domingo, 26 de junio de 2011

París no es una fiesta: Alondra Guzmán.

Alondra Guzmán, colonia Hipódromo Condesa, México D.F., 12 de agosto de 2010.


(Alondra, sentada a una mesa en el café X.)   

Me llamo Alondra Guzmán, tengo veintidós años y soy estudiante de teatro en una escuela particular (Alondra menciona el nombre de la escuela pero el editor decide quitarlo). Mi sueño es ser una gran actriz de películas de fama mundial. Si pudiera elegir ser alguien, preferiría ser Jeniffer López. Creo que es una mujer inteligente y bella a la vez. Creo que yo soy una mujer bella e inteligente a la vez. Me gusta leer libros de poesía. Me gusta que los hombres sean apasionados y que lleven barba de candado. Y también que sean divertidos. Me gusta el sushi y la limonada. Pero jamás como sushi y bebo limonada al mismo tiempo. Para acompañar el sushi prefiero el té verde, el sake (que es una bebida clásica de Japón; algo así como el tequila), o vino blanco. Cerveza no. No bebo cerveza. También me gusta el vino tinto y adoro los perros. Tengo dos perros. Un perro y una perrita. Se llaman Waldo y Wendy (risa estúpida). 

 Nota: Las cinco cuartillas siguientes sobre la autodescripción de Alondra fueron suprimidas totalmente por el editor.  

Entrevistador:   ¿Cómo conociste a Martin Petrozza?

 Fue en una fiesta en la delegación Tlalpan. 

Entrevistador: ¿tú eres amiga Martin Petrozza?

 No, yo no conozco a Martin Petrozza. 

Entrevistador: Acabas de decir que conociste a Martin Petrozza en una fiesta en Tlalpan. 

 Ah, sí (risa estúpida). 

Entrevistador: Y bien, ¿cómo le conociste?

 (Alondra ordena un vaso de agua)

 Yo era amiga de Thalía, y Thalía era amiga de Diego. Diego era un argentino simpático que usaba barba de candado. Así que estábamos en casa de Thalía cuando me dijo que yo debía conocer a Diego. Que era simpatiquísimo y que seguro me gustaría. Le dije que sí, pero que primero debíamos ir por sushi. Yo recién había cortado con Alberto. Así que Thalía se empeñaba en hacerme conocer a alguien. Para olvidar a Alberto. Thalía era una buena amiga. Lástima que tenga nombre de teibolera, pensaba cada que pensaba en ella. Diego es escritor, me contó Thalía camino al restaurante de sushi (Alondra menciona el nombre del restaurante y el editor decide eliminarlo). Ajá, decía yo escuchándola y sin poder dejar de pensar que Thalía sería más bonita si se depilara más la ceja. 

Entrevistador: ¿Diego invitó a Thalía a la fiesta?

 No. (Alondra bebe agua y ordena una ensalada César)

Entrevistador: ¿Entonces?

 (Alondra suspira, acto seguido comienza a explicarlo)

 Thalía no era lo que se dice, amiga amiga de Diego. A Diego lo conoció una semana antes de presentármelo a mí. Se conocieron en un café de la Roma. Diego da espectáculos callejeros en la Roma. Aparte es escritor. Diego daba uno de sus espectáculos cuando Thalía pasaba por ahí y él la miró. Thalía se detuvo a mirar el espectáculo. Se detuvo unos cinco minutos, dice, pero no le creo. Conociendo lo  zorra que es estoy segura que se quedó todo el espectáculo y que hasta lo sedujo. Le guiñó el ojo o algo. Porque al final,  Diego recogió sus cosas en un minuto y la siguió. Siguió a Thalía hasta el café donde se metió. Cuando la miró sentada le preguntó si podía quedarse con ella, en su mesa. Thalía dijo que sí. Para que Diego o cualquier hombre hiciera esto, Thalía debió dar entrada desde la primera mirada. Estoy segura. No funciona de otro modo. Fue allí donde Diego le contó que era escritor y que se proponía hacer un drama sobre Velázquez. Entonces algo de Diego no debió gustar a Thalía porque le contó de mí. Le dijo: tengo una amiga que estudia teatro, te la voy a presentar. Thalía dice que hizo aquello por mí. Que al notar la afinidad entre nosotros (entre Digo y yo) se propuso presentarnos. Sin embargo no lo creo. Si a Thalía le hubiese gustado Diego no lo hubiese pensado dos veces para llevarlo a la cama. 

