miércoles, 16 de junio de 2010

De cómo recuperé a una mujer.

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Amanecí con la pinga levantada. Me metí en los pantalones y corrí al traga-monedas más cercano. Marqué a mi ex novia. ¡Hola, bonita!, dije, ¿Cómo estás? Medio dormida contestó: ¿Quién habla? Yo, yo, dije, tu papi chulo, tu príncipe azul, tu… bip… bip… bip… Colgó la perra. Marqué de nuevo. ¡¿QUÉ QUIERES?! Gritó la fiera allá en el otro auricular. Coño, nena, verás, estuve en el hospital, dije. ¿Cómo?, preguntó más humana. Le saqué una comida y me sentí contento. Ya no tenía la pinga enhiesta. 

  Fui a la cama de nuevo, dormí un par de horas o dos pares o tres. Desperté, fui al baño, me duché y rasuré al compás de la Fuagata Bachneriana.  Hace mucho no me rasuraba, casi no me reconocí sin vello. Anda galán, ¡reconquístala!, me dije y salí al bar donde la cité. 

  Ella ya estaba allí, malhumorada, cansada, harta de esperar. Se me hizo dos horas tarde, maldita manera de dormir la mía. Ya, ya, nena, no grites, le decía. Alzaba la voz para reclamar todo: el pasado, el presente y el futuro. Entonces supe que había una oportunidad. Porque cuando las mujeres hablan del futuro son como chicles en la suela del zapato. Estuve en el hospital, le dije y se calmó. Le exageré las cosas. Casi muero, dije. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Soy una idiota, decía, no entendí, tú estabas mal y yo no estuve allí… Cursilerías. Cursilerías que yo aprovecharía muy bien. Le dije: no, no estabas y yo te extrañaba y saberte perdida me daba cólicos y  los médicos decían no más corajes pero yo soy débil y te extrañé… Ya, nene, me decía, todo cambiará en adelante, seré buena contigo y vamos a lograrlo… Sí, sí, decía yo dejándome abrazar. Nos besamos y así recomenzamos. Me pedí una ginebra. O intenté pedir una ginebra. No beberás más, recuerda, el hígado y yo me siento culpable si te dejo, decía… Coño, nena, esto es un bar, no me voy a pedir leche caliente, dije. La convencí y pedí dos ginebras; una para mí y una para ella. Platicamos mucho, me contó de sus planes al terminar la preparatoria y de la madre que estaba feliz porque me dejó y ahora le daría un infarto. Será mejor que lo ocultemos un tiempo, dijo. A mí me daba igual y se lo dije y ella dijo perfecto y yo dije: ¡otra ginebra cantinero!, y ella rió porque no había cantineros ni era una cantina y bebimos como cinco ginebras y nos largamos cuando dijo, vamos a tu casa, quiero estar contigo. 

  Hace tiempo no me paraba por mi casa. No tengo una casa, a saber, rento un cuarto en un callejón cuyo nombre no recuerdo porque nunca he sabido pero es cerca de La Puerta Negra y eso me alegra. Hace varios días no me paraba por mi cuarto y con mi novia de la mano sentí temor de encontrarme con las odiosas notas de los caseros; de mi casero en este caso o peor aún, con la chapa cambiada o con todas mis cosas desaparecidas. De mis cosas extrañaría las antologías completas de Shakespeare y Goethe y Dante y mi colección de textos griegos y mis botellas vacías de whisky coleccionadas desde hace años. Des las cuales queda la mitad. La otra mitad la he estrellado contra las paredes tantas veces en tantos arranques irascibles o nostálgicos o melancólicos o  alegres… no, alegres no, cuando ando alegre no me da la gana romper nada. 

