martes, 28 de junio de 2011

¿Te gusta la verdad?



"El hombre que no teme a las verdades nada tiene que temer de las mentiras." 



¿Te gusta la verdad?, te voy a decir la verdad: tú eres una puta y tu amigo Martin no es más que un borracho. Por eso se llevan bien, no por otra cosa, porque las PUTAS y los BORRACHOS siempre han sido una cosa que va de la mano, dijo Scott. No lo podía creer. Scott había sacado el hombre que lleva dentro. Me había invitado a cenar pero le dije no, quedé con Petrozza. Y como odia a Petrozza… Al final fui a donde quise y él se quedó amargado. Al día siguiente me pidió perdón exageradamente. Te perdono, dije. Y se enojó de nuevo. ¿Por qué? Porque no es posible que no le des importancia a lo que digo, dijo Scott. Esperaba que yo hiciera un berrinche o que sus palabras me hirieran hasta el alma. Pero la verdad no le di importancia. Tendrías que verlo para creerlo, le dije a Petrozza cuando llegué a su casa. Scott estaba hecho un hombre de verdad. Me gritó y todo. Ya dijo Petrozza, gilipolla de mierda. Lo dijo con verdadero odio. Callé un segundo y él calló también. Luego nos miramos a los ojos otro segundo y luego estallamos en una carcajada compartida. Vamos por un trago dijo Petrozza, y fuimos.  

 Verónica, entiende que te amo y lo que hagas o no, me afecta, dijo Scott. Scott, entiende que no puedes ponerte así cada que nos vemos, dije. Scott es como un barco endeble: una ola pequeña lo puede desbaratar. Se lo pasó la semana entera marcando y enviando mensajes al móvil ofreciendo disculpas. Qué sí, Scott, que no pasa nada, decía yo. Mil y una veces. Luego los mensajes cambiaron de sentido. Ahora eran reclamando que no tomo enserio nuestra relación. ¿Cómo no la tomo enserio, Scott, si no vamos a casar? Esta parte es importante. No puedo aventurarme a perderlo porque de esa boda depende mi futuro como escritora. Con la plata de Scott podré mantenerme sin necesidad de trabajar y escribir, únicamente escribir y vivir. Puede sonar cruel pero es algo que se hace todo el tiempo. El caso es que Scott se volvió una lata todo el mes. No podía escuchar el nombre de Martin Petrozza o le daba un ataque. Un ataque de celos. Aún con todo su dinero sabe que mi cariño por Petrozza es sincero. Sólo que Petrozza me decía abiertamente te quiero coger y eso jodía al pobre de Scott. No me gusta cómo te habla, decía. Así es él, contestaba yo, no te lo tomes enserio. En verdad no debía tomarse enserio los flirteos de Petrozza. Ni Petrozza mismo se lo toma enserio, le decía a Scott. Pero era necio. Lo odiaba. Lo odiaba porque me trataba como a una mujerzuela, decía, y porque a él lo trataba como un imbécil. Eso no lo decía pero era verdad. Petrozza ignoraba totalmente a Scott. Podía estar sentado junto a mí y eso no evitaba que me dijera Pinciotti, vamos a follar, tía, tengo unas ganas tremendas de meter la polla en algún chocho. Scott no me defendía ni nada; se quedaba allí mirando y escuchando cómo yo me reía y Petrozza seguía: anda, Pinciotti, hagamos frijoles en salsa de leche… No, amor, ahora no, será otro día, contestaba yo. Scott se ponía rojísimo. ¿Por qué le dices amor?, me interrogaba. Es broma, amor, contestaba, es sólo una broma. Pero no importa cuántas veces repitiera es una broma. Scott se tomaba nuestros juegos de manera literal. Tuve que decirle a Martin que para un poco. Le dije: ya no te pases con el pobre de Scott, un día le va a dar un infarto. Lanzando una bocanada de tabaco Petrozza contestó: ojalá. De verdad le dije, ya no te pases, sabes que yo también lo disfruto pero creo que hemos cruzado la línea. Que se meta la línea por el culo, contestó Martin. Tuve que explicarle la importancia de mantener a Scott dentro de los parámetros de la felicidad. Es mi futuro esposo, Martin, entiende. 

