miércoles, 10 de noviembre de 2010

Me enamoré de un hijoputa. Primera parte.

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Marco Perroni era lo que se conoce como un verdadero patán. Era un vividor. Rodaba de bar en bar en busca de sexo fácil y jamás involucraba sentimientos en relaciones con mujeres. Era la clase de hombre por la que ninguna mujer apostaría su futuro. Si algo bueno se puede decir de él, es que era terriblemente honesto. Se acercaba a una mujer y no se andaba con rodeos. En un solo enunciado expresaba todos sus deseos. Así  conoció a Virginia Palacios una tarde de bar. Virginia era todo lo contrario a Marco, y si ella se encontraba aquella tarde en un bar, fue porque los amigos la arrastraron hasta aquel lugar. Jamás imaginó que su vida cambiaría completamente. Marco la miró entrar y se acercó a ella. La cortejó un par de minutos y se lo dijo: me gustas, quiero hacerte el amor. Por supuesto Virginia lo rechazó histéricamente. Marco, acostumbrado a todo tipo de escenas femeninas, no lo tomó a mal. Dio la vuelta y se largó sin saber que había sembrado en aquella preciosa chica la semilla de la duda, la intriga y la curiosidad. La mente de una mujer es un misterio. En ella se pueden gestar los más increíbles pensamientos, los más extraños anhelos. Los ojos de Virginia, aterrados y encantados por despertar el deseo carnal, siguieron los movimientos de Marco. Se movía por el bar como pez en el agua. Pasaba de una mujer a otra, daba tragos de cerveza por aquí y por allá, hacía brindis con medio mundo, bromeaba, y todos parecían amarlo. La proposición de Marco fue, evidentemente, demasiado atrevida para una mujer como Virginia. Casi como un insulto. Pero al mismo tiempo había algo, quizá en la sonrisa de Marco, en su mirada, o en la cínica manera de acercarse, mágico, prometedor, e incluso halagador.


 Virginia ya no pudo concentrase en el momento. Se mostraba reservada a los comentarios de los amigos. Parecía ida. Estaba absorta en sus pensamientos. Marco regresó a donde ella. Se acercó a los amigos de Virginia y se unió a ellos en brindis. Marco era sociable, alegre y simpático con sus maneras desinteresadas, cínicas y directas. Al cabo de algunos tragos se colocó a lado de su presa. Disculpa si te ofendió mi comentario, dijo al oído de Virginia. No pasa nada, contestó ella fingiendo naturalidad. La verdad es que sí pasaba algo. Marco era un vulgar borracho de bar a primera vista pero en su habla se notaba una profundidad peculiar. Llevó la charla por el lado de la música y acertó. Dijo amar a Rajmáninov, compositor predilecto de Virginia. Poseía el ojo clínico de un buen seductor. Ahora que ambos compartían gusto por algo, Marco tenía una oportunidad. Una pequeñísima luz en el abismo que los separaba. Para cualquiera, esta nimia coincidencia no auguraba nada: ambos aman Rajmáninov, ¿y? Una no se acuesta con todos los fanáticos de su compositor favorito. Pero Marco poseía la facultad de sacar provecho al menor atisbo de esperanza. Platicaron por más de una hora hasta que los amigos de Virginia decidieron que era hora de marcharse. Tiempo suficiente para que el terrible Marco lograra entremeterse en la mente de Virginia. En el laberinto de la psique de una mujer poco experimentada. En ocasiones el destino nos encamina por lugares oscuros, los menos pensados, sólo para jugarnos la broma de nuestra vida. Marco y Virginia intercambiaron números telefónicos. 


