viernes, 30 de julio de 2010

La caja mágica / PARTE V



- No podemos pegarle aquí, Jaime. Nos meteremos en problemas con la directora. Dejemos que se vaya unas cuadras más allá y entonces sí.
- ¡Le voy a partir la cara justo a ahora!
- Jaime, entiende. El checo tiene razón, si lo atoramos aquí nos van a expulsar, llamarán a nuestras madres y viviremos castigados el resto de nuestras vidas.
- Sí, Jaime, agarra la onda, mejor lo topamos en el parque, allí nadie se dará cuenta de quién fue.
- Sí, sí, yo sé dónde vive, anda, Jaime, vamos a su casa y allí le damos la paliza de su vida.
- Bueno, bueno, vamos a su casa.
- Es por allá, vamos, doblamos en la tercera y luego en la quinta, todo derecho hasta lo abarrotes y dos cuadras está su casa; lo he visto porque mi primo vive en la calle de atrás.
- Vamos, vamos pues, no perdamos tiempo que ya le quiero quitar lo galán a ese pobre-diablo.
- ¡Carlos, sal! No seas marica y sal que te parto la cara.
- No va salir, Jaime. Hubieramos tocado como la gente decente, lo has prevenido, nos saldrá.
- ¡Que salgas maldito!
- Checo, cuida que no venga su mamá o alguien.
- No viene nadie, hombre. Tú dale con esta piedra a  la ventana.
- ¿Estás loco? Esa piedra es muy grande, no tengo tanta fuerza, pásame la de allá, esa, la afiladita, con suerte le doy en la cabezota.
- No, no, espera, déjame tirar esta a mí, tu tira la otra, la de alado.
- ¡Que esa no! Es muy grande no la voy a llegar.
- Tirara al auto de su padre, seguro está justo del otro lado, no tienes más que lanzarla del otro lado de la barda.
- ¡Te voy a enseñar a respetar a las mujeres que son mías, maldito, sal!
- Bueno, dámela, ¿pero seguro que el auto está del otro lado?
- Sí, lo estoy viendo por este agujero de la puerta, es uno rojo ¿no?
- No sé, pero no importa, allí va.
- ¡Espera, espera!
- ¿Qué pasa?
- ¡Si no sales voy a quedarme aquí todo la noche y todo el día hasta que salgas y te voy a matar dos veces!
- Mira allá, cuidado muchachos.
- ¿Qué, qué pasa? hombre, me asustas.
- En la ventana de allá hay una señora y nos ha visto.
- ¡Maldito, te crees mucho ¿no? Crees que así de fácil puedes salir con ella, ¿no?! ¡Ella es mía!
- Sí es cierto, ya la vi.
- Mejor vámonos.
- Jaime, vámonos, pueden llamar a la policía.
- No, primero le tiro todos los dientes.
- No, Jaime, ya vámonos, está cogiendo el teléfono, anda, ¡corre!
- ¡Pero mañana no te salvas maldito!






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