 Martin refunfuñó como nuca y al final se portó bastante comprensivo. Para calmar el asunto de lleno le invité a casa, un jueves. O sea, un día de Scott. Scott llegó puntual a las cinco de la tarde, como todos los jueves. Martin Llegó dos horas después. Cuando Scott lo miró entrar se puso blanco. Este era su espacio, “La hora de Scott.” El tiempo que era nuestro y donde platicábamos del presente y del futuro. NUESTRO futuro. ¿Qué haces aquí?, le dijo a Martin. Hola, Scott, buenas tardes, ¿cómo te va?, contestó Petrozza. Reí. Se me escapó una sonrisa enorme al verlo allí, con la camisa dentro de los pantalones, peinado con gomina y saludando formalmente al bueno de Scott. Scott quedó impactado. Le contestó el saludo levantándose del sofá. Con Petrozza nunca se levantaba porque Martin jamás le saludaba con algo más que un qué hay, tío, lanzado a distancia y sin mirarlo siquiera. Luego me saludó a mí y dijo: ¿puedo tomar asiento?  Claro dije, toma asiento. Petrozza no reía. Estaba serio. Actuaba muy bien su papel. Scott tardó unos segundos en reaccionar. Parecía un niño incrédulo. Hacía pruebas como un ratón desconfiado. ¿A qué viniste?, preguntó. Martin pasó la prueba. De verdad. Contestó a todas las preguntas de Scott diplomáticamente, y se fue. No se quedó más de una hora. Ofreció disculpas por interrumpir nuestro encuentro y salió victorioso. Al otro día Petrozza me dijo: cualquiera puede ser un gilipollas, Pinciotti, pero es aburrido. Faltando a la lógica de la conversación, le dije: ¡gracias Martin!, y lo abracé. Le agradecía haber cambiado por mí. No es que haya cambiado, claro, pero al menos un pequeño tiempo hizo un esfuerzo y ese tipo de cosas las valoro demasiado. ¿Y bien, preguntó Martin, qué te dijo el cabronazo? Dudé un segundo antes de contestar: me ha pedido te invite a ti y a todos a beber una copa. ¡Dios!, exclamó Martin, ni lo sueñes, Pinciotti, ya tengo bastante con soportarlo sobrio. Vamos dije, hazlo por mí. Ni lo sueñes, se mantuvo en su posición. Con todos quiero decir: Garrison, Rey Hernández y Martin Petrozza. Mis únicos amigos cercanos. 

 Llamé al resto del grupo y todos aceptaron asistir. Sería la próxima semana en el bar de nuestra elección. Scott realmente estaba dispuesto a ceder. Después de tanto tiempo, por fin estaba dispuesto a abrir los brazos al trío de cabrones que le habían hecho la existencia imposible. No podía dejar pasar la oportunidad. Debía mantener a Scott lo más contento posible hasta la boda. Me reuní con todos ellos antes del encuentro. Vamos, Petrozza, no te vas a morir, dijo Garrison. Tratábamos de convencerlo. Lo hemos hecho muchas veces, apuntó Rey y era cierto. Ocasiones antes tuvimos que soportar la presencia de Scott en nuestras reuniones. No es lo mismo dijo Petrozza. Es lo mismo, dije yo, y sobre todo, esta vez es importante. Scott se ha esmerado en quitar las barreras. Está dispuesto a convivir en paz. Ese es el problema, dijo Martin, que el hijoputa se piensa que tiene derecho a disminuir su furia y ceder, como si de este lado deseáramos contentar las cosas. Por mí que se pudra en bilis. Garrison y yo nos quedamos mirando. Yo no tengo problemas con eso, dijo Garrison y Rey se unió alzando los hombros. Vamos, Martin dije, ayúdame. Necesito estar en santa paz con él. No sé dijo, no me parece sano tener que lamer el culo de un imbécil sólo para que te cases. ¿Es que acaso no se casará si falto a esa reunión? Ya dijo Rey, no mames, vayamos a burlarnos de él y listo… ¡No!, interrumpí, nada de burlas, iremos en armonía y escucharemos lo que Scott tenga que decirnos... Si no podemos joderle no iré, dijo Garrison. ¡Qué!, dije, no han entendido nada de lo que he dicho; desea calmar las cosas y… Al final todos aceptaron ir. Aunque a Petrozza tuve que rogarle dos días más. Es demasiado orgulloso para esas cosas. Odio a Scott, decía, no soportaría mirarlo si quiera. Pero al final aceptó porque prometí invitarle unas copas el día que quisiera. En un buen lugar, señaló antes de aceptar el trato. En donde quieras, le dije, pero ya no seas tan duro. Vale, vale, dijo y se tragó el orgullo. 

