miércoles, 2 de junio de 2010

B. & D.

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B. y yo hemos sido amigas cerca de dos años. Durante los dos años de conocer a B. siempre la miré alegre y satisfecha. Completa. El día que la vi más alegre fue cuando se ennovió con D. Me lo contó cientos de veces. D. se le declaró en el velorio de la Sra. Froman. D. fue obligado por sus padres a asistir al velorio y B., que ya le quería, le acompañó en solidaridad. Se habían conocido un par de meses antes. Entonces D. se lo soltó allí mismo. Con el cuerpo de la Sra. Forman a unos metros. B. no paró de contármelo. Fue mágico, decía. Me lo contaba todas las tardes cuando nos reuníamos a beber café y contarnos las superficialidades de nuestras vidas. Yo pensaba: la muerte y la juventud se tienen sin cuidado. Y le decía a B. me alegro mucho aunque dejé de hacerlo la sexta vez que lo contó. B. sin embargo no dejaba de irradiar felicidad. Todo ese asunto me tenía cansada. Luego, un día, dejó de contarlo. Pero en general, las conversaciones giraban en torno al desarrollo de su relación con D. Ella lo pintaba como el hombre perfecto. Yo tenía mis dudas. Me lo presentó cuando el noviazgo llegó al tercer trimestre. Fuimos a un antro a celebrar aquello y supe que D. no era lo que B. pensaba. Lo supe por todo: su modo de reír, vestir, hablar, mirar, todo. D. era una especia de macho disfrazado. Y él pensaba que yo era una especie de puta disfrazada. No me lo tomé enserio, D. es del tipo que cree que TODAS SON UNAS PUTAS DISFRAZADAS. Ese tipo de hombre sufre y se ofende por nimiedades. Apuesto que lo mío le ofendió. Lo sé por la mirada que me echó cuando acepté bailar con un desconocido. Íbamos B., D., y yo. ¿Qué quería que hiciera? ¿Qué me quedara aplastada y aburrida? Yo acepté ir por complacer a B. Ya la había complacido. Ahora alguien debía complacerme a mí. Después de todo no pasó nada pero sé que D. pensó lo peor. D. se enojó o algo y nos largamos. ¡Gracias a Dios! Luego de eso no volví a verlo (¡).

2

Ahora esa niña entusiasmada, feliz, había entrado a mi habitación hecha un mar de lágrimas. No paraba de repetirlo: me ha terminado. ¡Me ha terminado! D. me ha terminado. D. y B. mantuvieron una relación de año y medio. Todo ese tiempo B. flotó en un estado de enamoramiento pueril. Todo tipo de enamoramiento me parece pueril así que lo que quiero decir es que B. estuvo todo ese tiempo ¡realmente enamorada! Y ahora ese amor se le estampaba en la cara. Todo el peso del amor: de lleno en la cara. 

 Yo tenía veintidós años y B. diecinueve. Yo debía darle un buen consejo. Me correspondía apapacharle y decirle todo irá bien. Pero todo iba pésimo. B. se deshacía en lágrimas. El único consejo que se me ocurría era ir a patearle las bolas a D. Claro que no se lo dije. Le dije: ¿Qué horas es? Y la dejé llorando. 

