domingo, 27 de marzo de 2011

Convocatoria Chaquespeare.


Esta historia sucedió en México D.F. poco antes del fin del fin del mundo. O de lo que según una profecía Maya sería, o debería ser, el fin del mundo. Es decir, esta historia sucedió en 2011, poco antes de 2012, año en que el mundo se acabaría según los Mayas, o según alguno que dice que dijeron. Los Mayas se perdieron hace mucho tiempo, desaparecieron, y lo más grande que nos legaron (dejando a una parte la cultura maya, las ruinas maya, los códices maya, etc.) es la terrible angustia de saber que el mundo se va a acabar en unos meses más. Así que demos prisa al asunto: 

 El protagonista de esta historia (que no es una historia fantástica, todo lo contrario; tan ordinaria como el ponerse y quitarse el Sol) se llama Ángel Estrada, mejor conocido en aquella época suya de estudiante cono el Pequeño Chaquespeare. Es bajo, apenas unos metro cincuenta y tantos, tiene diecisiete años y es poeta. Es poeta. Lo que eso signifique a los diecisiete años. Por su puesto es un poeta desconocido (que no es lo mismo que ser un poeta fracasado). Es desconocido hasta por su madre a la que jamás ha enseñado un sólo verso. Se ha acostumbrado al anonimato, cosa terrible para cualquier poeta. No muestra sus poemas a nadie. Se avergüenza de ellos las más de las veces. Escribe, todos en el colegio saben que escribe; le han visto hacerlo en la biblioteca, en el comedor, a la sombra de un árbol, en las canchas de basquetbol, y por ello le apodan el Pequeño Chaquespeare. Se burlan de Ángel porque es tímido. No es bueno en ningún deporte y, contrario a lo que podría esperarse, no es bueno en el colegio. Reprueba todo el tiempo y al paso que va terminará la preparatoria en siete años. Aunque es poeta y se dice que verbo mata carita, Estrada no es bueno con las mujeres. Es pésimo con las mujeres. No bebe, no fuma, no asiste a fiestas porque no le gustan y de todos modos nadie lo invitaría a una. Del baile desconoce lo elemental. Incluso para caminar deja mucho que desear. Ya de por sí bajo, encorva la espalda y tropieza más veces que un anciano miope. Es un bueno para nada dice su madre que no ve en Ángel ninguna cualidad, ningún talento. Lee a Rimbaud con orgullo y respeto. Lee algunos modernistas, y  algunos modernistas mexicanos con admiración y asco al mismo tiempo. Con envidia. Lee a Paz con respeto pero ninguna admiración. Lee a Auden como el poeta de ensueño que jamás rosará si quiera. Lee a César Vallejo. Lee a Calderón de la Barca un poco hastiado. Lee a Enrique Lynch. A Neruda. A Parra. A los chilenos con modesta idolatría. Lee a Borges como a una momia de museo. Lee a Benedetti sin admiración ni respeto. Y lee a Martin Petrozza, que no es poeta ni es precisamente conocido, como ejemplo a seguir y como imagen a seguir. Por su lucha constante, dice, por retratar el sufrimiento del escritor infame. Y sobre todo; y aquí comienza la historia; porque es el único escritor en forma (en forma quiere decir que ha dedicado su vida a escribir y ha publicado en el óbolo de medios impresos para ser considerado un escritor) que se ha dignado leer su trabajo. Y aunque a decir verdad Martin Petrozza es el único escritor en forma al que ha enviado su trabajo (la única persona, el único ser humano al que ha enviado su trabajo), es seguro que sería el único en leer, analizar y sanamente criticar. Todo un honor para Ángel Estrada, el Pequeño Chaquespeare. 

