martes, 27 de julio de 2010

Del incesto.

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El incesto. Vaya palabra. O vaya lo que hemos hecho con la palabra. Suena tétrico. Sin embargo es de lo más común. Cuando yo lo cometí me pensaba que era la única. Luego me enteré que todo mundo lo ha hecho con su primo. De este lado de la moneda suena raro. Es más común: todo mundo se ha tirado a una prima. Eso es porque vivimos en un mundo de machos, dirían las feministas. 

 Eran vísperas de Navidad. La navidad del 2002. Hace tan sólo un año mi padre habíase divorciado de la Sra. V. y los recuerdos de navidades pasadas, a su lado, le hacían el hombre más triste del mundo. Mi padre y mi madre se divorciaron en el 2001 porque madre era una cabrona. Fue un divorcio difícil para el Sr. Pinciotti. Lo sufrió mucho. Yo lo disfrute bastante porque odio a mi madre. O sea que yo estaba feliz aquella navidad. Mi padre, de origen italiano, tiene poca familia en México. La familia de la Sra. V. era gran parte de la familia del Sr. Pinciotti. Quiero decir que aquel año estaríamos solos. Mi padre y yo. No teníamos más familia en este país al que llegamos hace tantos años. Mi padre llegó en vuelo directo y yo, en un espermatozoide que terminó siendo Verónica Pinciotti. ¿O en una espermatozoida? Eso del feminismo es cosa grave. 

 Para reparar el daño, el Sr. Pinciotti invitó a parte de la familia a México. No vinieron muchos. Llegaron los tíos Caravacho y con ellos el primo Caravacho, que se llamaba Andréa. Tenía veintidós años y era un pequeño empresario. Yo tenía dieciséis y estudiaba la preparatoria. Se hospedaron en mi casa por cinco semanas. En ese tiempo Andréa se enamoró de mí. Por supuesto no le conté a nadie. Me lo  guardé por muchos años. Muchos, muchos años. Hasta que un día, en casa de Garrison, Petrozza dijo: estoy enamorado de mi prima, ¡tiene un culo de a diez! Garrison rió y Rey dijo: ¡preséntamela! Para mí eso era algo que una debe guardarse. Puedo decir abiertamente que amo el sexo. Que me encanta hacerlo con desconocidos treintañeros forrados de pasta. O con viejos calentorros forrados de pasta. Pero decir que lo había hecho con Andréa me atormentaba la existencia. Así es la vida. Luego Garrison dijo: ¿te acuerdas de mi prima, D.?, se lo dijo a Petrozza. Sí, contestó éste. Pues me la tiré, dijo Garrison. Petrozza dijo que ya se lo sospechaba y Rey dijo: mi primer encuentro sexual fue con una prima. ¡O sea que todos esos cabrones se habían enrollado con primas alguna vez! Y seguro que Andréa estaría ahora en algún lugar de La Bota contando cómo un día del 2002 se cepilló a su prima, o sea yo. ¡A mí! Yo no lo podía creer. Muchas veces había escuchado frases vulgares como: a la prima se le arrima, etc. Pero pensaba que eran habladurías. Pensé que lo mío con Andréa era único. Una locura mía que pocas se atreverían a cometer. Intrigada, pedí a Garrison que me contara de aquello, y lo hizo. Dijo que lo hacían en una litera. D. tenía una hermana mayor, que dormía en la cama de arriba y D., dormía en la cama de abajo. Garrison las visitaba, es decir, visitaba a la tía y quedábase a dormir allí, con la intención de pasar un día familiar. Le acondicionaban el suelo, junto a la litera, con colchas y sábanas y listo. Se tiraba a dormir. Pero en la madrugada cuando la hermana mayo dormía, se subía a la cama de D. y se tiraba a la prima. ¿Pero cómo pasó eso?, pregunté, ¿cómo llegaron a eso? Me hacía la que no entendía nada. Y en verdad no lo entendía. Aunque me había sucedido con Andréa, no acababa de entenderlo. Pues no sé, dijo Garrison. Así nomás. Encendió un cigarrillo y lanzando el humo de la primera bocanada añadió: así nomás, como todo en esta en vida. Lo dijo mirando al humo, como recordando a D.; Garrison es apasionado y seguramente la recordaba como a una musa de ensueño robadora de la inocencia de un niñato. En cambio Petrozza decía yo sí sé muy bien cómo se dio la cosa. Se refería a su encuentro con A., su prima. ¿Y cómo se dio la cosa?, pregunté. Fácil, dijo, ella tiene un coño y yo una polla. Eso es todo. Pero en ese caso, dije, todas tienen un coño y tú siempre tienes una polla. Claro, dijo, por eso yo siempre me quiero tirar a todas. Rey y Garrison rieron. Yo quería saber más. ¿Pero por qué precisamente con tu prima, Martin?, pregunté. Pues porque es más emocionante, o qué sé yo, dijo. Creo que porque se parece a mí. Tiene toda mi jeta y enserio, se parece a mí. Eso me excita de algún modo el inconsciente. Nadie supo qué decir. Quizá tengas razón, dije. En eso del inconsciente. Rey me notó algo y me preguntó si yo jamás lo había hecho con algún primo. Reí y me delaté. Garrison mencionó el clásico, todo mundo se ha tirado una prima. Sí, agregó Petrozza, pero para tirarse a una prima hace falta un primo; así que todas se han tirado un primo también, ¿no, Vero? Tuve que confesarles que sí. No me daba pena pero hasta ese entonces nunca se lo había contado a nadie. Y ya se sabe cómo se nos pegan los secretos. Una es dueña de lo que calla y esclava de lo que dice. ¿Y cómo fue?, preguntó Garrison. Fue más o menos así, dije y lo conté: 

