Pensé que sería impropio darle a esos gilipollas cerveza, así que abrí la alacena (que no guardaba otra cosa que media botella de whisky) y serví whisky. Al menos es más formal, pensé. Antes pregunté desde la cocina: ¿en las rocas o con agua? A lo que obtuve como respuesta la pronta presencia de Paulina. ¿Qué demonios piensas hacer?, me dijo mientras servía el primero de los vasos. Ya dije, es lo único que tengo. O cerveza, añadí mirando al frigobar. Carajo dijo, iré a la tienda por un refresco, por el amor a Dios, ¡guarda eso! Tranqui, tronco, dije, no creo que se cabreen si al menos yo… Paulina lo dijo todo con la mirada. 

 Regresé a la estancia con cuatro vasos. Uno, él mío, cargado de whisky. El joven Isaac me echó una mirada, como si hubiese visto al mismísimo Diablo. El pastor cogió uno de los vasos, que estaba impreso con publicidad de Plutarco Suites, y no dijo nada. Me dio la impresión de que ese Pastor sabía muy bien lo que es el mundo. Contrario al joven, que sería uno de esos nenasaz mimados y asustadizos. Tomé asiento en una de las sillas, y di un trago a la bebida. Coloqué el vaso sobre la mesa y no dije nada, y ellos tampoco dijeron nada. 

 Paulina regreso con el refresco. 

4

La cosa transcurrió patética. Hubo muchos asentimientos de cabeza y muchos silencios. Lo primero que hicieron fue regalarme una maldita Biblia. Pero si yo ya tengo una, dije dando un trago al whisky. Paulina tomó por mí el libro que el joven Isaac me estiraba y lo puso sobre la mesa. ¿Y la has leído?, me preguntó el Pastor. Si, contesté tajante. ¿Por completo?, preguntó el joven Isaac evidentemente orgulloso de haberla leído por completo él mismo. Sí, contesté tajante. ¿Y bien, qué te ha parecido?, preguntó el Pastor. Antes de contestar miré a Paulina, que ya me miraba. Luego contesté: bueno pues creo que… la primera parte no está tan mal. Tendrá algún pasaje rescatable, pero la segunda… vamos, Harry Potter tiene más acción. El Pastor se enderezó en su asiento y tragó saliva. El joven Isaac se escandalizó. Me explicó, nervioso, que Harry Potter es un libro de fantasía y que además es un libro hereje, y que la Biblia es la palabra de Dios, y el libro más leído en el mundo. No sé dije, Harry Potter es muy leído y acaba de salir, en cambio la Biblia tiene más de dos mil años. Paulina me dio un golpecito con el pie, en el tobillo. El Pastor comentó que mucha gente como yo, lee a la Biblia como a un libro más, pero qué él me enseñaría cómo se debe leer el libro sagrado. Paulina me abrazó y dio las gracias a su tío, dijo que ella misma estudiaría la Biblia conmigo. Antes de que pudiera decir algo más, Paulina me propinó otro golpecito en el tobillo. Cogí un cigarrillo de la mesa y lo encendí. El joven Isaac hizo una mueca de asco y de miedo. Pobre manso de mierda, pensé, pobre, pobre, pobre; la cristiandad le ha castrado el alma. Ofrecí un cigarrillo a todos. El Pastor se negó, dijo haber fumado lo suficiente en su vida. Y el joven Isaac, mierda, dijo que jamás había fumado, y lo dijo orgulloso. ¿Cómo puede estar alguien tan orgulloso de ser tan gilipollas? Me echó el sermón de que el cuerpo es el Templo de Dios, y hay que cuidarlo. Ya dije, si el cuerpo es el templo de Dios, vaya que yo le tengo una fiesta. 

 Aquí sucedió algo inverosímil. El pastor hizo dos gestos que me dejaron impactado. El primero fue una risilla, discreta, muy discreta al escuchar mi comentario, y el segundo, fue una mueca de hastío al escuchar el comentario, pero sobre todo el tono con que hizo el comentario, el joven Isaac. El comentario fue que con la ayuda de Jesús yo dejaría de fumar y de tomar, y me convertiría en una buena persona. A Paulina tampoco le agradó este comentario. El muy imbécil estaba afirmando que yo no era una buena persona y vamos, hasta para los puñeteros cristianos eso no está bien. Por mi parte estaba seguro que el idiota del joven Isaac ni siquiera supo lo que hizo, que fue un simple error de redacción, y que era inocente de prejuzgarme. Acto seguido Paulina se levantó, prometió que asistiríamos a las reuniones en los templos y los despidió. 