 La poesía en 2011, en México, en el D.F., puede dividirse solamente en dos ramas: verso libre y prosa poética, que no es precisamente poesía, y la única diferencia es el corte de enunciados en la primera, que forman versos, y la unión de enunciados en la segunda, que forman párrafos. Fuera de eso es la misma cosa. Es un año y un lugar pobres en poesía. Hace mucho tiempo que no surge en México, ni en ningún otro lado del mundo, un Baudelaire o un Rilke. Bien, Ángel estrada permanece a la primera división estructural y en cuanto a género él mismo se considera un outsider, que para fines de este relato traduciremos como subversivo, importándonos poco los reclamos. Ángel estrada se considera a sí mismo un poeta subversivo. Y consideraba también que Martin Petrozza es un escritor subversivo. En 2011 no hay mucho donde estar. De algún modo todos los escritores jóvenes y desconocidos son subversivos. Lo que por supuesto, filosóficamente, elimina todas las posibilidades de serlo. Mete a todos los poetas subversivos en una habitación y acabarás con lo subversivo. Son tiempos de vagancia literaria. Cualquiera escribe como Dios le da a entender y todos, todos, nos creemos a la mar de originales en género y estilo. Ángel Estrada no es la excepción. A sus diecisiete años considera necesario, tras tres años de escribir, localizar a otros escritores subversivos, contactarlos y formar una corriente, crear un movimiento. A lo que Martin Petrozza responde, cuando el Estrada finalmente se entrevista con él y se lo propone: molto bene, ¿qué tienes pensado? Aquí acaban todos los planes del Pequeño chaquespeare. Pensó que Petrozza tendría una idea más clara. Lo hacía de antemano líder, portavoz y estrella guía del movimiento que aún no definía siquiera. Pero Petrozza no tiene una idea clara al respecto de nada. Ni siquiera de su vida. Vive al día en todos los aspectos. No conoce al menos el tema de su próximo texto. No importa, digo yo, algo se nos ocurrirá. 

 Cuando Ángel Estrada se entrevistó por primera vez con Martin Petrozza (para ello localizó los datos de Petrozza en Internet), y le comentó la idea del grupo de escritores, fui yo la primera persona a la que llamaron. Llamó Petrozza y me lo contó y el asunto se me antojó interesante en la medida que estos asuntos son interesantes, es decir, que no esperaba nada más que un par de charlas de café y luego, la mayoría de las veces, hasta allí llegan los movimientos literarios subversivos. Me preguntaron qué opinas y yo tampoco tenía una idea clara. ¿Cómo vamos a transgredir los estándares literarios, los cánones, si no hay tales? Hoy día todo mundo es poeta. Basta cortar los enunciados a modo de verso y listo, dije. Ya dijo Petrozza, entonces no cortemos los enunciados en verso. Estructuremos los poemas. Regresemos a la vieja escuela italiana. Hagamos tercetos, hagamos sonetos, hagamos… Estrada lo detuvo. No tenía una idea bien clara de qué quería hacer pero sí, una idea clarísima de qué NO quería hacer. Y una cosa que no quiero hacer, dijo, es regresar al pasado. 

 La segunda persona a la que llamamos fue Garrison, viejo amigo nuestro; de Petrozza y mío, escritor academicista que propuso el Neoromanticismo. Garrison había trabajado ya el Neoromanticismo en un grupo de escritores al que perteneció Petrozza también (ridículamente se hacían llamar Abrapalabra, pero esa, es otra historia) y poseía un texto que pensaba novela situado en Italia, México, España y un país imaginario, país que representa la cuna simbólica del Neoromanticismo. Nos platico de la novela y no prestamos mucha atención. De antemano sabíamos que no regresaríamos al pasado ni con la partícula Neo en el nombre de nuestra corriente. Garrison dio un montón de argumentos pero no logró nada. 

 Rey Hernández, al que contactamos finalmente y que es periodista de nota roja y escritor, abogó a favor de escribir novela policiaca, detectivesca. Otro que ponía la mira al pretérito. Y dijo también, nos dijo, a Petrozza y a mí, a solas, que Ángel Estrada no es un buen poeta, que debemos sacarlo del grupo. Sacarlo del grupo que él inició. Petrozza y yo reímos. No estuvimos de acuerdo. En tal caso te sacamos a ti, dijo Petrozza y Rey enmudeció y no volvió a mencionar nada. 

2

Todos estuvimos de acuerdo. Sobre todo Ángel estuvo de acuerdo: tenemos que reclutar nuevos escritores, con  nuevas ideas y quedarnos con los mejores. Los mejores escritores, según Petrozza, no son los que escriben mejor, sino los que podrían morir si algo los obliga a dejar de escribir. Los escritores con los que debemos quedarnos, dijo, son aquellos que nos superan, almas atormentada por el monstruo que es literatura, anónimos, encerrados en cuevas, escritores con genialidad literaria o sin genialidad pero que entregan el alma. Estos tíos, dijo, no publican, no están en los directorios, no están en Internet. Viven alejados del bullicio de sociedad. Vamos dijo Rey Hernández, si todos esos Macedonios no se encuentran en ningún lado, ¿dónde los buscamos? Sin importar el discurso anterior abrimos convocatoria vía Internet a todos aquellos escritores en lengua hispana