 Andréa bajó a la cocina y yo estaba allí. Yo andaba de ropa ligera, era la madrugada de algún día del mes de diciembre del año 2002. Él iba en calzoncillos. Ni él ni yo esperábamos encontrar al otro así, allí, a esa hora. Yo había bajado porque sufro de insomnio y necesitaba algo de beber. Jugo, quiero decir. Y él no sé por qué diablos estaba allí. Pero dijo que había escuchado ruidos y bajó a investigar. Yo soy muy silenciosa así que no le creí en absoluto. Te estaba espiando el hijoputa, interrumpió Petrozza.  Enserio, dijo, eso lo hago yo todo el tiempo con A. Se llama “crear la ocasión”. Haces como que por casualidad están los dos en una habitación oscura y, bueno… pues ya qué… se ponen a follar. Pues no pasó nada, continué, Andréa me dijo: disculpa, y se fue a dormir. Al día siguiente no pasó nada, ni al siguiente ni al siguiente. Andréa era el típico italiano. Apenas hablaba español. Aunque no pasaba nada entre ambos, no dejaba de mirarme de una manera peculiar. Ya se sabe de qué manera. Y yo lo miraba también del mismo modo. Así que en realidad si estaba pasando mucho. Se estaba gestando el incesto. La cosa estalló un día en mi habitación. Andréa me había pedido le enseñara a hablar español y acepté. Estábamos recostados en mi cama con un libro de gramática. Me decía: como si dice mi piace que quiere decir cómo se dice me gustas, y claro, me lo decía. Y yo le respondía eres mi primo favorito. Y nos quedábamos viendo a los ojos por segundos enteros que eran como horas enteras. Me tomó la mano y la acarició. Me-gus-tas, decía lento. Me-gu-stas molto. ¿Tenías dieciséis años?, preguntó Rey. Sí, dije, ¿por? Nada más, contestó dando un trago a su whisky en las rocas. ¿Y dónde estaban los tíos Caravacho?, preguntó Garrison. No sé, dije, por ahí, en algún lugar de la casa. Ese Andréa es un hijoputa, me agrada, dijo Petrozza. 

