sábado, 14 de mayo de 2011

Nomás el nombre.

Texto por: Elena Larios


Me gusta el sexo y mucho, me encanta coger; a veces me pregunto si todas las chicas dedican muchos de sus pensamientos a fantasear con sexo. Yo lo hago casi todo el día, es una cosa tan cotidiana y natural como mis gestos, simplemente aparecen y la elaboración varía, según la circunstancia o lo que esté haciendo. Todos los hombres que he visto y me gustan han pasado por la cama de mi cabeza, sin excepción. Eso provoca serias batallas internas cuando estoy cerca de alguno de ellos: constantemente me encuentro al borde de insinuarme valiendo madre que sea mi amigo, el novio de alguien o que lo acabe de conocer y después tenga que limpiar dolorosa y tramposamente mi consciencia. Tampoco es que sufra mucho, debo confesar que me encanta susurrarles al oído, nada explícito, simplemente hacerles saber que se me ocurren cosas interesantes. Adoro estudiar sus reacciones y si la situación resulta suficientemente controlable, no dudo en realizar la fantasía, no sin antes planearla cuidadosamente, por cuestiones de seguridad y esas cosas. 


 Una de esas noches en que el calor se desbordó de mis manos, soñé que me cogía a Martin Petrozza, cosa que al despertar me sorprendió muchísimo porque no lo conozco, me cogí en sueños a un tipo que no tenía cara ni cuerpo, nomás el nombre. Comencé a darle vueltas al asunto y descubrí que mi fantasía tenía posibilidades de realización porque si lo que el tipo escribe es cierto, no sería difícil encontrarlo sin salir de mi zona segura ya que vivimos bastante cerca. Ese día se anidó en mi cabeza la idea de tirarme en la realidad a Martincito Petrozza, a ver si era cierta su fama de Casanova. Soy bastante obsesiva así que comencé a planear el asunto con todo cuidado, tomando en cuenta cualquier contratiempo que pudiera obstaculizar mi objetivo, empezando por la posibilidad de que cuando lo viera se me quitaran inmediatamente las ganas. Me paseé por el centro de Tlalpan la tarde el viernes sin éxito, el lunes tampoco hubo nada, me aburrí fácilmente y sólo anduve por ahí un par de horas, por momentos me preguntaba qué carajos hacía ahí y me reprochaba por  hacer planes de hueva. Martes. 


 El miércoles lo vi sentado en una de las mesitas de café que dan a la calle, el corazón me latía muy rápido y eso me exasperó, aún así me acerqué. Disculpa, ¿tú eres Martin Petrozza? Irritado bajó el libro de Stendhal que tenía en las manos, su gesto cambió cuando me vio, y contestó con una sonrisa: depende de para qué se me necesite. Lo sabrás si me esperas aquí unos minutos, enseguida vuelvo. Claro, contestó sin disimular la curiosidad. Bien, hasta ahora todo va bien, sigue siendo atractivo, esperemos que ninguno de los dos la cague, pensaba mientras caminaba a la vinatería. Compré una botella de whisky, condones, una botella de agua, chicles y una cajetilla de cigarros. El cabrón tenía fama de vividor y no me iba a arriesgar a pasarla mal porque el tipo es un roto, no tengo ningún problema con ser yo la que pague el asunto con tal de que las cosas salgan como las imaginé, por lo menos aquellas que puedo controlar. Guardé todo en mi bolsa y regresé a la plaza. 


 Tomé asiento y pregunté por qué me miraba de esa manera, para mi sorpresa no se veía irritado por la interrupción y dijo: ¿A qué se debe tanto misterio? ¿Tú eres Martin Petrozza? Volví a preguntar pensando en la posibilidad que no fuera él y estúpidamente le hubiera creído a la primera. Sí, ¿y tú? Elena, ¿y de qué la haces en la vida? Algo me dice que ya lo sabes, pero no quiero ser grosero, así que diré que me dedico a escribir, entre otras cosas. Su arrogancia me exasperaba pero no lo suficiente para mandarlo al carajo, es más, hasta me gustaba. Verás, es muy sencillo: resulta que tengo en mente un plan, que según yo te puede interesar, el problema, o potencial problema, es que hay una serie de condiciones que deben cumplirse si decides que quieres llevarlo a cabo. No puedo decidir eso si no sé de qué se trata, soltó secamente. Estaba muy nerviosa y no me decidía a decirlo. Se lo dije y sonriendo contestó que no me preocupara. Estoy para servirte, además muero de curiosidad. Soñé que tú y yo cogíamos y no estuvo nada mal, así que vine a proponerte la realización de ese sueño. ¿Dónde firmo? Dijo con una sonrisa maliciosa. Me pareció bastante simpático y llamó mi atención que no se pusiera paranoico, bien podía ser una loca con tremendo cuchillo en la bolsa, cosa que era verdad, sólo por precaución, pero parecía que ese pensamiento no pasaba por su cabeza.