 Diego también debió notarlo porque estuvo encantado. Diego caminó detrás de ella, la siguió hasta el Café (Alondra menciona el nombre del Café pero es editado por el editor) y se lanzó sobre ella. Si Diego no lo hubiese notado hubiese dicho no, a mí me gustas tú, a quien quiero conocer es a ti. Diego supo de algún modo que él no era para de Thalía.  

Entrevistador: Pero, ¿Diego no invitó a Thalía a la fiesta?

 No y sí. 

Entrevistador: ¿Cómo?

 (La ensalada de Alondra llega. Alondra la mira, la pica con el tenedor, y dice…)

 Ese día en el Café Thalía invitó a Diego a bailar. Diego dijo yo no sé bailar así que Thalía tuvo que invitarlo a cenar. Diego aceptó y luego Thalía me llamó, para platicar, y me contó de Diego. Cuando yo le comenté que estaría encantada de conocerle, me invito a cenar. Al mismo lugar y al mismo tiempo que la cena con Diego. Diego no se lo esperaba. Diego se había olvidado que Thalía le presentaría a una amiga que estudia teatro. No lo dijo pero lo noté. Lo noté cuando me miró llegar. Entré al lado de Thalía. Al restaurante donde quedaron. Y Diego me miró sorprendido. Primero pensé que de mi belleza. Sin embargo luego lo dijo. Dijo: ¿y ella quien es? Thalía tuvo que recordárselo. Es mi amiga, le dijo, de la que te platiqué, la que estudia teatro y está soltera. Thalía también estaba soltera. Por eso digo que algo debió disgustar a Thalía de Diego. Si no, no me lo hubiera presentado ni hubiera dicho que yo soy soltera. Diego se levantó a saludarme y estuvimos encantados de conocernos. La gente siempre está encantada de conocer a otra gente. Incluso cuando no está encantada de verdad. En este caso yo sí estaba encantada. Diego llevaba barba de candado. Castaña. Me gusta mucho ese tipo de barbita (risa estúpida). 

 Platicamos de mí y de mi afición al teatro. Luego Diego platicó de su afición al teatro, que iba por el lado de leer teatro y hacer teatro, pero jamás, por ningún motivo, actuar. Decía que actuar no es lo suyo. Thalía dijo que en tal caso, Diego y yo hacíamos la pareja perfecta, pues actuar sí que es lo mío. Diego asintió con la cabeza, dando un trago a la copa de vino tinto y en eso se le escurrió un poco de vino. Bajó por la barba y fue a parar a la camisa, que era blanca, y yo dije: ¡cuidado! Pero fue demasiado tarde. La gota de vino cayó en cámara lenta pero fue demasiado tarde. Diego preguntó qué pasa y le señalé la mancha en la camisa. Déjalo, dijo desinteresado, no importa. Thalía me miró de reojo, como pensando: es un cerdo. Yo también lo pensé. Sin embargo su barba de candado era tan bonita que no me importó. 

 Diego lo propuso en algún momento. Eso de ir a la fiesta. Dijo que había una fiesta el próximo martes. Thalía dijo que quién daba una fiesta en martes, que el martes no es un buen día para dar fiestas. Diego aclaró que no era precisamente fiesta, sino… una reunión de amigos. Yo dije que si era una reunión de amigos, de los amigos de Diego, quizá no debería invitarnos. Pero insistió. Y aceptamos. Perfecto dijo, nomás deja que me inviten y listo. ¿Cómo?, exclamamos Thalía y yo al mismo tiempo. Resulta que Diego no estaba invitado. Se enteró por un rumor que uno de sus amigos daría una fiesta, o una reunión, pero no era seguro, y aún no lo invitaban. Lo que es seguro dijo, es que si se hace, me inviten. Thalía se emocionó con la idea. Con la idea de salir los tres. Le propuso llamar a sus amigos y confirmar él mismo si la reunión se haría. De ser así, quedábamos de una buena vez. Para el próximo martes. 

 Diego no llamó. Mando un mensaje desde su móvil. Ya casi no me queda saldo, dijo. Mandó un par de mensajes más y ¡listo!, dijo, sí se hará el próximo martes. Thalía preguntó si lo habían invitado. Aquí reímos todos, el comentario de Thalía fue un chiste.  