 El primo Andréa y yo comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. Todo el tiempo estábamos juntos. Íbamos a comer, a bailar, a beber un trago, al centro comercial, al cine, al club, a cenar, a todos lados. Mi padre estaba contento con ello. Yo no solía tener amigos así que le gustaba verme feliz con alguien. Pero la tía Caravacho no estaba muy contenta. Se olía algo malo. Y decía: hijos, les recuerdo que ustedes dos son PRIMOS, casi como HERMANOS, así que ándense con cuidado. No sé a qué viene el comentario, madre, dijo Andréa. Sobretodo tú ándate con cuidado, le dijo la tía. Andréa se quedó callado. Yo también. Sonreí como no entendiendo nada y nos fuimos. Nos sentamos en la fuente del jardín de la casa. Andréa me contaba de su vida en Milán donde dedicábase al comercio de telas. Yo no conocía a nadie que se dedicara al comercio de telas así que me pareció muy interesante.  Todo parece interesante cuando te lo cuenta un hombre guapo. El primo Andréa era guapo. ¡Malditas mujeres!, dijo Pretozza. Aparte del negocio le gustaba pintar. Era pintor de domingos pero al menos sabía buena parte de la historia del arte. Eso me enganchó por completo.  Ahora no era tan sólo un hombre guapo sino un hombre guapo, interesante, y prohibido. Eso, dijo Rey, eso último. Ajá, dije. ¡Malditas mujeres!, dijo Petrozza de nuevo. Garrison comenzó a preguntar un montón de cosas sobre las actividades artísticas de Andréa. Yo no sabía qué contestar a ¿qué marca de oleos compraba? No lo sé, dije. Garrison era fanático de la pintura y desvió la conversación hacia allá. Pero Rey le puso un alto. Ya, dijo, eso no nos interesa, déjala que nos cuente cómo se cogió a su primo. Fue el treintaiuno de diciembre, dije, en año nuevo… No, no, no, dijo Garrison. No vayas al grano, le quitas todo el erotismo. El erotismo se acaba cuando comienza el acto sexual. Detrás de la puerta de la habitación siempre ocurre lo mismo. Petrozza dijo: dinos cómo te la metió. Garrison: no, no, ¡dinos cómo llegaste a eso! Rey dijo: vete rápido por cómo llegaste a eso y te detienes en los detalles de cómo te la metió. ¡Y por dónde!, añadió. No saben nada de erotismo, dijo Garrison. El erotismo es mujeril, dijo Petrozza, queremos sexo duro. Sí, dijo Rey, ¡eso! Garrison bufó y se calló. Encendió otro cigarrillo. 