 La primera condición es que tiene que ser hoy, en tu casa. Hecho. Pero, si no llegamos ahí caminando y en menos de 20 minutos olvídalo, además me tienes que explicar en dónde está. Eso no es problema, seguía sonriendo, ¿qué más? Cuando yo diga no, es no, sin chistar, si te pones pesado yo me pongo el triple. Dudó un momento pero aceptó. Hasta ahora todo va muy bien, pero antes de que continúes debes saber que no tengo nada que ofrecer en casa, más que buena música, agua y hielos. No pude evitar reírme, me gustaba porque era un cínico, los patanes honestos no me parecen tan patanes, detesto a los idiotas que nos toman por pendejas y mienten para que una abra las piernas, Martin no, él era uno de esos idiotas que sin comportarse como cerdos dejan en claro que lo que quieren es follar y que tienen claro que la decisión es nuestra, si queremos coger, cogemos y ya, sólo que unas les gusta hacerse del rogar más que a otras y a unas les gusta que les endulcen el oído más que a otras. Qué bueno que mencionas la música porque eso es importante, yo pongo una canción, luego tú pones una y así nos la llevamos, pero no pueden durar más de 10 minutos. Sabía de su afición por la música clásica, así que con esa condición no podía hacer trampa y obligarme a escuchar obras completas, no es que no me guste, simplemente no era parte del plan. 


 Hecho, contestó casi sin reparar en el trato. Tengo whisky, cigarros, condones y café. Hizo una mueca extraña y aclaré que con café me refería a mota. Yo no fumo esa porquería. Es una lástima dije, porque de verdad se disfruta, y lamentablemente es parte del plan: tienes que fumar conmigo, si no, olvídalo y cuidado con que pretendas decir que sí y luego portarte como marica. No me gusta que me digan qué hacer, no fumo mota o café o como le llames y punto. El tono de sus palabras me hizo enojar, pero tranquilamente contesté: ok, como dije, existen condiciones, y como no estás de acuerdo ya me voy, fue un placer Martin Petrozza… a medias. Me levanté de la silla y caminé sin voltear, a los pocos segundos me gritó ¡Hey! ¡Guapa! Elena, dije mientras regresaba a la mesa. ¡Vale, lo que tú digas! Se veía irritado y eso me gustaba, porque a pesar de su molestia se notaba que quería salir corriendo a casa conmigo y saciar la mutua curiosidad. No te preocupes, no te va a pasar nada, es más te garantizo que te va a gustar, claro, siempre y cuando no te predispongas. ¿Algo más? preguntó. Mmm, creo que no. Bueno, pues vamos. Para mi sorpresa se levantó, me ofreció su brazo y comenzamos a caminar, sin pagar el café, lo cual me intrigó pero estaba más ocupada pensando en lo que seguía. 


 Efectivamente su casa no estaba lejos. He aquí mi hogar, es usted bienvenida. Gracias, pero falta algo antes de que entremos, dame tu dirección completa, dije mientras marcaba el teléfono. ¿Para qué? Preguntó un poco alarmado, para pedir un taxi. Ya, dijo. Pedí que llegara a las 10 de la noche, 4 horas me parecían suficientes, mandé un mensaje a Claudia pidiendo que anotara esa dirección y que si no me comunicaba con ella a las 10:30 llamara a alguien, que no se preocupara y no dijera nada a nadie, después le explicaría con lujo de detalle la aventura.


 El lugar no era un palacio pero se encontraba aceptablemente limpio y ordenado, las casas de uno que otro amigo son peores, comenté sincera y amablemente cuando se disculpó por el desorden, no sé si lo imaginé pero me dio la impresión de que estaba igual de nervioso que yo. Saqué el whisky, los condones y los cigarros y los puse en la mesa de la sala. Mientras iba por vasos, comencé a curiosear el estéreo hasta que encontré el cable para conectar el iPod, pedí mi whisky con agua. Escuchábamos a Kula Shaker en lo que yo limpiaba y él servía. Me preguntó por qué me gustaba fumar mota, a lo que yo respondí con la verdad: me enamoré de lo nítido que era el mundo cuando uno está pacheco, mi capacidad de discriminación se agudiza placenteramente y uno difícilmente se siente agobiado. Ya, contestó, yo prefiero el alcohol. Ya lo sabía, a mí me gusta, pero no lo prefiero, detesto ponerme hasta el culo, detesto a los imbéciles comportándose más estúpidamente de lo habitual, los borrachos son muy egoístas. Con la mota no pasa eso, jamás se verá a alguien que sólo haya fumado mota siendo agresivo, cosa que con el alcohol es muy sencillo, entre otras linduras que no tolero del exceso de alcohol. Lo peor que puede pasar es la seca y que te de hambre, fácil de arreglar. Bueno, pues ya veremos, contestó con una expresión entre curiosidad y fastidio, como si estuviera emocionado y le molestara. Bebimos el primer whisky hablando de cuestiones sin importancia y cuando lo terminamos yo ya tenía el porro listo.