2


Al día siguiente Virginia se olvidó del asunto como quien se olvida de un bello sueño. Y como un sueño, Marco no salió totalmente de Virginia; quedó anidado en el subconsciente aguardando el mejor momento para manifestarse en aquello que el vulgo llama comúnmente, amor. Pasaron dos semanas de tranquilidad antes que recibiera la llamada. Aloú, dijo Marco en un patético intento de agradar con juguetones saludos. La catatonia se apoderó de Virginia un par de segundos y cuando reaccionó dijo un tímido hola, ¿cómo estás? Virginia se mostró seca, cortante y un tanto violenta. Se rehusó a salir con Marco. Marco, que no solía rogar demasiado a las mujeres, estuvo de acuerdo, y eso fue todo. Tanto él como ella imaginaron que todo había llegado a su fin. “Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks” (Sabina).  Marco se olvió del asunto, Virginia… no. Si aquella tarde donde le conoció se borró rápidamente, ahora sucedió todo lo contrario. Virginia era una mujer bella, acostumbrada a tener pretendientes, los más de ellos persistentes en sus intentos de conquista, como verdaderos guerreros espartanos. Le asombró sobremanera la facilidad con la que este hombre misterioso que llega de pronto a proponer y sobajar la máxima expresión de amor (así concebía Virginia al sexo, como la máxima expresión de amor) desistía de su objetivo. Pero sobre todo le asombró la facilidad con la que se desprendía de ella. En el bar lo miró acercarse a otras mujeres seguramente con la misma intención con que a ella se acercó. La mayoría, si no todas, eran por mucho menos hermosas que Virginia. Es como si a Marco no le importara el físico de una mujer; para él yo soy tan atractiva como cualquiera otra, y se acostaría con ellas o conmigo por igual, pensó Virginia. Esta indiferencia a la belleza exaltada y sobrevalorada por los pretendientes comunes le atrajo fuertemente, al tiempo que le aborrecía del mismo modo. Dejó volar la imaginación creando un personaje opaco. Imaginó que Marco era el tipo de hombre que no se deslumbra por una buena figura sino el tipo de hombre que mira el alma de las mujeres. No había nada más alejado de la verdad. Si se le preguntase a Marco sobre el asunto, respondería: qué va, el alma o la figura me son indiferentes, lo único que importa es un buen coño húmedo. Desgraciadamente las más de las veces, cuando imaginamos la personalidad de un ser al que desconocemos, cuando juzgamos con tan poco material, erramos drásticamente. Virginia pasó los siguientes siete días idealizando. Todo le recordaba a Marco. Si miraba una película inevitablemente encontraba en algún personaje rasgos que, imaginaba Marco poseería. Como una cadena, un pensamiento lleva a otro, y al final tenía una imagen completa de lo que ella pensaba podía esperar de un hombre así. Todos los defectos de Marco: mujeriego, alcohólico, cínico, vividor, etc., podían ser corregidos en la mente de Virginia con un poco de amor. Virginia llegó a la conclusión de que Marco era un buen hombre, interesante, que ama Rajmáninov, falto del amor de una mujer que lo entienda, comprenda y reforme. Y de alguna manera Virginia se creía capaz de lograrlo. Marco se convirtió en una obsesión. Ella deseaba por sobre todas las cosas ser la salvadora, la benefactora, la mujer amiga, y tal vez, por qué no, la amante complaciente de ese naufrago del amor. Ella sería la isla protectora que lo recibiría en el peor de los estados, cobijándolo con sus palmeras, alimentándolo con su vegetación y su fauna, revitalizándolo con la purísima agua de sus manantiales, y fortaleciendo su alma con el solitario retiro de su existencia en medio de la nada. Por increíble que parezca todo eso pensó Virginia un segundo antes de marcar el número telefónico de Marco Perroni.


3


Se citaron en un elegante café donde Virginia solía pasar las tardes de domingo escuchando a un violinista interpretar los veinticuatro caprichos de Nicolo Paganini. Deben pagar una fortuna al tío del violín por tocar al buen Nicolo, dijo Marco. Y era verdad. Virginia rió con el comentario. Ahora todo lo que Marco decía o hacía le parecía gracioso, agradable. Marco, por el contrario, se mostró apático. La chispa que lo caracterizaba en el bar se había apagado. No mostró ningún interés sexual en Virginia. No propuso nada indecoroso. No realizó la mínima galantería ni habló de su pasión por la música culta. Fuera del comentario al violinista no dijo nada más. Bebió un par de americanos y se despidió dejando a Virginia tan consternada como la primera vez. ¿Es que acaso Marco perdió el interés en ella? ¿Será que el alcohol envalentona a este extraño personaje y sin él, no es más que un ser humano común y corriente, aburrido, antipático y sin tema de conversación?  ¿O habrá perdido ya toda esperanza de conquistarla? Todo eso se preguntaba Virginia regreso a casa. No acordaron otra cita. Marco no lo insinuó y Virginia sería incapaz de dar el primer paso. Se dijo que probablemente no lo volvería a ver en toda la vida. De hecho, eso fue precisamente lo que se propuso; no volver a verlo en toda la vida. El hombre maravillosamente atractivo desapareció tan pronto como vino. Dejó de pensar en él como un necesitado de amor y se olvidó de redimir su vida. Todo se esfumó como la nube quimérica que era.  Aquella noche Virginia pudo dormir tranquila y no pensó un sólo instante en Marco. El asunto había terminado.