 Pues bien, me propuse enamorar al primo Andréa. Por diversión. ¡Malditas, malditas sean!, dijo Petrozza. Fue fácil. Fingí interés en todo su mundo. Puse especial atención en su aprendizaje del español y le sonreía a todo momento. Eso bastó. Tú eras seis años menor a él y eso es lo que verdaderamente bastó, dijo Rey. Sí, dije, eso también ayudó. Yo lo sabía. A esa edad lo sabía perfecto. Yo era un trofeo anhelado. Pero tenía poco tiempo, no podía hacerme del rogar demasiado. Durante tres semanas jugamos al flirteo descarado.  Lo hacíamos en la mesa, con mi padre y los tíos Caravacho presentes. Era raro. El Sr. Pinciotti parecía no percatarse de nada. O no quería hacerlo. El tío C. se ponía rígido y tosía pero nunca dijo nada directamente. La tía C. era la única preocupada. Nos tomábamos de la mano por la casa y nos abrazábamos. Veíamos el televisor echados en el sofá, muy juntos, una encima del otro. Y nadie decía nada. Incluso llegamos a tocarnos en el coche. Mi padre conducía y atrás íbamos Andréa, la tía C., y yo. Adelante con el Sr. Pinciotti, el tío C. Yo ponía la mano en la pierna de mi primo y él la llevaba a un sitio más comprometedor. Y su mano también se escabullía por algún rincón hasta mi… ¡Hasta tu teta, Dios!, gritó Rey. Sí, dije hasta allí. ¿Y te tocaba la vulva?, preguntó. Sí, dije, una vez lo hizo. Dios, qué puta envidia, dijo Rey. No es justo, dijo Petrozza, nosotros llevamos AÑOS proponiéndotelo y ese cabronazo y un montón más te lo hacen como si nada. Reí. Sí, Vero, ya déjanos cogerte, dijo Rey. Reí más. ¡anda, anda, anda, anda, anda, anda, anda, anda! Decían Petrozza y Rey al unísono. Yo no paraba de reír. Garrison dijo, ¡ya cállense, coño! Se callaron. No entiendo una cosa, dijo Garrison, ¿cómo explicas que te tocara la vagina en el coche con tu tía a un lado y que no se diera cuenta? Ponía la chamarra encima de mis piernas y subía las rodillas, dije. No sé dijo Garrison, tendría que verlo para creerlo. Es fácil, contesté, pones las rodillas en lo alto del respaldo del asiento delantero, abres ligeramente las piernas, y pones sobre ellas la chaqueta. Yo estaba entre Andréa y tía C. Entonces él escurría su mano por debajo de la prenda y listo. No sé dijo Garrison, ¿y no sentías nada? Claro que sentía, sentía lo que generalmente se siente cuando te manosean el clítoris. Quisiera tener un condenado clítoris, dijo Petrozza. Para qué si tienes un pene, dijo Rey. Para sentir eso que generalmente se siente cuando te manosean el clítoris, dijo, y para tener más de un cabrón orgasmo en un acto sexual. Interesante, apuntó Garrison. No, tío dijo Petrozza, no es interesante (lo dijo haciendo cara de intelectual soberbio), es pla-cen-te-ro, (lo dijo haciendo un además afeminado), mi querido y estimado amigo del alma. Garrison sirvió una ronda de whisky en las rocas. Rey tomó el suyo y dijo: bueno, bueno, ya, ¿y luego? Luego pasamos a los fajes, continué. Nos morreábamos en mi habitación. Me tocaba toda y yo a él. Pero con ropa encima. No me la quitaba. ¿Por qué?, preguntó Rey. No sé, dije, creo que quería que yo tomara un poco la iniciativa, ya sabes, para no quedar como el pervertido. Lo era, dijo Petrozza, uno siempre es el pervertido, ¿cuándo has escuchado a un hombre gritar, Dios, sal de aquí pervertida? ¡Ya no interrumpan!, dijo Garrison. Rey echó una gran nube de humo de cigarrillo y dijo: qué te importa, déjanos interrumpir. Seguí: después de eso comenzó a hablarme de amor. Enserio. Decía que se había enamorado de mí. Me lo dijo en un bar de Coapa. Me llevó allí y me lo dijo. Yo pensé: qué estupidez. Pero le dije, ¿¡enserio!?,  yo también siento algo especial por ti. No sentía nada especial por él. Malditas mujeres, dijo Petrozza. Ya, joder, ya lo dijiste mil veces, dijo Garrison. Ajá, dije, y luego me dio una carta que había escrito para mí. Estaba en italiano y comenzaba: cara Veronica, tu sei la donna più bella ai miei occhi hanno guardat… Me hizo leerla allí, enfrente de él. Hice como que leía y… sí, sí, ya, MALDITAS MUJERES, dijo Garrison. Petrozza dijo: no iba a decir nada. Rey dijo: sí lo ibas a decir, acéptalo. Petrozza: no, de verdad. Garrison: lo ibas a decir para molestar. Petrozza: qué no, tío, no lo iba a decir porque ya sé que te molesta que interrumpa a la Reina Pinciotti. Hubo un silencio y continué: hice como que leía la carta y… ¡MALDITAS MUJERES!, dijo Petrozza, malditas, malditas, malditas. Garrison bufó y Petrozza reía a carcajadas. Ya, ya, dijo, Petrozza, sigue. En eso Rey se levantó y fue al baño. Yo continué: tuve que jugar a la lolita. Me hice la enamorada y la niña tierna y estúpida. De esa vez en adelante me volví cariñosa, melosa e inocente. Cuando nos morreábamos en mi cuarto, Andréa cada vez quería llegar más lejos. Ahora podía hacerlo porque le dije que seríamos novios. ¿YA SON NOVIOS?, dijo Rey regresando de orinar. ¿Tan sólo me fui dos minutos y ya llegaron a la parte donde son novios? Cállate, Rey, dijo Petrozza, ¿qué no ves Garrison está al filo de la butaca? ¡Le jodes la historia, tío! Perdón, perdón, dijo Rey. Seguí: nos hicimos novios pero en realidad… Es que no mames, ¡a qué hora se hicieron novios!, si sólo fui al baño, dijo Rey. Garrison se levanto y dijo: a la mierda, te cogiste a tu primo y se acabó. Eso es todo lo que hay que saber. Ya, hombre, dijo Petrozza, déjala terminar la historia, queremos saber cómo pasó, recuerda, el erotismo y todo eso. Vete a la mierda, dijo Garrison mientras subía su habitación. Ya ves, tío, dijo Rey a Petrozza, lo encabronaste. ¿Yo?, dijo, tú eres el que… En eso bajó Garrison con un libro de Ruy Sánchez y dijo les voy a leer erotismo del bueno. No, dijo Petrozza, a mí me gusta el pésimo erotismo de Verónica. Rey dijo: a mí me gusta Verónica. Para que aprendan algo, dijo Garrison. No, enserio, dijo Petrozza, no ahora, tío, aún no estoy borracho. ¿Y por qué habrías de estarlo para escuchar lo que voy a leer?, dijo Garrison. Para no escucharlo, dijo Petrozza. ¡Puff! Dijo Garrison y se sentó. Bueno, ya, acabe de contarnos, señorita Pinciotti, cómo llegó a la cama con su primo. Ya no tengo ganas, dije. Ya, Vero, dijo Rey, acaba con esto de una vez. Sí, dijo Petrozza, ya dinos cómo lo hicieron. ¿Por detrás? ¿De perrito? ¿De cucharita? ¿De carretilla? ¿A lo sado-maso? ¿De bomberito? ¿De a sesentainueve? ¿De a frijolito? ¿De a Tony Hawk? ¿De helicóptero? ¿De catapulta? ¿De misionero? ¿A lo Boa? ¿De a balanza? ¿De columpio? ¿De reguilete? ¿De mariposa? ¿De abejita? ¿De a yunque? ¿De a burrito en primavera?... ¡No sé, dije! No conozco el nombre de lo que hicimos. Dios, ¡pues qué hicieron!, dijo Petrozza. 