2

 El bar de nuestra elección, que en realidad fue el bar de mi elección, fue un bar en Plaza Cuicuilco. Un punto medio entre el mundo de Scott y el mundo de mis amigos.  Aunque Petrozza se quejó del lugar antes de llegar, se tranquilizó al hacerlo. Esto está lleno de jebas buenas, dijo. Y era verdad. Era un viernes o un sábado y todas se habían vestido para matar. Scott llegó por su parte. Yo quedé de recoger a Petrozza en casa de Garrison donde también estaría Rey y Scott aceptó llegar por su parte. Todos estaban cooperando y yo no lo podía creer.  Esta era la noche. Si lograba amistarlos a todos en adelante podría llevar una vida de menos estrés. Podría decir a Scott estoy con mis amigos, o estoy con Petrozza, sin que perdiera la calma. Tenía que demostrarle que ninguno de ellos era peligroso, y que el coqueteo con Petrozza era un juego, que ese cabrón coqueteaba con todo sustantivo femenino… propio o común. Y no me fue difícil. La mirada de Petrozza se perdía en cada chica que pasaba y no disimulaba en absoluto. Todos,  y en particular lo hice notar a Scott con pequeños codazos y risas, notamos que Petrozza estaba idiotizado mirando tanta mujer. Garrison y Rey Hernández no hablaban demasiado. Se limitaban a escuchar las buenas nuevas de Scott. Noticias sobre la economía de Estados Unidos, Canadá y México. Sin darle demasiada importancia. Todo estaba saliendo muy bien. Sentados a la mesa, bebida en mano y plática amena. Al menos plática sin discusiones. Toqué a Martin en el hombro y le dije al oído ya, ya, únete a la charla y por el amor a Dios trata de parecer un hombre normal, no un depravado. Y recuerda: estás a aquí para demostrar a Scott que puedes ser un hombre decente. Me miró en silencio. Indignado, sin decir una sola palabra, y creo que fue allí donde se jodió la cosa. Conociendo a Martin no debí decir aquello. Seguro pensaba algo como: a mí nadie va a decirme cómo comportarme… No pienso ser un hipócrita… Ser decente no es ser un gilipollas como Scott, un hombre decente también tiene ganas de follarse a todas esas jebas. Cosas así. Aunque él juró después que no lo hizo apropósito, que no se dio cuenta cuando perdió el control, no sé si creerlo. 

 Petrozza ordenó otro whisky en las rocas. Cuando lo trajo el mesero, el whisky no tocó la mesa. Petrozza lo cogió de la mano del hombre que lo trajo y lo bebió de un trago, acto seguido regresó el vaso al mesero y dijo: otro igual por favor.  Scott le echó una mirada, y luego me echó una mirada a mí. Yo no soportaba eso, que Scott me recriminara los actos de mis amigos, como si fuesen mis actos. Así bebe Petrozza, ¿y?, eso no lo hace menos o peor que tú o que yo, pensé decir a Scott pero me callé. En verdad deseaba llevar la fiesta en paz. Pero Garrison también miró a Petrozza, y me miró a mí, y miramos a Rey que nos miró, y todos lo supimos: Petrozza no estaba a gusto. Y cuando Petrozza no está a gusto…