 (Alondra bebe agua)

 La reunión sucedió en un departamento de la delegación Tlalpan. Diego nos presento como a unas amigas, aunque como ya dije, amigos amigos no éramos, y nuestras intenciones, mis intenciones, no iban por el lado de la amistad. Probablemente Diego y yo podríamos ser novios, o amantes, pero no amigos. 

 Primero nos presentó con Garrison, que fue quien la avisó que sí se haría la reunión, y que sí era amigo amigo de Diego. Luego nos presentó con Martin Petrozza, que más que amigo de Diego lo era de Garrison. De Diego era un “conocido”. También nos presentó con Verónica Pinciotti, que era más amiga de Petrozza que de Diego mismo. Y en algún momento Petrozza nos presentó con un tal Salmoneo. Que no era amigo amigo de nadie pero Petrozza había invitado a la reunión. Verónica nos presentó con una chica italiana, que era amiga suya, porque Verónica también es italiana aunque vive en México. Su amiga no. Ella estaba de visita en México. La italiana de visita invitó a un par de franceses, que eran amigos de ella, aunque nunca se habían visto. Mantenían correspondencia electrónica y hasta ahora, en esta fiesta, lograron coincidir. Y había un chileno pero nadie nos lo presentó. Nadie parecía conocerlo. (Alondra hace una mueca de asco).

Entrevistador: ¿Cuál fue tu primera impresión de Martin Petrozza?

 La primera impresión no fue buena ni mala. Me pareció un hombre normal. Pero luego mi curiosidad hacia él se acrecentó. Escuché decir a Salmoneo, cuando le preguntaron de dónde había salido, que leyó un poema de Petrozza en un periódico de Colima, y que sin conocerlo, lo busco en Internet y lo contactó. Que llevaba meses intentando conocerlo. Eso me pareció curioso.

 (Alondra da un bocado de ensalada y luego, frunciendo el entrecejo, continua)

 Sin embargo hubo una tercera impresión: tuve que ir al sanitario. Pregunté a Diego dónde está el sanitario y no sabía. Preguntó a Garrison y éste le preguntó al chileno. El chileno le dijo a Garrison, en un susurro, como si fuera un secreto, y Garrison le dijo a Diego, gritando, y yo pude escuchar dónde está el sanitario. Caminé al sanitario y en la puerta estaba Martin Petrozza. A un lado de la puerta, recargado en la pared. La puerta estaba cerrada y salía luz por debajo de ella. Estaba ocupado y supuse que Petrozza esperaba su turno. Me dijo Hola, ¿cómo te llamas? Le dije Alondra, ya nos habían presentado. Ya dijo, ¿qué te tomas? Lo dijo con una entonación extraña. Respondí que vodka y él dijo, sin que yo le preguntara, que él bebía whisky en las rocas. Ah bueno, dije riendo de nervios. Lucía pasado de copas. Tenía los ojos rojos e iba desaliñado. Lo estaba observando y en eso se desocupó el sanitario. Salió la chica francesa. Entonces pensé que Petrozza entraría pero me cedió el paso. Abrió la puerta, me tomó de la mano, y jalándome me invitó a pasar. Pasa, pasa, dijo, por favor. Y pasé. 

 Cuando salí Petrozza aún estaba allí. Estaba justo de frente a la puerta, y quedó justo de frente a mí. Movía el vaso con whisky y hacía sonar los hielos. Yo lo miré a los ojos unos segundos. Me molestó eso, ya sabes, él allí enfrente de mí, mirándome raro. Y de pronto, me dijo: tienes unos senos precisos. Yo llevaba un vestido escotado; era para agradar a Diego, negro. Precioso. Lo compré el verano pasado pero todavía lo uso. De vez cuando. Es un vestido liso, con detalles en plata. Se ajusta muy bien a la cintura… (la interminable descripción del vestido negro fue suprimida por el editor). 

 Tuve miedo. De que Petrozza fuese un pervertido. Sonreí y me largué. Lo dejé allí. Parado. Y se lo conté a Thalía y a Diego. Thalía se molestó, dijo a Diego que a qué clase de fiesta nos había traído. Sin embargo Diego no dejaba de reír. Le parecía muy divertido todo eso. Dijo que Petrozza era un che boludo, y que ya le habían contado de cómo suele tratar a las mujeres. ¿Cómo suele tratar a las mujeres? , pregunté. Diego me explicó que tenía fama de mujeriego. Y fama de ser directo con las mujeres. ¿Directo cómo?, pregunté. Me dijo que según los rumores, les propone sexo a todas las chicas que ve, y de todas, dice el mismo Petrozza, algunas tienen que caer. O sea que si me quedo dos segundos más hubiese sido víctima de una propuesta indecorosa (risa estúpida que se prolonga uno buenos minutos). 