 ¡Salud! dije mientras lo encendía y daba las dos primeras fumadas. No tengo que explicarte que hay que retenerlo el mayor tiempo posible ¿verdad? Me ofende que pienses que nací ayer, contestó irritado. No lo digo por eso, sino porque si veo que te quieres hacer el listo y fumar como puñetas de secundaria me largo. Sonrió sin decir nada, tomó el porro de entre mis dedos y le dio tres buenas fumadas, como si hiciera aquello todos los días. Me levanté por más hielo y serví la siguiente ronda de whisky. ¡Wow! Lo escuché decir. Sí que estoy pacheco y sí que se siente bien, las veces anteriores no podía decir que la estaba pasando bien. ¿Ves? Sólo hay que soltarse un poco y hacer cosas que valgan la pena como escuchar música; difícilmente fumo si no estoy escuchando música o viendo una película con mucha estimulación visual y una buena historia. Ya, dijo, ¿qué te parece si ahora me complaces con algo de Jeff Buckley?. Pasamos una hora de lo más contentos hablando de música, libros y películas, sin choques de personalidad incómodos, nada fuera de lo común. Yo en verdad me sentía cómoda y no reparé en la cantidad de whiskys que el tipo se había zampado en ese tiempo, yo no bebí a la par suyo, pero él sí fumó  a la par mía. Me di cuenta de que la cosa se había jodido cuando demoró en el baño. 


 Al salir se dejó caer en el sillón con la mirada perdida. Me siento jodidamente mal, es esa cosa tuya, he bebido como siempre y jamás me había pasado esto. Estaba muy molesto pero no hacía gran alboroto. Se llama pálida, le dije sin poder evitar reírme, casi siempre es muy chistoso cuando a alguien le da la pálida, si hay mucho alcohol de por medio se quita hasta que uno vomita, pensé. Eso pasa cuando no estás acostumbrado y mezclas como lo has hecho tú con las cantidades que te has metido de ambas drogas, pero no te preocupes, lo único que debes hacer es calmarte, respirar y beber agua. ¡Joder tía, me siento de la verga! Me gritó, ¡no se me va a quitar con agua! Sus palabras y el tono me hicieron sentir mal, como niña regañada, lo cual no duró más de cinco segundos, que al terminar se convirtieron en genuina exasperación. Mira pendejo, no me gusta cómo me estás hablando, deja de lloriquear y tómate el agua, ¿o qué pretendes hacer?, ¿acusarme con tu mamá?, ¿llamar a un doctor?, deja de exagerar, te prometo que si haces lo que te digo se te quita en quince minutos. Comenzó a beber agua con los ojos cerrados, despacio y sin decir una palabra, medio sentado en el sillón. Pasados diez minutos me senté frente a él sobre sus piernas y le pregunté al oído como se sentía, comencé a besarlo y la erección debajo de mi falda contestó a mi pregunta.


 Cuando estuvimos satisfechos volvimos a fumar y continuamos bebiendo desnudos hasta las 9:50. Me vestí y nos despedimos como si hubiera una especie de viejo afecto fraternal e incluso, para mi sorpresa, se disculpó por haberme gritado. Me acompañó a la puerta, subí al taxi y me despedí con la mano una última vez. No fue como lo soñé pero tampoco estuvo mal,  puede que un día de estos lo visite de nuevo.






21 comentarios:

  1. jajaja eres genialmente honesta, creo q si, q muchas pensamos, fantaseamos y vivimos el sexo la diferencia es q pocas lo reconocemos por traer arrastrando tabúes y esterotipos. Mis fotos y mis poemas me remiten a una personalidad cómo la tuya, chingón no ser la única sexosa en el planeta!

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  2. Dionisio Schopenhauer14 de mayo de 2011, 14:45

    Es hermoso enterarce que no soy el unico de mi especie en esta reprimida sociedad...Vuala..!!

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  3. Raúl Ramírez Torres14 de mayo de 2011, 14:50

    Bonito sueño...

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  4. Si bonito sueño!

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  5. oh!! Estoy sorprendida!! buen texto pero estoy sorprendida!!!

