sábado, 21 de agosto de 2010

Para Elisa.



Siempre nos ha molestado ese ruido estridente
que la gente llama: conversación.


Tres horas de camino, cuatro peseros, tres transbordes de metro y al fin: el café. Café la Selva, centro de Tlalpan, 7:00 PM. Efectivamente es ella. En un segundo todo se va al carajo. ¿Por qué? Por su enorme inseguridad de puberto. No puede quejarse, en el fondo lo sabía perfectamente; toda una vida de lo mismo, como la vez que los tartamudeos, traidores, le impidieron acercarse a Paulina y Karla y a Lisbeth y a Rebeca, o la vez que las manos sudorosas lo dejaron en ridículo frente a Fernanda, María, Estafanie y Montserrat; y cómo olvidar aquella ocasión donde simplemente enmudeció ante Rosalía. En la mesa de enfrente estaba su cita, su cita a ciegas, que como todas sus citas ciegas había salido de la red. Por supuesto, había mentido. Aquella belleza esperaba paciente al joven empresario de veintisiete años: alto, delgado y con el Mercedes aparcado, es decir, todo lo contrario a su 1.65 cm, su atávica gordura y sus parcos diecinueve años. Definitivamente no se acercaría a ella. Pidió otro café y en silencio la miraba; el valor y él no eran del todo uno. Su madre lo esperaba con la cena y había viajado kilómetros enteros, porque como bien dice el dicho: “un par de tetas jalan más que dos carretas”. Se había puesto los Levi’s, la camisa de moda, regalo de su madre, e incluso compró la loción Calvin Klein (evidentemente pirata),  al ambulante de la estación Taxqueña que aseguró era irresistible a las mujeres.

            La hermosísima Helena parecía impaciente, sobre la mesa reposaba un vaso de agua, un libro de José Agustín y una caja de Marlboro light. Pobre víctima de la lujuriosa pubertad de Pablo. ¿Qué culpa tiene ella? Quizá la culpa de creer posible encontrar en la red un príncipe azul de Mercedes y casa en las Lomas. Eso denota interés, pensó Pablo, justificando su timidez y tapando la culpa de dejar plantada a esa atractiva mujer. Pablo sabía perfectamente que lo mejor sería irse, olvidarlo todo y recomenzar con cualquierotraquesea; esta vez sólo se aumentaría dos años y cambiaría de nacionalidad. Su tía Malena siempre le había dicho que parecía argentino, dos o tres ches y ¡Viva La Pampa! Sin embargo, por una extraña razón que no comprendía, o no quería comprender, decidió quedarse un poco más. Pidió otro café ¿Hasta cuándo será capaz de aguantar? Pensó Pablo y una ligera risilla asomó en su regordete rostro, como quien hace una travesura y quisiera no arrepentirse.

            La minifalda de Helena lo tenía atado a su mesa como dogal al cuello de un sentenciado, y así se sentía, sentenciado a la soledad en un mundo lleno de mujeres donde ninguna era para él. Pero, ¿qué tengo de malo? Pensó Pablo. “Al imbécil de Roberto sólo un poco más alto que yo y sin un diente, le llueven las mujeres, y sólo porque disque es poeta. Cualquiera puede escribir versos, es cuestión de escribirlos y ya, pero claro, yo jamás me rebajaré a ese nivel; ¿habrá algo de cenar en casa?” Revisó su cartera que, como siempre, estaba llena de tarjetas de beisbol y poco dinero. “Si mi madre hizo lasaña me suicido, desde hace meses se la he pedido y con la suerte que tengo seguro la hizo hoy, y yo con mis cosas, debí suponerlo. Las fotos que mandó Helenita son las de la típica mujer que no saldría conmigo. Otro café (el último incluido,) y me largo. Helena puede irse a buscar Mercedes a otro lado”.

            Página 115 de Ciudades Desiertas, profundos ojos negros clavados en las infieles letras, cabello lacio ligeramente movido por el viento, resbalando por el marmóreo cuello y tocando a las indomables gacelas (Cantar de los Cantares, verso nomeacuerdo). ¿Podría traerme otro Cappuccino? Dijo Helena al mesero que tardó unos segundos en reaccionar al ver el ochenta por ciento de aquellas largas piernas cubiertas apenas por unos centímetros de tela negra. En seguida, señorita.

            ¡Depravado! Pensó pablo al observar al mesero que con una mirada violaba a su mujer. “Y ella tan dejada, se le nota la costumbre. Mi madre me ha advertido sobre estas arpías”. ¡La cuenta, por favor!

            En eso estaba Pablo cuando el celular sonó: Para Elisa.

II

7:00 pm. ¡Por fin me piso! ¿Me piso?, qué cagado. Francisco es un amor y es colombiano. Colombia, ¡apoteósico lugar! Allí iré a parar dentro de un mes; estoy harta del trabajo, de México, y ¡ayyy!: la tristeza.