 El mesero le entregó el otro whisky y quedó esperando que Petrozza lo bebiera al hilo pero esta vez lo estampó contra la mesa y con un ademan despectivo le indició al mesero que se largase. El mesero no lo tomó a bien y se largó maldiciendo entre dientes. Scott no dejaba de observar a Martin sin parar su discurso sobre el Tratado de libre comercio y sus teorías económicas al respecto. Garrison y Rey no dejaban de observar a Martin sin dejar de escuchar a Scott y yo fingía atención a todo el cuadro pero no dejaba de observar a Martin esperando lo peor. Martin no miraba a ninguno de nosotros. Miraba a al vacio. O eso pensé, pero qué va, era de esperarse, miraba el culo de una mujer. Me enteré porque me lo dijo. Dio un trago a su bebida y me dijo susurrando: Pinciotti, ¿ves ese culo de allá, el de pantalón blanco? Miré a donde me señaló y sí, miraba ese culo de allá, de pantalón blanco, y pertenecía a una mujer ni fea ni guapa. Sí, dije a Martin, lo veo, ¿y? ¿Podrías traerlo para mí a esta mesa? ¡Diablos, no!, dije, se supone que venimos sólo nosotros cinco, ¡y se supone que tienes que hablar con Scott y hacerte su amigo! Ya dijo Martin, entonces lo traeré yo mismo… Y se levantó de la mesa y todos lo miraron asombrados y ya lo presentíamos. Más que nadie, yo, ya lo presentía. Petrozza echaría todo a perder. Sin embargo no estoy segura de eso…

 Petrozza se levantó del asiento, caminó hasta la chica que le gustó y se puso a platicar con ella. Cuando se levantó, sin decir nada, yo dije a todos pero sobre todo dije a Scott que iría al sanitario. Que Petrozza iría al sanitario. Nadie dio importancia al comentario. Para mí era importante justificar los actos de Petrozza aunque quizá estaba exagerando. Lo busqué con la mirada y ya no estaban allí. Busqué a la chica pero tampoco estaba. Así que supuse que se habían entendido muy bien, o que no se habían entendido en absoluto. Y que todo había acabado, y en un segundo regresaría Martin. No fue cosa de un segundo. Fue cosa de veinte minutos. Petrozza regresó en veinte minutos con tres señoritas, así las presentó, y las sentó a la mesa, con nosotros. Jaló un par de sillas y las sentó entre nosotros. Rey Hernández inmediatamente se presentó. Luego Petrozza nos presentó a todos aunque se equivocó en el nombre de ellas tres. Se sentó al lado de una de ellas, una castaña de tremendo culo, y dejó a Rey una rubia de de sonrisa bonita y, casualmente, una pelirroja escotada quedó junto a Scott. Todo esto interrumpió la paz que momentos antes reinaba. Se convirtió en un absurdo. La rubia preguntando a Rey si gustaba de escuchar los éxitos de Madonna. Al tiempo que Petrozza le decía a Garrison,  por encima de la música y las voces: ¿a poco no Andrea tiene los ojos más bellos que has visto? Andrea era la castaña que se había apañado. Y la pelirroja, no queriendo quedar atrás, intentaba hacer conversación a Scott. Garrison y yo nos miramos pensando que Petrozza lo había hecho. Había convertido esto en una de sus noches de juerga. 