 ¿Notaste la cara que puso mi tío al escuchar lo que dijo Isaac?, me preguntó Paulina cuando se fueron. ¿Qué cara?, me hice el desentendido, deseaba comprobar si efectivamente ella miró lo mismo que yo miré. No sé dijo, una cara rara. ¿Qué hay con esa cara rara?, pregunté. Paulina hacía muecas tratando de darse a entender pero ni ella misma lo sabía a ciencia cierta. Olvídalo dijo, no tiene importancia. Ya dije, qué lata das, ahora vete y déjame pasar la resaca. 

 Paulina se largó. 

5

Yo también me quedé pensando en el gesto del Pastor. Es como si la máscara se le hubiese zafado un poco y dejado así entrever el verdadero rostro. Y ese rostro verdadero es lo que me dejó intrigado. 

 Así que pasados unos días sentí el llamado de Dios, o lo que sea, y me fui a casa del Pastor. Me planté frente a él. Le dije que necesitaba hablar de algo urgente que acongojaba mi alma, y me hizo pasar, a regañadientes. El muy cabrón no me esperaba y entonces no era tan grato ni tan bondadoso. Lo que sí es que él se presentaba en las casas de los demás sin avisar, esperando que lo recibieran con flores y halagos.  

 Me hizo sentar en la mesa del jardín, y cuando estuve frente a él, y me preguntó que qué cosa me tenía tan alterado, saqué un cigarrillo de la chaqueta, lo encendí, y luego saqué otro cigarrillo de la chaqueta y se lo estiré. He dejado el vicio dijo, no fumo. Eso ya lo sé, le dije sin dejar de insistir en que el cabronazo tomara el cigarrillo. Lo miré directo a los ojos y trataba de decirle mentalmente: yo conozco tu secreto, no hay problema, estás a salvo conmigo. Pero no cogió el cigarro, dijo que por favor no insistiera, que él estaba bendecido por la gracia de Dios y que mi acto era una ofensa. Yo no retiré la mano. Continué estirándole el cigarrillo. Finalmente lo cogió y lo puso sobre la mesa. 

 Comenzó a echarme un sermón, literalmente un sermón, y yo pensaba la manera de llegar al fondo de su corazón donde estaba seguro, había vicios y oscuridad. Iba preparado. Le interrumpí el sermón, que realmente no estaba escuchando para pedirle un par de vasos con hielos. Asombrado se levantó pero sólo trajo un vaso con hielos y otro sin hielos. Tomé el vaso con hielos, serví whisky que saqué de la licorera y lo coloqué al alcance de su mano. Dando a entender que se lo ofrecía. Luego serví whisky para mí en el vaso solo, y alzándolo, dije: salud. 

 El Pastor quedó anonadado. ¿Qué pretendes?, me dijo indignado. No dije nada. Lo miré a los ojos, yo sabía que el hijoputa debía ceder en algún momento. Podía oler sus malditas ansias de pegarse un trago y toda su hipocresía con ese jueguito del Pastor. Yo lo sabía: le repugnaba el joven Isaac tanto o más que a mí, y le repugnaba toda la congregación cristiana. ¿Qué pretendes?, preguntó de nuevo pero esta vez menos enérgico. Va perdiendo fuerza, pensé. Nada dije, sólo deseo platicar mientras bebemos un trago. Yo no bebo, exclamó, te he dicho que no bebo, que dejé de hacerlo gracias a la fuerza de Dios. Vamos dije, de eso quiero hablar, no me diga que usted realmente cree toda esa mierda. ¡Claro que la creo!, alzó la voz, Dios es toda mi vida y gracias a él me alejé del vicio del alcohol y de otros peores. Enmudecí. Bajé la mirada, me sentía derrotado. Quizá este pobre hombre realmente se creía todas esas patrañas. Vale dije, lo siento, por un momento pensé que usted aún era hombre, pero veo que ya sólo es una mansa oveja. No debí… No te apures, en el fondo te comprendo, dijo. ¿De verdad?, dije apático, y entonces, si me comprende, ¿por qué coños no me deja en paz?, ¿por qué se presenta en mi casa y me obliga, porque usted sabe muy bien que prácticamente me obliga, a asistir a su circo de cristianos? Porque mi sobrina está preocupada por ti y desea verte sano, no enviciado en el alcohol, contestó.  Eso no es motivo para obligar a nadie, yo estoy triste por ella, porque la pobre se cree las pavadas de Dios y no por eso la obligo a ser atea, me defendí. 