 La relación de B. siempre fue dudosa. D. era un imbécil. Era un engreído y un burlón. El tipo perfecto para enamorar a B. que era más bien insegura e ingenua. Durante el tiempo que salieron B. siempre trató de complacer a D. en todo. No se puede decir lo mismo de D. Si a D. le molestaba que B. saliera sola; no salía sola. Y así con todo. Yo la mal-influenciaba un poco pero su amor a D. era más grande. D. por su parte tampoco salía solo. Salía con chicos y chicas. Cosa que supe porque una vez B. no se aguantó y me lo dijo. Ella estaba celosa y enojada pero por amor le perdonaba todo. Lucía angustiada. No puedo asegurar que D. engañase a B. pero casi puedo. Como sea B. comenzó a salir conmigo.  Yo no iba a permitir que fuera de otro modo. La llevaba a bares y antros y yo  me ligaba con algún chico mientras B. se quedaba sentada pensando si a D. le molestaría saber dónde estaba y con quién. Los chicos que me ligaba no siempre iban solos y sus amigos querían conocer a mi amiguita. B. era una chica linda. Te enamoraba con sus ojos oscuros como el mar profundo. Y si no, lo hacía con su culo respingado. Se sentaban estos perros alrededor de B.  mientras yo me magreaba con  X., y la  sometían a un interrogatorio: ¿cómo te llamas?, ¿te gusta bailar?, ¿dónde vives?, ¿cuántos años tienes?, ¿cuál es tu número?, ¿tienes novio?, etc. B. era coqueta por naturaleza. Les sonreía con su hermosísima sonrisa de juventud y esquivaba con gracias todas las preguntas. Pero no dejaba de sonreír. Entonces algún perro pensaba que iba por buen camino y la sacaba a bailar o la llevaba a un lugar más apartado. B. se dejaba trasladar suavemente. Los otros perros celebraban al más audaz, bebían cerveza, y se olvidaban del asunto. Era una lata. Yo regresaba de un buen faje y B. desaparecida. ¿Dónde está?, le preguntaba a los cabrones y respondía cosas como: déjala, está pasando un buen rato. Y reían. O: ahora le toca a ella, no seas celosa. Y reían. Yo había tratado lo suficiente con hombres como para cabrearme por eso. Les sonreía y me preguntaba dónde carajo podía estar B. La buscaba con la mirada por todo el lugar. Disimuladamente. Sin perder el control. Luego mi ligue quería un poco más de mí y me jalaba de la muñeca a un rincón oscuro o algo. Yo no dejaba de buscar con la mirada hasta que la veía. Generalmente acorralada entre la pared y algún perro. No lucía asustada. Siempre era hermosa. Incluso entre las garras de los buitres donde yo la sumergía por mi egoísmo inmenso. B. era coqueta por naturaleza, repito, y también era ingenua y hábil. Si es que se puede ser todo eso a la vez. Al final de la noche todo salía bien. 

 Antes de ir a casa dejaba a B. en la suya. Subíamos a mi auto y conducía hasta la puerta de su casa. A veces B. terminaba un poco mareada y cansada y como no solía cargar llaves, me tocaba tocar el timbre. Salía su padre o su madre y la miraban a ella mareada y cansada y a mí borracha. Le decía buenas noches (o buenos días) y le entregaba a su hija preciosa. A la familia de B. no le agradaba mucho aquello. Yo no les simpatizaba. En ocasiones B. se tomaba un par de malibús o tres y claro… un padre jamás culpa a su hija. Culpa a la amiga de su hija. (Excepto el Sr. Pinciotti, que siempre me culpó a mí y sólo a mí).

 El caso es que hubo un tiempo en que B. y yo salíamos con bastante frecuencia. Siempre a bares y antros y siempre regresando a casa de noche o al amanecer. Y siempre tomadas. Sus padres me odiaron abiertamente. B. me lo dijo. Los padres de B. se lo dijeron a ella… y a medio mundo. Comenzaron con familiares cercanos. Aquí hay una clave en el rompimiento de B. y D. Resulta que ambos provienen de ramas distintas de la misma familia. Son parientes políticos o algo. Y los rumores de las juergas de B. llegaron a los oídos de la familia de D. Y a D. De la noche a la mañana B. había convertídose en la oveja negra de la familia Forman. D. estaba furioso. Le reclamó todos y cada uno de los rumores sobre flirteos nocturnos. B. los desmintió pero no fue suficiente. D. estaba verdaderamente furioso. B. me contaba todo en nuestras charlas de café. Aun así B. lo amaba. Pensé que D. me odiaría por sonsacar a su chica pero no. Descargó todo el odio sobre B. Lo hizo volviéndose más y más posesivo. Yo le insinué a B. que cortara con aquel mal rollo pero estaba terriblemente enamorada. Y los chismes corrían como el agua corre por los ríos: a raudales. B. y yo dejamos de salir pero los rumores no cesaron.  La relación D. y B. ya auguraba un final trágico. 

