martes, 11 de enero de 2011

28 de diciembre.

Era eso de las cuatro de la madrugada cuando llegué a casa ligeramente borracho. Había pasado la noche en La Puerta Negra. Vacié los bolsillos y no logré ligar ninguna mujer. Entonces recordé tener tres cuartos de whisky en casa. Así que regresé a por ellos. Tenía ánimo de continuar la farra echado sobre mi viejo sofá. Abrí la puerta y tropecé con aquella cosa: un sobre blanco. Lo levanté y leí. No tenía remitente ni destinatario. Quiero decir que no llevaba impresa en ninguna parte ninguna dirección. Ya, pensé y lo eché sobre la mesa sin dar importancia a la cosa. Me puse un whisky en las rocas. Dejé sudar los hielos e hice zonas al bueno de Bach en el estéreo. Mientras todo eso me descalcé y me quité la camisa. 

 Todo estaba saliendo de maravilla. El trago hacía su efecto en el cerebro y comenzaba a desear el sueño. Al levantarme por el cuarto whisky lo noté: el sobre seguía sobre la mesa. Lo tomé y lo traje conmigo hasta el sofá. Lo inspeccioné detenidamente. La únicas palabras impresas eran: Martin Petrozza. ¡Ese soy yo!, pensé. Estaban escritas a tinta azul, en cursiva. De una cosa estaba seguro: ese sobre no venía de ninguna Institución a la que deba dinero. Pero tenía mis dudas. Los cabronazos de cobranza son astutos. Llaman a todas horas con voces diferentes. De hombre o de mujer. Te piensas que es alguna examante. Luego sueltan las amenazas y exigen el dinero. No son tan distintos a las examantes. Me decidí. Abrí el maldito sobre. 

 Era una carta impresa a 12 puntos, Times New Roman. Decía: 

Querido, Martin Petrozza. 

Me llamo Estefany Vélez.

Soy una mujer de treinta y dos años. Tengo todo en su lugar. 
Permite que te hable de tú. 

Vale pensé, háblame de tú…

He seguido todas tus publicaciones, ¡y me excitan!
No puedo evitar imaginarte a cada línea. 

Vaya cabrona, pensé…

No te conozco pero estoy enamorada de ti. Me apasiona tu manera de vivir. Te imagino como el mejor de los amantes. Disculpa si sueno demasiado directa. Sé que lo entenderás. 
Me gustaría tomar una copa contigo. Si quieres, claro. Y quizá… ¡Qué digo quizá! Que me hagas el amor como a una zorra. 

 Mi dirección es: 
Calzada de Tlalpan 4698, 
Edificio A, 
Departamento 701.

Si algún día tienes tiempo puedes pasarte por allí. Estaré esperándo con ansias. 

P.d.

Si esta misma noche pudieras venir…

Besos. 

Estefany Vélez. 


¡Dios, qué puta esta Estefany!

Yo había leído que a algunos escritores famosos les llovían mujeres sólo porque escribieron un par de libracos cursis y pegajosos. Jamás imaginé que algo así me sucedería a mí. Terminé con la botella pensando en Estefany. La imaginaba toda una mujeraza. Con tremendas piernas. Toqué mis genitales algunas veces y finalmente caí rendido. 

2

A la noche siguiente tomé una ducha y fui a Calzada de Tlalpan 4698. Me puse mi mejor camisa. Limpié los zapatos. Engominé el cabello. Me eché encima media botella de perfume que jamás había tocado y cepillé la dentadura. Vamos, papi chulo, me dije, Estefany tendrá lo suyo. 

En cuanto miré el edificio tuve una erección. Tranquilo, nene, dije a mi asunto. Había un interfón. Presioné el botón del 701. No funcionaba. ¡Maldición!, pensé. Saqué un cigarrillo de la chaqueta y fumé. Fumé cuatro cigarrillos hasta que una obesa señora salió del edificio. ¡No cierre!, grité corriendo hacia ella. Se asustó. Puse la manaza para evitar que la puerta sellara y dije a la señora: ¡hay una mujeraza esperando por mí en el 701! Subí las escaleras despacio. No podía hacerlo de otra forma con mi manera de fumar. Llegué al apartamento. Tomé aliento y llamé a la puerta. Escuché una risa y una voz preguntó ¡Quieeén! Ya dije, soy Martin Petrozza, estoy buscando a la señorita Este… La puerta se abrió. 