4


La indiferencia de Marco no era sincera. Es decir, Marco tenía toda la intensión de concretar su fin. Si en el café se mostró parco de palabras no fue por disgusto o desinterés. Sabía jugar muy bien con la mente de sus víctimas. Conocía todas las probabilidades, sabía perfectamente que este entrar y salir de la contemplación especulativa de la mujer en cuestión, al final, procuraría más beneficios que el típico macho modo insistente, petulante y agresivo. Marco no olvidó en absoluto el caso. Pasadas dos semanas se presentó en la fiesta de cumpleaños de Virginia, sin ser invitado por ella. Ella nunca imaginó que Marco estuviera allí. No lo miró  entrar, no lo sintió acercarse a ella por detrás. Se percató de su presencia cuando las manos de él cubrieron los ojos de ella. Virginia, que no sospechaba si quiera, enlistó el nombre de todos los amigos presentes pero no atinó al nombre de Marco. Finalmente Marco se mostró. ¿Qué haces aquí! Las primeras palabras que salieron de la boca de Virginia estaban llenas de ira. La fiesta se planeó únicamente para amigos íntimos. Verlo ahí parado frente a ella, con los ojos rojos de bebedor consuetudinario, desfajado, despeinado y visiblemente ebrio, no le agrado en absoluto. Más de un invitado se acercó a la desigual pareja. ¿Todo bien?, preguntó una linda rubia amiga de Virginia. Virginia no contestó. Marco contestó por ella: Magnifico, muchas gracias, ahora haznos el favor de darnos tiempo a solas. La rubia no supo cómo reaccionar a la directa, enérgica y tajante respuesta. Virginia asintió con la cabeza y la chica se fue. Otras personas venían en camino pero la rubia las alejó explicando que Virginia aceptó hablar con el desconocido. ¿Qué haces aquí? Preguntó nuevamente Virginia a Marco. Festejando tu vigésimo tercero cumple años, contestó Marco, ¿qué más? Virginia no lo podía creer. Estaba molesta. Aquella noche asistiría Louis, un viejo pretendiente de ella, y pensaba darle el sí. Luego de siete meses de insistir, Louis sin saberlo, había ganado el corazón de Virginia. Era tierno, educado, bien parecido y adinerado. Todos los amigos y familiares de Virginia le aconsejaron ennoviarse con ese chico de sonrisa fulgórica. Ahora Virginia había cedido y saber que Marco estaba allí le incomodaba bastante. No por lo que Marco pudiera pensar, sino porque Marco era para ella una tentación. Ni Louis ni alguno otro despertaba en ella tantas sensaciones encontradas. Sensaciones que le provocaban la más grande de las culpas. ¿Cómo has llegado aquí? Fue la segunda pregunta que Virginia lanzó a Marco. Yo siempre consigo lo que me interesa, y tú me interesas, respondió Marco. Aunque eso no respondía la pregunta de Virginia detonó una sonrisa traviesa a la bella mujer. Ya no preguntó más. Bueno dijo, pues disfruta de la fiesta. Dio media vuelta, y se marchó. Virginia estaba en su territorio, con sus amigos, y eso, inevitablemente la dotaba de un poder superior al que tendría en cualquier otro sitio. Marco quedó solo. Llevaba un vaso lleno de whisky con hielos y un cigarrillo. Hubiese sido una escena ridícula de no ser porque Marco sabía dominar ese tipo de situaciones. Si revisáramos el rating de bateo de Marco encontraríamos que conecta dos de cada diez lanzamientos. Lo que significa que conoce el rechazo de las mujeres mejor que nadie, y también, que es un buen bateador.


