lunes, 13 de junio de 2011

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Texto Por: Edisson Paucar.  

Cruzando el centeno, pobre cuerpo
Cruzando el centeno
Se le volaba la faldilla
Cruzando el centeno

Si un cuerpo choca un cuerpo
Cruzando por el centeno
Si un cuerpo besa un cuerpo
¿Tiene un cuerpo que llorar?

Si un cuerpo choca un cuerpo
cruzando por el valle
Si un cuerpo besa al cuerpo
¿Tiene el mundo que saberlo?

El de Jenny es un cuerpo pequeño y dulce
Jenny casi nunca tiene sed
Y se le vuela la faldilla
Cuando cruza por el centeno...

Robert Burns

(El guardián entre el Centeno)


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Todo sucedió el sábado en la mañana por acatar indicaciones. Me desperté con una resaca fúnebre; el cuerpo me temblaba a cada milésima de segundo, el aire me faltaba de vez en cuando como si los pulmones hubiesen hecho un acuerdo para dejar de funcionar a ratos, incluso las manos se combinaban con clavos internos. ¡Malditos calambres!

Abrí la mochila, buscaba los apuntes del cuaderno para mirar que tenía de deberes, empezaba a querer ser responsable, por ello no seguí bebiendo ayer en la cantina con los de mi curso. Temblando y con ganas de nausear logré encontrar los apuntes. Nada nuevo. Las mismas frases de amor cursis que me sabían dejar escritas las de quinto curso. 

“Eres un lindo Davis, nunca cambies. IOU” Pura mierda de esa, si supieran esas chicas que no me interesaban lo más mínimo, eran bonitas, pero también eran un gajo de estúpidas, sobre todo Brigid, vaya si que tenía un hermoso cuerpo, pero cuando empezaba a hablar lo arruinaba todo, después de todo si pudiera agarrarla mmm, si lo haría, la estamparía, como un perro en celo, y luego me iría como un perro vagabundo, con la cabeza gacha y la cola entre las piernas.

“Estimado David, el rector del colegio me ha pedido que te diga que el cabello que llevas ahora no va con la institución así que si quieres que te dejemos entrar el lunes ha clases tienes que cortarte el pelo. Mira que ya te castigamos en una anterior oportunidad, y ya no seremos tan flexibles.

Att: Ing. Manrique”

Que nota la que encontré, seguramente ese gordo la escribió cuando deje mi cuaderno en el aula. Y aparte “que mi cabello no va con la institución”. Ese Manrique era un completo pendejo, para escribir un par de líneas enumero en varias ocasiones el “que” ¡es un mierda! Y siempre caminando por los pasillos con el mismo terno de siempre, con olor a axila ¡Aahhh…! y si no le dices ingeniero no te regresa ni a ver el pendejo.

Con el recado recibido, salí hacia la peluquería, aún mareado, el agua se presentaba en toda la ciudad, así que miré al paraguas que estaba al lado de la puerta, pero me dio pereza llevarlo. Ese instante recordé cuanta falta me hacía Juan, el único tipo que valió la pena en esa institución. Me hubiera gustado escribirle para contarle lo tarado que es Manrique y hacerle una broma el próximo lunes. Juan ya no estaba.

Llegué a la peluquería, empapado por la llovizna que caía. Era la misma a la que acudía desde mi cumpleaños número quince. Me gusto por el hecho de ser pequeña, con diferentes tonadas de colores en la pared, espejos un poco sucios rodeándote, y quedaba apartado de todo, en un callejón indiferente para el resto. Aparte, con mayor importancia, es la cuestión que ahí atendía una chica súper hermosa, cautivadora, te envolvía con sus conversaciones. Incluso en una charla logré acceder a información íntima, que me marco de verdad, lo juro. Claudia me contó sobre su familia, que era muy poca, solo ella y su madre. Su madre había estudiado literatura, pero no logró acabar su carrera por la muerte de su padre. Su padre había sido un poeta desconocido que se la pasaba embriagándose días, y días. Desaparecía de la casa sin decir más. Hasta que un tarde llamaron a casa para avisarles que lo habían encontrado en un hotel desangrado dentro de una bañera. Eso acabó con Claudia y su madre. Su madre se hundió en el alcohol, y después de un tiempo se envolvió con un tío miserable, que se las pasaba golpeándolas y todo ese rollo de siempre. 

La hija por su parte dejó de asistir al colegio para realizar los quehaceres del hogar. Así fue como en su tiempo libre le daba por leer los libros comprados en el antaño por sus padres, Onetti, Cortázar, Borges, Adoum, y cientos más pasaron por ella. Pero Amorel, un escritor francés fue el que realmente la envolvió. Después de leer La pradera silenciosa, donde una niña del campo logra entablar un romance con un leñador fugitivo, leyó Las tijeras perpetuas, donde una peluquera homicida es trasladada a un hospicio y ahí entabla una relación sentimental y cómica con el guardia del lugar.

Lo cual fue causa y consecuencia para su profesión, me dijo que los paisajes descritos ahí eran hermosos, fantásticos y ojalá a ella le sucediera algo similar para poder ser realmente feliz.

Así que como les decía, estaba empapado. Claudia, Claudia ¿estás aquí? Grité. Nadie respondía, intente un par de ocasiones más y nada. 

Cuando de repente salió una señora muy extraña. Llevaba un abrigo negro, con una capucha. No se le veía el rostro, ni nada.