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  6. Bueno pero a mi gusto le faltó más cachonderia algo más rico ..o.0no se como se siente tener a petrózza dentro que tal se mueve ....

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  7. Que envidia! quiero vivir en tlalpan y salir con ustedes!

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  8. La prosa es horrorosa. En lineas generales, el texto no tiene mas validez que la simple propalación de alguna confidencia sexual.

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  9. De mega hueva! tu personaje hiper pirata de insolencia al estilo Pinciotti (obvio sin llegarle a la los talones a la Reina Pinciotti), con 'la soltura' del Petrozza y con una Patoaventutra de doble cero. Leerte fue una pérdida de tiempo, pésima narración y patética historia.

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  10. Dejando de lado las vagas impresiones de algunos retardados que no se dedican a hacer relatos, te diré...El texto empieza muy bien (sabes jalar al lector), tiene buen ritmo casi todo el tiempo, buena atmósfera, buenos diálogos (bastante verosímiles, jejeje), algunos momentos cómicos bien logrados...aunque el plot no me prendió mucho, ni el hecho de ser una anécdota tan ligera. Siento que le faltó algo (como una pizca de sal); como tal vez le faltó un último trago de Whiskey a aquel fantasmagórico Petrozza, para asentar bien la entropía de la mota.

    Besos a todos

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  11. La prosa es horrorosa. En lineas generales, el texto no tiene mas validez que la simple propalación de alguna confidencia sexual.

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  12. Estoy de acuerdo.

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  13. Pobre morra, yo creo que no escribe mal. Le doy un 8, pero si está guapa le doy un 9.

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  14. No hablo del estilo solamente, hablo de la no existencia de alguna idea fuerza, aquí no hay nada, simplemente estereotipos fronterizos ya trillados (véase la ridícula fotografía de una mujer fumando de manera sensual con un puchero al lado, supuestamente el humo del tabaco impregna de misticismo al ambiente para los cerebros retorcidos)

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  15. Es más como una especie de desahogo, donde la autora pretende relatarnos un suceso muy particular de tantos que afirma tener en su vida, lo hace con "efectos especiales" y lujo de detalles, sin embargo, al final, falla en su escrito, pues deja muy a tu imaginación, la parte que a todos les hubiera gustado leer.

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  16. No sean tan duros, tíos. Abraham Linares, no podemos juzgar la foto, esa es sólo una ilustración que se usó, ni siquiera la mandó ella, con el fin de ilustrar el texto. El texto y la foto son ajenos.

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  17. La neta no está mal el texto, yo ya les dije. Abraham Linares, lo que pasa es que este cuento te la puso como garrocha, en México eso lo llamamos erección; es natural, no te alarmes. Francisco U G M, lo que tanto criticas en el relato se llama afán lúdico, it's a joke, baby, calm down! Los finales abiertos son más antiguos que la Biblia, creo que hasta ésta misma tiene un final que podríamos denominar como abierto. En lugar de ser tan severos, deberían mandar algún texto de su invención para respaldar sus posturas kamasutrescas.

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  18. No me gusta criticar, pienso que el único juez verdadero de un escritor es el escritor mismo, pero a veces es imposible no criticar (digo criticar en el aspecto positivo del concepto), y cuando lo hago dejo siempre claro que es sólo mi humilde opinión, y que de nada vale, pues erro la mayoría del tiempo, y así como grandes escritores (como el premio novel actual) me parece malos, existen también desconocidos que me han arrancado suspiros al leer sus textos. El texto de Elena, a mi parecer es un buen comienzo de un ejercicio literario que puede mejorar en base a la practica. Si me preguntaran, diría que veo grandes posibilidades de perfeccionarse, que miro buena voluntad de escribir, ganas de escribir (porque Elena no sólo ha escrito este texto) y aunque reconozco lo que mencionan arriba: deseo de impactar, no lo considero negativo, pues qué escritor no desea impactar con sus ideas; todo lo contrario, lo repito: me parece un excelente comienzo para alguien que pretende contar historias. =)

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  19. Verónica Pinciotti18 de mayo de 2011, 10:28

    Jajajajajajaja

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  20. Martín tiene razón, muy buen comienzo. No termino de leer todo lo que comienzo y esta vez no fue tan difícil. Sobre la persona de Elena me parece contradictoria, que es eso de poner tantas condiciones si tanto le gustaba el sexo? el rodeo me mata y ella no era nada sensacional. Y lastima que dijo que Martín estaba medio organizado, que lo sintió nervioso y todo eso…. o sea que mi problema a leer el texto fue con los personajes… fue como un nuevo Petrozza y una Elena que no me llamó la atención (y que ojala y no me insulte)

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  21. Esos sueños... que bueno hacerlos realidad, verdad Martin jajaja, una mas a la lista!!!

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