 Aquí, el Pastor coge el cigarrillo. Lo mantiene entre los dedos. ¿A qué te dedicas, hijo?, me pregunta y no deja de mantener entre los dedos el cigarrillo y lo mira. Soy escritor. Escribo, respondo. ¿Te gusta la música?, pregunta un tanto fuera de tema. Ya digo, pues sí. Yo era músico, ¿sabes?, uno muy bueno. Hace girar el cigarrillo con los dedos. Tocaba en una banda de rocanrol, no hacíamos llamar los Pis an lov. Querrá decir Peace and love, corregí. No, dijo riendo, esa banda, los Peace and love, ya existía, nosotros éramos Pis an lov. Vale, dije y me pegué un trago de whisky solo. Miró cómo lo hacía, desinhibido, y por un segundo, o fracción de segundo, miré entreabrirse sus labios y la lengua rosando por dentro el borde. 

 Comenzó a contarme toda su puta vida. Si seré bueno para eso, pensé, la gente me mira y me cuenta su puta vida. Dijo que allí, en las tocadas y en los ensayos de los Pis an lov fue donde cogió el trago. Grabamos un disco en la compañía disquera de un amigo nuestro, que quebró justo después de que nosotros grabáramos. Había grabado a treintaisiste bandas y dos de ellas fueron un éxito, pero pisamos el estudio nosotros y la productora quebró. Claro que no fue debido a nuestra causa pero siempre lo miramos como un mal presagio. Nos llenamos de esa mierda la cabeza. Es la primera vez que yo lo escuchaba decir la palabra mierda. Ya sabes dijo, si tú crees que la suerte no está de tu lado, no hay modo de que lo esté. En adelante Pis an lov se hundió hasta lo más profundo. Se pega el cigarrillo a los labios. Ya no habla para mí, habla más para sí mismo que para mí. Se pega el cigarrillo pero no lo enciende. Juega con él en sus labios y me mira beber despacio. Por mi parte, dice, comencé a beber como un cerdo. Era capaz de beber durante días enteros. Tocábamos en algunos eventos de mediana audiencia y todo el dinero que ganaba lo consumía en alcohol. Si me ponías enfrente un plato de comida o una botella, cogía la botella. No importa si no había comido en toda la semana. Solía pensar que el alcohol espanta al hambre, y es verdad, pero ¿sabes?, lo malo es que la espanta y ya no regresa. Bajé de peso como no tienes idea. Pero eso sí, yo era un As con la guitarra. Componía la mayor parte de la música de las canciones y la mayor parte de las canciones. 

 Comienza a divagar entre lo bueno de su vida rocanrolera y lo terrible de la situación con el alcohol. Me pegaba tremendas farras y lo peor, es que mezclaba la bebida con anfetaminas. ¿Has probado las anfetaminas?, me pregunta. No, digo. Nunca lo hagas dice, es la muerte. Pero el rocanrol es la pura vida, dice, ¿te gusta el rocanrol? Sí, me gusta, asiento con la cabeza para enfatizar mi gusto y doy un trago al whisky. Es el último trago, mi whisky se ha terminado. Sacó la licorera y sirvo un poco más. Lo mira caer afrodisiaco de la licorera al vaso. Aplasto la colilla de mi cigarrillo con el pie, y enciendo otro cigarrillo mientras le escucho. Le echo el humo de tabaco al rostro. Entra por su fosas y sigue narrando la breve biografía de los Pis an lov. Estaba Larry, dice, en las percusiones, Henry en el bajo, y Mark en la voz. Yo hacía de guitarra y teníamos tremendas rolas. Todavía sé tocar algunas, dice, pero la mayoría las he olvidado. Desde que encontré el camino de Dios he olvidado casi todo lo que me gusta.