            Este cuadro siempre me ha parecido interesante, me recuerda aquel en donde se ve una mujer con los ojos abiertos y nada más, ¿cómo se llamaba? Quién sabe, a quién le importa. Lo importante son los ojos, y nada más. ¡Baaah!. Ahí está Gerardo, qué molesto, justo en la puerta, donde no debía estar. Voy a hacer como que no lo veo para salvarme de otro encargo, siempre hace lo mismo pero hoy sí llego temprano a mi cita con Graciela, le debo tanto dinero. Además, aquí en el trabajo no me pagan horas extras, ya no pienso seguir aguantando tan tremenda injusticia, maldito barsucho, no por ser mesera voy a aguantar sus mafufadas. ¡Puf! Me he salvado por un pelo, el güey ni me volteó a ver, por suerte estaba distraído platicando con la puta de Rosa, pinche vieja, ¡me cae tan gorda! Mejor me apuro, no se me vaya a ir el pesero. ¿Dónde dejé mi libro de Usigli? Ha de estar en la mochila, ahorita me siento, lo saco y me pongo a leer. ¡Carajo! Estos peseros son bien incómodos y apenas y quepo en el asiento, además el chofer se pasa, casi me deja, pero bueno, ya estoy aquí; ahora si voy a sacar mi libro, Usigli’s time. ¡Me carga Atlas con todo y mundo! Otra vez El gesticulador, eso me pasa por no fijarme, mejor hubiera traído los poemas de Conversación desesperada, me hubiera mareado menos; ya ni modo, no hay de otra. Lo bueno es que esta edición trae las letras grandes. ¡Óoooorale, qué bacán, ya voy por el Museo del Automóvil!, ¿Bacán? otra vez recordando a Francisco; Ay Elenita, te estás enamorando. Bastante has leído como para saber que el amor es un perro del infierno, pero anda pues, te dejo, así es la vida. Mejor sigo leyendo, pa’qué tentar al diablo. Uta, ya se me pegaron, creo no está tan mal, deja lo veo de refilón. Elenita is right, nunca se me escapa una; parece Aquiles pero sin la espada; lástima, se ve bien mamón, mejor ni le hablo, yo a lo mío, él a lo suyo y todos felices. Esa vieja de enfrente cómo jode, no sé para qué trae al chamaco, ni me deja leer, nada más viene berreando. Por fin se bajó, ahora sí voy a seguir leyendo, pero cuidadito Elena, ya vas por el Estadio Azteca.

            César Rubio, pinche impostor, si yo fuera el pueblo lo linchaba. Ya, ya, no seas tan ruda, como si tú nunca hubieras dicho una mentira, mejor me lincho a mí misma porque… ¡ya me pasé! Salida a Cuernavaca, ¡me carga! Pinche Usigli, siempre me hace lo mismo. ¡Bajan, bajan! ¡Fiuuu, fiuu! ¿Y ahora, dónde estoy? Ya sé, me voy a cruzar la calle y si no me matan tomo otro pesero a San Fernando, no ha de estar tan lejos.

            Ya son las 7:30 pm. y yo apenas en la gas, ¿me echo a correr o tomo un taxi? Deja veo mi cartera. ¡Híjole! Traigo veinte pesos y un encendedor, mejor me fumo un Delicado, ¿o era Delicados? y me voy caminando, total, la Graciela seguro me espera, y si no que se joda, yo le debo a ella, y así mejor porque me compro unos molletes en La Selva. Este güey, tiene mucha prisa, toca el claxon como desesperado y está el alto, ¿por qué la gente no comprende? Odio México. ¿Estará cerrada la pape? No, vientos. Me voy a comprar unos chicles. Aaahhh, esta vieja tan lenta, ¿qué hora será? Cuarto para las ocho, chin, ya se me hizo bien tarde. Señora, señora, me da unos Trident. ¿Cuánto es? Gracias, buena noche. Ahora sí le apuro porque Graciela se desespera. La Manchega, ya llegué. Ah caray, ¿dónde estará? Las ocho y no hay lugares, seguro se le hizo tarde; yo me vengo matando y ella no se apura. Total, voy a pedir una mesa y mientras me siento en esa banquita. Oiga mesero, jajaja, se siente bien padre meserear a otros. ¿Me apunta en una mesa para fumadores? A Elena, sin “h” por favor, mis papás no leyeron a Homero. No entendió el chiste. Qué rico es sentarse, ya estaba cansada de la caminata. Me lleva, ya está sonando Para Elisa, seguro ha de ser la Graciela. 
           
III

La clientela del café La Selva estaba distribuida de la siguiente manera:
Sin mesa: un perro.
Mesa 1: Pablo y Elena.
Mesa 2: un par de argentinos.
Mesa 3: un par de filósofos.
Mesa 4: Sebastián y Helena.
Mesa 5: un trío de chefs.
Mesa 6: un hombre leyendo un libro.

 Llegó cansando, lengua de fuera, buscó un espacio y se echó.

            Jajaja, ayy, pensé que era el mío. Ah no, sí, sí es, no es Graciela, mejor no contesto. Bueno, ¿máaa? Ya voy para allá, ya pedí la cuenta, al rato llego. ¿Qué hiciste de cenar?

            Traes el mismo tono, ¡bacana! Ah, perdón, quise decir “vientos”. ¿Qué? El tono, Para Elisa. Ahhh, sí, sí, curioso. Mmm, la pieza de Beethoven, ¿Te gusta? Claro vi las dos. ¿Las viste? Por supuesto, las películas. ¿Dónde las conseguiste? Las pasan en la tele cada rato, todo mundo ama a ese perro. ¿Cuál perro? Pues Beethoven, era un perro. Pues no sé pero a mí me apasiona. Guaaaaauuu, ladró.

            Señorita, me permitiría sentar a su lado. ¿Perdón? Disculpe mi atrevimiento, la miré de lejos y no pude evitar acercarme. La verdad espero a alguien, pero por lo visto no llegó, siéntate. Me llamo Sebastián, llámeme Tang. No me hables de tú, no soy tan vieja.