Claudia eres tú. No respondía. De pronto empezó a sacarse la capucha, luego el abrigo ¡Quede estupefacto!

Cada parte de su piel era perfecta, su boca, sus ojos, su nariz y su pelo. 

Vaya, era el pelo más negro que vi en toda mi vida con esos rizos que almidonaban su cuerpo. Solo sus ojos podrían compararse a tal negrura y brillantes de su cabello, nariz fina como las muñecas que salían en televisión en la época navideña, una boca, ¡vaya que boca! Color cereza, como para ser degustada.

Claudia no viene hoy al trabajo, tuvo que salir de viaje, me dijo. 

Yo le pregunte si viene alguien en el reemplazo o no va a haber atención. La lluvia ese instante se hizo eterna, cada gota era como un baldazo a la Tierra, no había manera de salir a la calle, incluso la calle desaparecía, una mini-Venecia aparecía, el agua recurría la ciudad por los malos alcantarillados y el capricho de la naturaleza.

¡Las nubes han caído! Lo mejor será cerrar la puerta, hasta que pase la lluvia. Como gritaste el nombre de mi hija, imagino que eres su amigo, así que igual puedes quedarte si lo deseas hasta que escampe, o si no puedes irte. Da igual.

Sin pensarlo dos veces yo acepté con la cabeza. Me senté en una silla frente a una pequeña ventana. Se notaba como las gotas de lluvia seguían sacudiendo la tierra, era para volverse loco, en serio.

Se acercó a un mostrador y sacó una botella de ron, dos vasos, tabacos, encendió la radio. Sonaban unos pasillos cantados por una dama, sirvió la bebida, me dio uno a mí, ella se bebió el otro. Prendió un cigarro.

Gracias señora, le dije. Es muy amable. No me respondió nada, siguió sirviendo vasos de ron, prendiendo cigarros y escuchando pasillos. Yo decaí en mi intento por intentar iniciar una conversa, después de todo era agradable beber sin hablar, las palabras no se desperdiciaban, inténtelo.

Se terminó la primera botella y aún la lluvia no había parado. Se acercó nuevamente al mostrador para sacar otra botella, así continuar con la rutina hasta que la lluvia se llegará a tranquilizar.

Después de los dos primeros vasos de la siguiente botella fue la señora quien inició la conversa. Yo miraba por la ventana cuando le escuché preguntarme si acaso a mí me gustaba la poesía. Asentí con la cabeza, con voz baja dije que mi amigo Juan degustaba aún más de ello, mientras con la mano le pedía un cigarro. 

Empezó a hablarme de la poesía Argentina de los años sesenta, de poetas de esa época a quienes conoció en un viaje realizado años atrás, luego me habló de música en el mercado comercial, cómo se ha ido degenerando. Luego de teatro, donde amaba sobre todo la temática de lo absurdo. Yo no podía seguir su ritmo de conversa, había cientos de cosas que no conocía. Luego de su marido y la obra dejada en sus manos para ser desaparecida cuando él muriera.

A pesar de que en muchos momentos del diálogo yo me perdía, fue una charla exquisita y productiva, seguramente Claudia aprendió de ella, pensé. Para ese entonces ya nos habíamos acabado la segunda botella, yo ya me encontraba ebrio, si resisto al momento de beber pero ese sábado no había comido nada y recuerdan que les dije que andaba con una resaca de mil demonios, así que no era culpa mía después de todo. 
Por suerte ella también ya estaba borracha, se levantó de su asiento para acercarse a mi oído, con tono solemne y olor a ron me dijo “me llamo Silvana”, yo me puse cachondo de inmediato.

Empezó besándome despacio, luego con furia masticaba mis labios, sus manos recorrían mi bragueta mientras pensaba en el favor que me había hecho Manrique, si supiera el gordo, se moriría de la envidia.

Los dos cuerpos intercambiaban caricias, abrazos, suspiros, mientras en la radio sonaba la voz de una señora cantando:

Las penas de la vida

No tienen que ser oídas

Solo la alegría

Se escucha con amor…

Era un pasillo hermosísimo, cada gota de lluvia que zona a fuera era un zumbido de excitación. Nos amamos por unos quince minutos ¡glorioso!

Fue ahí, si lo recuerdo bien cuando nos separamos, como un hecho predeterminado, entró un viejo miserable por la puerta. Lo reconocí enseguida, esa ropa toda sucia, con lacras en su cara y unos ojos encendidos por el vicio que hace años entró en su vida.

¡Hijo de puta! Te voy a matar maricón, para que sepas que esa puta tiene dueño, y luego te voy a matar a ti puta, porque sabía que te revolcabas con el primer marica que te caliente la oreja, pero mira a ese, parece que recién viene tomando la teta de mami. ¡Eso no te lo perdono zorra!

El viejo se me abalanzó a tumbarme, yo trataba de subirme los pantalones con la mano derecha, mientras con la izquierda hacia falsos intentos de tratar de abrocharme la camisa. Caí al piso, el viejo ese puso sus rodillas sobre mis hombros para quitarme movilidad, empezó a darme con todo en la cara, el muy cabrón gritaba que hoy destriría dos bellezas. 

¡Mataré dos bellezas, lo juro!

Logró meter la mano por mi bragueta, mientras me agarraba el pene veía hacia Silvana para gritarle. 

¡Ni siquiera lo tiene grande!