¡Estefany Vélez era justo como la imaginé! Tenía un tremendo par de peras. Una cintura que cabía en mis manos. Y un culo del tamaño del mundo. ¡Dios mío, dije cuando la vi, estás de a diez! Pasa, dijo seductoramente y pasé. La habitación estaba oscura. A penas iluminada por un par de velas sobre la mesa de centro. Me hizo tomar asiento sobre un sillón negro y trajo un par de vasos. Whisky en las rocas, dijo. Ya dije, ¡cómo supiste! Reímos. Se sentó junto a mí y me acarició la pierna. Bien, dije, ¿quieres contarme la historia de tu vida, o prefieres hacerlo inmediatamente? Prefiero saltarme la historia de mi vida, dijo, ya habrá tiempo por la mañana. Excelente, dije y me fui sobre ella. 

 Gracias al cielo soy un desesperado. Lo primero que hice fue llevar la mano hasta el chocho. ¡Y  carajo! ¡No había chocho! ¡Qué demonios!, grité levantándome. Estefany comenzó a reír. Escuche abrirse una puerta y más risas. Las luces se encendieron. ¡Y allí estaban parados los cabrones de Verónica Pinciotti, Garrison y Rey Hernández. Cagándose de la risa. ¡Qué pasa!, dije asustado. Verónica entregó mil pavos que sacó de su bolso a Estefany. La puta los tomó y se largó. Dijo, ¡lástima papi, hubiese sido un buen polvo! Los tres hijoputas no paraban de reír. Hablaban entre ellos. Garrison: les dije que vendría. Rey Hernández: no mames qué chingón. Verónica: no le dices sexo dos veces. 

¡Qué demonios!, pregunté de nuevo y los tres dijeron al unísono: ¡Feliz día de los inocentes! Yo entendía nada. Es 28 de diciembre, dijo Rey. Suele hacerse bromas a los amigos, completó Verónica. Ya dije, es cierto, qué cabrones. Nos la debías dijo Garriosn. Me lo explicaron. Hace un tiempo aquellos tres sufrieron una suerte de bromas pesadas. Nunca descubrieron al culpable pero todo el tiempo me culparon a mí. Juré ser inocente. Y lo era. No lo creyeron y me jugaron aquella broma. Contrataron un travestido prostituto para ello. Echaron la carta personalmente bajo la puerta de mi casa. ¿De dónde salió el apartamento?, pregunté. Es de mi tía, contestó Rey, lo ha tenido abandonado por lustros. No sé cómo no lo noté. Los únicos muebles eran el sillón y la mesa de centro. ¡Y la mesa de centro era la mesa de centro de Garrison! Debí saberlo. La calentura te cegó, dijo Verónica. Tenía razón. No pensé con la cabeza. 

Trajeron algunos vasos y sirvieron whisky en las rocas. Pasamos la noche bebiendo en el apartamento. No dejaban de burlarse. ¿Lo besaste?, preguntó Garriosn. No, contesté tajante. Cómo no, dijo Rey. Enserio dije, todo fue muy rápido. Me fui directo al grano. ¡Vaya grano que te tocó está vez!, dijo Verónica. Calla dije, me las van a pagar. Aquí enmudecieron. Realmente se creían que yo era el autor intelectual de las bromas que sufrieron. Fueron buenas bromas. Muy bien planeadas. Y tuvieron miedo de mi venganza. 


 


Te recomendamos leer también: El misterio de los inocentes. Donde se hizo las bromas a las que alude Petrozza. 

5 comentarios:

  1. Jajája me encantó!! Bueno yo me apunto para la próx prometo si ser mujer

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  2. Se nota que es un escrito bajo presión. Bien dicen que la venganza es un plato que se disfruta frío...es una lástima que hayas decidido con la cabeza equivocada =S jajajaja, suerte para la próxima!

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  3. Para ser un texto obligado esta muy bien la narracion!! no deja de tener encanto!! saludos!!

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