            ¡Maldito! ¿Quéee? No, nada. Oye, me podría sentar contigo mientras me dan una mesa. Bu, bu, bueno. Gracias, ¿qué te tomas? Un americano, tú, ¿qui, qui, quieres algo? La cuenta señor. ¿Ya te ibas?, ¿cómo te llamas? Su cuenta señor. Déjalo así, se queda otro rato, gracias, ¿cómo te llamas? Me llamo Pa, pa, Paaablo, y ¿tútútú? Elena, ¿estás nervioso? Yo me llamo Helena y me puedes decir Helena. Está bien Helena, tú ganas. Guaaaauuu, Guauuuuu. Ladró cada vez más desesperado.

            Oye pibe, ¿querés otro café? Che, cómo preguntás eso, pues a qué venís sino a beber café. ¿Gustas un café? Ya que insistes me haré el honor de beber contigo. Jajaja, no exageres, el honor es mío. “Tuyos son sólo aquellos ojos que viran hacia el infinito” ¿Guillermo Garrido? ¡Lo conoces! Me encanta. Es bonito, aunque a veces me inspira más la poesía de Gerardo Aguilar. Te doy toda la razón. Te digo che, esta prosa es cosa grande, recetáte dos cuentos y tenés pa rato de pensar y pensar. 

            No, nervioso no. ¿Qué te pasa? Nada, nada, a veces se me lengua la traba. Jajaja, no te preocupes, a cualquiera le pasa, es de lo más normal.  Chinga, ya me salió lo Penélope. ¿Lo qué? Estoy esperando a una amiga pero ya se tardó, me dejó tejiendo chambritas. Jajaja, yo estoy igual. ¿Esperas a alguien? Esperaba, ya llegó. Se trata de entender al mundo como creación única del individuo. Y a todo esto, ¿a qué te dedicas? Estudio. ¿Qué estudias? La prepa. ¿Pues cuántos años tienes? diecinueve. Joer tío, el individuo es al mundo lo que el mundo al individuo, ¿Entens? Repetí dos años. Ah caray, yo estudiaba teatro en Puebla, de allá soy. Pero un día me harté de todo y me vine para el chilango, ya llevo tres meses aquí, y ya me quiero largar, en un mes me voy a Colombia, allá sí saben vivir. ¿Ah sí, has estado allá? La verdad no, me leí los libros de García Márquez y Fernando Vallejo, además el otro día conocí a un colombiano que me volteó el piso, si te contara… No puedes decir que te gusta si no has estado ahí. Mira chulo, la literatura dice más que mil experiencias; ¿o a poco tú crees que García Márquez inventó Macondo así como así? Lees mucho ¿verdad? Eso mismo te digo, el individuo es el mundo, cada quien crea un mundo a su manera; por ejemplo, en mi mundo existen los gatos, porque si no existieran, ¿cómo conceptualizaría mi idea del mal? En base a otro ícono que represente la misma experiencia. No lo suficiente pero hago el intento, mi escritor favorito se llama Jean Genet, un reo francés que terminó siendo el dueño de las cárceles; también me gusta el teatro de Usigli y otros escritores latinoamericanos; amo el teatro. ¿Todo bien? Sí, gracias. A mí tráeme azúcar, por favor.

            El perro no había comido hace tres días. Famélico se levantó con ojos de suplica y comenzó a buscar algo para llevarse al hocico. Nadie lo atendía. Caminó entre las mesas molestando a más de un comensal. El hambre podía más que lo insultos. De pronto escuchó un ruido. Ese ruido venció al hambre y fue presto a ver de dónde provenía.

            ¡Sácate de aquí perro! ¿Viste cómo Rafa cortaba las toronjas? Cálmate Alicia, es sólo un perro. Sí, cortó treinta en menos de un minuto. Claro, por algo es el chef, no nada más le pagan por ver cómo trabajamos. Sí, nada más eso faltaba,  gana veinte veces más que nosotras. ¿También conoces a Gerardo Aguilar? Muy poco, para qué te miento. No importa, entonces cuéntame de ti. Tengo veintisiete años, vivo en el Pedregal  y hoy traigo un Mercedes. ¿Hoy? Sí, ayer traía un BMW y mañana me compro el Jaguar. Órale, has de tener mucho dinero. En  parte sí, pero la verdad me dedico a la compra-venta de autos totalmente semi-nuevos. ¿Y tú a qué te dedicas? ¡Y la cocina, es la más grande en la que he trabajado hasta el día de hoy! Todo está muy bien hasta la hora de la salida, nunca llega. Estudio en la universidad del vago de México, o sea, UVM, campus Tlalpan. ¿Tú a qué hora saliste en año nuevo? Ah, cerca de aquí, ¿y dónde vives? Ya ni me recuerdes, trabajé como veintidós horas; de ocho de la mañana a seis de la mañana del primero. Yo estuve igual, lo peor fue que sólo dormí dos horas porque regresé a trabajar. Tratá de un balcón que se suicida. ¿Me pasás el azúcar? Se suicida, che, un balcón, cómo hacés que un balcón se tire a la mierda por una mujer. Ba!!! Andá a cantar a Gardel. Su café señor. Gracias pibe.