Golfo malnacido, pensé. El viejo abusivo, si hubiera entrado apenas dos minutos antes a ver aquel pasional espectáculo, ver como su amada rasguñaba mi espalda, dudo que hubiera gritado “ni siquiera lo tiene grande”.

Fue ahí cuando Silvana entró en acción, tomo valor porque de seguro vio que ella era la próxima.

El florero le cayó justo en la corona, él cayó para atrás, despacio, como tratando de recordar los últimos fragmentos que le brindaba el mundo y los trataba de atesorar hasta el más trivial detalle, como queriendo retrasar el momento. Pero hay cosas en la vida que no se pueden escapar, por un hecho extraño tienen que darse, es la lógica del universo que conjuga todos sus elementos para que se produzca un acontecimiento específico, de manera explícita o implícita todo se conjuga. 

Y ahora que lo pienso, más detenidamente. Si me hubiera quedado a seguir bebiendo más con mis amigos colegiales, tal vez no hubiese llegado a casa, y si no llegaba a casa, no habría abierto la mochila para mirar en esta la nota del Ingeniero Manrique, pero todo por intentar ser responsable. ¡Cómo son las cosas!

Incluso ahí, ahora que lo pienso, no estaba todo decidido, porque incluso estos factores que controlan las decisiones universales me pusieron otra elección. ¿En verdad son elecciones?

Recuerdo que antes de salir de la peluquería miré a lado de la puerta el paraguas, la lluvia ya se había presentado y si teniendo la posibilidad de haberlo llevado, al momento en que en la peluquería no encontré a Claudia, tendría que regresar a casa sin más, ni más, pero aquel instante la holgazanería me venció.

El viejo había caído de espaldas contra la pared. Y recordé aquellas películas de gladiadores, en donde sacan su enorme y filuda espada para decapitar a su rival. Ahora con el viejo postrado, lo más cercano a la espada era una barbera que posaba sobre el mostrador, así que la cogí de inmediato y trate de emular a los viejos combatientes que derrotaban a sus contrincantes para sentir frente gloria frente a las mujeres. Ahora, la pregunta sería ¡quién era el bueno y el malo del montaje en mi cabeza?

Su carne sonó como un cartón envejecido por el olvido, mientras los huesos que componían su faringe crujían al chocar estos con el filo de la barbera. La sangre caía a manera de catarata, con un sonido profundo del adiós “Grragggn”.

El viejo zarrapastroso había dejado de existir, equivocándose hasta el final de su vida en los pronósticos a suceder, pues no destruyó dos bellezas. El que las destruyó fui yo, una belleza enfocada en lo grotesco, un miserable que vivía del olvido y los excesos.
Tal vez en otro mundo seamos amigos, donde él me pueda indicar su otro yo basado en la poesía, porque estoy casi seguro que aquel que yacía frente a mí, sería un buen poeta. En este mundo ya no ¿en otro? El estaba ahí desangrado, y yo ajustándome los pantalones con las manos ensangrentadas. Cargando un fantasma que no saldría jamás de mi vida.

Silvana se acercó a mí, me tomo de la mano para luego besarme en la mejilla. Luego, fue hacia un pequeño velador, sacó dinero y me lo dio, me dijo “huye de inmediato, no te preocupes por mi”. Insistí en no abandonarla, sino que sus consejos no podían ser rechazados. Terminé abandonándola, quedó sola, afrontando a un muerto. Razón por la cual no pude ser como los gladiadores de antaño. No hubo mujer sana y salva de regreso a casa.

Hace dos días vi en las noticias que la han encarcelado por el homicidio de su conviviente. Debe estar desolada con miles de maniacas a su alrededor.

Yo he pasado bebiendo en un motelucho cerca al parque central, viendo si cojo el valor de Juan, pero aún no lo sé. 

He empezado a escribirle un poema, espero le guste estando ella allá encerada, es lo único que puedo hacer en estos momentos. ¡Oh, Juan te extraño! Si tú estuvieses aquí me ayudarías a componerlo, tú sí que tenías el don. En cambio yo en todo este tiempo no he logrado más que seis versos que aún tengo la duda si servirán de algo:

Tarde
En las tardes
de gotas grandes
tu presencia marco mi ser
entre miles 
de cosas que debí hacer

En las tardes….

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Eran las once de la mañana, cuando en la dirección disciplinaria entró Juan con su mochila colgada en un solo hombro, el pelo alborotado y la camisa con el pantalón caqui ensangrentado. Davis al momento de verlo se exaltó, se paró del asiento que ocupaba y se dirigió a Juan para preguntarle que le había pasado. “Bien”, simplemente fue la respuesta.

-¿Pero estas seguro, tienes sangre en el uniforme? 

-Si lo sé, pero ese marica que nos da química me propuso mierdas y lo golpeé.

-Bien hecho, todos decían lo mismo por los pasillos pero nadie se atrevía a puñetearlo.

-Sí.

La puerta se abrió despacio, entró despacio una persona adulta, con el poco pelo que aún le quedaba pintado de nieve, tenía un aspecto de regordete. Una barriga similar al barril donde dormía el Chavo del ocho. Los estudiantes le llamaban “Don barril”, pero a pesar de todo era una excelente persona, muy gentil. Estaba vinculado a la educación desde hace unos diez años atrás; literatura, historia y filosofía impartía en sus clases. Siempre mandaba a que sus estudiantes leyeran lo más que pudieran, no para conocer más, ni mucho menos, sino para que en un par de años sus estudiantes no lleven vidas de mierda, hablando de ropa, autos y farándula. Eso si que molestaba al profesor Gabriel. 