El Pequeño Chaquespeare estaba muerto de miedo al tiempo que estaba emocionado y contento. El miedo poseía del temor a la crítica. Hasta ese momento Petrozza era el único que leía sus poemas. Sí, el juicio de Rey Hernández fue un juicio injustificado. Lo basa en la poco sólida teoría de que un niño de diecisiete años, con el aspecto de Ángel, con la timidez de Ángel, pero sobre todo con la edad de Ángel, no puede escribir algo de valor. Martin jamás mencionó crítica ni comentario al respecto de la poesía de Estrada. No es importante, dijo cuando le pedimos explicaciones al respecto, no importa si es el peor de los poetas, tiene fe, tiene ganas, tiene entusiasmo y anhelos y fuerza, tiene el deseo y  ¡tiene diecisiete años! Crecerá, madurará, y llegará a ser de pésimo a malo o regular o bueno o excelente. No podemos exigir a un tío de su edad que plasme la verdad del universo en unos cuantos versos. No aún. Lo que sí podemos exigir, lo que sí debemos exigir, es que entregue su alma para que quizá un día plasme la puta verdad el universo en un solo verso. Asentimos con la cabeza y nunca más tocamos el tema, nunca más dudamos, juzgamos o prejuzgamos, criticamos ni molestamos directa o indirectamente al Pequeño Chaquespeare. Y la contentura le venía de encontrar personas que comparten su pasión por las letras. Leyó minuciosamente el trabajo de Petrozza, el trabajo de Garrison, Rey y el mío. Guardaba un altar especial para Petrozza, al que consideraba su mentor, su maestro de letras y su maestro de vida. Petrozza le enseñó a no rendirse. Le enseñó a desapegarse de la sociedad. A no intimidarse ante la crítica. La crítica literaria y la crítica personal. A defenderse de las burlas del colegio con la indiferencia. Le enseñó a mandar al carajo a los tíoduros, a los payasos, a las tías superfluas que le menospreciaban, a los profesores de educación física que lo llamaban fracasado (siendo ellos los verdaderos fracasados), a su madre que lo jodía y lo jodía, a Dios, a todo el mundo. Petrozza le enseñó a confiar en sí mismo. Cuando no nos reuníamos a discutir el rumbo de nuestro movimiento literario, Ángel y Petrozza se iban de putas, se metían a bares y centros nudistas y rentaban prostitutas de las afueras del Metro Hidalgo. Petrozza le enseñó el arte de procurarse los placeres elementales del hombre (alimento, bebida y sexo) sin necesidad de mucha plata. 

3

Los días que siguen son de júbilo. Estrada intenta continuar con su vida y su colegio como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo eso es imposible. Intenta escribir, excitado, todas las emociones de sus correrías con Petrozza. Petrozza no lo sabe, nadie lo sabe, pero antes de las prostitutas del Metro Hidalgo Ángel era virgen. Nadie lo sabe pero no es difícil de imaginar. Intenta escribir pero no le sale nada. Intenta releer a sus autores favoritos pero las letras se desmoronan ante sus ojos, ante los recuerdos de las sensaciones, los recuerdos de la sensación de su pene entrando en la vagina de una desconocida. Todo esto dotó a Estrada de un aura de tremenda seguridad, que, aunada a los consejos de Petrozza de mandar al coño a todo mundo, endereza la espalda y comienza a hacerse visible a los ojos de las personas para quienes Ángel no existía. Asiduamente comienzan a encontrarlo en todas partes, y lo que es peor para ellos, comienzan a mirarlo con curiosidad e interés. Ahora el Pequeño Chaquespeare fuma, bebe y folla. Le han visto fumar a las afueras del colegio. Le han visto llegar con resaca. Y le han visto el brillo ocular, la sonrisa y el esplendor de aquel que acaba de hacer el amor. Las chicas lo miran, ahora lo miran como a un enigmático ser por el que mueren por descifrar el misterio. Y parte de descifrar el misterio (y el porqué de esto es otro misterio) incluye acostarse con él. 