            ¿Qué tanto mirás por allá? Ni me pelas. ¿Ves a esa chica? ¿A cuál, güey? Esto parece las bañeras de Ingres. A la de allá, la que está con el tarado de camisa negra. ¿Cuál chica?, si está bien solo, no baja la vista de su librito, qué libro leerá. La espacialidad es inherente a las artes visuales, un espectador puede observar, a simple vista… no, no, una mesa antes… un conjunto de acciones que surgen en un sólo instante en un espacio determinado y un tiempo específico, sintetizando una acción simultánea en un todo. ¡Ahh! La que está con el guapote. Ajá. Pues le veo hasta el occipucio, pero, ¿qué tiene ella? Es mi cita. Jajaja, entonces por qué estás conmigo y no allá. “Miro a través de tus espejos visuales el horizonte del alma”. Esa no la había escuchado, hasta pareces poeta. De poetas y locos todos tenemos un poco. Exacto, sin embargo, los íconos, etc., me los he creado yo a mi conveniencia; una conveniencia regida por la voluntad indomable del inconsciente. ¡Me cago en la ostia! Si los íconos están pre-establecidos mediante fenómenos sociales regidos por las instituciones que los preceden; ya lo decía Foucault. ¿Y quién se ha inventado las instituciones y a Foucault? Los aparatos de poder que rigen el funcionamiento de un estado moderno. Este café está requemado y no tiene una buena disolución. Cálmate, cálmate güey no estamos en el Velas. Está vieja ya quiere el café que nos hace en la mañana Juan cuando llegamos bien crudas a la chamba. Yo nomás decía. Porque soy un cobarde. Un cobarde que habla re bien con una poblana, ¿qué tiene ella que no tenga yo, además de la minifalda? No es eso, no entiendes. Pues cómo te entiendo si no te explicas, pareces el manatí de Lezama Lima. Siempre es lo mismo, me aterra el rechazo. Pues yo nunca me he preocupado por eso. Una vez conocí a un güey por Internet y con todo y mi pandrosidad nos fuimos ese hotel que está adornado de puros picassos allá en mi ciudad. ¿Hola, cómo están? ¿quieren una paleta? ¿Perdón? Vendo paletas, a tres pesos, ¿me compran una? Órale güey, saca seis pesos para ayudar a la señora. No tengo dinero. Ni modo amiga, mi peoresnada está jodido, ahí pa’la otra. Sí, tienes razón, pero los gatos, los íconos, las instituciones, la sociedad, Foucault, las personas, tú; son todo un mundo y se formaron cuando yo nací. ¡Grrr!, ¡grrrr!, ¡grrrrr! (Estropicio de motoneta).

            El perro se lanzó intrépido tras la motoneta.

            Ahora que lo decís, ¿cómo es que un balcón se suicida? Sí, che, te lo bato yo; y fue por una mina. Lo de la mina lo entiendo, pero el balcón… La concha de la lora, no entendés un carajo; ¿ves estos cubiertos? Quizá estén hartos de la gente, de las manos que los toman y de las bocas en donde se meten. Quien fuera ese cubierto para meterse en la boca de esa mina. ¿De cuál mina hablás? Cuéntame algo de ti Helena. Me gusta pararme tarde, amo los gatos, me gusta la fotografía y los poemas, vivo con mis padres y creo en el amor. Pues ésta también me salió de Internet pero no llegamos a la esquina, ella cree que tengo veintisiete años. Pues a la esquina sí llegaron, pero no juntos. Además cree que tengo mucho dinero. Uy mijo, pues en qué líos te metes, a leguas se nota que no tienes un peso en la bolsa. Ni me digas, me ha sucedido varias veces. Ah, vaya, así que te dedicas a coleccionar desgracias amorosas por Internet. Jajajaja, sí, se podría decir. Mal hecho chavo, lo mejor es ser directos y así ya hasta te hubieras conseguido a alguien. Eso me parece una visión ego centrista atribuida al sistema anímico freudiano; antes de ti estaba Ulises, los reyes y hasta Gabriel Ferrater. Tienes algo de razón en el egocentrismo, uno anda por la vida y siempre llevará intrínseco el sistema anímico, el egoísmo y todo lo demás; sin embargo, qué son Ulises, los reyes y Gabriel Ferrater sino ilusiones pretéritas de un individuo; yo, tú, él, etc. (Risas, murmullos y parafernalia cotidiana). Me lleva, faltan tres días para regresar a la esclavitud en Playa del Carmen. ¿Y ya viste a tu novio? Sí, pero se pone reacio, ya no quiere verme tan lejos, a veces no entiende la vida de los cocineros. Tú tienes la culpa, si sospecha de ti es por algo. ¿Qué somos, putas o cocineras? Salimos a tomar en la madrugada, trabajamos para Rafael, dormimos en las mañanas y no descansamos ni días festivos. Tú puta güey, lo cocinera es mera coincidencia. A callar, tú también tienes cola que te pisen, ¿no te acuerdas lo que le hiciste al Memo cuando te fue a visitar a la casa? Ni se despidió de nosotras. No puedo ser directo, seamos sinceros, el guapote, como tú le dices, está guapote; el lector ha de ser poeta como Roberto, y yo sólo soy yo;  ¿a ti, te gustan los poetas? Un ejemplo claro es la pintura: Un dimanche après-midi à l'Île de la Grande Jatte del pintor francés Georges Seurat… Me gusta la poesía pero los poetas me dan miedo, siempre salen con una jalada y además son aburridísimos. Pues yo he visto que todas mueren por ellos, no sé por qué; no tienen dinero, no se bañan y son unos marihuanos. Donde se aprecia, a primera instancia, una mujer con sombrilla, tres hombres descansado de cara al río Sena… Pero si eso los hace interesantes, figúrate nomás, aquí pura cotidianidad, excepto por el del libro; si tuviera ánimos me acercaría a platicar con él. Adelante, es muy tarde para mí.