Los profesores con más años en el plantel habían contado a los alumnos que era del Sur del Continente, donde en la época dictatorial tuvo el infortunio de exiliarse en otras tierras, lo cual en forma positiva le sirvió para aprehender de estas, así fue obteniendo mayor experiencia para su vida personal y laboral. Por ende, era para el plantel un honor tenerlo como profesor. Para los alumnos también era agradable recibir clases suyas, pues así conocieron a muchos escritores como Faulkner, Vallejo, Cortázar, entre otros. Incluso la amistad de los dos muchachos que se encontraban en ese instante dentro de la dirección disciplinaria empezó por él.

Un día en el curso se entabló la conversación sobre un libro de Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera”. Todo empezó porque Verónica luego de levantar la mano para pedir la palabra, sostuvo el postulado de que Florentino Ariza es un encanto, además, los hombres deberían aprehender de él para ser perfectos. Claro esto trajo sus consecuencias, unos le apoyaban, otros no. Las mujeres en cambio eran más unánimes, la mayoría dijo que sí, menos Valeria, ella sostuvo su postura del no. Muy pocos no quisieron opinar.

Ese día después de clases, el curso de sociales se reunió como de costumbre fuera del plantel para ir a beber. Al momento de llegar a la cantina continuaron con la discusión entablada minutos antes. De pronto Davis y Juan se familiarizaron con sus opiniones, discernían un poco, pero iban por el mismo rumbo. Fue tal su apego que luego de ese día se volvieron amigos de verdad, de esos que aparecen para irse solo cuando la muerte los separe. Siempre se estaban enviando cartas para comunicarse sobre sus aventuras y desventuras, para decirse lo que sucedió cuando el otro no había estado presente. 

El profesor Gabriel cerró la puerta. Mirando fijamente a los ojos de Juan le dijo ¿Cómo estás?

-Bien profe, solo que ese viejo de Química…

-Me enteré de ello, pero no te preocupes. A ti no te sucederá nada. Y tu David ¿qué haces aquí?

-Fue por llegar tarde profe, me dijeron que venga hoy acá porque quieren saber con exactitud qué me anda sucediendo.

-¿Y qué te anda sucediendo?

-Nada, estoy mejor que nunca, lo juro.

-Bien me enviaron a informarles –dijo el profesor- que desde la una de la tarde empiezan a hacer labor social, afuera de la capilla. Así que alístense para recoger harta madera. En este momento me mandaron a darles unos ejercicios de matemáticas, pero yo prefiero que vayan a casa, se laven la cara y coman algo, si muchachos. ¡Los quiero despiertos!

-Si Gabriel, a la una nos vemos, respondieron ambos.

De esta forma fue como Juan y David regresaron a casa, se asearon un poco, almorzaron algo para luego retornar al colegio. Sabían que se les venían trabajos forzados por este lapso de tiempo. Juan se sentía feliz, tomaba aire su mente, aclaraba bien los actos a futuro hacer.

Regresaron aproximadamente cuando iban a ser la una de la tarde. El resto de alumnos aún permanecían en clases, así que se dirigieron directo a la capilla para de estar forma no ser visualizados por el resto. Así mantenemos la imagen pública, decía entre risas David a Juan.

La capilla quedaba en la parte posterior de la institución, ésta siendo construida sobre una cuesta, se la veía perfectamente desde las calles aledañas. Era una capilla angosta, muy confortable, con el piso de madera antigua que cuando la gente decidía caminar o arrodillarse, gruñía de verdad. Tenía paredes con colores suaves, era un amarillo con toques cremas y cuadros de las estaciones que realizó Jesús en sus últimos momentos de vida, en sus momentos de peregrinación hacia la eternidad. Claro dicen que luego resucitó y todo ese rollo, pero yo me refiero a sus últimos momentos de su vida mortalmente mundana. 

También poseía candelabros grandísimos que iluminaban el sitio, se la veía con una frescura exquisita en temporadas de invierno, si alguien entraba solo en uno de esos días de lluvia, lo más probable es que saliera con una pareja, lo juro.

La gente murmuraba que el arquitecto de aquella obra, fue un joven solitario que había perdido a su mujer en un trágico accidente de ferrocarril, cuando comenzó la obra de construir la capilla, lo hizo descansara en plena armonía, por eso incluso se decía que los restos de la amante del joven reposaban delante de la capilla, pero nadie los había localizado porque se llegaba al sitio por un pasado secreto que se lo encontraba solo cuando uno estaba de verdad enamorado. (Mito quinceañero). Así que la mayoría, o por decirlo con mayor precisión, nadie lo encontró. Seguramente el mito estaba proyectado a buscar el amor, pero ¿quién ha encontrado de verdad el amor?

La mayoría de personas está fingiendo amar por diversas razones, la mayor parte por imagen y status, otros por razones económicas, están ahí comprando cosas y todo eso, pero nada de verdad con el amor.

