viernes, 18 de febrero de 2011

Una verdadera lastima, ¡qué maravilla!

Audiotexto.

 “…No debería contarlo y sin embargo / cuando pido la llave de un hotel / y a media noche encargo un buen champagne francés / y cena con velitas para dos / siempre es con otra, amor, nunca contigo / Bien sabes lo que digo…”
“Y sin embargo”
Joaquín Sabina.


Es lástima cómo pasan las cosas. Por lo general las buenas cosas pasan que da lástima. Y las cosas que pasan de maravilla, si se les mira de cerca, no son tan buenas. Por ejemplo con Marisol, esa bella mujer. Todo con ella es bueno excepto una cosa; es lástima. O con Penélope, todo con ella es tan malo; y parece tan bueno. Uno no puede hacer nada en estos casos donde por una futilidad todo se arruina y hay que recomenzar en otro lugar, en otro momento, con alguien más. No me gusta para nada la idea de echar todo por la borda y dejar la vida así, como si nada, como si nada hubiese pasado, o como si nada hubiese tenido que pasar. La nadería lo es todo y es un enorme obstáculo en la vida de las personas acostumbradas a lo común. Para mi desgracia, esas personas son la mayoría y luchar contra corriente es un riesgo que hay que correr (a veces, sabiendo de antemano que todo está perdido).  No se trata de ganar o perder; el amor no es un juego de azar. Uno se enamora (no me detendré en aspectos psicológicos o filosóficos), no importan los motivos, y Marisol aparece en todos lados, y se desea tanto su compañía; un estar juntos sin nada más que estar juntos. Todo empieza un día que no se le espera, se continúa por sobre toda consecuencia y luego hay que pensar, detenerse en el acto y pensar. Pensar no siempre es bueno, se vuelve costumbre con el tiempo y es algo que hay que hacer o no hacer pero siempre se hace. Si no se hace se vuelve uno un animal. ¡Que bello ser un animal! No detenerse a pensar y llevarlo todo hasta final. ¿Los animales llevan todo hasta el final? Qué bello llevarlo todo hasta el final sin pensar y disfrutar de las consecuencias; tan terribles las consecuencias, tan temidas y tan pensadas.

 Una cosa es cierta y es que Marisol me encanta con todo y sus consecuencias. Todo comenzó como comienzan las cosas (nunca se sabe bien) y habrá que continuar y ser un animal o no serlo pero siempre continuar, con todo lo bueno y todo lo malo y llegar al final. Porque no llegar al final es peor que el aterrador desenlace de un algo que nunca debió comenzar. Dejar las cosas en suspenso está bien para los temeroso, pero no cuando se quiere a  Marisol, no, cuando se le quiere a ella no es justo parar en seco y abandonar. Nadie que no haya amado a Marisol sabe esto. Me basta saberlo a mí para que el mundo gire en torno al sol sobre su órbita y mi mundo sobre Marisol y en torno a la historia que da lástima por una insignificante. Marisol no es para los que temen; es para los que se atreven. Aunque hable en plural sabemos bien  que no es la intención y que creo (como creyó Romeo) que Marisol es para mí únicamente. No soy poeta y me aterra que la mujer de mis deseos termine siendo una Beatriz: inalcanzable en la vida telúrica. No creo en la reencarnación, no en el paraíso, el cielo. Creo en Hacer lo que deseo; deseo estar con ella.