 Arthur, un chico alto como un cíclope, delgado y de rostro infantil se acercó a Marco. Y bien, ¿cómo te fue? Todavía no lo sé, contestó Marco. Arthur sonrió y lo dejó absorto en sus pensamientos.


Antes de continuar debemos aclarar algo: ¿cómo llegó Marco Perroni a la fiesta de Virginia, y quién es Arthur? Ambas respuestas se amalgaman para resolver el misterio. Arthur es el culpable de todo. Conoció a Marco la misma tarde que Marco y Virginia  se conocieron. Arthur iba en el grupo de amigos que arrastraron a Virginia hasta aquel bar de mala muerte. Virginia no lo notó pero Marco no se dedicó a conquistarla solamente a ella. Como buen estratega Marco conocía el valor de un aliado. En algún momento de la noche hizo migas con el bueno de Arthur que era un bobo y un bocafloja, cosa que Marco reconoció al instante. Tras un par de tragos Marco obtuvo el número telefónico de Arthur seguro de que serviría en un futuro no muy lejano. Le confesó se desvivía por salir con Virginia. Arthur le advirtió no es el tipo de mujer que sale con desconocidos, ni el tipo de mujer que se conquista en una noche. Advertido Marco tomó precauciones. Una de ellas fue amistarse con Arthur el bobalicón. Todo el tiempo que Marco no interfería en la vida de Virginia, lo hacía en la de Arthur. Robaba información útil para su objetivo. Gustos, intereses, infancia, padres, todo sobre la bella Virginia. Fue así como una semana antes del 17 de octubre del 2006 Marco estaba enterado del próximo festejo. Obtuvo la dirección y la hora exactas del asunto. No fue difícil.