Otro aspecto de rescatar de la capilla era la hermosa estatua de la Virgen María que estaba a la derecha a la derecha de la capilla. Se encontraba de pie, con las manos entrelazadas a manera de rezo y mirando justo a la calle. Por eso las personas cuando andaban caminando cerca de la institución notaban que la Virgen les acompañaba y oraba por ellos, era una sensación grandiosa, uno se sentía de lo más seguro, de verdad. Seguramente ella sabía la cantidad de mierda que le ocurre a uno en la vida, y por eso tenía los ojos clavados ahí, en la calle. Muchas personas decían que en un inicio, cuando recién la pusieron cerca de la capilla tenía los ojos mirando hacia el cielo, pero con el paso de los años y los cientos de problemas que se empezaron a dar cambio de posición su mirada, para tener una conexión más cercana con el ser humano. 
Cerca de la una y quince de la tarde, llegó el profesor Gabriel. Saludó a los chicos para luego darles las indicaciones del asunto del castigo. Tenían que recoger el leño que se encontraba regado por los alrededores de la capilla. Así que empezaron, era muchísimo leño, y lo más probable era que se demorarán unos dos días en hacerlo, pero para ellos era perfecto, no tendrían que regresar con rapidez a casa. Preferían pasar conversando de todo con el profe Gabriel.

Dadas casi las seis de la tarde, luego de haber hecho un arduo trabajo en recoger la leña se alistaron para regresar a casa, no se concluyó con toda la leña, pero si se avanzó mucho. Al momento en que ya se iban a despedir vieron que por la calle subía un anciano. Era el loco del barrio, como decían por ahí. Llevaba toda la ropa rota, una encima de otra, con los zapatos destruidos al igual que su cuerpo, negro de tanta suciedad, el cabello hace años lo había perdido. Caminó hasta que estuvo en una posición donde divisaba en toda su plenitud a la Virgen María, se arrodilló.

Los chicos quedaron pasmados al ver esta imagen, pensaban en el fondo que aquel sujeto hace años había perdido por completo la percepción de la realidad y se lo veía ahí tan vivo, orando. ¿Quién sabe por quién?

Al día siguiente, tanto Juan y David regresaron a clases. Pasaron ahí matando el tiempo, recibiendo clases para luego alistarse en la labor social que fueron encargados.

A la una sonó el timbre de culminación de clases, fueron al baño a mojarse un poco. Luego se dirigieron a la capilla. A la una y cuarto, como en el día anterior llegó su profesor para de esta manera continuar con el trabajo que había quedado inconcluso el día anterior. La pasaron hablando de todo mientras trabajaban, incluso del señor que vieron ayer rezando en la calle. El profesor Gabriel les dijo que aquella persona siempre iba a esa misma hora, todos los días, hacer lo mismo de ayer. 

Los chicos le preguntaron el por qué, pero ni el profesor lo sabía con exactitud.

-El sábado será minga –dijo el profesor- cuando finalicen sus labores, por favor diríjanse a las casas de en frente para hacerles llegar el recado. Eso será lo último de su castigo.

-Pero profe, estamos haciendo a la perfección lo de recoger la leña y aún quiere más. Respondió Davis.

-Son órdenes de arriba, yo solo las comunico. Y además con ello conocerán a sus vecinos para no andar tan indiferentes a la realidad.

Así continuaron con el trabajo en una tarde anaranjada, donde las pocas nubes aún paseaban por el cielo de la ciudad. Juan mientras realizaba su trabajo, de vez en cuando miraba al cielo, le gustaba jugar a dar forma a las nubes. Lo hacía enfocándose en animales: perros, patos, gansos, gorriones, ballenas. Se sentía fuera del mundo por unos instantes, olvidaba tanta mierda que vivía en casa, como esa de que le presentaban en lugares solo cuando les convenía. ¡Qué se vayan a la mierda! Pensaba. Después alzaba la vista, inundándose en trayectos de apaciguamientos, imaginación, irrealidad.

Trabajaron arduo, lo cual hizo que a las cinco de la tarde el trabajo social enfocado en la leña este concluido. Lavaron sus rostros, manos, y cabello en el baño. Posteriormente salieron a comunicar sobre la minga a las casas señaladas, a los vecinos desconocidos.

Las tres casas ocupaban la cuadra de enfrente. Eran las cinco y diez de la tarde, cuando el primer timbre resonaba dentro de un hogar color amarillo.

David timbró tres veces y nadie salía, cuando se disponían a marcharse a la siguiente casa se abrió una puerta. Suele pasar que el destino no sabe cómo se juega  a las cartas, a veces uno se va del sitio indicado y poco después llega el sujeto, u objeto que esperaba, otras no, en cambio al último sucede extrañas maneras de procesar que terminan juntando las partes, lo juro. Si no me creen hagan la prueba a ver cuál resulta.

-¿Qué desea? Dijo la voz del señor, con unos ojos encendidos y las manos temblorosas.

Los chicos se acercaron al portón y David dijo “Buenas tardes, somos del colegio de al frente, y venimos a comunicarle que el día de mañana sábado será la minga.

-¿Qué piensas del cero? Respondió con una voz jadeante el señor.

-¡Qué!

El señor intento sacar un cigarro de su chaqueta, con esfuerzo y resistencia logró su objetivo. Encendió despacio y dijo “Cuando anduve por tierras que hoy son conocidas como Méjico, aprendí del “O”. ¿Saben por qué la gente muere por un culo? ¿Por qué morir por una vagina?

-Señor, bueno nosotros ya le avisamos que la minga es el sábado. Adiós. Dijo David mientras jalaba a Juan para ir a la otra casa.