            Y, ¿crees en el amor a primera vista? Nunca me ha pasado, pero estoy abierta a conocer nuevas experiencias amatorias. A mí sí me ha pasado. ¿De verdad? Claro, me está sucediendo justo en este momento. No me hagas reír, soy una persona común y corriente. Yo no diría eso de ti, me pareces una mujer bella e interesante “y no miento si juro que daría, por ti la vida entera”. Joaquín Sabina, ¡eres todo un plagio! Siempre te vas por el lado de los tomates, che. ¡Pero qué to-ma-to-tes, hombre! Eso no te lo discuto, la piba es una joya; apuesto a que cualquier balcón se anda matando por eso. Bueno, volvamos a lo nuestro, me decís que el balcón y los cubiertos, explícame por qué, cuándo, dónde. ¿Ya te vas? A penas son las ocho y media. Vivo a tres horas de aquí, si bien me va. Tú sí estás jodido, no traes dinero, vienes a una cita y no hablas con ella… yo vivo a dos calles de aquí. ¿Vienes seguido a este lugar? Casi siempre, no te digo que me queda cerca. ¿A qué te dedicas? Soy mesera en un bar, pero ya me voy a salir porque son bien negreros; me voy a dedicar a terminar mi obra de teatro, después me voy a Colombia. ¿Tienes novio? No, no, en cuestiones del amor trabajo de FreeLancer; tengo amantes pero ya no me clavo. Mmm, ¿y de qué es tu obra? Es una historia de un chavo que se dedica a conocer mujeres por Internet y no le habla a ninguna. Muy graciosa, ja…ja…ja. Precisamente por eso, ilusión pretérita de un individuo que no fuimos ni yo, ni tú, ni él, ni ustedes. Eso me suena a deísmo, y la ciencia ha comprobado ciento de veces, cada vez mejor, que las deidades son reflejos culturales de cierto tipo de hombres y pueblos. Joer tío, no seas macana, deísmo mis cojones; es simple historia, transcurso del tiempo. Todos son víctimas de un yo que no eres tú porque nació antes. Ese yo al que te refieres, si como dices, es el creador de todo el mundo pasado, es por fuerza omnipotente, ubicuo y eterno, lo que nos da por resultado una deidad, llámala como quieras. Chaval, ¿on vius? Es tan terrenal como nosotros, a veces se llama Homero, Tito Livio o escritor-cualquiera.

            El perro regresa cansado. Busca un lugar donde acomodarse y lo encuentra junto al lector quien no lo percibe. …y en segunda instancia a una serie de personajes sumergidos en acciones cotidianas que no presentan una relación más allá de la espacial. Incómodo, se levanta y recorre las mesas en busca de un nuevo lugar, más cálido.

            Otra vez el perro. Ay qué bonito, déjalo. Pero cómo, si es insalubre comer con un animal a lado. No estamos comiendo, Claudia, sólo bebiendo café. Si comemos junto a Juan en el Velas. Hola, ¿quieren una paleta? No gracias, pídeme otro cappuccino, Laura. Disculpen jóvenes amantes, antes de que continúen enamorándose, ¿le permitiría a este pobre viejo ganarse unas monedas? ¿Y cómo? Soy un escritor callejero, les puedo recitar un poema en Náhuatl, o contarles una historia de mi vida que puede servirles de reflexión. (La sirena de una patrulla se escucha a lo lejos) Tú dices Helena, poema o reflexión. ¿No esperabas a alguien? Sí, a la Graciela pero creo no llegó. ¿Y esa quién es? Una amiga, me rentaba un cuarto y le debo dinero, allá ella por no llegar; la esperaré un poco más. Quemanian ahuel choquilitzatzi lexitlantzinco / Moztla teotlac zatlatzonco ica paquiliztl choca… Tratá de un músico que conoce a una menor de edad, se la presentó su padre, el padre de ella; la piba está un poco tocada, ya sabés, cosas de minas. ¡Mirá, mirá, va a cruzar la pierna, minifalda y ahí te quiero ver, papá. …Ye teotlac chuan ahuel choca / Tlehca ahuel choca inta necnomati / tepatiliztli achimochintin tlalticpac… Yo ya me voy, mi madre debe estar furiosa, me espera con la cena. Aguántate otro rato, en lo que llega mi amiga, no seas aguafiestas, si quieres me levanto y te presento a tu conquista, así me quedo con el papasote. …nemiliztli ahuel choca auh ¡xixo! / amo niauh choquilitzatzi. No gracias, me quedo contigo un rato más. (Aplausos en la mesa 4). ¿Cómo se llama el poema, señor? Choquilitzatzin, señorita. Qué bonito, aunque no entendí nada. Tome. ¡Tlazohcamati huel miec! ¡Uy, qué caritativo! Así pasa cuando sucede, me gusta ayudar a los necesitados. Si te vas a quedar otro rato pídete unas papas, me muero de hambre, yo invito. Mesero, unas papas a la francesa, por favor.