 Aquí se pone melancólico. Comienza una perorata que ligeramente deja adivinar que lo hará. Se queja levemente de sus tareas cristianas. Apenas rasguña las ideas del credo. Y al final, ¡mierda, lo hace! Coge el encendedor que yo he dejado sobre la mesa y antes de encender el cigarrillo dice: me fumaré este cigarrillo y me beberé el whisky, porque, ¿sabes?, Dios también bebe y Dios también fuma. Tiene que hacerlo, carajo, dice al tiempo que enciende el cigarrillo, porque de lo contrario enloquecería. Yo lo miro sorprendido. Es lo más estúpido que he escuchado decir a alguien sobre Dios. Y no lo puedo creer, el Pastor fumando y bebiendo. Coge el vaso con whisky en las rocas que le he servido y lo bebe al hilo. De un trago. Azota el vaso en la mesa y me pregunta si acaso me sobrará un poco más. Reviso la licorera y le digo que sí. Le sirvo y se suelta de lo lindo a contarme cómo es que a veces no soporta al pendejo (realmente usa la palabra pendejo) del joven Isaac y de todos los jóvenes cristianos que son unos puñetas y unos maricones, dice. Qué saben esos jóvenes de la vida, exclama, si no han tenido sexo, drogas ¡y rocanrol! El mundo se los comerá vivos, dice. No pueden ni limpiarse el culo sin pedir ayuda a Dios. Dios, exclamo, creo que está siendo usted muy duro con ellos. Ahora yo estoy nervioso. He desatado a un perro encadenado. No dice, al contrario, soy suave porque no me quejo (dice al tiempo que se queja) la cristiandad me lo ha dado todo. Me ha dado una casa y alimento. Es por eso que estoy aquí, porque a mí estos hermanos me recogieron de la nada. Yo no tenía ni en qué carme muerto y ellos me ayudaron a levantarme, y lo agradezco, pero maldición, a veces me dan ganas de decirles unas cuantas cosas. Pero callo porque me han ayudado. Ellos me han ayudado. Dios no, dice, él no. Dios es culpable de todos nuestros males. No nos ha perdonado que hayamos comido de su puto fruto maldito. Silencio. 

 Bueno, dice levantándose de la silla, eso es lo que querías, ¿no?, que te dijera la verdad. Pues ya te la he dicho, ahora anda, vamos a por una botella, con lo que traes en tu licorera no nos alcanzará. Vale digo y le sigo hasta la calle. Allí abre la puerta de su coche y me hace subir. Conduce hasta una calle que desconozco y me dice que baje, que a la vuelta está la vinatería y que compre una buena botella (me estira la pasta) que él no lo puede hacer porque es bien sabido que él es… sí, digo, entiendo, no hay problema. 

7

¿A dónde vas tan risueño?, me pregunta Paulina. A estudiar la Biblia con tu tío, digo. Pero si hoy es jueves, los estudios son en sábado, dice. No digo, cambié el día por jueves, me acomoda más. ¿Ah, sí, y por qué?, pregunta sospechosa. Porque los jueves es cuando más me vienen las ganas de tomar y así, estando en casa de tu tío estudiando la palabra de Dios, me controlo. Tiene sentido dice, me da gusto que se hayan entendido bien. Sí digo, es muy agradable, ¿sabías que era rocanrolero? Ríe y dice que sí, que su grupo se llamaba Pis an lov. Así es le digo, ¿qué cosas no? Pues sí, contesta. ¿No te llevas la Biblia?, me pregunta al verme salir.  Coño… digo, Dios, es cierto, ¿la has visto por algún lado? Está en la mesa, donde la dejé yo el día que te la regalaron, ¿es que no las has tocado?, dice. Ya digo, es que he estado usando la mía, ya sabes, la vieja. Bueno, vale, dice, qué te vaya bien. Sí, nena, gracias. ¡Oye!, grita antes de que me largue. ¿Sí?, pregunto harto pero fingiendo dulzura. Le prometí a mi tío que estudiaría la Biblia contigo, mejor me voy con ustedes, dice. Mierda, pienso. No, nena, no es necesario, el que debe curarse soy yo. Lo sé dice mientras se pone los zapatos, pero quiero solidarizarme contigo. No, no, de verdad, insisto, no es necesario, yo entiendo,  y además… me gusta ir solo. Paulina no lo cree. Sospecha que algo está pasando pero por supuesto no sospecha que todos los jueves el Pastor y yo le pagamos al trago. Así él tiene el viernes para curarse la resaca y estar limpio el sábado en el templo. ¿Seguro?, dice ella. Seguro, preciosa, ya sabes, es que… a veces tu tío y yo hablamos… de hombre a hombre y no creo que sea buena idea que tú… Okey dice, entiendo. Estupendo nena, bueno, me piro, ¡nos vemos luego! Dale, amor, estudia duro... ¡Sí!