 Hay cosas a las que el hombre les ha dado tanta importancia que son casi inquebrantables. Allí está mi oportunidad: ¡casi inquebrantables! Marisol es casi inquebrantable y hay que seguir, adelante con todo y no desistir hasta que la inquebrantabilidad sea quebrada. O morir en el intento (cosa que nunca pasa, no hay de que preocuparse). Una de esas cosas importantísimas en la vida humana es la que hace que todo sea una lástima. Como cuando es lástima que la súper-modelo Laetitia Casta, sea una súper-modelo y no nuestra vecina, hermosa y conquistable. Pero si existe un hombre capaz de llegar a ella,  hacerse su vecino a toda costa (obviemos la dificultad de esto) y convertir a esa súper-modelo en algo conquistable, entonces, mi tarea es sencilla; la nadería se vuelve nadería y la felicidad está al alcance de la mano. Hay que ser sinceros y adjudicarle a esa dificultad de hacer las cosas, el motivo por el cuál se llevan a cabo las grandes hazañas; sabiendo que si la vecina fuera sólo la vecina y Marisol, sólo Marisol, todo cambia y se pierde el sentido de la aventura, la emoción del reto, y esto se vuelve algo maravilloso (como ya dije, lo que pasa de maravilla, si se le mira de cerca, no es tan bueno). Así que después de todo no es lástima, sino excelente que Marisol sea Marisol y Laetitia, Laetitia.

 La posibilidad de arrepentimiento es inexistente cuando se trata de ella. Es deprimente comenzar, terminar y arrepentirse cuando se hace algo que siempre se deseó. No se puede llegar a Marisol con el corazón en la mano para luego salir arrepentido y disculpándose. Marisol exige que se le quiera desde el principio hasta el final con plena convicción y enfrentando los reproches de esa mayoría que vive sumergida en la costumbre. No hablamos de una mujer de costumbre, de un caso acostumbrado ni de la mediocre tarea de conquistar a la vecina. Esta exigencia nace no de ella sino de la situación, insignificante para mí pero capa de acero para el mundo que nos rodea. Si Marisol fuera sólo Marisol…

 Me iré pronto y habrá, muy a pesar mío como ya dije, que recomenzar en otro lugar, en otro tiempo, en otra vida. Ser otro y ser el mismo, y olvidar, y dejar que las heridas sanen. Antes de partir, las promesas: No olvidar, no dejar de sentir y sobretodo: las visitas. Antes las cartas o las llamadas, pero sobretodo las visitas, que son lo importante. El tiempo pasa a través de nosotros sin preguntar, sin echarnos un vistazo y ver lo bien que lo pasamos juntos, y el cariño, y el amor. El viaje viene con el tiempo y tampoco espera. Es cruel. Hay que soportar, eso se sabe, lo que no se sabe es cómo no soportar. No quiero soportar, me gustaría llevarla conmigo, o que me detuviera ella; no creo que se atreva, es tan buena, no podría o no querría. Yo no soy tan bueno y la llevaría. La llevaría conmigo a todos lados en todas partes. Siempre quedarán las visitas, lejanas, vagas, escasas, nunca suficientes y siempre hay que regresar. Y el tiempo es cruel y poco a poco todo lo derrumbará y llegará la última visita. No tan dolorosa gracias al tiempo, pero terrible por la indiferencia. Si ella se atreviera a detenerme. Sólo ella podría detenerme. Marisol. No sería una detención con todo lo negativo de las detenciones; no, sería un acto positivo, creceríamos, lo pasaríamos bien y nos olvidaríamos del miedo de perdernos (si es que ella me tiene el óbolo de cariño) y entonces seguiríamos luchando contra-corriente. Ella es valiente, lo sé. Vaya que es lástima cómo pasan las cosas bellas. Pero esa cosa de impedimento, esa sensación de opresión, es la que le da un sabor asombroso a la vida. 