            El punto es: uno nace y,  quiéralo o no, ya tiene cola que le pisen, los atavismos fisiológicos, metafísicos, y dos mil años antes de Cristo. Pero dime, todos esos fantasmas que tú llamas historia son tan reales como anoche que soñé cualquier cosa,    ¿has pensando en los sueños? Según el psicoanálisis, los sueños se componen de contenido latente y contenido manifiesto, y todo lo que nos muestra es una construcción quimérica del individuo, lo mismo el pasado o esa silla. Coño, no te entiendo un carajo, explica't. Apúrate, Alicia, ya se nos hizo bien tarde, mañana me levanto bien temprano, mi mamá quiere llevarme al centro. Sí, yo también me voy, necesito arreglar mis cosas para ver qué llevo a Playa. Tranquilas, ya me falta poco. El espectador puede mostrar interés en cualquiera de los personajes que se encuentran situados en la obra, pues, gracias a la espacialidad de la pintura, cualquier personaje puede ser el principal de acuerdo a los intereses del actante sin por ello perder las demás acciones que se llevan a cabo en el mismo espacio. Ya enserio, de qué se trata tu obra. Hasta ayer era una adaptación de un fragmento del Fausto de Goethe, llevo años estudiando a Goethe. ¿Hasta ayer? Sí, ¡Al diablo con Goethe! Para qué lo queremos a él si tenemos a Pablo, el muzo de Tlalpan, Don Juan de la web, símbolo de la virilidad del siglo XXI. ¡Uta! Si te vas a seguir burlando mejor me voy; en Internet leí que mi problema es muy común en la adolescencia. Pues por eso Pablito, eres el tema perfecto para mi drama moderno. ¡Hey! Me trae una limonada. Que sean dos, por favor. Ese pobre tipo, el del poema, se ve que es bien alcohólico. Sí, de seguro pide dinero sólo para irse a comprar su mezcalito. Y tú le diste tanto, nada más fomentas el vicio. Ya te dije, me gusta ayudar a los necesitados.

            ¿A qué hora nos vemos mañana? ¿Mañana? Pero si ya nos vamos el lunes. Bueno, pero si no las veo las extraño, como dice la canción: “no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor” Yo si las veo hasta el jueves. Yo tambor, voy a ver qué onda con mi chico, o se calma o se acaba. Ya vámonos entonces. Decís que el padre estaba loco, la niña estaba loca y la mesera enana, el músico, ¿estaba loco? No lo sé che, puede ser; la niña tenía la facultad de inferir la personalidad de la gente a través de los colores del vitral; verde si amás el campo… Yo puedo inferir, sin necesidad de vitrales, que esa piba es de color rojo infierno, mirá nomás, cómo me inspiran al pecado esos labios. Digámoslo así, la vida es un sueño y todo lo que percibo por medio de los sentidos es el contenido manifiesto, el contenido latente es análogo a todo eso que la gente llama casualidades; por ejemplo: para ser víctima de un verdugo hace falta quererlo, aunque claro, la víctima jamás sospechará por un momento que su deseo de sufrir es el contenido latente del sueño/vida. ¿Estos fueron a sembrar las papas o qué rock? Míralos tan contentos, ya me robó a mi chica, me odio a mí mismo. Ya, tranquilo, no pasa de  una ida al hotel, mira cómo se toman esas limonadas, se les nota la urgencia. ¿Por qué a mí nunca me pasa eso?

            Tristemente las miró alejarse, las siguió un poco hasta que por un ademán, derrotado,  decidió regresar al café.

            Mira la hora, ya me dejaron plantada. No te preocupes, es sábado ¿no? Yo estoy aquí, te invito una copa. ¿Aquí? No, conozco un lugar mejor, te va a encantar….


IV
           
            Al desocuparse dos mesas, el café La Selva sufrió las siguientes modificaciones:

Sin mesa: un perro.
Mesa 1 : Pablo y Elena.
Mesa 2: un par de argentinos.
Mesa 3: un par de filósofos.
Mesa 4: Edith y un amigo.
Mesa 5: un trovador y su guitarra
Mesa 6: un hombre leyendo un libro.









Pásame la cátsup, por favor. Mira, ya se va mi cita. Te dije galán, te tardaste. ¿A dónde irán? Pues a dónde van todos los enamorados, de seguro, ¿no? Es una golfa, yo lo sabía. Cálmate, cálmate, si se fue con otro es tu culpa; no le hablaste, ella vino por ti. No vino por mí, vino por el dinero. No creo, eh, no se ve tan pobre. Así son todas las mujeres. No hay por qué generalizar, si tú me hubieras invitado no estaría aquí aunque fueras hijo de Carlitos Slim. Peló gallo; dejá le veo por última vez las piernas. Si tanto te gustá porque no te parás y la seguís. No che, va con otro hombre. Entoncés dejála ir y prestáme atención, el cuento se poné bueno. Pero mira esa que va pasando, también está chula, por el porte seguro se llama Cristina.