 Finiquitado el misterio volvamos a la historia: toda la noche Marco la pasó bebiendo y observando los movimientos de su presa, y de todas las mujeres presentes. Se acercó a más de una y les dijo lo hermosas que Dios las había creado. Algunas sonrieron, otras lo ignoraron, y una de ellas aceptó el halago de buena gana. Aceptó acomodarse con él en un par de sillas al fondo del salón y beber alegre. Virginia por su parte se dedicó a recibir felicitaciones, halagos, abrazos, besos y obsequios. Sin embargo, cuando miró a Marco tocar deshinibidamente una de las piernas de Patricia, no pudo evitar el sentimiento de la celosía. ¿Cómo se atreve?, pensó. Venir hasta aquí sin ser invitado, tratar de ligarse conmigo, en mi casa, en mi fiesta, con mis amigos, y enredarse con la golfa de Patricia. Realmente se enfadó. Caminó hasta donde la lascivia pareja que ya comenzaba a intercambiar caricias y dijo: ¿me permites?, tomando a Marco de la mano y llevándolo a un lugar alejado. El subconsciente de Virginia sabía que Patricia era capaz de entregar a Marco aquello que ella se rehusaba a dar la primera noche, y con ello, robar un pretendiente singular. No hay en el mundo mujer alguna que no guste de coleccionar pretendientes. Y los pretendientes se defienden tanto como los novios, maridos y amantes. Además, Marco no era un pretendiente cualquiera. Era único en su tipo. No permitiría que un una noche Patricia robara lo que a ella le había costado ya casi un mes. Marco había venido hasta aquí por ella y esto encantaba en lo profundo a Virginia. No sabía cómo ni cuándo Marco se enteró de su aniversario pero el detalle gustaba, lo aceptara o no. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de la oportunista Virginia dijo a Marco: ¿qué diablos te pasa? La misma Virginia se asombró de su vocabulario. No solía decir nada parecido. Actuó como si no hubiese ocurrido nada fuera de lo normal y continuó: no puedes presentarte así, de la nada, sin invitación, tomarte todo el alcohol de mi fiesta y enredarte (otra vez una palabra que no acostumbraba utilizar) con la primer zorra (nuevamente el habla se pervierte) que te diga que sí. ¿Por qué no?, preguntó Marco ingenuamente, como si no viera en ello el menor agravio. Virginia no supo qué contestar. No podía decir porque me pongo celosa. Titubeó. Una parte de ella deseaba decir: porque estás aquí por mí. Pero no podía. Ella lo había rechazado. Así que dijo: porque no es educado. Marco encendió un cigarrillo y echando el humo de la primera bocanada al rostro de Virginia se defendió: tampoco es educado dejarme parado en medio de la nada cuando vine hasta aquí sólo para estar contigo. Virginia hizo una mueca de asco al recibir el humo y luego, al escuchar aquello, se calmó y dijo: así que viniste por mí. Sí, dijo Marco, ¿no es obvio? Pues no, la verdad parece viniste por la puta de Patricia. Virginia casi se muerde la lengua al pronunciar la palabra puta. Realmente Marco sacaba todo el lado oscuro de su ser. Las cosas nunca son lo que parecen dijo Marco. Discutieron unos minutos más. Virginia aceptó ponerse cómoda y conversar. Juntaron un par de sillas, se sentaron en ellas y Marco insistió: eres la mujer más hermosa que he mirado, me muero por hacerlo contigo pero como siempre, tú tienes la última palabra. Virginia rió histéricamente. ¡No puedes andar por la vida diciendo a las chicas te quieres acostar con ellas, dijo Virginia. ¿Por qué no?, contestó Marco. Otra vez Virginia no encontró las palabras adecuadas. Cuando Marco lo decía parecía lo más normal del mundo. La desarmaba. Sabía que Marco tenía razón (o eso creyó): ¿por qué no? No había un porque no. Podía hacerlo si le daba la gana, claro está, y cómo él dice: ellas tienen la última palabra. Lo que definitivamente no podía ser es que ella, una mujer decente, aceptará así como así la propuesta. Era imposible. Impensable. Inaudito. Intolerable. ¿Por qué? Porque así no son las cosas, dijo tímidamente Virginia. ¿Y cómo son la cosas entonces?, preguntó Marco. Virginia se sintió frente a un niño que pide explicaciones a las cosas más elementales. Explicó a Marco cómo un hombre debe conquistar el corazón de una mujer. Marco escuchaba atento. Así será entonces, dijo. Quería decir que aceptaba el trato. Trato que Virginia no propuso abiertamente, pero que Marco aceptó obligando a Virginia a cooperar. ¿De qué iba el trato?: Marco conquistaría a Virginia al modo y usanza tradicional si ella lo permitía. Lo tuvo que pensar dos minutos. Virginia aceptó. Lo hizo impulsivamente. Los pensamientos de salvar a Marco, de cambiarlo, de hacer de él un hombre de bien, resurgieron como el ave fénix, de entre las cenizas. Le agradaba la idea de ser la mujer capaz de corregir la vida de un vividor. Le agradaba el sentimiento materno del asunto. Le agradaba sentirse útil, importante y necesaria. Le agradaba la idea de hacer el bien. De ayudar con sus encantos, su cultura, su educación y su conocimiento de las buenas costumbres. Muy bien dijo, para empezar no quiero verte coquetear con ninguna mujer más. Bien, dijo Marco, pero, ¿quién calmará mi libido esta noche? Virginia lo dudó. El lado animal y salvaje dentro de ella gritó ¡YO! Pero se contuvo. De no hacerlo Marco habría ganado la guerra y ésta era apenas la primera batalla contra los instintos, contra el machismo, contra el vicio y el mal. La idea de ser ella quien calmara el ímpetu sexual de un hombre animal, de un hombre experimentado y extrañamente sensual despertó ligeramente las hormonas de Virginia. Hoy tendrás que aguantar, dijo, hoy y muchas noche más tendrás que demostrar que soy yo quien te interesa por sobre todas las demás. Marco asintió echando humo por la nariz y mirando a Virginia de pies a cabeza lujuriosamente. Virginia sintió calofrío. Sintióse examinada como un trozo de carne. Como una mujer en venta. E increíblemente se sintió peligrosamente excitada.  Virginia miró del mismo modo a Marco torpemente. Tanto ella como él sonrieron sabiendo que el pacto estaba sellado. Virginia sería de Marco tarde o temprano. Marco lo sabía mejor que la misma Virginia. Ya no importaba comportarse como un caballero. Eso era tan sólo el pretexto de Virginia para no caer en las garras de Marco inmediatamente, y sobre todo un pretexto para sí misma. No era cuestión de cambiar, era cuestión de tiempo.


