jueves, 19 de agosto de 2010

Los perseguidores.

AudioTexto

Hay cosas que me gustan de un hombre, por ejemplo, que tenga plata, mucha plata. O que no tenga la cabeza llena de deportes, mujeres y autos. Aunque no siempre se puede tener las dos cosas, una basta para casarse con ellos: la plata. Y una para hacerlos tus amantes: un intelecto desarrollado más allá del cromañón. Scott era del primer tipo y Petrozza del segundo. Pero a Petrozza no lo hago mi amante porque es mi amigo. Y cómo le jode eso. No lo entiende. Dice: pensé que tú, Pinciotti, no eras de las idiotas que dicen: te quiero como amigo. Pensé que eras de las que saben disfrutar el sexo sin lazos. La amistad es una cosa, Pinciotti, y el sexo es otra. No dejaré de ser tu amigo porque hemos follados… Y dice un montón de cosas y no para. Pero lo sé: todo es únicamente para convencerme de que debo acostarme con él. No pierde las esperanzas. Es terco

 Y también hay cosas que odio de los hombres, por ejemplo, su manía de enamorarse. No se enamoran; se creen enamorados. Y te persiguen enajenadamente. Al menos en eso Petrozza se salva. Con él es distinto. Es cansado que un hombre pueda pensar que tiene una oportunidad contigo sólo porque le pediste fuego para un cigarrillo. O porque le sonreíste cuando te sonrió primero. O porque necesitabas ayuda y te la brindó. Al menos Petrozza no es tan cursi. Sólo quiere joderme y así lo dice. He recibido algunas invitaciones a comer, cenar o salir, de hombres que definitivamente rechazaré hasta el cansancio. Y los argumentos de estos hombres son siempre los mismos: ¿por qué no? Pues porque no me da la gana. ¿Por qué, si no me conoces? Pues porque NO TE CONOZCO, y NO QUIERO CONOCERTE. ¿Por qué no pruebas?, no puedes saber si te gusta o no si no pruebas. Claro que puedo saberlo. Sé perfectamente lo que quiero y lo que no. No tienes que probar la mierda para saber que no te va a gustar. Así de sencillo. Y todavía se molestan y te juzgan de cerrada. De apática. De negada a las nuevas experiencias. Como si pudieran ofrecer nuevas experiencias. Es lógico que una centena de hombres que te dicen exactamente lo mismo como si lo hubiesen aprendido en algún lugar, no pueda, por ningún motivo, darte experiencias nuevas, originales, únicas, etcétera. Y creen que se van con su verdad y yo me lo perdí. Yo nunca pierdo. Y la verdad ellos tampoco porque no se pierde lo que no se ha ganado. 