 Mientras tanto queda disfrutar de su compañía, que siempre deja algo que desear, unos minutos más, unas palabras más, otro abrazo, un beso, ¿por qué no? Un beso, una caricia, de nuevo un abrazo, la basurita en el ojo y por fin adiós. Todo pasa tan rápido cuando se le recuerda, cuando se le mira atrás de nosotros, de cosas que ya pasaron; los recuerdos siempre están allí para hacernos ver, para recordarlos, y duele que sean recuerdos y no presentes. Y el futuro incierto, equívoco, opaco y traidor. Todo está perdido de antemano pero se lucha por lo que se siente, por lo que se quiere, “todo ideal es verdadero para quien lo profesa” y ella es mi verdad: Marisol. También es mi mentira, “tu mentira es tu verdad”.  Realidad o ilusión no es importante, lo importante es que todo esto es una verdadera lástima, con los pros y los contras de las verdaderas lástimas. Ojalá fuera diferente. Pero si fuera diferente, ¡qué diferente sería!; y me gusta así, lastimero el asunto y todo. Que maravilla que todo sea una verdadera lástima y no lo de siempre: el amor correspondido, los novios, el verse diario y la monotonía. Luego de la monotonía todo se acaba porque no la soporto. ¡Al diablo con la monotonía y las cosas que pasan siempre como pasan las cosas!, como prediseñadas, como hechas en serie y como muy repetidas y predecibles. Mejor que todo pase así tan mal, porque las cosas que pasan así de mal no están hechas con molde, y son más ricas, como hechas en casa, a la medida, con sal al gusto; y uno no es chef pero que bien saben, y uno no es chef y allí esta lo emocionante, a ver cómo nos quedan; pero las comemos con alegría de saberlas nuestras, únicas y nuestras.  

 Es increíble. Marisol es maravillosa y si no fuera por un detalle de poca importancia, todo sería de otro modo, muy feliz y muy normal. Ya dije que la prefiero así, con detalles que rompen lo común. No he tocado el punto y prefiero no hacerlo directamente y habrá que ser perifrásticos y darle vueltas al pozo para que desde allí lo mire el público y sin saber lo que hay dentro lo imagine y lo haga su verdad. Para unos no es gran cosa, dirán que estoy exagerando y espero que así sea (siempre me ha gustado exagerar). Lo que Marisol tiene de malo no está dentro de ella, ella es preciosa, una bellísima persona y una bellísima mujer. O sea, que tampoco está fuera. Su rostro es angélico; amo esa pequeña nariz perforada, me encantan sus ojos y la mirada, dulce mirada que lo explora todo. Su cabello, su aroma, sus labios, sobretodo sus labios, y ese cuello. ¿Y dónde está el defecto? Es inteligentísima, no está en la mente. Lo pecado del asunto está en sus venas. Y es por esa cosa microscópica que todo se torna complicado. ¡Es lástima caray! Hay que decidir, actuar y no desistir. Unos dirán que es malo, otros que no tanto. No hablamos de malo y bueno, hablamos de soportar o no soportar, de cometer un acto anti-social o no cometerlo pero por ningún motivo cometerlo a medias. La mediocridad no cabe en esta historia (ni en ninguna otra; la gente suele olvidar). La distancia es un arma de dos filos, bien puede ayudar a olvidar, a sacarle a uno del caso, o sacarla a ella de uno; y hacer que todo quede como antes, tan como antes, tan normal, tan feliz y tan aburrido. O puede hacer sufrir a un alma sensible como la mía ¡Odio la distancia! Y la ultima vez, y la próxima y el nos vemos luego.  

 Pasando a la sujeción de sentimientos a voluntad, diré que sí, algo hay de eso. Así empieza uno, sujetando fuerte y si logra terminar así, que maravilla. Soy un hombre sensible, repito. Mi alma se inunda de Marisol fácilmente. Ella resbala por mi cuerpo, entra en él, se aloja en la mente, se aloja en esa cosa llamada corazón (metafóricamente hablando), la respiro, la saboreo, la escucho, la miro extasiado, la pienso, la sueño, la imagino, la platico, la recuerdo, la presumo, la escribo, le escribo, la convierto en ideal, la desconvierto, todo a voluntad. Pero ¿a voluntad de quién? ¿De mi razón, como se pretende en todo caso de amor sujeto a voluntad? ¿O a voluntad de mis emociones? Esto último es carecer de voluntad, de mí voluntad y volvemos al inicio: amor desmesurado, increíble amor que llega de golpe y se estampa en uno y se queda adherido como una masa gelatinosa de la que no me quiero despegar. ¿Allí está la verdadera voluntad? En ese no querer curarse, en esa terquedad de seguir enfermo, enfermo de amor: estado de embriaguez que maximiza las virtudes del objeto de deseo y minimiza los defectos, haciendo del paciente un ente carente de razón e idealista. Ya de por sí soy idealista (vaya pretexto; la mediocridad asoma en todos mis dientes) y ya de por sí me conozco y me considero un amante, romántico y cursi (los dientes se defienden con eso de romántico). Así que sujetaremos a voluntad el sentimiento, a mí voluntad, hasta que la voluntad pase a manos de otra cosa.  