 Creo que fue algo clásico, dije, se puso encima de mí… ¡Va!, dijo Garrison, ya, para, aquí se acaba el erotismo. ¿Cuál erotismo?, dijo Petrozza, nadie está hablando de erotismo, tío, hablamos de incesto, ¿eso qué tiene de erótico? Petrozza comenzaba ponerse como una cuba. Y Rey También. Creo que Garrison lo mismo. Yo no había bebido tanto porque estuve hablando pero de pronto ellos fueron los que hablaban y hablaban. Petrozza: yo también estoy enamorado de A., dijo, enserio, no es que me la quiera tirar, es amor, de verdad, ¡la amo! Rey dijo: no mames, no puedes amar a tu prima. Enserio, dijo Petrozza, no la quiero ni tocar, sólo quiero estar con ella, todo el maldito tiempo. ¿Sabes lo que es eso, Rey?, es como una jodida maldición, ¡como la esclavitud! Ya ni puedo ser yo mismo. Estás exagerando, dijo Garrison. Yo dije: creo que más o menos así va eso del amor, ¿no? Entonces el amor es una mierda, dijo Petrozza. Garrison dijo este cabrón qué va a estar enamorado. Sólo está… no sé… traumado. Es que tiene toda mi cara, dijo Petrozza, ¡TODA MI PUTA CARA! Rey: no puede tener toda tu cara, sería un desastre. Sí, no creo que se parezcan tanto, dije. No, no, sí se parecen, dijo Garrison que conocía muy bien a A. Parecen paridos por la misma madre. ¿Parecen hermanos?, pregunté. ¡Parecen gemelos!, dijo Garrison. ¿Y por eso te gusta?, dije a Petrozza. Dios, sí, dijo, eso es lo que me gusta, es como besar a tu imagen del espejo. Rey dijo: interesante. No, tío, dijo Petrozza, no es in-te-re-san-te. Es, ma-ra-vi-llo-so. 