            Mira Edith, aquí solicitan mesera, ¿por qué no te metes a trabajar? No estoy de ánimo, todavía no me recupero de París. Y, ¿qué piensas hacer entonces? ¿Vivir del aire? Tengo audiciones la siguiente semana, dicen que el público mexicano es fácil de conquistar. Ay Edith, Edith, pon los pies en la tierra, ¿hasta cuándo piensas seguir con esos sueños?  Siempre tan fanático de Freud, si no fuera por el psicoanálisis no serías nada. Freud pasó de moda, pero no por eso dejas de tener el inconsciente, y tampoco se trata de inconsciente, es algo más profundo, un estilo de arquetipo. Me cago en la puta que ya hasta a Jung has metido a colación. De algo me tengo que servir; como tú cuando hablas de literatura y te es imposible, aunque no lo hayas notado, citar a tantos y tantos. Mejor sírvete de esta garrafa, pues aún queda mucho tinto. Qué boba, si fueras nuera de Carlos Slim no andarías de mesera. El dinero no me interesa, prefiero vivir al día. En Puebla, ¿cómo vivías? Como todos los chicos de tu edad, me mantenían mis padres con una semana mísera y dos o tres reproches cotidianos. A mí no me mantienen mis padres, jajaja, vendo San Bernardos por Internet. ¿San Bernardos? ¿apoco tienes un criadero? No, una amiga lo tiene y soy su mejor vendedor. Y si eres tan buen vendedor por qué no traes ni para una paleta de tres pesos. No me ha depositado mi último cliente, seguro ya me tranzó. Y, ¿cómo pensabas invitar a tu cita? No te pongas rojo, sólo pregunto. Si te digo la verdad, ¿prometes no reírte? La verdad no, ya me estoy riendo, pero de todas maneras dímela, así tengo más material para mi obra. Sin por ello perder las demás acciones que se llevan a cabo en el mismo espacio… Sólo las cito para verlas, las convenzo a base de engaños y me siento a observarlas de lejos. Lo sabía, mi muzo del siglo XXI, eres todo un voyerista. ¿Qué demonios es eso? ¿Y tú me lo preguntas?, voyerista eres tú. ¡Qué romántico! Ese hombre me recuerda el barrio de Montparnasse.


¡Beethoven! ¿Beethoven? ¿Dónde?, ese perro ni San Bernardo es. Pero si Beethoven no es San Bernardino, es de Bonn. En la literatura no se puede saber qué pasa más allá de la acción narrada, pues el lector está condenado a conocer lo que la narración quiere mostrar en un momento determinado. Una noche la niña visita al músico en su habitación, donde lo invitaron a quedarse; aquí está la clave de todo, el balcón se poné celoso y se tirá.  ¿No sabes quién es Beethoven, verdad? Si no es el perro, entonces, ¿quién es? Un compositor de música clásica, él hizo la melodía de tu celular, esa pieza es del mismo autor.


            Al perro pareció gustarle la música y se echó a los pies del hombre y la guitarra. Bostezó y poco a poco se quedó dormido.

            ¿Crees en las casualidades? Por supuesto, todo es una casualidad; el mundo está hecho a base de coincidencias. Ya tienes el primer error: casualidad y coincidencia no es lo mismo; uno coincide a propósito si quiere, como los enamorados que con predeterminación coinciden bajo el reloj de alguna estación del metro. ¿Piensas que conocer personas, lo cual implica no conocer a otras, es una casualidad? Son factores de azar. ¿Cómo era tu vida en Montparnasse? Eso no valé la pena, ¿para qué nombrar el polvo y la ceniza? Entonces cuéntame algo de Montevideo. Un americano y un té, ¿cuántas de azúcar quieren? Déjanos tres, gracias. De Montevideo te he contado lo esencial. Sí, sí, el negro, Ledezma y el viaje en búsqueda de fama. Estas papas me abrieron el apetito, se me antoja una semita de mi pueblo. A mí se me antoja una pizza. Bájale manito, por eso estamos como estamos. Hace cinco horas no como, ya me debería ir. Cuando nos acabemos las papas nos vamos, yo también ya estoy cansada y mañana tengo el turno de la mañana, es pesadísimo, me hacen trabajar y no va nadie. ¿Por qué no trabajas en otro lugar? Porque no he buscado otro trabajo y ese me lo ofrecieron luego luego, además ya me voy, por eso no me quejo; pero si tú me ofreces trabajo, te lo acepto. Puedes vender gatos Persa por Internet, así tienes el día libre para leer y hacer tus cosas. Además, en la historia narrada el tiempo es un factor fundamental, porque los personajes de la acción se mueven a través de él, creando con esto, la sensación del tiempo.  De ahí su carácter temporal. Todo parecé muy fantasioso, el autor no se tomá las cosas enserio. De eso se tratá che, es literatura fantástica, y vayá que se tomá las cosas enserio. Pasáme un pucho.

            ¿Fumás? Claro, ¿tú? Dejé los vicios en París pero de vez en vez me fumo un pitillo; es lástima, extraño tanto los Gauloise. Ten, prueba lo bueno: Delicados; cien por cien mexicanos. Venga. Así es, debido a ley de atracción y la voluntad omnisciente acercamos a nosotros reflejos hechos personas de nuestro mundo, aquella chica es la encarnación de tu patanería, ¿qué no? Lo probaremos, total. Así me saco de encima lo europea, pura mierda. Prestáme fuego. Y a todo esto, che, ¿a dónde querés llegar? A lo maravilloso en lo cotidiano, ¿no te parecé increíble?, los objetos vistos desde los objetos, el balcón celoso, los trastos condenados a la servidumbre, cosas del diario, che, ordinarias, ¡extraordinarias!   