Mientras se daban la vuelta y caminaban hacia la siguiente casa, lograron oír que aquel señor de ojos encendidos y manos temblorosas decía “Porque el cero es la semilla de la vida, el germen del inicio. Por eso amen los culos y las vaginas que provienen del cero, ahí está la esencia, solo ahí, los Mayas lo descubrieron, ahora yo os brindo el secreto….”

Juan y David caminaron escuchando sus palabras, no se dijeron nada en su andar. Solo al momento de llegar se miraron, pero nadie pronunció palabra alguna.

Juan se acercó y timbró, el timbre retumbaba la casa antigua; una, dos, tres… diez veces, pero nadie atendió. Era un timbre espectral, con olor a muerte. Juan se divertía timbrándolo, poseía una armonía lúgubre, parsimoniosa. Finalmente decidieron ir a la tercera casa.

Al llegar ahí volvió a timbrar David, la puerta se abrió, salió una señora de unos cuarenta años, aproximadamente tendría esa edad porque llevaba una mascarilla blanca que no permitía visualizarla con exactitud. 

-¿Desean pasar? Dijo la señora.

-Buenas tardes, somos del colegio de al frente, vinimos a invitarla a la minga que se llevará a cabo el sábado. Dijo David.

-Pasen amorcitos, les prepararé un café.

La señora entró a la casa sin preocuparse en saber la respuesta de los chicos, iba dejando las puertas abiertas a su paso. Ellos se miraron, sin decir palabra alguna entraron en la casa, en ese momento se fijaron que la señora llevaba una bata. Lo cual parecía un poco extraño para esas horas de la tarde.

Un olor a formol invadía la pequeña sala. Cuando la señora con las tazas de café que parecía tenerlas de antemano preparadas, se acerco con sutileza, les sirvió en la mesa.

-Qué lindos niños, se parecen a mis chiquillos. Dijo la señora con una voz tierna y sincera.

-Gracias seño, y no se olvide de la minga el sábado. Respondió Juan.

-Hace años –dijo la señora- que no veo a mis niños, murieron jóvenes, cuando se estaban poniendo hombresotes. Lejos, peleando una guerra que no era suya. Mmm… Olvide los panes, ya se los traigo.

Davis probó el café y lo escupió al rato. “esto está con trago”. Juan lo probó para luego asentir con un movimiento vertical en su cabeza. La señora entró a la sala con los panes en sus manos, un cuerpo consumido por los años que ahora no cubría su bata. ¡Ámenme! Gritó.

Los dos estudiantes se pararon de sus asientos para salir del sitio. Mientras evacuaban la casa un poco incómodos a Juan se le cruzó la idea de regresar a la sala. Copular con aquella mujer que la desgracia había atrapado. Avisó de ello a David con algo de duda. Al final no lo hizo.

Con las hojas del diario que se encontraron posterior a la muerte de Juan, David pensó que fue Julia  la causante de no concretar lo pensado. Aquella flor cautivadora, quien de verdad le rompió el corazón.

Al salir de la casa, vislumbraron en la calle policías que se movían inquietos, ahí en la casavecina, aquella no comunicada, no visitada, no informada. Prosiguieron su camino, pero entre murmullos que exhalaban los uniformados escucharon el habitante de la vivienda. Un pintor, cuya obra era extensa y brillante. De reojo vieron el cadáver, flaco, destrozado. La viva imagen del ser que nunca supieron nada, ser que los miraba frente a los pies de la Virgen María, con su ropa andrajosa, con su locura intacta e ingenua. 

Esa tarde noche regresaron a casa tanto David como Juan. Pensaron hasta conciliar el sueño ¿Cuál es la verdadera voluntad de Dios?

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Los siguientes apuntes fueron encontrados por David, de los cuales se presume fue un diario llevado por Juan hasta el día antes de su muerte. Las hojas no poseen fechas, así que han sido ordenas conforme a los datos detallados en ellas. Según el informe policiaco, muchas hojas se extraviaron o fueron perdidas por equivocación, solo les presentaremos las que fueron rescatadas. Con la organización exclusiva de su amigo David.


Dicen que los gatos aman el silencio, la cautela, sobre todo si son de color negro, aman la noche. Son jinetes que transcurren como la brisa...
Yo soy diferente, soy un perro, un perro negro y solitario. Vagabundo que asalta los días y las noches con vicios humanos. Para al final terminar como siempre, siendo despreciado por el resto.

***
¿A qué juega Valeria? Pienso que me mira como un completo imbécil. En el fondo sabe la muy puta que apenas truene los dedos voy corriendo tras ella, es una cínica. Para colmo David me contó que la vió saliendo del cine con Santiago. 

Seguramente lo hizo ahí ¡Mierda! Viendo esa película italiana que tantas veces le propuse mirar. Y aún así la amo.

No he sentido nada igual por nadie. Mañana me bañare, me pondré guapo y saldré a comprarle un ramo de flores. ¿Y si no le gustan? ¿Qué tipo de flores prefieres mi amada Valeria? ¿O te gustan más los chocolates? ¿O una carta de amor donde exprese lo que miras en mis ojos siempre que te veo? ¿A lo mejor todas a la vez? 

Si, meditar siempre trae algo productivo. De seguro le gustarán todas las cosas a la vez, llegas de afecto, de ternura. ¿Y si falta algo? Mmm…

¿Quizá un poema? Eso un poema, David dice que soy buen poeta, es sincero, amo la veracidad de él. Solo una vez me mintió, esa que no la quiero recordar completamente ¿o sí? Ya que importa, estaba ebrio, por eso creo dijo aquella falsedad. Eso de que Valeria es una ramera que me estaba arruinando. La gente ebria dice muchas cosas, por eso no le creí.