  El caso más grande de persecución lo sufrí con Albert Bertilsson en la universidad. Albert se enamoró de mí cuando le dije amo leer. Eso bastó. Quiero decir que eso bastó para explotar en su cerebro la chispa del amor. Se acercó a mí indiferentemente y terminó enamorado. Cuando le conocí me agradó. Era simpático y podía sostener una conversación interesante. Pero conforme su amor hacia mí acrecentaba, se volvía estúpido. De verdad. Es decir, que dejó de ser él mismo y se convirtió en un fanático. Yo sabía que él era diferente e incluso que podíamos llegar a ser excelentes amigos. Es lástima que todo se haya ido a la mierda, o sea, por el lado del amor. Yo no tenía amigos y es lástima. Cuando digo que era diferente, lo digo porque no era un hombre de coches y mujeres, de futbol. Amaba leer libros de filosofía. Su preferido era Nietzsche. En eso no era tan diferente, todos los seudofilósofos aman Nietzche. Todo fue gradual. Era un chico agradable, me leía fragmentos de Kant y los explicaba alegremente. Si le decía: lo siento, esta tarde no podré salir contigo, no le importaba. Contestaba: sí, está bien. Eso era un alivio porque la mayoría de los hombres se creen que firmas un contrato si quedas con ellos. Les jode el alma que canceles una cita, o lo que ellos creen que es una cita. Sin embargo, poco a poco, tan despacio que casi no pude notar el cambio, Albert Bertilsson se hizo común. Un día llamé a su móvil y le dije que no podía venir a mi casa. Había quedado de ir para hacer un trabajo en equipo o algo. Me dijo: pero, Vero, ya quedamos. Sí, contesté, pero vendrá Christian. Christian era un chico con el que salí un par de meses. Albert sabía lo que quería decir: lo estaba cambiando por un hombre. No es que Alberto no lo fuera. Es que Albert era un AMIGO. Me hizo un drama y terminó yendo a mi casa. Fue peor. Allí estaba Christian y no puse atención al trabajo. Terminó haciéndolo sólo y me reclamó durante meses. Al principio, entre Albert y yo no había nada que nos separara, sin embargo, Albert parecía enloquecer. Le molestaba que yo no pudiera salir con él. No salíamos con intenciones más allá de las escolares o alguna comida y pláticas banales. Pero Albert se creía que todo eso debía terminar en noviazgo. Eso lo supe mucho después. Cuando me lo dijo: ¿quieres ser mi novia? Claro que no, dije. El pobre se desplomó. Dio media vuelta y se fue. Pensé que no lo vería de nuevo, que me evitaría o algo, pero todo lo contrario. Se hizo una máquina de insistencias. Me mandaba cartas, poemas, mensajes al móvil. Me hacía llamadas, preguntaba por mí a todo mundo, me buscaba por toda la ciudad. De verdad. En más de una ocasión lo descubrí siguiéndome. Me metía a algún antro y por supuesta casualidad, lo encontraba. A él ni siquiera le gustaban los antros, así que era obvio. Para parar la cosa le dije: bueno, ¿qué te pasa? Me soltó un rollo. Estaba muy confundido. Según él, toda esa cosa que para mí fue lo más cercano a una amistad verdadera, tuvo siempre la intención de ligarme. Albert era un chico tímido así que no supo imprimir a sus intentos las verdaderas intenciones. Quiero decir que no fue capaz de hacer que yo supiera a dónde iba todo el asunto. Y eso es importante cuando se liga. Una debe saber desde el primer momento a dónde se quiere llegar: al noviazgo, a la cama, al altar… Así es más fácil y te evitas decepciones. Bueno, Albert, pues lo siento, me agradas pero no puedo ser tu novia, dije. Y empezó el interrogatorio y los argumentos de toda la vida: ¿por qué no? Porque no eres mi tipo. ¿Cómo sabes que no soy tu tipo si no me has probado? No saben cuántas veces he escuchado este argumento, que me parece el más idiota de todos. Como si en verdad habláramos de “tipos”. La pregunta sería: ¿cómo sabes, Albert, que yo sí soy tu tipo de mujer, si no me has probado? No lo sabe ni Albert ni ninguno. Pueden gustarte mis piernas o mis senos pero mis piernas y mis senos no son el tipo de mujer que yo soy. De verdad. Y la mayoría de las veces, si no estás acostumbrado a tratar con zorras interesadas, definitivamente no soy tu tipo. No me vas a aguantar el ritmo. Así de sencillo. Y Albert definitivamente no era mi tipo, ni yo el de él. Traté de explicárselo pero era duro. Estaba obsesionado. No creo en el amor y no creo que se haya enamorado, se obsesionó o algo. Eso es todo, Albert, ESTÁS OBSESIONADO, ¡NO ME AMAS!

 Durante un año me estuvo jodiendo Albert. Una ocasión incluso tuvo el atrevimiento de llevarme serenata. Me da risa, pobre Albert. Ni si quiera dejaron entrar a los músicos más allá de la reja de mi casa. Así que tuve que hablar con él. Me dijo: “Un alma que se sabe amada y que a su vez no ama, descube lo que hay en el fondo de ella: lo más bajo de esa alma aflora a la superficie. “ Nietzsche. Quería herirme. Quería darme por el lado de los sentimientos. No sabía que ese era el peor lado para acercarse a mí. Le contesté con el mismo Nietzsche que tanto amaba: “Descubrir que la persona amada corresponde a nuestro afecto debiera, en realidad, decepcionarnos respecto a esa persona. ¿Cómo? ¿Es tan simplón como para llegar a amarte? ¿O tan idiota? ¿O..o…?”  Se fue hecho polvo. Es lástima porque yo le estimaba como el amigo que nunca fue realmente. 

 2

Albert, sin embargo, no es el peor de los casos. Fue el que más duró pero también están los hombres que me han perseguido por nimiedades. Y no hay nada más molesto para una mujer que ser perseguida enajenadamente por un hombre, sólo porque se te cayó algo y él lo levantó. No puedo creer que eso sea motivo suficiente para pensar que tienes una oportunidad con alguien. O porque alguna vez acabaste en la cama de algún chico. No porque esa noche hayas tenido ganas de hacerlo significa que tengas ganas siempre. Puede que te lleves una decepción o que simplemente ya no tengas ganas. Por eso me gustan los hombres mayores y con plata. No hay que explicar nada con ellos, saben a qué estamos jugando y son demasiado grandes para enamorarse o creerse enamorados. Hay excepciones, claro, pero en general son menos idiotas que los chicos de mi edad. 