 Lo interesante del asunto, lo impresionante del asunto, no es que Petrozza haya traído a ese trío de golfas. Porque lo eran. Las muy putas se pensaron todo ese tiempo (o quizá se los dijo Petrozza) que la bebida corría por cuenta nuestra.  Lo impresionante del asunto es que Scott se uniera a todo eso. La pelirroja logró hacer plática con él. Yo lo dejé actuar. La pelirroja le susurraba cosas al oído y le sacaba risas. Estaba encima de él. De vez en vez me miraba serio y me hacía algún comentario. Comentarios como: ¿lo estás pasando bien? Yo respondía que sí, que sin problemas. Era terrible para ocultar sus emociones. Evidentemente él lo estaba pasando muy pero que muy bien. La rubia no paraba de reír con los chistes de Rey. Rey también lo pasaba bien. Garrison y yo quedamos fuera de lugar. No lo puedo creer,  me dijo echando una mirada a Scott que cínicamente se dejaba sobar la pierna por la pelirroja. Ni yo, dije alzando los hombros. 

 En algún momento Petrozza alzó la voz. Comenzó a platicarnos de la vez que la patrulla lo cogió in fraganti cuando lo hacía dentro de un auto con su novia. O lo que en ese entonces era su novia. Y de cómo se libró. Nadie le prestaba real atención. Rey estaba deseoso de acostarse con la rubia, se lo podía mirar en la cara. Petrozza estaba deseoso de acostarse con la castaña, no tenías que adivinarlo, era obvio y lo notabas al mirar a la manera en que la agarraba. Y Scott, lo noté en su nerviosismo, estaba deseoso de cogerse a la pelirroja. Petrozza tiene el don de encontrar agujas en el pajal y putas en cualquier lugar. Porque lo sabías: la castaña estaba caliente, la rubia estaba caliente y la pelirroja estaba caliente. Todos bebían whisky como agua. Hasta Scott que es un santo. No quería quedar como un santo. No esta noche. No con la pelirroja colgada de su cuello. Y yo no reclamé nada, dejé que actuara como la gana le diera. Me guardé todo eso para después…

3

 Así que las PUTAS y los BORRACHOS son cosa que van de la mano, dije a Scott cuando tuvimos oportunidad de hablar. Rió estúpidamente. Sabía a qué me refería. Así que Petrozza es un mamarracho que se liga putas de bar, continué. Scott titubeaba. Petrozza es buena persona, dijo casi tragándose sus palabras. Yo reía por dentro pero por fuera me hacía la indignada. Y la pelirroja también era buena persona, ¿no? Scott frunció los labios y dijo: sí, era simpática, pero eso no significa nada. Y por eso tuviste que pagar la cuenta de ella y de sus amigas, dije. Y es que el idiota de Scott terminó pagando la cuenta de todos, y al final fue el que menos sacó de todo esto. Saliendo del bar Scott y yo regresamos a casa y Petrozza, Rey, Garrison y las tres mujeres se largaron a seguir la fiesta a casa de una de ellas, creo que de la rubia. Scott no tuvo el valor de continuar. Me dejó en casa y se quedó conmigo, más para convencerse a él que a mí, de que no necesitaba ese tipo de distracciones. Y al amanecer, sentados a la mesa del desayuno, le reclamé falsamente su actitud. Le dije que si tanto le gustaba decir a otros la verdad, tenía que saberse que la única verdad es que yo lo quiero, y que ni importa cuánto haga o deje de hacer, no cambiaría en absoluto nada de lo que yo siento por él. Y que debía dejarse de tonterías respecto a mí y a Petrozza y respecto a mi actitud y mi cinismo porque ahora se ha visto que él mismo no es tan honesto, honrado e íntegro como dice ser. Que al menos Petrozza reconoce sinceramente que ama ligar putas de bar y no se cubre con los mantos de la santidad cuando no es un santo. ¿Te gusta la verdad?, dije con más fuerza: pues la verdad, querido, es que te quedaste con las ganas. 

 A Scott le quedó claro, y de ese día en adelante pude hacer de las mías sin tanto alarde. Porque no, yo no amo la verdad. Yo amo la razón que me conviene. Al fin y al cabo la verdad es relativa.