 Dejé pasar un tiempo. Luego me enteré que D. pidió disculpas a B. Estaba arrepentidísimo. Le armó un drama y ahora estaba arrepentido. Se comportó como un loco y ahora, suplicante, me parecía más loco. B. estaba contentísima. Creyó que todo había pasado. Sin embargo, los rumores se intensificaron y armar un lío y pedir perdón pasó a ser un patrón de conducta en D. Le juraba a B. creer que todo era mentira pero luego la familia propagaba una nueva noticia. Sospecho que ya lo hacían por el puro placer de poseer las últimas nuevas del terrible caso B. Para D. resultaba cada vez más difícil no creer los rumores. Cuando D. y B. salían juntos no era raro que chicos quedaran mirando a B. con intensiones. Era una chica realmente linda. Tampoco era raro que B. les sonriera o correspondiera las miradas. Lo hacía sin intenciones. Era parte de su naturaleza.  Quiero decir que llevaba la belleza en toda la sangre. En cada molécula. Y a D. le era fácil imaginar que si B. actuaba así enfrente de él…

 B. me lo contaba todo y aunque al comenzar parecía angustiada, luego brillaba y se olvidaba de lo negativo del asunto. Como fuere estaba contenta de estar con D. El amor, pensaba yo. Hablábamos de D. toda la tarde. Yo le odiaba por ser tan tonto y creerse lo de la promiscuidad de B. La iba a perder y era un tesoro. Se lo tenía ganado. 

 La cosa siguió y se convirtió en un juego sin sentido. Todo sucedía más o menos así: D. armaba un drama. B. lloraba. D. pedía perdón y B. lo perdonaba y así al infinito. Yo estaba cansada de todo aquello así que decidí alejarme definitivamente. 

 Y ahora B. lloraba ríos porque D. no pudo más. Los rumores familiares acabaron con la mente de D. Y con el corazón de B. 

3

B. estaba realmente destrozada así que fui a hablar con D. Se asombró de verme del otro lado de la puerta de su casa. Le dije que venía por el asunto B. y se mostró hierático. Finalmente aceptó tomar un café en el Centro. Subió por una chaqueta y nos fuimos en mi auto. Todo el camino no habló para nada. 

 Llegamos al café. Nos sentamos. Nos pedimos un par de americanos y me lo explicó. Era un hombre débil. No soportaba imaginar a B. en brazos de otro, etc. Entonces supe que D. no sentía amor por B. Un hombre que cela malsanamente a una mujer, no la ama. Los celos no son, como se cree, la máxima expresión de amor. La prueba radica, dice Sade, en que la mayoría de los hombres preferiría ver muerta a su mujer que en brazos de otro. Los celos son el pánico a la vergüenza de ser sustituido. D. era un hombre increíblemente inseguro. Disfrazado de Casanova. Esto ya se sabe, no es nuevo. Deduje que D. era un imbécil como siempre lo creí, y no moví más el asunto. 

 Luego de un par de cafés D. se puso melancólico. Me juró amar a B. Decía no poder con tanto rumor. No entendía el concepto de rumor. Para él rumor y verdad eran sinónimos. Su mente enferma maquinaba estratagemas y artimañas supuestamente ingeniadas por B. para evadir las responsabilidades de sus actos. Era un completo paranoico. No insistí más. Pagué la cuenta y lo dejé en su casa con sus ideas. Se quedó llorando. Lloraba de coraje e impotencia contra sí mismo. Había perdido lo mejor de su vida y lo sabía. 
 No le dije nada de esto a B. 

4

D. ha rogado a B. volver. Le ha suplicado hasta el hartazgo. Pero B. ha superado aquello y se ha negado. Ahora es más fuerte y más bella. Su mirada ha cambiado. Los rumores familiares continúan. Ya no le importa. Ahora es dueña de sí. Nuestras pláticas de café van desde quién lo hace mejor, X. o Y., hasta mi casamiento con Scott F. B. dice que no debo casarme. Yo le digo que es por mi padre. 

 Han pasado seis meses desde que B. llegó llorando a mi habitación. B. ahora dice que no debo casarme y  a veces creo que tiene razón. 