 Mientras todo eso, hay que saber qué quiere ella. Lo que yo quiero está claro: la quiero, me gusta estar con ella, le admiro, me parece hermosísima, y deseo poder decírselo y abrazarla y las caricias y los besos: expresiones del sentimiento. Quiero compartir parte de mi vida (no toda porque ya pasó un cuarto de ella y es irrecuperable) y aprender a amarla, y aprender de ella y llenarla de cariño y hacerle ver que ella vale mucho para mí, que es muy importante y que al ¡diablo con todo!: ¡la amo! (En mi concepto de amor, no existe el amor completo, es decir, no puedo amarla hoy y amarla así siempre, sino que el amor es un proceso de amar, y amarla es un querer amarla día con día y siempre distinto, siempre un poco más. Un estar dispuesto a todo lo que venga, a conocer sus defectos (las virtudes sobran pues por algo se enamora uno), sobretodo conocer los defectos y amar sus defectos, respetar sus vicios, su libertad, y entregarle a ella parte de mí, con mis aciertos y defectos sin mentirle, y llegar a ser uno los dos; amalgamar sentimientos y pensamientos sin porciones exactas, sin prejuicios y con plena responsabilidad, voluntad, consciencia y cariño. En pocas palabras: amarla a ella es para mí, simplemente, estar con ella, que cuente conmigo para todo, y respetarla exactamente, tal cual es, sin cambiarle un sólo cabello, una sola pestaña. Porque a Marisol se le ama en su totalidad). 

 Y ella puede no querer nada, cosa que no afecta mi sentir; no busco el amor en su definición vulgar: Casamientos, lunas de miel y resignaciones. (“…yo no quiero / que viajes al pasado / y vuelvas del mercado / con ganas de llorar…”) Una cosa es segura y es que luego de expresar mis sentimientos, con todo el abanico de opciones abierto (Cachetadas, sustos, traumas, rechazo, no verla nunca más, indiferencia, pensar un poco, ceder un poco, alegría, correspondencia total), escoja la que escoja, para nada va a cambiar mi postura. Muy a su pesar, (en el peor de los casos) soy un hombre de pocos amores, poco amores pero grandes y fieles amores, nada cambiará y le guste o no, a la distancia o la cercanía, la voy a querer muchísimo. Porque una vez que se conoce a Marisol, no se le puede olvidar. (Todo eso no lo sabe, pero yo se lo enseñaré, si la vida lo permite).