Entrevistador: ¿tuviste algún otro encuentro o impresión de Martin Petrozza?

 (Luego de pensarlo mucho tiempo): Sí, una última impresión:

 En algún momento de la fiesta los franceses y el chileno comenzaron a fumar marihuana. Se sentaron en el suelo, en medio de la sala. Llamaron a Diego para que se uniera y se unió. Bajó del sofá donde estaba, al suelo. Nosotras lo seguimos. No deseábamos quedar solas en medio de tanto loco. Porque al final Thalía y yo pensamos que todos allí estaban locos. Comenzaron a fumar y nos ofrecieron hacerlo pero nos negamos. La marihuana es para hippies y para gordos panzones. Cuando el humo se expandió por toda la habitación llegó la italiana, no la bonita, sino la otra, y pidió que le invitaran una fumada. Esta italiana me cayó muy mal. Llevaba unos zapatos horribles y no se cuidaba el cabello. Era evidente que no se cuidaba el cabello. Por si fuera poco, llevaba los sobacos sin afeitar y gritaba todo el tiempo. En español. Pero sobre todo gritaba groserías. Los franceses hablaban inglés y no dejaban de decir (lo entendí porque yo sé inglés) que la marihuana de su país no es tan buena como la de México. Luego llegó Petrozza, se sentó en el sofá, junto a Salmoneo y Verónica, la italiana bonita, se sentó junto a él. Yo no dejaba de mirarlo de reojo. Me preguntaba si sería verdad todo lo que Diego contó de él. Además noté que Verónica lo seguía mucho. Y Verónica era realmente bonita. Así que si una chica bonita le seguía, no podía ser tan malo. Y Salmoneo también. Salmoneo estuvo más de un mes tratando de localizarlo. Por su poema. Petrozza era escritor. En eso estaba pensando cuando de la nada preguntó, Petrozza preguntó a todos en la sala, ¿qué es la Literatura? Diego lo miró, sonrió, y dijo que la literatura es como una bella dama y algunas otras tonterías. Estaba muy drogado. Alucinaba. Y todos comenzaron a decir qué es la literatura. Al mismo tiempo. Escuché muchas cosas pero no recuerdo ninguna porque todos hablaron al mismo tiempo. Yo esperaba escuchar la respuesta de Petrozza al respecto pero ya no dijo nada. Thalía habló de flores, dijo que la Literatura se le hacía a ella como una flor, o un jardín de flores. Diego, que ya no estaba en sus cinco sentidos, me preguntó si me gustaban las flores y le dije que sí, que sobre todo los girasoles. ¿Los girasoles?, preguntó extrañado. Sí, dije. ¿Como los de Van Gogh?, dijo y preguntó si me gustaba Van Gogh y le dije que sí. Me preguntó si conocía a Velázquez. El pintor sobre el que Diego hacía una obra. La verdad es que no, dije. Deberías conocerlo, dijo, es mucho mejor que Van Gogh. No lo creo, respondí, no hay nadie mejor que Van Gogh. Lo dije realmente enfadada. Yo creo que no hay nadie mejor que Van Gogh. No sólo por sus cuadros, sino por su vida. Thalía dijo que no le hiciera caso a Diego, que ya estaba muy pasado. Pasado de droga. Y que sería mejor que nos fuéramos.  

 Lo último que miré de Petrozza fue que se acercó a la francesa, que como ya dije, era la mujer más bonita en esa fiesta, y le habló al oído. La francesa sonreía y miraba a Petrozza de una manera especial. Pensé que quizá debí quedarme más tiempo con él en la puerta del sanitario (risa estúpida).  



 Alondra Guzmán.

4 comentarios:

  1. Me agrada bastante, sobretodo como evocas el glamour de una actriz, la fluidez, la egolatría...muy bueno.

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  2. Delicioso, el lengua es fluido y se acopla al personaje estupendo, felicidades muy buen texto.

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  3. Me encantó la página, la lectura del texto me sentí viendo una obra de teatro

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  4. sí todos fueran como petrozzaaa!!!!!!

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