  Gracias al Cielo no pasó. La llave giró perfecto en la cerradura y entramos. Nos fuimos directo al sillón, besándonos, tocándonos. Estuvimos así un rato, con la luz apagada. Me saqué la verga y se la di a chupar. Me dio una buena chupada. Hace tiempo no me daba una buena chupada y yo se lo decía y ella contestaba que si eran buenas sólo que yo me volvía más exigente pero ese día supe que yo tenía razón. Ahora lo hacía con entusiasmo, realmente disfrutaba mamarme la pistola. Me vine en su boca y encendí la luz, me la quité de encima para encender la luz y buscar un trago en los anaqueles. No encontré nada, ni trastos ni alimentos, ni trago. Abrí el cajón junto a la estufa. Hallé un cigarrillo. Lo encendí. Ya tampoco tenía cigarros. Oye, nena, vamos al OXXO, dije, necesitamos cigarros. Accedió porque no dije nada sobre alcohol pero ya presentía yo la riña cuando me viera tomar unas cervezas. Simplemente dijo: ¡ellas o yo!, delante de todos y retadoramente. Mierda, muñeca, no me jodas, le dije. Todos nos miraban en la tienda. Me dieron de alta, cojones, significa que ando a todo dar, listo para una buena farra; es mi primera farra desde el hospital y la quiero celebrar con vos, querida. Le dije vos porque amaba que le dijera vos y piba y querida y otras cosas que ya no recuerdo. Los hombres me miraban como pensando: maldito borracho. Y las mujeres no me miraban, no querían mirarme; les daba lástima mi aspecto y mi vehemente terquedad sobre mi derecho a emborracharme. ¡Firmé una carta!, dije. La carta decía: HAGA LO QUE USTED QUIERA BAJO SU PROPIO RIESGO, dije, me la hicieron firmar en el hospital así que tengo derecho a correr mis riesgos, da igual, a nadie importa, vamos, bonita, te invito un par de Tecates. La gente ya había comprado sus cosas pero no salía del local, los ogetes andaban ávidos de sangre, querían sangre, deseaban verla irse sobre mí a cachetadas como yo pensé que haría cuando dije lo de las Tecates. No lo hizo; tomó el six-pack y lo azotó en la barra donde el joven empleado lo haría pasar por una pistola de rayos rojos que siempre sabe el precio de los productos. Me apresuré y aventé una caja de Delicados a la barra… y estuve a punto de poner sobre el six-pack, otro six-pack pues yo sabía que media docena de cervezas era tan poco como catorce centímetros de verga o las copas A de las destetadas. Su mirada lo dijo todo, ya no jugaba. Regresé el segundo six-pack a su lugar y me lamenté de haberla llamado. Ahora tenía una inspectora de salud que me jodería las pelotas el resto de la vida. Así pensaba yo siempre, el resto de mi vida, todo era por el resto de mi vida; no vislumbraba más allá de las próximas horas y las próximas horas eran el resto de mi vida. Comencé a pensar así cuando leí filosofía zen, decía no se preocupe por nada sino el presente. La filosofía zen me jodió la vida; no entendí que el futuro es importante. Mi novia pagó la cuenta y volvimos a casa. La gente murmuraba cosas a nuestra espalda. Déjalos, no los volverás a ver, le decía a mi novia para que calmara su coraje y su vergüenza. Llevaba las mejillas rojas y me pareció lindísima, enserio, no es broma, ella era la mujer más bella del mundo. Pensar que con diecisiete años ya cargaba un lastre como yo… ¡ella sí que estaba jodida! 

2

  Esa noche lo pasamos bien. Hicimos el amor tres veces y todo iba excelente hasta el fin de la cerveza. Me puse un poco triste primero y un poco loco después. No pude obligarla a comprar más y sentí que iba a dejarme allí mismo. Le hablé cosas tiernas e hicimos el amor una vez más y dormimos en el suelo, abrazados y yo pensaba en sacarle dinero del pantalón aventado en el sofá y comprar un cuarto de ron pero la tenía muy pegada a mí y se daría cuenta. Me dio miedo y me dejé dormir mejor. No dormí bien, tuve pesadillas. Ya no las recuerdo; eran sobre un desierto y hacía mucho calor. Mi cráneo terminaba como los cráneos de cabra que salen en las películas de desiertos inhóspitos, del viejo oeste y esas cosas. 

  Al otro día se despidió, debía llegar temprano a casa porque la madre. Traté de retenerla para no estar solo. Desistí; con ella a mí lado terminaría abstemio. Abstemio resignado; es decir, peor que abstemio. La dejé partir y me acosté unas horas más. A las seis de la tarde comenzó mi día. Un buen día, me propuse. Salí a caminar por Tlalpan, a visitar a las putas. La mayoría eran travestidos. Me gustaba pasearme y sacarles plática y hacerme el loco y jugar al inocente. A veces me tiraba uno, se lo metía por el culo, claro, y siempre les decía cabrón; ¿cuánto cobras, cabrón?; estás hermosa, cabrón; y así. Eso los molestaba sobremanera y yo me divertía y me los cogía de todos modos. Primero porque no me importaba y segundo porque siempre sacaba buenos descuentos con ellos. Esa tarde saludé algunos putos, compré una sola lata de cerveza, no tenía para más, y me senté bajo unos arbustos a esperar. Esperar nada. Sólo a estar allí, sentado, bebiendo mi cerveza y silbando a los putos que se contoneaban como pavo reales para sacer el pavo, el chivo, la chuleta, la papa, la plata, la pasta… Un par de vestidas se acercaron a mí. Me reconocieron, me habían visto pasearme por allí otras noches o algo y me saludaron. Los saludé también, les dije, qué hay, cabrones. Se rieron y me reclamaron juguetonamente. Les convidé un trago de mi cerveza y se sentaron a mi lado. Querían que sacara otra cerveza. No tengo un quinto, dije. Ya, dijo uno, no te hagas el loco, invítanos un trago. El otro insistía y la cosa se puso violenta. Yo les decía que no tenía pasta y volteaba mis bolsillos; en efecto estaban vacios. Alzaron la voz y me tomaron de los brazos. Uno comenzó a golpearme el estómago y yo dije, ¡qué mierda!, no tengo un centavo y dijo: esto es personal tío, y yo no entendí nada. Creo que me confunden, dije. No hicieron caso, el otro travestido me agarraba duro; con todo y sus tacones y sus bolsos mujeriles eran unos cabronazos, de brazos anchos y correosos; ¡y yo tan flaco y tan débil! Una patrulla pasó despacio por la calle. Se sentaron. Continuaban agarrándome pero se sentaron como si nada y me dijeron no te hagas el valiente, actúa natural.  Me confunden, lo juro, dije. Uno de los dos me miró con atención y dijo: tú eres Raúl Nájera, ¿no? Coño, dije, ¡no! Me dejaron sacar mi identificación y riéndose me pidieron perdón, estaban muy apenados los hijoputas. Ahora invítame un trago, le dije a uno. Sí, sí, dijo amaneradamente, se habían transformado en dos inocentes mujercitas apenadas. Me compraron un Presidentes y se largaron. ¡Fue un buen día como me propuse! 