 Ahora que todo se va tornando diáfano, aclarémoslo de una buena vez.  Aunque estoy declarando un sentimiento, y eso es lo que comúnmente se conoce como declaración de amor, o como declarársele a una mujer, conmigo la cosa siempre es un poco distinta. Me encantaría hacer de Marisol mi novia, claro, eso no se dude por favor. Pero adaptándome a la situación, sé que eso es lo menos importante. Lo importante de todo esto es lo intangible y no los títulos que tratan inútilmente de hacer “cosas” a las “ideas”, que se desviven por darle un poquito de materia a lo inmaterial. Ser novios o no serlo es cosa de parco valor cuando dos personas se quieren. Ser novios es un compromiso. Yo no le exijo compromiso alguno; ella es libre. (Aquí quiero hacer una pequeña explicación, para evitar equívocos. Que yo otorgue libertad, no significa, que yo otorgue libertinaje. Le exijo que sea libre, es decir, que si su concepto de cualquier cosa (ya sea, de noviazgo, de matrimonio o de enchiladas) es de un manera, ¡pues que por favor, no se limite ni se detenga y actué conforme a su querer!, y que sea una novia como novia crea que debe ser, una esposa, y que haga las enchiladas como piense que deben hacerse; para nada hay que confundir libertad con “obligación de libertinaje” Y por otro lado, que se despreocupe de mí, que mi concepto de querer es siempre muy fiel y muy comprometido; no soy un libertino ni lo seré; soy hombre de una sola mujer porque me tomo la libertad de ser así, porque así lo quiero. Allí radica la libertad que yo otorgo: un, puedes quedarte si quieres, si no, no. Pero no se confunda con un acto de correr a la persona; repito: puedes quedarte si quieres, si no, no. Con toda la sinceridad que se le puede imprimir a la frase). Aclarado el punto, regresemos a lo que nos atenía: “Ser o no ser, he allí el dilema” Un noviazgo es, como ya dije, un compromiso, un verse diario, hablarse por teléfono, regalarse cosas, etcétera. Notemos que todos eso actos no son el noviazgo, (o no debería serlo) sino síntomas (que en estos tiempos se confunde con obligaciones) de un sentimiento. Y es claro que algunos de estos síntomas parecen imposibles en esta historia que es una lástima. No, Marisol querida, no. Todo esto son pequeñeces. (Ya mes estoy adelantado mucho a una respuesta que tiene todas las de perder) Le diré que si usted tiene la idea de que a un novio se le debe ver diario (cosa que si  la tiene, yo le respeto rotundamente y le admiro)  no hay ningún impedimento para eso. Si cree que se le debe ver diario sin ocultársele, tampoco lo hay (ya le explicaré eso en persona). Todo lo que usted imagine lo podemos hacer porque ya verá que mi ingenio es más grande que los obstáculos que cualquiera puede poner. Mi ingenio aunado al suyo y a las ganas de estar juntos (si es que la tiene; repito que ya me estoy adelantando demasiado). Si le preocupa la sociedad, pues que no le preocupe que le aseguro, al ser una masa, se le puede controlar cuando se le trata con total confianza. Cuando uno habla y dice las cosas como son, sin preocuparse (sin verdaderamente preocuparse) del qué dirán, todo se convierte en cosa simple y pasa por muy normal (para ejemplo las chicas que salen con señores de cuarenta-y-tantos (risa de chiste local) que lo cuentan como si nada, y en efecto, no pasa nada, ¿a quién le importa? Que bueno, que aprenda lo que pueda y bien por ella. Cosa distinta sería que lo contara temerosa, pues entonces sí, los cerebros de la masa huelen el miedo y se entregan al compendio inútil de consejos y puntos de vista, insoportables cuando se está convencido de lo que se quiere). Bueno, todo lo anterior es en el caso de que no se quiera ocultar nada, que si se quiere se puede hacer también, el caso se presta para ello. Y eso lo hace tan interesante, tan anormal (anormal es un adjetivo bellísimo cuando se le mira de cerca, es lástima ¿no? Como todo en esta vida) y tan fuera de la monotonía, porque, claro que este caso dará ocasiones, situaciones, eventos e historias, que mutarán según el caso y romperán con todo lo monótono de una relación  tediosa y normal (el adjetivo normal, que suena tan bien, si se le mira de cerca, es un despectivo: sinónimo de “promedio”, sinónimo a su vez de “mediocre”).

 Así, sin querer la cosa, ya le dije lo que siento y la perífrasis me sirvió de poco. Hay tanto que hablar, tanto que pensar, pero sobre todas las cosas, tanto que disfrutar y querer y pasarlo bien y aprender y ayudar y crecer. Esas cosas son las cosas buenas de todo esto. De esto que denomino: un sentimiento sincerísimo y  sin pretensiones. Un amor que se acepta como es, con limitantes, (que a mi modo de ver, como ya dije, hay pocas) con ventajas (la ventaja de la a-monotonía y de la anormalidad y de la emoción y de la sinceridad) y con edades y cosas de las venas. Un sentimiento noble, sencillo, que no exige nada y que todo lo da. Una locura para muchos, quizá también para Marisol, pero una muy buena locura, que vale la pena por usted, Marisol, por usted. 