18 comentarios:

  1. muchisimas gracias Vero, me encanto, casi en todo tienes razon y le diste justamente a lo que yo queria resaltar,,me gusta como escribes, espero que el desenlace sea como tu lo ves,pero si asi, me urge que pasen los seis meses, aveces es muy dificil,,gracias,,saludos

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  2. Laura Macrozabeth Moncada2 de junio de 2010, 14:23

    Ja es mejor verlo así que por el lado mágico, pero no importa para ser felices necesitaríamos retroceder; solo así funcionaría...

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  3. Vero tu nunca dejas de decir la verdad, auqnue duela. La familia aveces es el peor enemigo. me encanta leerte. gracias por decirnos la verdad aunque nos duela. jajajaj es que me identifique con b jajaja =(

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  4. Marcus Galacticus2 de junio de 2010, 17:03

    Como siempre nos dejas con la boca abierta. Es cierto que los chismes familiares se dan hasta en las mejores familias. Pobre B que le destrozaron el corazón por culpa de chismes. Esas coas pasan y deberiamos hacer como hiciero ustedes al fina, ignorar todo y vivir. que lastima que d no supoer verlo asi.

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  5. reflejas muy bien la situación cotidiana de las familias y el estado paranoico del celoso empedernido. Cuantas hombres no sufren como d por cosas que no valen la pena. B era coqueta por naturaleza, como dices. Aunque aceptemos que es muy dificil para la mayoria de los hombres aceptar eso. Apesar de que en este texto no hablas de ti directamente, no dejas de darnos tampoco un poco de ti. De verdad tienes una manera de escribir unica

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  6. no solo te contentas con ser puta sino que haces puta a tu amiga. jajajaja te amo.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. apesar que a los hombres les gustan las chicas coquetas no entendemos y mucho menos asimilamos esta bellesa tan propia que tienen y las caracteriza, aun existen muchos como D pero es algo tan muy bien "hablado" que me cuesta trabajo creer que vero lo relata..... no es propio de ti!!!

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  9. HOLA:

    QUE INTERESANTE NARRACIÓN ES PARECIDA EN ALGO A LA DE GARCÍA PONCE ( A, B)...

    UNA CHICA ENAMORADA.... MMMM SIEMPRE LO VERÁ COMO SER PERECTO Y LUEGO SE ROMPE EL CORAZÓN Y CLARO QUE DUELE PERO TE HACE MÁS FUERTE (POR LEY)

    ME GUSTÓ TU TEXTO Y EL BLOG EN GENERAL ESTÁ MUY INTERESANTE...

    MUCHOS SALUDOS

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  10. Un caso frecuente en las relaciones, los celos por rumores, creo que lo abordas de una manera diferente, desde el punto de vista femenino. los hombres tenemos que entender que no siempre pasa lo que creemos, como D. que solito se imaginaba "estratagemas" de lo que hacia B. Un saludo... como siempre tu texto es una cachetada de realidad

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  11. hola verooo! grax x todo q buena onda lo de whisky, siempre es chido leer buenos textos.... lastima por B. en realidad m entristese ya q se leia muy ilusionada, mala onda por D. no awanto vara

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  12. Has tocado un tema queme trae muchos recuerdos =( creo que todas alguna vez nos enamoramos de un hombre qe no es el indicado y es muy tarde cuando nos damos cuenta. No dejes de escribir me encantan tus escritos

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  13. Pa cuando mas de veronica????

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  14. muy bonito y algo con lo cual me siento indentificado...

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  15. Escribes muy bien felicidades !

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  16. Bueno, que triste la situación pero de amor nadie se muere. aunque si eres como el poeta que no murió de amor sino de estupidez; porque a quién se le ocurre romper las cartas de la amada, diluirlas en agua y bebérselas.

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  17. Los médicos de la Edad Media tenían una solución para el mal de amores: recomendaban ir con "mujeres de moral relajada", para que así se les pasará el calentón del momento. Aunque no sé si esto será muy poético, así son los médicos, ven la vida siempre por el lado práctico.

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  18. Mujeres de moral relajada? vaya, reconozco que me gusta esa expresión, es más la utilizaré de ahora en adelante, gracias por el aporte jejeje. Que prácticos ellos, ya no se puede con los hombres :P jejej

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