Martin Petrozza.

18 comentarios:

  1. Es bueno, un poco brusco, pero bueno. Suerte.

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  2. lo que facil se va, facil regresa!!

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  3. Me da la impresion de que todo te vale y nada te importa. Es seguro eso y me gusta!!! ojala la gente le importaran menos las cosas. Y se dedicaran a vivir.

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  4. Cuantas vidas habra como esta, solo vivir el dia que se propone sin importar nada, como la filosofia zen....

    Muy buena historia.

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  5. Esa manera de ver la filosofia zen es genial!! se cree que es muy sabia y muy grande pero si te ocupas solo del presente y descuidas tu futuro, eso es una tonteria!! Me gusta mucho lo que haces. En medio de la porqueria encuentras joyas! hay que leerte con profundidad!

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  6. Como literatura,es excelente,muy divertido;pero como pensamiento o en cuanto al personaje(si es que es real),es todo un imbecil,jajaja,sin ofender.Yo conocì a alguien asì y me dejò anecdotas muy divertidas,pero era un imbecil...

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  7. pues no se pero a mi me gusta mucho como escribes sobretodo ultimamente! sigue asi, y no creo que seas imbecil al contrario, lo dijo bukowski: nena, tener trabajo es cualquiera puede, vivir sin trabajar es de genios. En mi pais lo llamamos chulear y yo quiero se un buen chulo!!!!!!!

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  8. me reí. Imposible que no cause un poco de asco. Buen escrito por eso!

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  9. jaja lap arte donde mencionas que la gente del oxxo queria sangre es muy buena, eso es cierto la gente siempre se queda de chismosa. y la verdad leerte es como leer un chiste y a la vez una tragedia. buen trabajo.

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  10. cada vez mejoran mas!! siempre creo ya no me pueden sorprender pero siempre lo hacen, felicidades, me declaro mega fan del blog y de ustedes! son increibles, escriben como nadie. Al menos en mexico.

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  11. increiblemente obseno, me gusta jajajaja buen trabajo

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  12. Estuve leyendo el blog ya que un amigo me invito a hacerlo y al principio pense que se trataba solo de textos sexuales y bizarros, tipo porno o eroticos pero debo reconocer que me ha fascinado. Tienes un estilo unico al narrar las cosas mas crudas de la vida. Y los textos de veronica son para chuparse los dedos, los felicito mucho sinceramente estan haciendo algo diferente. Estan encontrando la belleza donde generalmente no la hay. Felicidades de nuevo.

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  13. interesante el texto... me parece que refleja elementos clave del vivir una noche en la ciudad.. y lo mejor es que logran llevar al lector al lugar de los hechos.. transmiten la pasión con la que escriben y el estilo no se diga... genial!!! solo que al final me parece unas lineas más hubieran estado perfectas; que se rematara con detalles de la adolorida golpiza que le habian propiciado mientras estos cabrones se alejaban contoneando sus escurridas caderas... y él, él consolandose con su "presidente"....

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  14. jajaja bastante graciosa, espero no sea una experiencia

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  15. Es como si Bukowski hubiera sido maricón.
    Bueno, en la filosofía zen, como en la filosofía en general, hay cosas útiles y otras inútiles; también dice el zen "el camino está bajo mis pies" y también es divertido escribir haikus con muco vaginal. Ciao

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  16. Bukowski maricon!!! jajajaja
    Genial la historia...excelente.

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