 ¿Y qué pasó con Andréa cuando se fue a Italia?, preguntó Garrison. Pues nada, dije, creo que estaba un poco acabado. ¿Acabado?, dijo Rey. Sí, acabado. Los tíos Caravacho regresaron a su país pasado año nuevo. Pero Andréa se quedó una semana más. Y se hubiera quedado más tiempo de no ser porque se lo tuve que decir. Le dije: ya no siento nada por ti. ¿Después de hacerlo con él?, vaya tía, eres como un hijoputa, dijo Petrozza. Sí dije, bueno, el caso es que nunca sentí nada por él, sólo la curiosidad incestuosa normal. Ya, dijo Rey, ¿y no sientes algún tipo de curiosidad hacia mí? Por ejemplo, ¿curiosidad misteriosa? Dijo eso porque es reportero, se cree detective. Leyó Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y desde entonces se cree un detective salvaje o algo. Y cree que puede ser misterioso. No, le dije, no siento ninguna curiosidad. ¿Y por mí, dijo Petrozza? No, querido, tampoco. Eres más dura que el mármol, dijo Petrozza. Y más puñeteramente fría. Eres como una condenada estatua de mármol frío y duro. Eres como un inalcanzable deseo de primavera… aquí reímos todos. ¿Un inalcanzable deseo de primavera?, dijo Garrison, ¿cómo coños son los deseos de primavera? Pues, cómo van a ser: libidinosos, dijo Petrozza, ya sabes, en primavera todo mundo quiere hacerlo. Eso es una mentira, dijo Rey, no sé de dónde sacan esas cosas. Sí, dijo Petrozza, es una puta mentira: todo el mundo quiere hacerlo siempre. ¿Te das cuenta de cómo todo el mundo se mueve por dos cosas?, dijo Garrison. ¿Qué cosas?, dije yo. Dinero, dijo, esa es la primera. Y la segunda es hacerlo, dijo. El deseo libidinoso es el motor verdadero del mundo. Sí, acordó Petrozza, es cierto, todos nos movemos por esa puta energía anidada en las pelotas. En el sistema anímico, será, dije. Sí, sí, eso, dijo Petrozza. O sea que cuando uno se esfuerza por algo, ¿realmente quiere coger?, preguntó rey. Exacto, tío, dijo Petrozza. Todo mundo quiere coger siempre, pero sublimamos el deseo y hacemos otras cosas, como escribir una novela o jugar al baseball. Correcto, dijo Garrison. Sí, qué puto mundo de locos, dijo Petrozza. Oye, Vero, desde tu punto de vista mujeril, ¿Andréa estaba loco, idiota, ingenuo, o qué?, me preguntó Garrison. Todos estamos locos, dije, todos, todos. Sí, pero en el caso de Andréa, podrías ser más específica, ¿no? Pues… dije, estaba… necesitado de amor. ¿Necesitado de amor?, Dios, dijo Petrozza, qué diablos. ¿Entonces cómo estaba, dije, señor sabelotododelavida? Yo qué sé, dijo, pero acuérdate que yo estoy terriblemente enamorado de A. Así que todo lo que digas, me queda. Pues sí, dije, creo que te hace falta amor. No juegues, tía, qué me va faltar amor a mí, ¡soy un tíoduro! Todos los tíoduros carecen de amor, dije. Mierda, dijo. Dame amor, Vero, lo necesito y tú lo sabes. Darte amor no significa que me acueste contigo, dije. Sí significa, dijo Petrozza, sí significa, anda, anda, anda, anda, anda, anda, anda, y comenzó otra vez. No, dije. Al menos déjame lamerte un pezón, anda. Reí. No, Martin, no, no, no, no, no, no, no. Anda, anda, anda, anda, anda, anda, anda… no, no, no, no, no, no, no… Ya cállate, tío, dijo Garrison, jamás lo conseguirás. A qué sí, dijo Petrozza. Un día lo conseguiré, Pinciotti, ¡un día yo seré tu papi chulo! 




25 comentarios:

  1. jajajaja ya ni te dejaron contar la historia, genial!! cada día me sorprendes con algo nuevo, has ido modificando tu estilo de narrar y eso me gusta mucho, no importa como lohagas siempre me hacer reir, soñar, imaginar, desear, pensar, y tantas cosas, soy tu fan!

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  2. Excelente!! bueeeeno!! muy bueno, me encanta leerte, enserio, y ese trio de amigos tuyo es genila!!

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  3. Si, yo tambien pase por eso de la prima, creo que es ley que todos lo hagan alguna vez. Sin embargo me ha gustado mucho tu escrito. es divertido, tranquilo y se para rapido, ni cuenta me di cuando llegue al final y sabes que?? me quede con ganas de mas. felicidades!

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  4. jajajajaja de lo más divertido!! y completamente de acuerdo, todos se han cogido o quiere cogerse a una prima/o...... excelente en verdad, pasaré a leerte más seguido

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  5. Entre divertido...erotico...misterioso....sensaciones varias....felicidades...que buen escrito y espero nos sigas deleitando con mas...
    Un abrazo.

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  6. a mii tambiien me gusta el pesiimo erotiismo de veroniica!!!! biien petroza!!

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  7. La teoría de Petrozza sobre la atraccion hacia sí mismo reflejada en su prima me parece de lo mas interesante. aqunue me diria qu eno es interesante!! si no placentero!! jajajajajaaj genial, me encanta!! pero ya enserio, creo que lo que dice es muy cierto y tiene mucho de razon, que en el amor siempre buscamos una parte de nosotros mismos, por eso petrozza se enamoro de su prima, no solo se la qieria mmmmm echar. Y por eso nos enamoramos. Porque hay algo en la otra persona de nosotros mismos. Interesanre. Jajaja, ya se, placentero!!

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  8. Todo es cuestión de dinero, deseo sexual, juego y ego! jeje es lo que mueve! genial!Me encantas!