 Al poco tiempo Ángel Estrada se acostumbra a su nueva vida. Fuma todo el tiempo. Compra cajetillas de cigarros  y cada que Petrozza le pide uno, que es cada veinte minutos o menos, coge uno él también. Y cada que Petrozza da un trago a su licorera llena de whisky, que es cada quince minutos o menos, Ángel, ese Pequeño Chaquespeare que hace un par de meses no sabía ni qué es whisky en las rocas, pide, apurado y nervioso, un traguito, tío (porque ahora dice tío y coño y joder y follar todo el tiempo), no seas hijoputa, que me seco. Y Petrozza le corre un trago, jamás le ha negado un trago, porque es un borracho sí, pero un borracho que comparte a los amigos. Estrada aprende rápido, en menos de cuatro semanas de recorrer el bajo mundo tiene ya su puta favorita, Susana, que es un niña de dieciocho años con un culo tremendo, aunque a Estrada lo que más le gusta no es el culo sino la edad, la complicidad y la cercanía que experimenta al penetrarla. Cualquiera otra puta podría ser su madre, pero Susana podría ser su hermana y eso, de algún modo, le prende más. Ángel se ha enamorado de Susana. No lo ha dicho a nadie, ni a Petrozza, pero lo sabemos. Sabemos la mayor parte de sus sentimientos y pensares porque es como una semilla que crece o como una tortuga que recorre el camino al mar, camino que alguna vez Petrozza y nosotros ya recorrimos, a modos distintos pero el mismo camino al fin y al cabo, el camino que recorre todo mundo, toda la humanidad, porque somos tan iguales todos, y todos nos hemos enamorado a los diecisiete años, y muchos lo han hecho de una prostituta, dice Petrozza, todo al menos una vez en la vida nos enamoramos de una prostituta. ¿Al menos una vez en la vida?, pregunta Garrison horrorizado. A mí me pasa todo el tiempo responde Petrozza, me enamoro de toda mujer a la que follo. E incluso de las que no logro follar. Me enamoro todo el tiempo, en cada esquina. 

4

De la convocatoria llegó poco material. Contactamos algunos escritores pero ninguno verdaderamente entregado a la literatura. "Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte." (Roberto Bolaño). Y ninguno de los escritores que contactamos puede soportarlo todo. Pueden  y están dispuestos a escribir cuentos y novelas y poemas desde la comodidad de sociedad, pero ninguno, ni uno sólo de ellos está dispuesto a escribir cuentos, novelas o poemas desde la locura. Escribir poesía desde la poesía, escribir novelas desde la novela de su vida, cuentos desde la muerte. Todos desean salir del anonimato pero ninguno desea pagar el precio. 

 Aquí termina el texto pero no termina la historia. Si estás leyendo esto y eres o quieres ser escritor, y estás dispuesto a luchar por ello, bienvenido. Sí, esto que lees ahora es una convocatoria, y es un texto, y estás invitado a formar parte del subversivo movimiento literario del Pequeño Chaquespeare. 




7 comentarios:

  1. o!!!!! pertenecer!!!??? claro!!!!!!!!!!!!

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  2. quiero conocer al pequeño chaquespeare!!!!!!!!!!

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  3. Buen texto, muy buen texto.

    Con gusto me uniría a las tropas del Chaquespeare pero aún tengo un par de asuntos que liquidar. Sea ficción o realidad (¿qué más da?), la idea no deja de encantarme.

    Saludos, Petrozza

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  4. Formar parte de algo así sería estupendo, como se menciona en el texto, la mayoria de los movimientos no pasn de ser charlas de cafeteria. Pero Petrozza tiene razon, para pasar de eso se necesita gente con agallas, que entregue corazon, no eruditos de escritorio.

    A mi tampoco me queda claro si es realidad o no esta convocatoria. Podrían aclararme esa duda?

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  5. ¡Enhorabuena al pequeño Chaquespeare!

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  6. Me parece estupenda la idea de promover con tu texto el ejercicio REAL de lo que verdaderamente significa la escritura. Ignoro si es cuestión de una élite erudita, pero aceptémoslo: finalmente un erudito también muere para el mundo. Todo depende si son o no mamones. Ergo, no todos los mamones son eruditos ni todos los eruditos son unos pendejos.

    Ehmm... hace mucho que no te leía. Saludos a todos los que colaboran.

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  7. Segun entiendo, Petrozza no busca escritores eruditos sino entregados a la literatura. Porque sabe que aquel que se entrega, invariablemente terminara siendo bueno en lo que hace. Eso me parece excelente y muy inteligente de su parte. Deberias hacer una convocatoria màs en forma, con bases y datos de contacto!! me gustaria conocerlos y de ser posible integrarme con ustedes!!

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