Ahora, ¿qué clase de poema escribir? Claro, romántico, sentimental. Se me hace difícil escribirle a mi amada ¡Vaya que babosada quinceañera digo! Veamos:
Se llama “llama”
la mirada 
que te atraviesa
cuando me cruzo en tu existencia.

Mal, mucha rima. Además el último verso se alarga demasiado, debería remplazar el “me cruzo en”, por “atraviesa”. Pero atraviesa sería como un obstáculo, y yo no quiero ser uno para Valeria. El otro punto equívoco que no me deja proseguir es “llama”, necesito un diccionario para saber si llama de fuego se escribe igual que llama de llamar ¡Maldito español! Necesito refrescar la mente, iré por unas cervezas.

***
¡Maldita puta!
David después de todo tenía razón.

Quiero embriagarme,
destruir el mundo
y a mi corazón…

***
Amo los días ensombrecidos por las nubes, un solo sol, que temeroso a ser derrotado por la mayoría, se oculta atrás y en silencio ¡Ah, sagrada democracia!

David me ha llamado a contarme que me inscribió en el concurso de poesía del colegio, confía en mí, hay un buen dinero de premio. Pero creo debió decirme sobre ello antes de…

Bueno, qué más da, algo para entretenerme. Los días han pasado tan iguales que ahora si ya no sé cual es cual. Tampoco me importa mucho. Me importa más saber por qué mi equipo de fútbol juega tan mal. Si fuera periodista no me ahuevaría a decir que este dirigente, directivo, técnico o jugador debería largarse del equipo ¡Qué chucha por último! Yo si lo haría. Si no hubiese sido tan mediocre en mi físico, de seguro habría hecho el intento. La sola idea de pensar cómo debe sentirse hacer un gol, ir hacía las mallas de la Preferencia y gritar con la barra azulgrana. Celebrando, una orgía inaguantable.

Pero nada, yo con mi físico mal, y mi equipo aún peor. Papá creo esta bebiendo en la sala, a él también le apasiona el fútbol, ¿o será por mamá y su amigo que tanto la frecuenta este último tiempo?
***
Papá hace días que no llega a casa. Creo se ha ido. Mamá por su parte sigue igual, como si nada. Solo en la noche se ve diferente, se maquilla y perfuma. Me besa en la frente para decirme luego al oído que son cosas que aún no puedo entender. Luego se va.

Yo me quedo embriagándome solo, llamo a David para salir. Nos gusta andar por ahí.

Y fue justo ayer que encontramos “Paris”. Licor con mujeres a precios accesibles dirían en la prensa si tuviesen cómo hacerse publicidad. Solo nos alcanzó para la primera opción: licor.

Pero eso no es todo, encontré una flor hermosa, la más hermosa del mundo, pero la sentía marchita, muerta. No s{e que pensar. Tal vez, no s{e. Si hubiera ella en el puesto de Valeria, hoy de seguro sería una reina. La gente la ovacionaría. 

Mientras el humo del cigarro opaque mi vista, pensaré en ella.

***
Dicen que las mariposas son hermosas y vuelan libremente. Yo no s{e. Cuando perdí a un tío, justo antes, una de ellas se postró ante mí.

Ahora por la mañana vi una igual, quise que el mal pensamiento se vaya. Y papá está muerto. Lejos de casa, desterrado, peleando una guerra producida por los años y la monotonía.

Quiero huir, destruirme. Irme a “París” a buscar a Julia, mi flor marchita. Tengo algo de dinero. Viajaremos. Si gano el concurso de poesía aún podremos subsistir unas semanas más. Trabajaré duro. Alquilaríamos una cabaña cerca del río, cocinaríamos, saldríamos a la orilla del río, lo miraríamos pasar, saltaríamos a él, reiríamos, haríamos el amor hasta saciarnos, cobijados por el agua y las estrellas. Luego entraríamos a casa. Comeríamos, pondríamos música suave, beberíamos vino, nos embriagaríamos, y volveríamos a hacer el amor.

***
No me preocupa mucho lo que diga la gente. La mayoría está ebria. Olor a cigarros y puntas con jugo. Un piso pegajoso por el hecho que muchos “machos” en el peregrinaje de ir mesa-barra-mesa han regado la bebida. ¡Cuánto desperdicio!

Hace algún tiempo leí una novela, no recuerdo el autor ni el nombre de la obra con exactitud. Donde el chico enamorado de su diosa coronada escribía dentro de un burdel. De seguro que aquel Florentino se sintió como yo. Incómodamente tranquilo.

Julia ha dicho que la espere. Que no es una decisión fácil de tomar. Creo que tiene aún más miedo que yo.

Por más que le insistí en que las cosas mejorarían, ella no cedió. Me ha traído cervezas gratis a la mesa, luego se acerco, con unos labios tan suaves me besó. 

Siento como late mi corazón. Resucita flor amada. Beberé y esperaré.

***
He sentido un renacer en mí.

***
De regreso en casa nada ha cambiado. Yo sí. Aquellos días con Julia me hicieron sentir vivo. No logré escapar con ella, pero ambos, los días pasados, estando juntos rejuvenecimos. Antes de ello, eramos viejos en cascarones nobeles. Ahora me siento como una fruta que apenas cabó de tocar el suelo.