 Transcribo un párrafo que escribí luego de verla, de estar con ella, por tercera vez: 

 << Hace apenas dos cafés y una fiesta y ya me he tomado la libertad de quererla. Espero no lo tome a mal; hablo en el sentido que se le tiene que dar a las cosas en estos casos. Un sentido opaco y velado por la consanguineidad de la situación. Como dije, los lazos me son indiferentes, mera formalidad, mera suposición. Suposición de que debemos… o de que no debemos. Pero repito: me son indiferentes. He decidido quererla; como dice Nietzsche: “amor sujeto a la voluntad” Y como digo yo: si no está sujeto a voluntad, es involuntario y como tal no puede uno hacerse responsable, ni por otro lado, obtener crédito alguno. Hemos pasado de trece a dieciséis horas juntos, repartidas en tres semanas, es decir, veintiún días, y no diré que he “reencontrado”, pues no he reencontrado nada, sino que he encontrado por vez primera a una persona muy especial. Una linda chica con la que me identifico, la más bonita de todas (más bonita que sus amigas morenas y blancas, por ejemplo) y por la que siento no la obligación de los lazos sino el verdadero sentimiento de los desconocidos que se acaban de conocer y no se pueden olvidar…>>

 Este párrafo lo escribí hace tiempo ya y quedó guardado en algún documento sin nombre. Lo hice para arrancarme del pecho esa sensación que se tiene cuando se quiere demasiado a una persona, a una mujer, a Marisol. Ahora lo copio y lo pego, precisamente porque quiero pegarlo de nuevo a mí. No lo quiero exorcizar, no aún, no aún que no ella no lo sabe, que no he dado ni el primer paso. Qué cobarde sería tirar todo al fuego de la chimenea.  Pienso que hay que ser valientes y que hay que decir la verdad y no fingir y no engañar y antes que todo, no reprimir. Me ha tocado demostrar que lo que pienso es acorde a lo que hago, que soy una persona íntegra y que no soy un hablador: demostrarle a ella lo que siento es cosa de miedo para muchos, y para mí también, debo aceptar que los músculos se tensan, que el corazón late más rápido y que la boca se seca; síntomas éstos del nerviosismo, del miedo a no verla nunca más; a la distancia, que ya dije: ¡odio! La distancia, es decir, la privación de “momentos de Marisol”, el no verla nunca más, es un riesgo que se tiene que correr; porque si se logra obtener el beneplácito (aceptación) de esa mujer, todo habrá valido la pena y le juro Marisol, le prometo rotundamente que no se arrepentirá, que nadie la ha querido como yo la quiero, ¡nadie! (estas cosas se saben a priori cuando se confía y se conoce lo que uno siente; y se siente tan fuerte que se sabe imposible que alguien lo haya sentido más intensamente) Dese (y deme, claro) la oportunidad de correr el riesgo, de probar lo hermoso de un sentimiento honesto, que no busca de usted nada que no sea su compañía y su cariño; algo tan simple, tan bellamente simple. Permítame decirle lo muchísimo que he llegado a quererla sin que todo sea un caos, permítame demostrarle que es usted quién ha ganado mi cariño, y por favor, por favor, no se rompa la cabeza pensando en porqué, porqué usted. No lo haga, no llegará a ninguna conclusión, mejor lo explico (o trato vagamente de explicarlo, ya que estas cosas no se explican con letricas, letras ni párrafos): 