            Ese pesero, ¿te deja en tu casa? Izazaaaaga, Pino Suarez, súbale, súbale. Me acerca, me deja como a hora y media de mi casa. Ay jijo, pues entonces vives en el culo del mundo. No tú vives en el culo del mundo. Estas bien loco, vienes del culo del mundo para ver el culo de Helena. Se me antojó una cerveza che; ¿si vamos al bar de aquí a lado?, hay unas meseras muy macas. Para qué ir al bar, si en tu casa tenés cuatro botellas de Terrazas. Contáme de Andrea en lo que nos fumamos un pucho y ya nos piramos. Lanzáte por ellos que no tengo ni pucho ni plata. Andá, andá, siempre de abusivo.  Tranquilo hombre, yo pongo el vino. Siempre lo encontraba en el puente, era tan especial, nuestra búsqueda quedaba por sentada cada tarde, sin siquiera anunciarla. ¡Qué suerte! encontrar a una persona en México es imposible, así estén en la misma cuadra. No, no, tú no entendés, pasá lo mismo en Francia, pero eso lo hacía especial; las casualidades. Y entonces, tú para esa chica qué tipo de reflejo serás, eso es lo interesante de la teoría, porque se destruye en cada individuo para después volver a crearse en la soledad de los pensamientos. Es evidente que para esa chica yo soy una nimiedad, somos extras de nuestras propias películas, a menos que la voluntad omnisciente me obligue por un deseo, que no comprenderé, a acercarme a ella o viceversa; y entonces, quizá, lo entienda. Sí, pero cada individuo tiene su propia historia y sus propias visiones omniscientes, qué pasa cuando una persona que es un personaje principal para ti, para ella tú sólo eres un personaje terciario, pongamos de ejemplo a cualquier amor platónico de tele; el hecho de que tú existas no quiere decir que ella gira aunque sea un poco de su mundo en torno a ti, al menos dentro de su propia historia y no en tu imaginación. Si un pintor intentara hacer de la pintura un arte temporal, se vería obligado a contar una historia a través de diversas pinturas que hagan pasar a los personajes por el tiempo, creando con esto una historia gráfica.

            En cuanto el perro escuchó una melodía distinta a aquella que lo acunaba en el sueño, despertó precipitadamente y se alejó del sonido. Aterido, fue a dar una vuelta por los alrededores del café para despejarse y buscar alguna migaja para llevarse a la boca.



Este hombre sólo sabe tocar las canciones comerciales de Beethoven, yo aún, en este tiempo, no sé qué tan cierta es la teoría aceptada sobre la composición  de la pieza Para Elisa; al menos el Claro de Luna no me introduce en problemas existenciales. Los únicos problemas existenciales que yo tengo son mi madre y la renta. Pues para la primera siempre tenés una solución, alejáte de ella, ya estás boludo; y de la segunda mejor ni hablamos porque yo estoy en la misma situación; entre el casero y Beethoven no me queda tiempo para dormir. Y eso che, es todo sobre Andrea. Yo ya los hacía en el altar. De minas ni hablar. ¿Tenés cuatro vinos? ¡Pues apretá el pomo que es carnaval! ¡La cuenta pibe! Muy sencillo,  mira, si me enamoro de Scarlett Johansson es porque me he creado una mujer que responde concretamente a mis ideales platónicos, quizá no te sientas capaz de ligar, verbigracia, con una Scarlett o un Penélope Cruz; y debido a esa incapacidad, bien conocida por tu inconsciente, la creas lejana y terminas casado con una Claudia Pérez o Susana Baltasar. ¡Tan tan!, se acabaron las papas, es hora de partir. ¿Para dónde vas? A mi casa, mensito, está aquí a lado, no pienses en acompañarme. No pienso acompañarte, además apúrate, ya va a salir el último Izazaga. Un placer haberte conocido chavito, gracias a ti ya tengo una nueva obra de teatro. Ja, ja, ja, me voy, ahí te dejo con la cuenta. ¡Oyeeee, no traigo ni un peso!..

            Al no encontrar migajas en el piso, decidió ir a las mesas del restaurante La rayuela a continuar con su vida incansable de perro. Perro triste, cola triste, hambre fiera.

F I N.

Si un escritor intentara hacer de la literatura un arte especial, es decir, narrar de manera simultánea las diversas acciones que ocurren en un lugar y tiempo específico;, para que el lector se convierta en observador de una escena pictórico-literaria…




5 comentarios:

  1. Alfonso Alcántara22 de agosto de 2010, 11:36

    maravilloso esto es una pieza unica aunque no entendi nada pero se ve que es algo bien hecho jajajaj Segun lo que entendi es un desmadre porque todo pasa al mismo tiempo no??? algunas cosas estan revueltas y luego se pirde lo que se quiere decir, o al menos eso me paso a mi pero es muy bueno no habia leido nada asi en mi vida

    ResponderEliminar
  2. Me encantó las parte musicales!! buena onda

    ResponderEliminar
  3. Hermoso texto, con una estructura algo compleja para el lector que no está acostumbrado a las diversas acciones de los personajes en un mismo carácter temporal como lo dicho en el texto, me encanto la mezcla que hacen, además de las algunas diversas temáticas que abordan y como logran añadir lo cotidiano y entrelazar a los personajes a ello, sin llegar a ser tedioso al contrario, la comicidad está explícita en el texto. Bien dicho lo último y claro está, no veo por qué no entenderle.

    ResponderEliminar
  4. me encantó! bien estructurado y argumentado... se antoja para un corto

    ResponderEliminar
  5. L. Macrozabeth Oteo Mondaca23 de agosto de 2010, 9:36

    Este me gusta mucho ja siempre...

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com