16 comentarios:

  1. no cabe duda que eres dura te admiro, ya extrañaba tus textos, espero que no dejes de escribir. rei mucho con este y creo que ese scott es todo un caso, XD jji

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  2. Lo mejor de todo es la forma en que terminaste la narración " Yo no amo la verdad , Amo la razón que me conviene.Al fin y al cabo la verdad es relativa" y me gustó tanto hoy la pondré en mi FB claro con el crédito al pie.

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  3. como diría mi padre; pobre de la verdad pende de quien conviene.

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  4. Vaya usted y sus amigos al "Hazlo por tu vida", un bnito grupo de Alcohólicos Anónimos. ;)

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  5. Vero, me dejas pensando en esa última frase " Al fin al cabo la verdad es relativa" pues me deja en dudas y parto de la subjetividad del ser y lo tangible de la realidad. Para mi existe una sola verdad y es la realidad, hay que estar "afuera" para poderla ver y se totalmente honesto consigo mismo para poder ser honesto con los demás.... como ves creo que la verdad solo hay una cuando se dice con razón lo que también te involucra y no solo te beneficia, pero bien lo dices entre líneas, somos humanos, seres pasionales que se dejan llevar por sus emociones y sus pasiones, las pulsiones nos mueven y hacen que actuemos como actuamos, es por ello que me dejas en una encrucijada sobre el verdadero sentido de la verdad.

    Muy buen texto me divertí mucho con Petrozza y con Scott....

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  6. Citlali Palacios Garza30 de junio de 2011, 13:04

    Estoy de acuerdo contigo Vero, hablar de cosas absolutas, es como hablar de cosas ininteligibles, me gusto bastante el texto y ese rollo de comportarse como hombre, es decir que debo de entender que Scott no suele comportarse como hombre? Debo de decir que en concretas líneas, el texto capturo mi atención y lo que es mejor, lo disfrute.

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  7. Macrozabeth Moncada30 de junio de 2011, 13:06

    Vero , "me gusta"

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  8. Citlali Palacios Garza30 de junio de 2011, 13:09

    Bueno creo que ser hombre manso no suele ser el atractivo de muchas mujeres, aunque siendo honesta no es tampoco que me gusten los chicos malos, digamos que me gustan los tipos con apariencia de malos, pero que sean listos, jajaja.

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  9. esta muy bueno eso y cierto

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  10. No hay otro menos idiota que Scott con un chingo de varo? a mí me daría mucha hueva andar con él y casarse! supongo que se es más cínica que mártir

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  11. Tartaro Aqueronte1 de julio de 2011, 2:05

    Las verdades absolutas podría, con temor a equivocarme, decir que si existen y son aquellas que se captan con la razón no con los sentidos pues estos engañan. una verdad absoluta: la pera es una fruta, no me lo puedes negar porque en cualquier lugar que se cosechen peras van a saber que son frutas; en fin estoy de acuerdo frente a lo que se dice que verdades absolutas en el ser humano, en sus sentimientos no existe, en eso si estoy de acuerdo; somos seres mutables, variables, evolucionamos o involucionamos y por tal una verdad absoluta dentro del ser humano es una cuestión irracional y es desde este punto que entiendo tu texto que me pareció absolutamente bueno, es la realidad de hombres que se dejan "gobernar" por mujeres cuando sienten que no son amados... desde Foucault son meras relaciones de poder y ahí, la batuta la lleva Vero....

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  12. Que si las verdades son relativas?! claro que son relativas!!! y las mentiras, las mentiras son piadosas como lo dice el buen de Sabina "y así fue como aprendí que en historias de dos
    conviene a veces mentir, que ciertos engaños son
    narcóticos contra el mal de amor"....Al final las verdades son relativas dentro de las mentiras... Pinciotti sigue siendo tan cinica como se te de la gana, porque es tu sello personal...

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  13. también los solitarios se llevan bien con las putas. Y algún que otro casado también.

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  14. Lei "¿Te gusta la verdad?"... chingón eh! leeré algunos más..

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  15. Las unicas verdades soportables son las que no nos causan jaqueca por las mañanas. Genial relato.

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  16. Pinciotti: te extrañaba, claro, relativamente.

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