 5


Virginia continuó con su papel de excelente anfitriona y Marco aprovechó aquello para emborracharse y platicar con los amigos de Virginia. Recopilaba información de todos. Padres divorciados a los cinco años. Madre obsesiva. Católica. Dos novios de larga duración. Amante de los perros. Estudios en historia del arte. Prefiere el frío. Bebedora social. Fumadora ocasional. Planes para estudiar en el extranjero. Estudios en italiano, inglés y alemán. Alguna vez pintó al óleo. Datos todos a los que sacaría provecho de algún modo.


 A las diez con quince llegó Louis. Era un chico presuncioso bien vestido y con rostro de galán. Llegó con un enorme ramo de rosas y una pequeña caja (llena de alguna fortuna, pensó Marco), que obsequió a Virginia. No tuvo que analizar demasiado para saber que ere él el verdadero contrincante de sus intensiones. Tampoco le costó saber que Louis era un imbécil que luchaba al modo tradicional por el que tanto clamaba Virginia. Y definitivamente era él, Louis, quien se quedaría con ella. Pues Marco no deseaba otra cosa que llevarla a la cama. Así que al final Virginia regresaría destrozada a brazos de Louis para decir he sido  una tonta, me dejé llevar pero es a ti a quien amo. A Marco no le pintaba mal el cuadro. La follaría y Louis podía quedársela el resto de su vida. Competían por metas diferentes y al final no habría perdedores. Ambos lograrían su objetivo.


 Virginia abrazó a Louis y recibió los obsequios con exagerada alegría. Cuando miró alrededor en busca de Marco no lo encontró. El duro corazón de mujer de Virginia deseaba que Marco atestiguara la calidad de sus pretendientes. Que analizara la enorme diferencia entre Louis, un chico con futuro asegurado, decente, de buenos modales, guapo, y él, Marco, un borracho cínico y mal hablado. Visto de ese modo no hay nada que Marco pudiera hacer para competir. Visto de ese modo Virginia no debía siquiera hablar a Marco. Este pensamiento sonrojó a Virginia. Lo sabía: si mantenía a Marco cerca era porque despertaba en ella los bajos instintos de su ser. No podía presentarlo a sus padres, no podía, bajo ninguna circunstancia, entablar un noviazgo con él. Marco lo sabía también y no luchaba en contra de lo preestablecido por la sociedad. Ambos lo sabían: eran una pareja destinada a los juegos del himeneo y nada más.


 Louis Invitó a Virginia  bailar. Ella aceptó y durante la pieza de baile no dejó de buscar la figura de Marco. Pero Marco se había ido.






27 comentarios:

  1. Si en el mundo no existieran esos hijosputa, todo sería muy aburrido.

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  2. Qieroo Mazz cuando Puedan Mandenme Un Link Al Face Angiie Orozco

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  3. Es cierto que a las mujeres nos atraen ese tipo de hombres. Por eso Petrozza tiene tanto exito con las mujeres, jajajajajajaja

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  4. buenisímo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! segunda parte!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  5. El patetismo de esta historia es ilimitado. "Los pretendientes se defienden tanto como los novios, maridos, amantes..." expresa un egoísmo ilimitado. Si Virginia se vanagloria de saber amar, su amor vale unos centavos al estar contaminado por su egoísmo.

    Pero Virginia adora a Rachmáninov, y el gran Sergio escribió uno de los conciertos más maravillosos para el piano, luego de curarse de una depresión.

    http://www.youtube.com/watch?v=jWRb90BRB5w

    Concierto divino, donde a los arpegios descendentes del piano, responde tímidamente la flauta, que luego le da la posta al clarinete para exponer la conmovedora melodía. O talvez Virginia podría recordar el preludio cuatro del opus 23, con sus arpegios y melodias en simultáneo en la mano derecha, y esos acordes arpegiados que saltan entre dos octavas para tocar cada fibra de nuestro corazón.

    http://www.youtube.com/watch?v=lTDugcS_2Cg

    Yo conocí una vez a un Perroni. Puso sus ojos en una chica del conservatorio, y me pidió que le dé un curso rápido de cultura musical, jejeje. Pero le dije tales sandeces, como la gran ópera Otello de Bach, o los conciertos para violoncello de Scarlatti, que su estulticia le malogró el plan con la chica del conservatorio. Ahora me arrepiento, quien sabe esa chica del conservatorio se merecía a este individuo, quien al final, solo se encongió de hombros y se fue tras otra chica.