 Bueno, aquí vamos con el intento de explicación, que dicho sea de paso, es una explicación que dirijo tanto a usted, como a mí que tampoco lo entiendo (ni quiero entenderlo, sobra la razón, la lógica y la lucidez). Conocer a Marisol no fue indiferente, es una persona a la que ya se le quería de antes, sí, y que regresó convertida en algo perfecto, lindísima. Una guapísima mujer. Hasta aquí todo va normal (puedo soportar eso sin perder la cabeza. Bueno eso creía hasta que llegó usted). Aunado a su lindura (y aquí va lo realmente importante), encontré en ella una personalidad tranquila, sincera, sin pretensiones, simple, transparente, honesta; una personalidad que siempre he buscado, que se aleja del común de las personalidades femeninas interesadas en cosas de poco valor. Es ella una mujer introspectiva, atraída por el conocimiento de sí misma y de las cosas que le rodean, inteligente, diferente (que bonito es ser diferente) y capaz de reflejar una ternura y belleza interna impecable (¿cómo lo hace?, no lo sé). Observadora, humilde, consciente, madura (de verdad es usted una persona madura, tanto que sabe que aún le falta madurar, y he allí su paradójica madurez). Valiente, muy valiente diría yo (si yo viera algo extraño en la noche, sea lo que fuere, muero del susto (risas)) Con una experiencia, me atrevería a decir, mayor de la esperada. Sin prejuicios (sobre drogas o estilos de vida, sobre religión o filosofías, sobre personas, amistades y sobre todo lo que puede no tenerse prejuicios) Cariñosa, cosa que me gusta tanto. Es una mujer súper natural, sin excesos, con buen gusto, de la que se puede hablar de absolutamente todo. Transparente (no sé si me explico con este adjetivo, me cuesta trabajo pero me viene a la mente, ella es transparente, y blanca y pura, no entiendo bien pero eso me pasa por la cabeza cuando la pienso a ella; creo que es algo relacionado con “sincera”, con que ella es quién es sin querer ser alguien más). Una de las razones de más peso: es una excelente amiga, sabe escuchar, de verdad sabe escuchar. Esto es importante porque considero que todo lo que sigue de la amistad es mejor con una buena amistad previa, que implique confianza y respeto (la gente no quiere ennoviarse de sus amigos porque son amigos, pero se equivocan, los amigos son los mejores prospectos. Claro que si todo termina, termina todo, la amistad y el noviazgo, pero hay que ser valientes y correr el riesgo) Con todas estas características, metidas en una licuadora, mezcladas con lo bien que lo paso a su lado, las cosas que nos hemos contado,  lo mucho que me gusta su sonrisa, ¡y sus labios!, es imposible, entienda Marisol, ¡es imposible! no sentir nada por usted. Es una persona admirable y le digo de todo corazón, vale tanto para mí que por eso hago lo que hago y tomo los riesgos que tomo y prefiero no verla nunca más a verla siempre y estar fingiendo que usted es para mí una simple amiga, como cualquier otra, no, jamás como cualquier otra; ¡única!

 Marisol, antes de que diga cualquier cosa, sepa que no estoy loco, que lo que siento no lo decidí yo, que esto pasó porque así tenía que pasar o porque así pasó y ya, no lo sé. Es lástima verla leer estas líneas y saber que todo es una verdadera lástima, ¡qué maravilla!


México D.F. a 29 de Agosto del 2008.





1 comentario:

  1. Digamos que te alejas definitivamente
    hacia el pozo de olvido que prefieres,
    pero la mejor parte de tu espacio,
    en realidad la única constante de tu espacio,
    quedará para siempre en mí, doliente,
    persuadida, frustrada, silenciosa,
    quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
    tu corazón de una promesa única
    en mí que estoy enteramente solo
    sobreviviéndote.

    Después de ese dolor redondo y eficaz,
    pacientemente agrio, de invencible ternura,
    ya no importa que use tu insoportable ausencia
    ni que me atreva a preguntar si cabes
    como siempre en una palabra.

    Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
    desgarradoramente idéntica a las otras
    que repetí buscándote, rodeándote.
    Hay solamente un eco irremediable
    de mi voz como niño, esa que no sabía.

    Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
    no tener oración para morder,
    no tener fe para clavar las uñas,
    no tener nada más que la noche,
    saber que Dios se muere, se resbala,
    que Dios retrocede con los brazos cerrados,
    con los labios cerrados, con la niebla,
    como un campanario atrozmente en ruinas
    que desandara siglos de ceniza.

    Es tarde. Sin embargo yo daría
    todos los juramentos y las lluvias,
    las paredes con insultos y mimos,
    las ventanas de invierno, el mar a veces,
    por no tener tu corazón en mí,
    tu corazón inevitable y doloroso
    en mí que estoy enteramente solo
    sobreviviéndote.

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com