jueves, 2 de septiembre de 2010

Un monumento al Cielo.

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En México, los ángeles nacen en Oaxaca y aparecen en los billetes de baja denominación. Alguna vez, yo me encontraba paseando por el maltrecho parque de la Alameda Central, principal rezago de la Colonia, perdido entre el tumulto de las hojas que caen lentamente, los puestos ambulantes, y dos o tres turistas norteamericanos (lo supe por el cabello, la cámara opulenta y por no tener rasgados los ojos); cuando de pronto, mientras rezaba a Mictlantecuhtli para no caer fulminado por un raspado adquirido en uno de los muchos puestos dedicados a los menesteres del hielo, alcé la vista y mis ojos se posaron inmediatamente en un monumento que me hizo pensar en qué tan cerca está Oaxaca del cielo para los mexicanos.

En México hay cuatro clases de monumentos: los dedicados a las mujeres, a los  caballos, con o sin jinete, a la melancolía del pasado representada por hombres con penacho y lanza,   y al ilustrísimo Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez. Lo sorprendente del caso no es encontrar un monumento dedicado a tan excelso presidente, siempre en medio de un tumulto que pasa por allí venerándolo sin levantar los ojos,  sino lo cerca que se siente uno del cielo cuando se encuentra a su lado. Alguna vez fui a Roma y me pareció estar en el aeropuerto del Edén, pero en México, frente al Hemiciclo a Juárez, me llegué a sentir realmente en aquel lugar. El monumento, tan blanquísimo, es una metáfora sutil de la entrada al paraíso, rodeado de columnas, detalles dorados y dos antorchas que guían el paso en medio de un derroche general de luz. En el centro hay dos ángeles que simbolizan la libertad y la pureza, características principales del reino en el otro mundo, y entre ellos, cual mandatario en su trono, sentado con una actitud arrogante, crítica y mordaz, aparece Benito Juárez siendo coronado por un ángel y resguardado por otro. “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Pienso en dónde habrá plasmado estas palabras el Benemérito mientras me alejo de un lugar en donde reina la pureza y la putrefacción, pues, si la entrada al cielo es parecida al Hemiciclo a Juárez, entonces ésta también está llena de basura. La basura y el cielo tienen algo en común, que siempre están sobre los grandes monumentos.

Poco tiempo después, mientras terminaba mi raspado sin ningún indicio de sentir alguna enfermedad estomacal, cuando me senté a la sombra de un triste álamo, volví a contemplar el Hemiciclo desde lejos. Si uno lo ve desde atrás, Benito Juárez cobra vida y se convierte en un ángel elevándose al reino de Dios, mientras sus guardaespaldas lo observan alejarse desde una posición incómoda. ¿Cuál será el verdadero significado de tan insigne monumento, creado para enaltecer la figura del máximo gobernante mexicano? Tal vez nunca lo sepa, pero intuyo, que en México, los gobernantes son supremos y los ángeles, son sólo ángeles.



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