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  9. En algunos casos empiesa,escondidos en un vestidor,jugando alas escondidas,es ai cuando se da el toqueteo sin malicia,y se sigue hasta la fecha.sin importar que uno de los 2 este ya casado y con hijos...pero creo que eso solo puede suceder,si uno delos dos,se encapricha,o enamora!!.estoy se guro que simbraste muchas consiencias........

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  10. Juan Carlos García28 de julio de 2010, 7:56

    ea reina pinciotti, tus textos son encantadores, estan llenos demagia, de deseo, de sensaciones y emociones, de lujuria, de sarcasmo, de conocimiento. eres mi reina de corazones! esres mi idola!!!

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  11. L. Macrozabeth Moncada Uribe28 de julio de 2010, 12:36

    Ja a quién no le ha pasado... jaja xD aunque todos en un momento pueden sentirse anormales es de lo mas normal! :D

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  12. L. Macrozabeth Moncada Uribe28 de julio de 2010, 12:39

    Ja Sr Petrozza yo sé que nunca lo alcanzará ja a sabiendas de que yo lo sé xD

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  13. hahahahaha tienes un estilo que sorprende y arrebata carcajadas o suspiros o algo carajo...pero arrebata...me encanto aunque como interrumpen los cabronazos hahahaha

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  14. por cierto...ese Petrozza...asiiii o mas narcisista...y si me dice que no es vdd el muy fresco...me voy a reir muchisimo hahahaha

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  15. Vero.. me encanto nunca me había reído tanto con un texto y me había emocionado tanto con un texto como hoy y bueno el de las feministas, pero para mi, este gano. apoyo a Martin... malditas mujeres, joder saben que tienen el poder y lo usan indiscriminadamente contra un pobre indefenso hombre jejejjejjejje, y en cuanto al incesto, lo he pensado varias veces y con diferentes primas pero no se ha podido cosas del destino... diría yo, un abrtazo y nuevamente excelso, me encanto... pero... malditas mujeres... jejejjejje

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  16. Lo mejor fueron los compañeros que interrumpian la historia ;) me gusto Veronika

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  17. Ma-ra-vi-llo-so, como diria Petrozza!!! es genial este cuento o lo que sea!!! me encanto como narras hasta las interrupciones, es como si fueras muy fiel a lo hechos. no se si son hechos o invenciones pero eres fiel, y con una magia unica. como dicen arriba, me emocione, me excite, me enoje, me rei, de todo en un pequeño relato. Soy tu fan desde ahora.

    y el de el feminismo es cierto, las feministas apestan, se creen mucho pero solo les importa molestar a la gente! excelente tambien por ese!

    saludos.

    atte: Aldo Carrillo

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  18. ¿Volverá Véronica a encontrarse con su primo italiano?; ¿se cansará de perturbar y obsesionar a chicos y grandes con sus historias sobre encuentros sexuales inalcanzables para el lector de clase media-baja, y se dedicará a escribir fábulas con gatitos?; ¿conseguirá Petrozza convertirse en su Papi Chulo?

    ¡Descubra muy pronto cuáles serán las próximas ocurrencias de estos muchachitos incestuosos!

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  19. El mejor relato que he leido desde hace mucho tiempo. Docificas muy bien la informacion. Vas de un lado a otro, se entrometen, juegas con la mente de las personas y creas escenas identificables. Felicidades.

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  20. Qué buena historia apoyo el comentario de Petrozza.
    Para tus amigos les recomiendo leer a Freud (sobre todo cuando Garrison dice cuales son las dos cosas que mueve todo el mundo).
    Los Libros son Tótem y Tabú (leerlo todo) y El Malestar de la Cultura (capitulo 3, 4 y 6).

    Deseandole suerte a todos ellos en su inalcanzable deseo de primavera.

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  21. permitame criticar su texto objetivamente, caballero,considero que es una autentica bagatela.
    Se nota a simple vista la necesidad de exhibir la vida privada de una familia, ventilar los contubernios genealógicos, pero sin un ápice de talento ... ni calidad en la prosa.

    Literariamente, el incesto es un tema muy rico, pero en este caso, se le ha abordado de una manera demasiado frívola.

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  22. Al contrario, la prosa es excelente!!!!!!!!!!!!!

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  23. el que este libre de pecado... que tire el primer beso...

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  24. Quien no a estado con un prima como dice Citlalli Palacios Garza los prohibido es lo mas rico....

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