 Steve, se creía con derecho a mí después de hacerme el amor. Y eso de hacerme es mucho decir porque realmente yo llevé la cosa. Lo saqué de un antro. Bailaba bien, era sexy y tenía treintaiocho años. Eso sí lo recuerdo porque si hubiese tenido menos, no hubiera pasado nada. Otra cosa que tampoco olvido es su 325i. Lo recuerdo porque me lo presumió y lo callé con un: pero si es el más barato de la serie BMW. Ya no dijo nada al respecto. Llegamos a su apartamento en la calle de Moras e hicimos lo nuestro. No fue un mal polvo. Lo malo es que sólo fue uno. Luego de eso quiso hablar. De verdad. Se tumbó en su lado de la cama y comenzó a decirme que sentía por mí algo especial. Algo diferente. Y espero que todo esto no acabé aquí, dijo, me gustaría conocerte. Yo comencé a moverle la cosa a ver si se levantaba o algo, y sí lo hizo. Se levantó. Era un buen asunto. Pero dijo: no, Verónica, no quiero que pienses que yo sólo te uso. Sé que nos acabamos de conocer pero estoy enamorado de ti y quiero demostrártelo. Y su forma de demostrarlo era no follarme una segunda vez. ¡Vaya manera! De todos modos ya lo habíamos hecho, ¡carajo! Se puso necio. Entonces comencé a besarle aquello y no se resistió. Ya no lo hicimos pero se corrió una segunda vez. 

 En algún momento le pasé mi número de móvil y me arrepentí. Ya no dejó de buscarme. Vero, te quiero, enserio, dame una oportunidad. No puedes quererme, decía yo, no me conoces. Quiero conocerte, decía. El caso es que insistió desesperadamente y acepté tomar un café. Después de todo era guapo. Fuimos por el café y se me declaró. Lo rechacé. Y de ese día en adelante no dejó de declarárseme. Mi error fue seguir frecuentándolo. Me invitaba a bares y cafés, a fiestas, a comer, cenar, desayunar o lo que estuviera a la mano y la verdad no era desagradable, era un buen chico. Desgraciadamente a mí no me enamoran los buenos chicos. Me cansan. En ocasiones yo le decía, vamos a tu apartamento. E íbamos pero no a lo que yo quería. Podía desnudarme en su cara y se resistía. Decía: te amo y te voy a demostrar que no me interesas únicamente por el sexo. Eso me hacía reír y lo retaba. Pero era duro. Eso sí, jamás evitaba el sexo oral. No pasábamos del sexo oral. Incluso llegó a agradarme. Era  divertido si se tiene un poco de sentido del humor. Digo, verlo allí haciéndose el fuerte y confundiendo una cosa con otra, el amor con el sexo y tratando a toda costa de no follarme. Eso no tiene nada que ver con el amor, le dije, podemos hacerlo mil veces y aún así no me voy a enamorar de ti. Él insistía: es mi prueba de amor, hasta que seas mi novia te lo haré. No sé si lo decía francamente, o era su manera de castigarme. No hay sexo si no hay noviazgo, decía. Bien, pues yo me consigo sexo donde sea, si esa es tu postura, me da igual, dije. Y se soltó con una perorata romántica. Al final quedamos en lo siguiente: le daría una oportunidad para conocernos. Y lo conocí. Era posesivo exageradamente. Se creyó que esa oportunidad para conocernos le concedía exclusividad. Se enteró que yo seguía buscándome hombres de una noche y enloqueció. Me reclamó como si le debiera la vida. De verdad. Su argumento era que si él se había vuelto abstinente, cómo era posible que yo no respetara eso. Yo no te pedí que lo hicieras, todo lo contrario, dije. O sea que yo en verdad estaba dispuesta a follar con él. Para eso me gustabas, dije sabiendo que esa frase duele. ¡Es que te AMO!  , repetía al cansancio. Me amaba según él, por ser diferente. ¿Pero diferente en qué?, preguntaba yo. En todo, decía. En tu manera de ser, en tu manera de tratarme… no pasó de esas dos. Tu forma de ser lo engloba todo, dijo. Bueno, dije, pero yo no te amo. Yo no amo a nadie. 