    Solo queda, como una coda, seguir escuchando al gran Sergio.

    http://www.youtube.com/watch?v=4zpEiUogsK0

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  6. Muchas veces pasa!!!!!!!

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  7. aunque nos ha pasado amuchas la manera en que expresas lo que pasa por la cabeza de virginia y marco es excelente, y la forma en que narras es genial, me atrapa de principio a fin, felicidades, espero la segunda parte!!!!!!!!!!!

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  8. Hola Veronica.. ya extran~aba tus textos.. saludos! =)

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  9. y la segunda parte?

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  10. Daniela Muñoz Cuervo15 de noviembre de 2010, 23:06

    Me gusta muchísimo tu trabajo! Espero con ansias la segunda parte de "Me enamoré de un HDP" Me hizo muuucho sentido! Jejeje... Buenísimo! :)

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  11. Muy buen relato!! no sé si pasa o no, me da igual, también hay Marcos femeninas... supongo.. nada más, que bien que lo acabo de leer así puedo seguir con la continuación sin tener que esperar!! besoos

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  12. toda la razón Petrozza.. 5ta vez que me lo leo jajaja!

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  13. Citlalli Palacios garza20 de julio de 2011, 21:57

    Marco Perroni, el patán equivalente a la mariposa social, los hombres como estos son buenos mientras se queden como amigos, es más pueden ser de los mejores, siempre y cuando en eso se queden en amigos; Virginia ahhhhh que complejo de mamá protectora, merecería otro apelativo obseno, pero no lo voy a mencionar, es sólo que las mujeres como ella me producen aburrimiento, que no le de tantas vueltas al asunto, coger no tiene nada que ver con enamoramiento o eso que llaman amor.

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  14. El sujeto de puerto, andaba rápido porque el barco salía al amanecer.

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  15. Usted es una dama conocedora de bebidas... Y muy guapa y por lo que se lee, tambien de una amplia cultura general

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  16. Por favor las mujeres que andan en los bares buscan exactamente lo mismo sexo facil no hay dolo de ninguna de las dos partes es solo un trueque jajajajaja hay los hombres...

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  17. ‎Leo Juárez tienes mucha razon Verónica Pinciotti es una persona digna de admiración, me gusta su ideologia, si esa es la expresion correcta...

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  18. Es magnífico, como debe ser un relato

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  19. Lorenzo del Rello Angeles3 de enero de 2012, 11:43

    muy bueno veronica yo creo que el amor llega en momentos buenos y malos y se sufre aunque la otra persona no sea hijo de puta felicidades

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  20. Daniel Dívano Dávida3 de enero de 2012, 18:47

    basado en hechos reales (?) :P

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  21. ahhhhh muy bueno!! que sigueeee???=)

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  22. Primera vez que te leo, eres sorprendente, me encanta tu narrativa, y como llevas la historia, creo sin temor a equivocarme, estas entre las grandes ligas.

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  23. Esthela Sanchez Mejia5 de enero de 2012, 23:30

    todas las mujeres deben leer este libro para aprender mas sobre los aspectos oscuros que guardaan algunos hombres

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  24. Felicidades Verónica, un texto maravilloso que hizo volar la imaginación y recordar ese Marco que alguna desee en mi vida...

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  25. Adolfo Reyes Acosta5 de enero de 2012, 23:50

    Andaba de aquí para allá porque no encontraba su lugar ya que necesitaba cobijo, afecto y más que eso, comprensión porque su corazón estaba destrozado por la pérdida de quien tanto...

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  26. Tan solo una mujer puede plasmar con mayor talento los recovecos emocionales que pueden llegar a sentir y la forma de expresar su propio erotismo muchas veces auto reprimido!!..Riko relato..

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  27. Tan solo una mujer puede plasmar con mayor talento los recovecos emocionales que pueden llegar a sentir y la forma de expresar su propio erotismo muchas veces auto reprimido!!..Riko relato..

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