Hace poco terminó la premiación en el colegio. Llevé a Julia conmigo, le dije “gracias a ti, las cosas mejoraron notoriamente”. Luego cenamos. Mamá se puso toda la comida a increparla. A lo mejor se sentía incómoda frente a la chica amada por su hijo. Quisimos apaciguarla, pero hizo todo para que Julia se fuera. Julia es especial, se acercó a decirme que nada pasa, que estaba cansada y se iba a casa. Que mañana nos veríamos. Que todo estaría bien. Que soy su niño amado. Que disfrute con mis amigos. ¡Qué linda mi Julia!

Ahora en casa, viendo el amanecer desde mi ventana, pienso en ella, ¡Cuánta falta me haces Julia! Frente a mí duermen abrumados por litros de licor: David, Miguel, Roberto, Daniel, Diego y Wilmer.

¡Qué endemoniados que son estos chicos para beber! 

***
¿Dónde estás mi Julia?

***
Llueve afuera
y arriba de mi cuarto.
Llueve extraño afuera
donde las presas
son vulnerables 
a los lobos.
Julia cuídate de
lo lobos. Y ven
a mí.
Porque arriba de
mi cuarto, llueve
diferente.

Aquí no hay
             Lobos
para ti.

***
Sentado se presentó de pronto el infortunio, esta vez sin avisos. ¡Debiste mandar aunque sea una mariposa para estar preparado frente a esta desdicha!

“El burdel Paris fue abaleado por dos bandas de maleantes que discutían por una de las chicas…”

No hay mayor desolación que ir caminando a la desgracia. Ahí posaba yacente la flor que con esfuerzo volví a renacer. Dos tiros le habían perforado el pulmón. Pese a todo, estaba regía, intacta, hermosa. Cuando me acerqué a besar sus fríos labios, note de pronto una sonrisa implícita, llena de paz, como cuando llame a confesarle de nuestra aventura entre cervezas y tabaco de aquel pequeño burdel.

El velorio fue simple, silencioso. No hubo casi nadie llorando a aquella flor.

Peor el entierro, los dedos sobraban para contar a los presentes en aquel ritual mundanamente espectral.
David me trajo a casa. Está algo asustado porque dice que el otro día mientras bebía, le di dinero y le hice jurar enterrarme junto a Julia. Con un epígrafe diciendo “Caminamos a la orilla del Río”. Debí escribirle más poemas a ella, más cartas demostrando mi amor. Siento que desperdicie mucho tiempo con Valeria. No me sorprende, siempre fui lento para aprehender, siempre fui rápido para decepcionar.

Mañana volveré al colegio, el siquiatra lo aconseja, dice va a ayudarme.

***
El perro de la escuela es encantador. David se la pasa poniéndole nombres a todas las pulgas. ¡Qué grande son esas saltarinas!

***
La comida el bar me gusta. El vecino para colmo pone buena música. Ayer hubo mucho sol y jugamos fútbol. La disfrutamos de lo mejor.

***
El amigo de mamá a preparado una fiesta para mí. El señor piensa que estoy loco, algo antisocial, lo cual no luce frente al resto cuando me saca a pasear con mamá. ¡Debería asesinar a ese hijo de puta!

***
El maestro de Química en la mañana tocó mi pierna. Y me propuso porquerías. Que eres joven para estar tan triste. Que las cosas pasan por algo. Que estoy mal en notas. Que me ayudará en todo lo que pueda. Que vaya a su casa. Me apretó la pierna aún más, y me besó donde Julia había dejado su marca. ¡Casi mato al desgraciado!

No fue tan mal después de todo, a David también le han castigado (jajaja) ese David, siempre llegando tarde. Es un loco. Para este último tiempo que queda, será grandioso compartirlo con él.

***
El trabajo ha sido duro pero divertido. El profesor Gabriel es de lo mejor que hay. Hoy le entregué una parte de poemas que compuse. Aceptó revisar el material. También puse una nota en la cual dedique ese texto a mi amigo David, en caso de que algún día llegue a publicarse, ojala sea algo perturbador para quien lo lea. También le deje una carta en donde le aviso que si el material es bueno, puede encontrar la segunda parte tras el armario de mi cuarto. 

***
La minga estuvo bien.

Hoy los gorriones / acogen mi ventana.

***
Mañana lloverá como en estos últimos días. Los techos de las casas cantarán al ritmo de las gotas. Primero con disimulo, después con firmeza.

No voy a estar ahí para apreciarlo.

Tiempo después de morir, fueron publicados los textos poéticos “Ruta equivocada” y “Los seres indomables”. El primero recogió elogios por los expertos en crítica literaria. En cuanto al segundo, dedicado a la memoria de Julia se imprimió un número limitado de ejemplares que reposan en sitios desconocidos, y por casualidad uno llegó a mis manos.

En cuanto a Juan, fue enterrado un día nublado, sin mucho drama. A lado de su querida Julia. Y hoy mientras fumo un cigarro frente a ellos leo que dice ante mis ojos “Caminamos a la orilla del Rio”.


Texto Por: Edisson Paucar. 

4 comentarios:

  1. que lindo relato me gusta relato de fluidez y cherencia lindo

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  2. Excelente narración, buena trama y aunque si se nota influenciado por salinger, es muy muy bueno! felicidades y gracias por compartirlo con los lectores, XD

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  3. La escena del asesinato de las dos bellezas es increible, la recuerdo como si viera en una pelicula. muy ebien texto!

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