19 comentarios:

  1. te rayaste!!! buenisimo!!!!!

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  2. la hipocrecía del pastor es muy comun en eses circulos religiosos, fantastica narracion !

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  3. por que satirizar lo que no se comprende? que no tu libertad termina donde comienza la mia?

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  4. No se quien dijo aquello de que a Dios se le encuentra en la iglesia o en el fondo de una botella.
    Muy bueno. Me he reido mucho.

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  5. jajajajaja yo tambin he reido mucho, pinche petrozza!!!!!!!!! no cabe duda que eres el diablo cabron!!!!!!!! sonsacaste a un pastor cristiano!!!!! y engañas a tu novia diciendo que iras a estudiar la biblia!!!!! jajajaj te amo!!!!!!!

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  6. Divertido. Sólo una pregunta: ¿por qué escribir en español de España siendo mexicano? ¿te lo habían hecho notar? ¿"la bocaza", "el rollo de su madre", "gilipollas", "cabronazo", "que les den por culo", "me piro"? Y el colmo de la ridiculez: "!tranqui, tronco!" "!cabreen!". ¿O eres español avecindado en México? De ser así, olvídalo. pero como dije al principio, un texto divertido. Chido.

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  7. Lo que me gusta de este lugar y de estos textos es como el borboteo de esa "pus" como debajo de la costra de lo que se osó llamar alguna vez "El último de los escritores malditos" del nuevo mundo (espero que sepan a quien me refiero).

    Eso y los dos peces de hielo en un güiski on the rocs!

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  8. Pues nos podemos juntar y hacernos unos leños...

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  9. Así de pesados son. Y así se engañan, claro.

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  10. Lo último que leí de WELR la historia con el tío pastor! ¡Jajajaja!
    Lástima del intento fallido de la chica por conducirte por el sendero de la salud.Todos quienes te leemos, admiramos y apreciamos quisiéramos tener a un Martín longevo. ¡Si escribes tan bien, y original! Pudieras ir tratando tío, hazlo por tus fans.Por favor.Plis.
    Me refiero a lo contado en el tema del pastor.Perdona cualquier error, estoy como automática. Ya sabes.Poco sueño, caos frecuente.¡Ufff! Son pruebas. Estoy afrontando.Excúsame.

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  11. Irreverente pero no irreal.

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  12. Aaaaleluya, Aleluya, Aaaleeeluyaaa!!

    eres un cabronazo Petrozza!!

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  13. Lorena Patricia González24 de septiembre de 2011, 14:31

    La decisión del cambio no nace a raiz de otros sino sino a travez de uno mismo por propia convicción muchos se relacionan por la sobreidealización del otro sin poder aceptarlos tal como son lo que los conduce a intentar su transformarción para encuadrarlos a su ilusión.

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  14. Entre los ñoños Isaac y los rocanroleros "regenerados"... bueno... con que autoridad se atreven? Cada quien su templo no? digo, su cuerpo... je je

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  15. Como buen Hereje, de lo que mas me ha gustado!!!
    Time @ Arkadhia

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  16. no se si fuma pero jesus bebia porque era el hijo del hombre asi se hacia llamar.

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  17. Jajajaja!! Hay muchos de esos por todos lados... Buenisimo!!

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