 De algún modo Steve se metió en mi vida. Me llamaba y me visitaba en casa. El Sr. Pinciotti, incluso, notaba lo posesivo de este chico. Me dijo: ¿qué se trae ese joven? Steve estaba sentado en la sala con la pierna cruzada. Movía el pié nerviosamente. Yo estaba platicando con él pero sonó el teléfono y la sirvienta avisó que me buscaban. Decidí contestar en mi cuarto porque no quería ser escuchada por Steve. Cuando bajé, encontré a mi padre hablando con él. Me vio y se acercó a decirme eso: ¿qué se trae ese joven? No sé, dije. Me senté a lado del joven ese. El Sr. Pinciotti se largó y le pregunté: ¿qué te dijo mi padre? Contestó: le pregunté si acostumbras llegar a altas horas de la noche y si él, siendo tu padre, lo permite. Eso fue el colmo. Lo largué inmediatamente. ¡ESTÁS LOCO, QUÉ TE IMPORTA! Mi padre escuchó mi grito y acudió. ¿Qué pasa, hija? ¡Qué se largué!, grité de nuevo. Tuve un momento de histeria. El Sr. Pinciotti cambió de semblante. Se puso totalmente serio e iracundo y dijo a Steve: ya escuchaste a mi hija, vago. Steve se fue. No opuso resistencia. 

Luego de eso me llamó pidiendo perdón. Rogando perdón y una segunda oportunidad. Ya no se la di, por supuesto. Vete a la mierda, dije. Pero no se fue a ningún lado. Insistió. Se topó con pared. Aunque sea ven a platicar, decía. Lo que quería decir era: aunque sea chúpamela como antes. Se acabó, dije. 


10 comentarios:

  1. Jajajajajjajaj a mi que me digan algo que yo nunca haya escuchado en mi vida. la verdad los hombres posesivos nooooo. dicen mi mujer jajajajaj mi silla mi mesa.

    Pero más idiota es decir que si a la persecución!

    ResponderEliminar
  2. oda la razon a sus palabras ,por eso dicen que no por bueno el chocolate sale bien el atole ,pues si no se bate solo sale on alborote.

    ResponderEliminar
  3. apartar los sentimientos del sexo a veces es difícil; bueno digo que siempre difícil cuando lo que entregas en la cama es más que sexo. Estas palabras me hacen recordar a mi ex y yo siempre le peleaba con eso. Ella me decía que le gustaría ...que yo la engañara, que yo estuviera con otras personas y yo le decía que no, que al igual que a tu personaje, le decía que la amaba y en un principio a ella le daba igual. ahora es ella la que dice que vuelva, que nos casemos y tengamos una familia y soy yo el que le dice que este juego ya termino... a eso me reifero puede llegar un momento donde todo se voltee y de pasar de ser el perseguidor termines siendo el perseguido. En una cosa si estoy de acuerdo con vos, las reglas se deben dejar claras desde un principio y si es sólo sexo, que sea sexo entonces y no involucrar los sentimientos, pues resulta jarto "enamorarse" o que se "enamoren" cuando el uno o el otro no esta dispuesto a llegar a ese paso. Buen Relato Vero describes a gran parte de hombres o somos los hombres que nos sentimos identificados con los perseguidores de tu relato?

    ResponderEliminar
  4. Te entiendo de maravilla amiga, es muy feo cuando pasa eso de que un hombre se enajene contigo por cualquier cosa!!! disfrute mucho tu cuento y ya lei otro, del feminismo y esta guuuaaaooo te felicito y espero sigas escribiendo!

    ResponderEliminar
  5. q onda estas dos historias estan de pelos encerio.
    es interesante saver q todavia ecxisten mujeres q se hacen respetar q son decididas, francas y no se dejan engañar por una cimple sonrisa o porq el tipo tenga una villetera extensa bueno eso fue lo q entendi
    hojala esto no quede solo en un texto sino en la conciencia de cada mujer llegariamos a decifrar cuando centimos amor de verdad

    ResponderEliminar
  6. Mínica Aranda Oyarzun24 de noviembre de 2011, 18:24

    jajajjajajajaajjaja

    ResponderEliminar
  7. Alejandro Toribio Sánchez24 de noviembre de 2011, 18:24

    excelente narrativa
    cualquier parecido con la realidad
    es mera coincidencia

    ResponderEliminar
  8. Alejandro Toribio Sánchez24 de noviembre de 2011, 18:25

    excelente como todo lo que publicas Verónica Pinciotti

    ResponderEliminar
  9. Hay que ver lo que dan de sí las experiencias: lucidez

    ResponderEliminar
  10. Como me reí con esta madre!

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com